• No se han encontrado resultados

Desaparece la Isla Atlántide De lo más profundo del mar suenan argentadas campanas.

“ Ellas no quieren Revelar lo que un día cubrió el mar sepultando esperanzas vanas?

W Müller

Teniendo como hecho concreto que evidencia la anterior existencia de la isla Atlántide, solamente el relato de Platón, el que se basó sobre los escritos de Solón, da a conocer detalles tan precisos sobre el continente desaparecido, que no se les puede considerar una pura fantasía. Debemos pensar que Platón, cuando escribió este relato, ya era anciano. Creo no estar equivocado al suponer que, si se echó encima el pesado fardo de. dar forma a estos Diálogos de Kritias Timeus (1), fue por haberlos considerado de interés extraordinario para las futuras generaciones. Para una persona de edad ha de ser una labor mucho más pesada que para una joven, por lo que pienso que, cuando Platón sintió que su fin se acercaba, sintió la obligación moral de salvar los apuntes de Solón de caer en el olvido, pues le habían sido confiados pór parientes de éste.

No es de suponer qué un filosofo como él hubiera querido comenzar una narración fantástica para describir un sistema ideal de gobierno y una organización estatal perfecta que solamente era imaginaria.

Ahora, si se compara el contenido del pergamino de procedencia maya conocido como el manuscrito de Troano, con el relato de Platón, se llega a la conclusión de que bien podría tratarse de la misma catástrofe. Este manuscrito maya fue salvado por Le Plongeon de una hoguera en Yucatán, cuando sacerdotes españoles destruyeron toda la biblioteca de ese enigmático pueblo.

Cuando Le Plongeon asistía al conmovedor espectáculo de la destrucción de los escritos que reunían todos los conocimientos de un pueblo, y cuando de la hoguera se despren- dió un rollo que fue a parar a sus pies, éste no pudo resistir la tentación de tomarlo y esconderlo rápidamente debajo de su levitón. De allí, este valiosísimo documento encontró su camino a Francia, donde es cuidadosamente atesorado en el Museo Arqueológico de París.

De la traducción que se ha hecho del manuscrito de Troano2 copio las siguientes frases: “En el sexto año Kan (Kan - lo que sale de la tierra), el día 11 Muluk (Muluk - muerte bajo el agua) del mes Zak se produjeron terribles terremotos que duraron sin

interrupción hasta el día 18 Chuen (Chuen - territorio atacado interiormente por un brote de fuego). La región de los montes pantanosos, el país de Mu, fue la víctima. Dos veces fue levantado y, de pronto, desapareció durante la noche. El mar era sacudido

violentamente por fuerzas volcánicas. Ellas habian levantado y hundido partes del terreno varias Por fin, la superficie cedió y diez países fueron desmembrados y se-

parados violentamente. Incapaz dé’ resistir a las violentas sacudidas de la tierra,

desaparecieron con sus 64 millones de habitantes. Esto sucedió 8:080 años antes de escribirse este .libro”.

Desaparición de la isla Poseidonis-Atlantis 9.000 años antes de Solón.

Desde la muerte de Solón hasta hoy han transcurrido 2.534 años. Según este cálculo, Atlantis habría desaparecido hace más o menos 11.534 años.

Debe dejarse constancia de que el número de años atribuido al manuscrito de Troano desgraciadamente se basa sobre meras suposiciones, pues los historiadores y arqueó- logos en general que se han preocupado de estudiar al pueblo maya, creen que éste entra a la historia poco antes del comienzo de la era cristiana. Hay monumentos mayas que están con sus fechas de erección, pero los investigadores suponen, a mi juicio

antojadizamente, que las fechas antiguas no pueden ser verdad. Es así, como, por meras suposiciones, se hace comenzar la prehistoria maya 353 años A. C. (Chicanel),3 siendo que todo hace suponer que este industrioso e inteligente pueblo ha iniciado sus primeros

X. Ch. E. Brasseur de Bourborg, Troano.

XI.Civilización Maya, Sylvanus G. Morley, Fondo Cultura Económica, México, 1954, p.

58.

1Das Entraetselte Atlantis, Spahnuth, Union Deutsche Verlags Ge- sellschaft, Stuttgart, 1953, p. 19.

pasos en época muy anterior, tomando parte de la cultura de otros pueblos que han desaparecido en la penumbra del pasado.

Si la cultura tiahuanaquense ha sido antiquísima (ya que las ruinas de esta ciudad americana han sido calculadas en 23.000 años), no sería imposible que de ahí hubieran partido grupos étnicos en distintas direcciones, influyendo en las posteriores

civilizaciones.

Volviendo al relato de Platón sobre Poseidonis o Atlantis, éste informa acerca de que Poseidón levantó su dinastía en esta isla o continente, dividiendo el territorio en diez reinos. El pergamino de Troano habla de los diez países que fueron desmembrados y esparcidos por el cataclismo, lo que coincidiría con los diez reinos atlantinos. Con el objeto de que el lector pueda formarse una idea propia al respecto, copio a continuación parte de la historia relatada por Platón:

“En la costa frente al mar, hacia la parte media de la isla, se extendía una gran planicie, agradable a la vista como un jardín y llena de deliciosas frutas de todas clases. En un extremo de esta llanura, a casi 30.000 pasos de distancia el mar, se elevaba un cerro cuyas laderas bajaban suavemente hacia todos los costados. Ahí vivía Euenor, uno de los hombres que al comienzo habían brotado de la tierra, con su mujer Leukipa. Ellos tenían una hija que se llamaba Kleito. Cuando la niña llegó a la edad de casarse, fallecieron los padres. Poseidón enardeció de amor hacia ella y la tomó por esposa. Y Poseidón fortificó el cerro, sobre el que ella vivía, rodeándolo con fuertes murallas. “En forma equidistante rodeó el cerro con dos terrazas de tierra apisonada y tres canales que llenó de agua, dejando convertida la colina virtualmente en una isla, con lo que nadie podía penetrar a su recinto, pues barcos y navegantes eran desconocidos en aquellos remotos tiempos. La colina fue dotada de todas las comodidades y suministros, lo que para un dios era obra fácil. Además, hizo brotar de la tierra dos arroyos, uno de agua fría y otro de agua caliente, y se proveyó de árboles frutales en gran cantidad. Con su esposa Kleito engendró cinco pares de mellizos hombres. Cuando crecieron, repartió su reino en diez partes iguales y concedió al primogénito del primer par de mellizos la sede de la colina con los territorios adyacentes, siendo la parte más extensa y más

rendidora de todo el territorio. Y le concedió el título de rey sobre todos los demás, Pero también a ellos les concedió títulos de reyes y los dotó de vastas extensiones

densamente pobladas. Poseidón puso nombres a sus hijos: al mayor, Atlas, que fue el primero que reinó sobre la isla y del cual ella tomó su nombre de Atlantis, lo mismo que el mar adyacente el de Océano Atlántico, como también la cadena de montañas que se levanta en el Africa, frente a las columnas de Hércules, la que aún hoy lleva el nombre del hijo primogénito de Poseidón. Al gemelo de Atlas que reinaba sobre la parte exterior de la isla, desde frente a las columnas de Hércules hasta la ciudad de Gadeira, le puso Gadeiros, lo que significa en griego “Eumelus”. La segunda pareja recibió los nombres de Ampheres y Eumaion, la tercera Mnaseas y Autochthon, la cuarta Elasippos y Mestor y la quinta, por fin, Azaes y Diaprepes.

“Estos hijos de Poseidón, como sus hijos y nietos vivieron durante muchas generaciones en la isla Atlantis y también gobernaban sobre muchas otras Islas del océano Atlántico. Incluso habían extendido su poderío hasta el Egipto y el Mar Tirreno. Atlas fue el tronco de una estirpe numerosa que gozaba de alta estimación y mantuvo durante mucho tiempo el rango monárquico, el cual siempre se transmitía al hijo mayor del primogénito. Así fue que esta estirpe reunió una riqueza tal, como no se había visto en ningún otro país y como desde entonces parece no haberse reunido en ninguna otra parte. Y estaban igualmente bien premunidos de los productos del campo y de todo lo necesario, tanto en las ciudades como en las partes rurales, ya que, lo que no producía el país, les era suministrado por reyes foráneos que les eran tributarios. Pero casi todas las necesidades eran cubiertas por la isla misma. Las minas proporcionaban metales nobles y minerales fundibles, entre los cuales se encontraba una especie de bronce que actual- mente se conoce sólo por el nombre, pero que en aquellos tiempos era producido en diversas localidades. Este metal era más cotizado que todos los metales, excepto el oro. “Los bosques producían madera para todas las construcciones y alimentaban grandes rebaños de animales domésticos y también feroces. Había numerosos elefantes, puesto que la naturaleza producía abundancia de pasto y forraje para la vida animal en

pantanos, lagunas y ríos, en cerros y llanuras, hasta para los animales más voraces y más grandes. Todo se encontraba perfumado por el aroma de flores, frutas, pastos y raíces, como que además se producía una fruta, fuera de los cereales, y también una planta arbórea que suministraba alimento, bebida y aceite para frotarse (¿palmera o cocotero?), además se obtenían frutas y confituras que servían de postre para tentar el estómago recargado del satisfecho. Todo ello ofrecía la isla que en aquel tiempo relucía a los rayos acariciantes del sol, en forma abundante y perfecta.

“Como la tierra les ofrecía todo en forma tan fácil, los seres humanos construyeron templos, palacios, puertos y barcos, pero también cultivaron las tierras, para lo cual tendieron puentes sobre los canales que separaban su vieja residencia monárquica del resto del país. El palacio real había sido erigido sobre la colina que había servido de sede permanente a Poseidón, como a sus antepasados. Este palacio pasó de generación en generación de los reyes del Atlantis y cada gobernante trató de ampliarlo y embelle- cerlo, para superar así el esfuerzo desplegado por sus antecesores.

“Así el palacio presentaba un aspecto maravilloso por su grandeza y exquisita belleza. Un canal de 300 pies de ancho y treinta mil pies de largo iba desde el mar hasta el muro exterior de la fortaleza, con lo que los barcos podían llegar directamente desde el mar hasta el palacio de los reyes y atracar allí como en un puerto. Y los constructores rompieron las terrazas amuralladas que se encontraban entre los canales concéntricos que rodeaban al palacio, formando así un sistema de canales que permitía el paso a barcos individuales. Los pasos a través de las terrazas fueron cubiertos con puentes, por

debajo de los cuales podían pasar las naves. El mayor de los canales concéntricos tenía 1.800 pies de ancho y la terraza que seguía tenía el mismo ancho; el canal siguiente con su terraza respectiva medían cada uno 1.200 pies de ancho y el último canal que circun- daba el fuerte, medía 600 pies de ancho. La isla-fortaleza, como las terrazas y el puente de 100 pies de ancho llevaban murallas de defensa bien altas y las cabezas de puente que daban hacia el mar estaban coronadas por torres y portones. El material de construcción empleado era de piedras negras, blancas y rojas que eran tomadas de canteras existentes en las laderas del cerro central y de los terraplenes. Las cuevas y subterráneos producidos por este trabajo que quedaban protegidos por rocas

sobresalientes, servían de arsenales para las naves. Las piedras de color se encontraban en uso en forma generalizada, lo que prestaba a las fachadas de los edificios un aspecto agradable al ojo. El muro que coronaba el terraplén exterior estaba cubierto de planchas de fierro, el interior de zinc y la fortaleza misma de planchas de bronce, las que

brillaban como fuego a la luz del sol”.

Con el objeto de no tener que copiar todo el relato de Platón, me voy a limitar a dar a continuación un resumen acerca de lo que éste informa acerca del hundimiento de la isla: “Posteriormente se produjeron terribles terremotos y devastadoras inundaciones, y en el transcurso de un día espantoso y de una noche implacable desapareció toda vuestra estirpe guerrera por tropeles debajo de la tierra e igualmente desapareció la isla Atlantis debajo del mar”.

La estirpe guerrera que desaparece por tropeles es la de los Atenienses que habían desbaratado el ataque de los atlantinos al norte de África y al sur de Europa y que habían perseguido a las tropas de la Atlántide hasta su propia isla, para invadirla. Los antiquísimos mitos y leyendas de los pueblos nórdicos también relatan del Crepúsculo de los Dioses y del combate entre los Dioses (Ragnarök). En la Edda se informa acerca de la vida y actividades de los Dioses. Loki mata a Baldur por medio de un ardid. Después se produce la batalla final de los Dioses contra las potencias

enemigas, su derrota y la destrucción de la tierra (¿de la isla?). El cuerno de Heimdall llama a los Dioses a la lucha. Odin se bate contra el Fenriswolf (Lobo Fenris), cae y es vengado por su hijo Vidar, quien mata al lobo. Thor vence a la serpiente Mitgard (Mitgardschlange), pero muere a consecuencia de su hálito venenoso. Freyr muere a manos de Surt, quien destruye la sede de los Dioses y la tierra por medio del fuego. Inclusive el cielo se enciende en llamas y la tierra desaparece debajo del mar. ¿No habrán sido los Dioses nórdicos los reyes de Atlantis? ¿Cómo se explica que Tupán, el dios de los indios tupí de la zona del Amazonas, sea idéntico en su

descripción al Dios del Trueno y relámpago de la mitología nórdica, o sea, a Thor? Los indios tupinambá dicen de Tupán: “Entra en acción junto con el trueno, el relámpago y el rayo. A quien hiere lo mata, tanto al árbol como al ser humano. Se desconoce el motivo de su cólera. Por lo general no se inmiscuye en los asuntos humanos. Tirita, si lo escuchas caminar por el cielo. Tupán indudablemente es el más poderoso de los

poderosos”.

El dios araucano del trueno es Trauco, nombre con cierto parecido.

Para volver al desaparecimiento de la isla que nos preocupa, hay que pensar cuáles terribles fuerzas pueden haber hecho sucumbir a un continente que, según lo que revela Platón, debe de haberse extendido desde cerca de las columnas de Hércules (Gibraltar) hasta relativamente cerca de América.

Como he establecido anteriormente, las fechas del relato de Platón y del manuscrito de Troano coinciden más o menos, sin poderse precisar ninguna de las dos fechas con entera exactitud a pesar de que las indicaciones de Platón son más categóricas y pueden considerarse fidedignas.

Consideremos, por consiguiente, que la catástrofe se produjo entre 11.000 y 12.000 años antes de nuestra era actual. Ahora, existe la declaración formal de científicos de fama que consideran que la última época glacial desapareció hace unos 12.000 años. Esta coincidencia de las fechas del hundimiento de Atlantis y de la desaparición de la última época glacial podría ser la clave de la explicación del problema que nos preocupa.

Las épocas glaciales han sido explicadas en diversas formas. Algunas opiniones coinciden en que la Tierra se ha acercado durante ciertos períodos más al Sol, con lo que se habrían producido enormes ondas de calor y temperaturas tropicales que hacían desaparecer las capas de hielo polar en forma casi completa. Ello explicaría las grandes modificaciones climatéricas sufridas por el centro de Europa durante la época jurásica y cretácea. En cambio, las épocas glaciales habrían sido provocadas por el fenómeno inverso, o sea, alejamiento del Sol con el consiguiente enfriamiento y glaciación de grandes áreas terrestres.

En diversas partes de la mayoría de los continentes y también en las tierras adyacentes al polo norte y sur, existen demostraciones inequívocas de que ahí ha habido

glaciaciones, demostradas por sedimentaciones, morrenas, bloques erráticos, formación de fiordos y de lagos e islas. Pero al mismo tiempo se encuentran en la Antártida de- mostraciones de que allí existieron en tiempos pretéritos, grandes bosques, como lo evidencian los depósitos carboníferos encontrados.

Esto demuestra de que nuestra Tierra no gira alrededor del Sol siempre en la misma posición. Creo poder asegurar, por mi parte, de que la elipse que nuestro planeta

describe alrededor del Sol, no varía, pero que, por motivos que indicaré posteriormente,

nuestro planeta está expuesto a variaciones que involucran cambios profundos y drásticos en la forma de los continentes y en la posición de los océanos.

El cambio de posición del eje de la Tierra tendría como consecuencia rápida la inundación de muchas costas y de países situados a bajo nivel; en seguida, una

modificación casi instantánea en el clima de casi todo el mundo, con pocas excepciones; después, el crecimiento lento, pero ininterrumpido, del nivel de todos los mares, con mayor intensidad a la altura del nuevo ecuador, y reduciéndose,

a medida de acercarse las zonas a los nuevos polos. Por consiguiente, en la línea del nuevo ecuador el nivel de los mares sería mayor, decreciendo en altura hacia los nuevos polos.

¿Ha habido inundaciones costeras que posteriormente han sido reemplazadas por un crecimiento lento, pero incesante del mar? Estas inundaciones, ¿produjeron catástrofes? Existe una antiquísima leyenda de los indios brasileños. Ella relata, “de cómo nació el mar”.4

Esta leyenda ya la hemos mencionado en un capítulo anterior.

Común a todas las leyendas del diluvio es el aumento lento, pero ininterrumpido, del nivel del mar que llega a cubrirlo todo, llega al cielo, para después comenzar a des- cender en forma igualmente lenta. Tamandaré, el que se cobija en la copa de una

palmera con su mujer, sufre las consecuencias de una inundación creciente que lo anega todo, pero que después decrece en la misma forma, dejándolos en la llanura. El relato de la Biblia referente a Noé habla de la lluvia incesante que cae sobre la tierra y de las aguas crecientes que van inundándolo todo, cubriendo aun las cimas más elevadas de los cerros.

De este último relato se desprende igualmente la modificación brusca del clima. Lluvias torrenciales influyen en el crecimiento de las aguas y en la desaparición de las tierras y de los cerros.

¿Es posible un cambio tan brusco de temperatura y de clima?

El único caso constatado que puede aducir y que a mi juicio demuestra en forma elocuente la posibilidad de cambios climatéricos instantáneos, es el que se desprende del hallazgo de un mamut dentro de un enorme bloque de hielo, de cuyo interior pudo ser extraído para hacerle la autopsia. El animal se había mantenido a través de los milenios en forma inalterable, estando como si se hubiera helado unos pocos días antes. Los científicos que hicieron una investigación minuciosa del animal, pudieron constatar que éste conservaba aún entre sus molares restos de pasto y de hierbas, lo mismo que en el estómago. Estas materias vegetales no habían sido atacadas por los jugos gástricos del animal, lo que significa que la muerte del animal se produjo en brevísimos minutos. Si uno toma en consideración de que el mamut es en realidad un animal acostumbrado a

Documento similar