INMACULADA LEDESMA CID Museo del Traje. CIPE de Madrid
Mª DE LAS NIEVES CONCEPCIÓN ÁLVAREZ MORO Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla
Vestido de calle con polisón.
Conjuntamente, las teorías higienistas venían reivindicando desde finales del XIX prendas más cómodas que mejorasen los hábitos y la salud femenina. Todo ello dio como fruto un traje mucho más práctico que llegó a materializarse en el traje sastre. El Modernismo encontró su inspiración en la naturaleza; flores e insectos fueron reproducidos en la decoración y patronaje de vestidos, prendas de abrigo, abanicos... Los cuerpos adquirieron mayor volumen y las mangas fueron confeccionadas con múltiples formas, como la llamada manga jamón o la manga pagoda, de clara inspiración oriental. El busto abultado y saliente, la estrechez del talle —conseguida gracias al uso del eterno corsé— y la cola de las faldas corola, dieron a la mujer un aspecto de líneas sinuosas, un contorno con gran plasticidad en forma de S (4).
Observando las diferentes siluetas que se sucedieron desde 1805 hasta 1906, se pueden apreciar las manipulaciones y las consecuentes variaciones que sufrió el cuerpo de la mujer. Gracias a la superposición de prendas interiores, las formas naturales se perdieron a favor de otras nuevas, más acordes a las modas del momento. El guardarropa femenino se llenó de prendas interiores, como medias, camisas, camisolines (pechera postiza con hombros y cuello) y enaguas, que cubrían y ocultaban el cuerpo. La mayoría de estas piezas fueron elaboradas en
algodón en su color, embelleciéndose y decorándose con cintas y pequeños volantes.
Las enaguas fueron imprescindibles durante este siglo; confeccionadas en materiales como el lino, almidonadas e incluso tratadas con crin de caballo —las conocidas como crinolinas— ayudaron a ahuecar las faldas románticas. La continua superposición de esta prenda bajo los vestidos supuso una evidente incomodidad y un gran gasto en la economía femenina. La consecuencia no se hizo esperar, un nuevo ahuecador apareció en el panorama de la moda en 1856, el miriñaque, que posteriormente se sustituyó por el polisón. Pero la prenda interior que perduró durante más tiempo fue el corsé; armado con ballenas o confeccionado con tejidos elásticos, consiguió modelar el busto y la cintura femenina siguiendo los ideales estéticos de cada momento.
Junto a la indumentaria civil femenina, esta muestra cuenta con indumentaria infantil y complementos que completan el discurso expositivo. Llama la atención como en el primer caso, los niños eran vestidos a imagen y semejanza de los adultos durante todo el siglo. Además, se cuenta con los disfraces de los Duques de Montpensier, un fiel reflejo de la sociedad y el ambiente lúdico del que gozó Sevilla durante el siglo XIX.
BIBLIOGRAFÍA
AA.VV. “Museo del Traje. Guía breve”, Ministerio de Cultura, Madrid, 2006.
BYRDE, Penelope: “Nineteenth Century Fashion”, B.T. Batsford Ltd., London, 1992.
LAVER, James: “Breve historia del traje y la moda”, Ensayos Arte Cátedra, 1988.
PENA GONZÁLEZ, José Pablo: “Ropa interior en el Romanticismo”, Anales del Museo Nacional de Antropología, 2001, nº VIII.
FICHA TÉCNICA EXPOSICIÓN La moda en el XIX. LUGAR Y FECHA
Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla Del 29 de octubre de 2007 al 6 de enero de 2008 Museo de Bellas Artes de Granada
Del 9 de febrero al 31 de mayo de 2008 Museo de Huelva
Del 30 de abril al 20 de julio de 2008 ORGANIZA
Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla, Museo de Bellas Artes de Granada y Museo de Huelva. Delegación Provincial de Cultura de Sevilla. Dirección General de Museos. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía.
COLABORA
Museo del Traje. CIPE de Madrid. COMISARIAS
Mª de las Nieves Concepción Álvarez Moro e Inmaculada Ledesma Cid.
Vestido camisa de la moda imperio. Vestido de día de la moda romántica. Vestido de calle modernista.
EL MUSEO ARQUEOLÓGICO DE SEVILLA, como agente cultural dinámico y abierto a múltiples sectores del público, desarrolla en la actualidad programas de diversa índole destinados a la difusión, tanto de sus colecciones como de la propia institución. Además de la organización de
exposiciones temporales que susciten una visión de la arqueología desde ángulos insólitos, como Ida Idae. Arqueología del Futuro, y otras al hilo de la historia de las excavaciones que nutren nuestros fondos, como fue la de Munigua. La colina sagrada, el Museo ha emprendido otros rumbos que igualmente enriquecen la tarea fundamental de promoción de la disciplina. Entre ellos, se han realizado actividades teatrales y musicales, cursos y seminarios universitarios, el ciclo denominado La pieza del mes, y cómo no, una programación destinada a la infancia, como es la que ahora nos ocupa.
La campaña de Navidad de 2005, promovida en todos los museos andaluces por la Dirección General de Museos, nos brindó la oportunidad de iniciar este programa, con el pretexto de mostrar los comienzos de nuestra Era en el solar de Hispalis a través de las salas dedicadas a Roma. A pesar de contar con poco tiempo para su diseño y difusión, el resultado fue bastante satisfactorio como para animarnos a retomar la idea con carácter permanente a lo largo de todo el curso escolar.
En esencia, la actividad es un recorrido por las salas de Roma, con paradas en lugares señalados, donde los niños identifican los elementos de su vida cotidiana con los empleados por nuestros antepasados remotos. Este recurso pedagógico, además del análisis puntual de las piezas que están en vitrinas, se contextualiza histórica y geográficamente dentro de un “paisaje” imaginario y una serie de escenas que reconstruyen aspectos de la forma de vida de los siglos de dominación romana en nuestra tierra.
Así es como, a partir de octubre de 2006, se ofrece a grupos escolares y familiares la posibilidad de asistir a una visita guiada y animada de alto poder comunicativo para llegar a entusiasmar a los visitantes de 6 a 12 años y sus acompañantes adultos. Se consolida la idea inicial, con algunas modificaciones en el guión para perfilarlo más, y se incluye la novedad de poner en manos de los asistentes fragmentos de piezas originales, un contacto directo que estimula el aprendizaje emocional a la vez que la profundización en conceptos, terminologías, tipologías… El público que acude a esta visita especial, en algunos casos viene por primera vez al Museo, por lo que una experiencia satisfactoria favorecerá una relación más continua con la institución y sus distintas propuestas. Por esto mismo, uno de nuestros objetivos es intentar que el participante descubra que lo que allí se expone no es algo raro,
remoto o frío, sino que detrás de cada una de las piezas se esconden historias de hombres y mujeres que, en muchos casos, no son muy distintas a las nuestras. Queremos también permitir que se muevan con normalidad por el Museo, al que intentamos presentar como un espacio más de su realidad, por lo que hemos planteado una dinámica que se desarrolla en un recorrido por diferentes salas.
En cuanto a los contenidos, la importancia de la colección romana del Museo Arqueológico de Sevilla nos permitía abordar infinidad de temas diferentes, por lo que hemos tenido que delimitar mucho aquellos aspectos que expondríamos. Esto se ha traducido en una selección de las salas y las piezas sobre las que se trabajaría principalmente.
Todos estos elementos nos van dibujando alguno de los aspectos fundamentales de la actividad “Vida cotidiana en Roma”: – Planteamos un recorrido dinamizado, durante el cual el monitor más que contar, dirige la observación, plantea el debate y organiza las acciones a realizar.
– El recorrido se realiza sólo por aquellas piezas que ilustran el discurso, no por toda la colección romana.
– Los materiales utilizados se han diseñado para ser manejados con facilidad.
Así, durante la hora en que transcurre el recorrido se realizan comparaciones entre