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El desarrollo de la percepción auditiva

Capítulo VI. Desarrollo perceptivo

4. El desarrollo de la percepción auditiva

El sistema auditivo es ya funcional antes del nacimiento. Sin embargo, los investigadores hasta ahora apenas se han dedicado a estudiar científicamente (es decir a través de experimentos controlados) qué características de los sonidos en general perciben los fetos o los bebés; sus esfuerzos se han venido concen- trando en el de . El modelo experimental clásico para estudiar la percepción auditiva se basa en la llamada percepción categorial. Si a un adulto se le hace oír una sucesión de elementos fonéticos como ba, ba, ba... que varían imperceptiblemente en una dimensión, no percibe la diferencia entre ellos. Si, en un momento dado, se cambia a pa, el sujeto lo percibe netamente como diferente. Ciertos fenómenos sonoros, de los que se sirve el oído humano en su tarea discriminatoria, se dan en todos los lenguajes y esta universalidad

la perspectiva

llevó a postular la existencia de un “procesador del habla” innato, puesto a pun- to por la evolución a servicio exclusivo de la percepción del lenguaje.

Dentro de estas premisas, era muy importante poner en evidencia que en los niños muy pequeños (con experiencia lingüística prácticamente nula) se daba también la percepción categorial. El experimento clave fue realizado a comien- zos de los años 70 por Eimas y sus colaboradores (Eimas et al., 1971). Los sujetos fueron niños de 1 y 4 meses de edad. Mediante el procedimiento de conectar al chupete un amplificador de sonido que al estabilizarse indica la fase de habitua- ción, hicieron oír a cada niño una serie de emisiones de la misma unidad foné- tica (ba, ba, ba, en este caso) que variaban en una dimensión (aquí fue el “tiempo de emisión de voz”)1. En un momento dado, esa serie a la que los niños se ha- bían habituado traspasaba la “frontera” sonora y el ritmo de succión sufría un repentino incremento de lo cual se infirió que habían percibido la diferencia en- tre ambas unidades fonéticas. Es decir, la percepción auditiva de las criaturas, al igual que la de los adultos, parcela los sonidos en clases de equivalencia o catego- rías. Esta experiencia tuvo un enorme impacto por varias razones. Una de ellas es que va contra la presunción de sentido común que los niños serían capaces pri- mero de captar diferencias abultadas entre sonidos y sólo luego las más sutiles. Una plétora de experimentos (hasta una treintena) exploró a fondo la percep- ción categorial infantil y la ha dejado establecida sin lugar a dudas. Segundo, para Eimas quedaba confirmada la existencia de un mecanismo perceptivo di- señado especialmente por la naturaleza para procesar el lenguaje. Unos autores resumen así la cuestión:

“Las implicaciones del experimento de Eimas llegaban muy lejos. Antes de estas fechas (1971) se creía que la percepción categorial de los sonidos del habla –y, en general, cualquier modo de procesamiento de sonidos procedentes de la misma fuente– era el resultado de una experiencia lingüística prolongada. El descubrimiento de Eimas ve- nía a afirmar que tal experiencia no era necesaria; que los niños están biológicamente preparados para percibir el fenómeno del habla en toda su especificidad. Tal interpre- tación estaba muy de acuerdo con la idea, popularizada por Chomsky, de que existe

1. La distinción entre ba y pa radica en el llamado “tiempo de emisión de voz” (en inglés “voice onset time” VOT) diferente en la b de barca que en la p de padre. Técnicamente, el “tiempo de emi- sión de voz” es el intervalo de tiempo desde que se abren los labios hasta que empiezan a sonar las cuerdas vocales. En la p se produce primero la apertura de labios y unos milisegundos después se inicia la vibración de las cuerdas vocales; en la b, en cambio, ambas son simultáneas. El tiempo de emisión de voz es una característica fonética universal.

un mecanismo innato de adquisición del lenguaje que es peculiar a nuestra especie” (Burhham, Earnshaw y Quinn, 1987).

Hoy en día las posturas son mucho más matizadas a este respecto como se verá en el cap. XIII. Frente a la tesis de que los niños no sólo captan el habla hu- mana como un fenómeno sonoro relevante (una affordance a lo Gibson) sino que además poseen una “representación” preexistente de aquella que les permite asi- milarla a efectos lingüísticos, hay otra tesis que propone que la percepción del habla es sólo una parte –ciertamente muy importante– de la capacidad auditiva más general y que de ella derivan las “representaciones” que son efectivamente discriminatorias a nivel fonético (Kuhl, 1989). No podemos entrar a discutir este tema pues sale fuera del nivel del presente curso. Simplemente aportaremos un dato en favor de la segunda tesis.

Cada lenguaje (castellano, catalán, francés, inglés, etc.) incorpora y maneja un número limitado de contrastes fonéticos. La serie de éstos, discriminable por los hablantes adultos, es típica de cada lenguaje. En cambio, los niños, a la edad de los sujetos de Eimas, discriminan más elementos fonéticos contrastantes que los que asume el lenguaje en el que están inmersos. Luego, hacia la edad de 1 año, van perdiendo esa capacidad discriminatoria universal y sólo son capaces de discrimi- nar los contrastes propios de su lengua. Sería poco realista negar aquí un papel de- cisivo a la experiencia lingüística. En otros términos, el aprendizaje interviene muy seguramente en la construcción de las representaciones a nivel fonético que marcan los contrastes significativos dentro de cada lenguaje. Que esa construcción se lleva a término dentro del surco de unas capacidades auditivas especialmente (no exclusivamente) orientadas hacia la percepción del habla es bastante probable; no lo es, por el contrario, que las capacidades primordiales sean autosuficientes para el despegue fonológico-lingüístico que florece precisamente cuando el niño avanza hacia el año y medio de vida, momento en que el lenguaje suele aparecer.