En las variadas referencias al respecto, normalmente, se aluden a dos de ellos. Excepcionalmente, se hubo reparado en un tercero. Y hay que añadir un cuarto.
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El llamado Escudo y Sello Mayor ha sido el primero. Cuando na- ció la República Cientíica Platense, ya los tenía, pues fue adopta- do por la Asamblea Universitaria en febrero de 1897 a propuesta de Dardo Rocha. Y si bien venía de esos tiempos diiere en algunos com- ponentes, como es fácil advertirlo en las representaciones. Se trata de un hermoso y signiicativo emblema que comprende en su tercio superior un cielo azul cobalto en el que se destaca la Cruz del Sur. En la supuesta línea que lo separa de los dos tercios inferiores, sobre una
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verde planicie o llanura, las simbólicas primeras construcciones de la recién fundada ciudad de La Plata. En el centro del Escudo, y en primer plano, a Minerva (del latín) o Palas Atenea (del griego), diosa de la juventud, de la guerra, de las ciencias y de las artes; protectora de sabios y artistas, había inventado la escritura (una máquina de imprenta lleva su nombre), la pintura y el bordado, sin desconocer de la música (ejecutante virtuosa de la lauta). Hija de Júpiter (hermano de Neptuno y de Plutón), quien había casado con la prudente y sabia Metis (Meditación), a quien devoró durante su embarazo, temeroso de que sus hijos fueran superior a él. Al padecer fuertes dolores de cabeza, Júpiter llamó a Vulcano (dios del fuego) para que lo curara, dándole fuertemente en la cabeza con un hacha de donde salió Mi- nerva tocada con casco, armada de lanza y con escudo en su brazo izquierdo. Protagonizó disputas con Medusa y Aracne, pero la más importante fue con Neptuno sobre el nombre que habría de impo- nerse a una ciudad. Neptuno golpeó la tierra con su tridente e hizo nacer el caballo (emblema de la guerra), en tanto Mínerva con un golpe de su lanza hizo brotar el olivo (símbolo de la paz). Los dioses se determinaron en favor de Minerva y la ciudad se llamó Atenas (que tal es en idioma griego el nombre de Minerva).
La diosa es representada en la igura de una mujer con porte gra- ve y severo, empuñando con su derecha una pica y en la izquierda sosteniendo un escudo. En el pecho luce la verdadera égida (coraza) esculpida en relieve la cabeza de Medusa, y en la cabeza, un casco coronado por un penacho o un gallo. A sus pies aparece un búho o una lechuza, aves vigilantes, tranquilas y relexivas. Y regresando al Escudo, a los dos lados de Minerva se ubican dos iguras o eigies representativas de las ciencias y de las artes. Y entre ambas, el escu- do de la nación. Circundando la parte inferior del Escudo, se hallan dos ramas de roble fructiicadas y enlazadas por una cinta celeste y blanca. En la parte superior lleva la leyenda UNIVERSIDAD NA- CIONAL DE LA PLATA, y en la inferior, la expresión latina PRO SCIENTIA ET PATRIA.
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El otro símbolo o emblema, quizá, el más conocido, el menos o nada solapado, aunque frecuentemente viva en la solapa o el pecho de los hombres y mujeres, está compuesto por dos hojas de roble de desigual largor unidas en su base, diseñado por el profesor Enrique Herrero Ducloux y cincelado por el artista francés Vicherat, a prin- cipios de 1906.
De conformidad con la hermenéutica mitológica, el roble signi- ica fuerza, como decía el poeta romano Livius: robur exercitus (la fuerza del ejército, la fuerza más vigorosa) o el poeta latino Lucretius: robur sumere (tomar fuerza). Inter alia.
Esa, fuerza, robustez o fortaleza, seguramente, es la aludida por Almafuerte en su emblemático soneto medicinal ¡Piú avanti! cuan- do dice: «procede como el robledal, cuya grandeza/necesita del agua y no la implora”.
El robur, roble, está preñado de signiicados o signiicaciones, le- yendas o historias. Así los griegos, dice la Prof. Betti de Milicchio, hicieron de él el emblema de la fuerza y la recompensa otorgada a los triunfadores en los juegos olímpicos; en tanto que los romanos hicie- ron de sus hojas la corona reservada a las virtudes cívicas. A tal punto que Cicerón decía: virtutes robore irmior (fuerte con su virtud) o robur animi (energía fuerza de alma). Los latinos con el roble im- plicaban irmeza, constancia, fortaleza o fuerza anímica. Los galos asignaron el carácter sagrado al roble y los germanos, eslavos y ine-
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ses del medioevo, lo veneraron de modo similar. En tanto los grie- gos lo llamaron Zeus, los romanos Júpiter, a quien le consagraron, además de la encina (porque saturno había enseñado a los hombres a alimentarse con bellotas), el roble, porque representaba la fuerza, y el olivo, la paz. Peremnidad, fortaleza, irmeza, reciedumbre ... Vigor, severidad.
Se debe recordar, asimismo, la directa relación de Zeus con Palas Atenea, en latitudes griegas, similar a la de júpiter con Minerva, en las romanas; y por ende, Palas o Minerva es la diosa de la sabiduría, la ciencia, el arte y la industria.
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El tercer símbolo, poco recordado, o más bien, muy olvidado, in- justamente, es el himno de la Universidad Nacional de La Plata, moti- vo, en la evocación, para aludir a tres nombres eminentes. En primer lugar, al presidente de la república cientíica platense Benito Nazar Anchorena (1921-1927), quien, poco tiempo antes del ilo de su man- dato, encomendó la composición de la letra del himno dirigiendo su vista hacia la facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Allí aparece el nombre de Arturo Capdevila, quien compone las seis cuartetas decasílabas y el anexo coro de similar métrica, todas ellas rimadas en los primeros con los terceros versos, y los segundos, con los cuartos. Una vez compuesta la letra, el presidente viró su nave hacia la escuela de Bellas Artes y encargó, al director de la misma y profesor Carlos López Buchardo, la música del himno.
En la sesión del 30 de noviembre de 1927, el consejo superior oi- cializó el mismo, el que se había cantado el 23 de octubre de ese año en el Teatro Argentino, con motivo del centenario de la muerte de Beethoven, acto organizado por la Universidad. Intervino la orques-
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ta del teatro Colón dirigida por Adolfo Morpurgo. En el acto, sobre Beethoven, habló Rafael Alberto Arrieta, encargándose Arturo Cap- devila (14/03/1889 - 20/12/1967) del homenaje poético, al que siguió otro de Arturo Marasso (18/08/1890 - 26/04/1970) y uno último de Fernán Félix de Amador (26/07/1889 - 26/12/1954), entre otros.
Eran otros tiempos ...
Luego siguieron otras ejecuciones, tales como la del 1 de diciem- bre del mismo año de 1927 (arcos, piano y alumnos de Bellas Artes) en ocasión de transmitirse el mando presidencial a Loyarte; a la que lo sucedió una tercera del 25 de marzo de 1928 con los mismos inte- grantes en la ceremonia de apertura de los cursos. La cuarta ejecu- ción llevóse a cabo el 5 de mayo del mismo año con la orquesta de cámara (dirigida por Morpurgo), en ocasión de la entrega del título de miembro honorario al Dr. Benito A. Nazar Anchorena, así como una quinta del día 24, citado mes y año, con motivo de la XVI cola- ción de grados (por el coro de noventa voces del curso de canto coral a cargo de Aquiles Zacaría), acompañado por una orquesta de cua- renta profesores y alumnos. A partir de la intervención de la Univer- sidad en 1945... suspendióse la ejecución de la marcha de la República Cientíica Platense.
Pero, a pesar de haberse normalizado más de una vez el gobierno de la República, parece ser que el símbolo pasó a integrar el archivo de los olvidos. Alguna que otra vez, y por sorpresa, aparece una hoja silenciosa con los versos de Capdevila.
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