VI. Estructura de la investigación
2.2. La desigualdad: « ¿de qué desigualdad? » Precisión del tipo de desigual-
tipo de desigualdad analizada
El estudio de la desigualdad resulta complejo, ya que se trata de una noción que tiene varias dimensiones: política, económica, social y cultural; su alcance no está definido de
una manera clara; y puede tener significados plurales. En este sentido, Amartya Sen, quien tanto ha impulsado los estudios sobre la desigualdad, argumenta:
―La idea de desigualdad es muy simple y muy compleja a la vez. Por una parte, es la más simple de todas las ideas y ha motivado a la gente con un atractivo inmediato difícilmente comparable con ningún otro concepto. Por otra parte, es una noción extraordinariamente compleja que hace las aseveraciones sobre desigualdad altamente problemáticas y ha sido, por tanto, objeto de amplia investigación por parte de filósofos, estadísticos, teóricos de la política, sociólogos y economistas‖1
.
De entrada, cabe decir que la desigualdad supone una deficiencia de la igualdad, por lo que no puede desligarse de la definición de su antítesis: la igualdad. De ahí que resulte pertinente recordar la sustantiva y ya clásica pregunta de este mismo autor «Igualdad,
¿de qué?»2, con la que Sen pretende destacar la importancia de la selección de variables
relevantes a la hora de analizar la desigualdad (libertades, derechos, resultados, oportunidades, capacidades, etc.), dada la heterogeneidad básica de los humanos y la
multiplicidad de variables desde la que se puede juzgar la desigualdad. Según Amartya
Sen:
―[…] en la evaluación de la desigualdad hay que tener en cuenta tanto la pluralidad de ámbitos en el que se puede considerar la desigualdad, como la diversidad de individuos. Las relativas ventajas o desventajas que las personas tienen, comparadas unas con otras, pueden considerarse desde muchas perspectivas diferentes, que implican diversas concentraciones, p.ej., libertades, derechos, ingresos, patrimonio, recursos, bienes elementales, utilidades, potencialidades etc. y la cuestión de la evaluación de la desigualdad depende del ámbito donde se va a evaluar la igualdad. […] La desigualdad se mide con algún fin, y tanto en la elección del ámbito como la selección de medidas particulares de desigualdad en ese ámbito, tendrían que llevarse a cabo a la luz del objetivo‖3.
Sen, con este planteamiento, pone de relieve las consideraciones individuales de la
desigualdad con base en sus ideas sobre capabilities —habilidad para realizar acciones,
que supone una combinación de capacidades y habilidades—, sumándose a las ideas de John Rawls en cuanto a la teoría de la justicia y crítica social4. Con él, propone un
1 S
EN,AMARTYA, On Economic Inequality, Oxford, Clarendon Press, Paperbacks, 1973, p. vii. 2
SEN,AMARTYA, Nuevo examen de la desigualdad, Madrid, Alianza Economía, 1999, p. 7.
3 Ibídem, p. 105.
4 R
AWLS,JOHN, Teoría de la Justicia, Cuarta reimpresión, México, D.F., Fondo de Cultura Económica,
dilema: ―¿debería juzgarse positivamente la situación de una persona en cuanto al nivel de logros, o negativamente, en cuanto a la carencia respecto a lo máximo que podría
haber obtenido?‖5
. Al incluir en la noción de desigualdad conceptos que tienen que ver con una aproximación a lo ―cualitativo‖ de la igualdad, Sen pone en evidencia la paradoja señalada antes, si la desigualdad supone una deficiencia de la igualdad ¿con qué igualdad la estamos comparando?, ¿desde qué valores la estamos midiendo?
Teniendo en cuenta las diferencias naturales, los dos planteamientos —el positivo sobre los logros, o el que se establece desde las carencias— pueden llevar a resultados dispares, ya que el potencial máximo de una persona puede no coincidir con el de otra. De ahí que igualar desde el logro pueda llevar a ―rebajar a todos al mismo nivel‖, pues supone preestablecer una medida estándar de los resultados deseables. Habrá quién sea recompensado a pesar de no haber realizado su mejor esfuerzo, habrá quién salga perjudicado a pesar de haber dado lo mejor de sí mismo. Desde esta especie de ―injusticia‖ o de inequidad en la aplicación de premios y castigos, el autor propone abordar la desigualdad desde las carencias, con todas las complicaciones que esta medición también supone, ¿cómo relacionar desigualdad con carencias? Sen establece la conexión con la falta o no de bienestar entre los distintos miembros de una sociedad. Y, en este contexto, para Sen, la labor del Estado es la de garantizar el desarrollo de las capacidades del individuo para poder obrar en el caso particular, desarrollando las habilidades personales con acciones concretas de política pública cristalizada en la provisión de bienes públicos de calidad6.
Como puede apreciarse, la desigualdad como concepto es de definición compleja tras la aparente universalización del término y no cabe hablar de un único tipo de desigualdad. Góran Therborn apunta la existencia de tres tipos de desigualdad. La primera, la
desigualdad vital, referida a las desiguales oportunidades de que disponen los seres humanos, debidas a factores sociales. Este tipo de desigualdad se analiza mediante indicadores de mortalidad, esperanza de vida al nacer y otros indicadores de salud. La
segunda, la desigualdad existencial, relacionada con el diferente grado de capacitación
y de libertad de las personas. Algunas de las manifestaciones de esta desigualdad son la opresión y el confinamiento de las mujeres como consecuencia de sistemas sexistas y
5 S
EN,AMARTYA, 1999, ob. cit., p. 106. 6 Ibídem.
patriarcales, la opresión de los inmigrantes y las minorías étnicas, de personas con minusvalías, de los homosexuales, y en general, de todas las personas que pertenecen a estratos sociales inferiores por aquellas pertenecientes a estratos superiores. Este autor propone que los parámetros asociados a esta desigualdad se pueden medir analizando los entramados institucionales —incluidos los discursos oficiales—, los patrones de interacción personal, las prácticas de aquellos que ostentan el poder o que atesoran el conocimiento y los testimonios de experiencias personales obtenidas mediante
encuestas o entrevistas. La tercera es la desigualdad de recursos, referida a las
capacidades de las que disponen las diferentes personas para actuar, distinguiéndose entre el ―capital‖ del que se puede hacer uso —los ingresos y la riqueza; la cultura y la educación; los contactos y las conexiones sociales, y el poder— y el acceso a estos
recursos, las oportunidades y las condiciones que determinan las potencialidades7.
Nuestra investigación se sitúa en este último tipo de desigualdad.
Es así que la desigualdad no tiene una definición unívoca, no es un concepto absoluto, y a menudo ni siquiera explícito, por lo que no faltan los problemas conceptuales al analizar la misma. Estos pueden profundizarse un poco más si se incluyen en la esfera del análisis conceptos éticos, pudiendo plantearse cuestiones como ¿cuál es el nivel de igualdad deseable o la desigualdad tolerable en el mundo contemporáneo?, que involucran las creencias éticas del propio investigador. La consideración de sus distintas dimensiones y su medición depende de puntos de vista subjetivos y de juicios de valor. Puede entenderse desde distintas realidades e interpretarse por personas disímiles o con intenciones divergentes.
De este modo, la desigualdad ha sido objeto de estudio por distintas razones y desde diferentes perspectivas, principalmente por parte de sociólogos y economistas, tal y como se comentó en la ―Introducción‖. Como señala Tim Anderson, los sociólogos han tendido a suponer que la desigualdad importa, mientras que más de un economista a menudo supone que no, aduciendo que la desigualdad genera incentivos dinámicos en mercados competitivos. Alternativamente, otros economistas han opinado que la desigualdad sí es relevante, ya que afecta al crecimiento económico que, sostienen, es el
7 T
HERBORN, GÖRAN, ―Evolución global y perspectivas de los diferentes tipos de desigualdad en el mundo‖, en TEZANOS, JOSÉ FÉLIX (ED.), Los nuevos problemas sociales. Duodécimo Foro sobre
cimiento del progreso social. Para los sociólogos la desigualdad viola los principios de justicia social y socava los fundamentos de una sociedad humana coherente y funcional8.
En efecto, según apunta Murray Milner, ―una de las preocupaciones clásicas de la sociología ha sido identificar las fuentes de la desigualdad social‖, llegándose a un ―largo debate entre las teorías funcionales y el conflicto en torno a ella‖ que, según este
autor resulta una ―dicotomía infructífera‖9
. Los sociólogos, como Göran Thorborn, han analizado las consecuencias, las variedades de la desigualdad y el grado en que ésta es deseable10, junto con los vínculos dinámicos entre desigualdad y pobreza, analizados
por Dorothy Wedderburn11 y Peter Townsend12.
Desde la vertiente de la economía, además de las aportaciones de Sen señaladas, el tema
se ha considerado por autores como Anthony B. Atkinson que supone ―un contenido
moral, es decir existe una presunción de que la igualdad es deseable‖13
. Reforzando esta idea Camilo Dagum argumenta que existe un principio socio-económico básico, el principio de aversión social hacia la desigualdad, es decir, ―preferencia social por una
menor desigualdad con respecto a la observada‖14
. Aunque parezcan los presupuestos dominantes del debate sobre los contenidos éticos de la igualdad la condena de la desigualdad económica como mal indiscutible y la defensa de la igualdad como fin universalmente deseable, este mismo autor advierte que ―[…] la perfecta igualdad en la
8 A
NDERSON,TIM, ―¿Por qué importa la desigualdad? Del economicismo a la integridad social‖, Revista
Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México, Nueva Época,
Año LX, núm. 223, enero-abril de 2015, p. 192. [Disponible en: file:///C:/- Users/usuario/Downloads/45384-120018-1-PB%20(1).pdf, consulta realizada el 1 de noviembre de 2015].
9
MILNER,MURRAY, ―Theories of Inequality: An Overview and a Strategy for Synthesis‖, Social Forces, Vol. 65, num. 4, jun. 1987, pp. 1053-1054. [Disponible en: http://sociology.virginia.edu/sites/- sociology.virginia.edu/files/TheoriesofInequalityanOverviewandaStrategyforSynthesis.pdf, consulta reali- zada el 1 de noviembre de 2015].
10
THERBORN,GÖRAN, La desigualdad mata, Madrid, Alianza Editorial, 2015. 11 W
EDDERBURN,DOROTHY, Poverty, Inequality and Class Structure, Cambridge, Cambridge University Press, 1974.
12 T
OWNSEND, PETER, ―Poverty as Relative Deprivation: Resources and Style of Living‖, en WEDDERBURN,DOROTHY, Poverty, Inequality and Class Structure, Cambridge, Cambridge University Press, 1974, pp. 15-42.
13 A
TKINSON,ANTHONY B., The economics of inequality, Londres, Oxford University Press, 1975, p. 13 e
Inequality. What can be done?, Cambridge, Harvard University Press, 2015.
14
DAGUM,CAMILO, ―Fundamentos de bienestar social de las medidas de desigualdad en la distribución de la renta‖, Cuadernos de Ciencias Económicas y Empresariales, Número 24, Universidad Complutense de Madrid, 1993, pp. 11-36. [Disponible en: http://cuadernos.uma.es/pdfs/pdf507.pdf, consulta realizada el 22 de noviembre de 2015].
distribución de la renta no es ni una meta de las sociedades políticamente organizadas,
ni una condición requerida para maximizar el bienestar social‖15. De alguna forma, como
señalan Gradin y del Río, cuando intentamos ponderar la desigualdad ―partimos de un
todo y queremos valorar el reparto existente en función de alguna noción de justicia
redistributiva‖16. Pero, como apunta Atkinson, ―la mera existencia de disparidad de la
renta y la riqueza no constituye una base suficiente para realizar afirmaciones sobre la justicia e injusticia, es necesario determinar que los individuos implicados son
comparables en lo que se refiere a otros aspectos relevantes‖17.
Otro contrapunto relevante en este debate lo pone Harry G. Frankfurt, para quien ―la
igualdad económica carece de valor moral intrínseco‖18. Para este autor, la desigualdad
económica puede ser indeseable, pero lo será porque tienda a generar desigualdades inaceptables de otro tipo —por ejemplo, disparidades en la influencia política o social de individuos o grupos—, no porque la igualdad sea un bien moral intrínseco. Y si la desigualdad económica se caracteriza por su «inherente inocencia moral», sostiene, es un error adoptar el igualitarismo, que no igualdad, como un ideal moral. Para este autor, nuestros conceptos políticos y morales deberían más bien orientarse a garantizar que
todos tengan suficiente. Frente al igualitarismo, que considera deseable que todos
tengamos cantidades parecidas de ingresos y riqueza, Frankfurt opone así la «doctrina de la suficiencia». De esta manera, la lucha contra la pobreza y el propósito de asegurar
un bienestar suficiente a todos es más importante que combatir la desigualdad19. Como
señala Manuel Arias, traducido a los términos del debate contemporáneo,
―esto implicaría una menor obsesión por el célebre 1% y una mayor atención a quienes ocupan los estratos más desfavorecidos: ignorar a los plutócratas para concentrarnos en la construcción de la clase media. […] La mayor influencia de que gozan quienes más tienen debe ser combatida por medio de leyes y regulaciones que eviten tal abuso, no a través de políticas dirigidas a generar igualdad económica. Porque desde el punto de vista moral, no es
15Ibídem, p. 14.
16
GRADIN LAGO, CARLOS Y DEL RÍO OTERO, CORAL, Desigualdad, pobreza y polarizaciòn en la
distribución de la renta en Galicia, A Coruña, Instituto de Estudios Económicos de Galicia – Fundación
Barrié de la Maza,2001, Cap. 1, p. 2. 17 A
TKINSON,ANTHONY B., 1975, ob. cit., p. 14. 18
FRANKFURT,HARRY G.,―Equality as a Moral Idea‖, Ethics, Vol. 98, Num. 1, october de 1987, pp. 21- 43. [Disponible en: https://www.law.upenn.edu/institutes/cerl/conferences/prioritarianism_papers/Sessio- n3Frankfurt.pdf, consulta realizada el 22 de noviembre de 2015].
19 F
importante que todos hayan de tener lo mismo. Lo que es moralmente importante es que cada uno tenga suficiente‖20.
Por todo ello, resulta cuestionable si la enunciación de desigualdad debe incluir conceptos éticos o si sólo se la debe considerar como diferencia en ingresos.
Esta investigación analiza el tema de la desigualdad desde una perspectiva histórica y también con una vertiente económica, por lo que los aspectos conceptuales comentados y los referidos a la calidad de la información disponible deben ser tenidos muy en cuenta. En este sentido, la idea o concepto de desigualdad podría decirse, de acuerdo con Álvaro Carvajal, que es una categoría relacional, es decir, la dimensión económica de la desigualdad tiene que ver con la producción de la riqueza y con su distribución. Lo mismo sucede con el concepto de pobreza, se es pobre en comparación con quien es rico. Según este autor, ―la distancia que puede establecerse entre el más rico y el más
pobre puede considerarse como desigualdad‖21
. De este modo, el concepto de desigualdad se puede utilizar para evaluar las distancias entre los países, entre las regiones, entre las clases sociales, entre individuos o familias con diferentes ingresos (antes o después de las transferencias), entre las empresas, etc. Las distancias se pueden medir en varias dimensiones: el ingreso, la riqueza, los derechos, las capacidades, el acceso a los servicios, el bienestar, etc.
En este contexto, resulta relevante también otra cuestión planteada por Carvajal, aunque compleja de explicar como él mismo reconoce, que es la adjudicación de la desigualdad económica actual al sistema capitalista. En esta misma línea, Juan Torres argumenta:
―Ciertamente, la historia de la sociedad capitalista no ha sido sino la historia de la desigualdad […] desigualdad que podría denominarse estructural, típica y consustancial a un régimen social capitalista que produce y reproduce la división social, la fragmentación y el mantenimiento de grupos sociales con capacidades, recursos y posibilidades de satisfacción
20 A
RIAS MALDONADO,MANUEL, ―Igualdad ¿para qué?, Blog Revista de libros RDL, diciembre 2015. [Disponible en: http://www.revistadelibros.com/blogs/torre-de-marfil/igualdad-para-que#nlink2, consulta realizada el 22 de noviembre de 2015].
21
CARVAJAL VILLAPLANA, ÁLVARO, ―El análisis filosófico de las nociones de pobreza y desigualdad económica‖, Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, Volumen 48, Números 123-124, enero-agosto, 2010, p. 81. [Disponible en: http://revistas.ucr.ac.cr/index.php/filosofia/article/view/- 7321/6994, consulta realizada el 20 de noviembre de 2015].
restringidas por el acceso igualmente desigual que tienen a la dotación de recursos existente‖22
.
De manera similar, Maurizio Franzini y Mario Pianta sostienen:
―In capitalism, inequalities are everywhere. They are founded on the division between capitalists who own the means of production and workers who sell their labour force. Capitalists and firms are engaged in competition with one another, resulting in unequal economic fortunes, further complicated by the evolving relationships between industrial and financial capital […]‖23
.
Igualmente Robert Castel plantea que la desigualdad se produce entre grupos comparables y resulta como subproducto del propio capitalismo:
―Para que exista el problema de desigualdad, es necesario que haya individuos o grupos que ocupen situaciones comparables entre ellos. Es una característica que existe en el capitalismo y en sus formaciones sociales. El problema no se presenta en la sociedad esclavista o de castas o en una estructura feudal, donde los individuos y los grupos tienen estamentos completamente diferentes e incomparables entre ellos‖24.
Göran Therborn señala, en este contexto, que ―tal como predijo Marx, la emergencia del capitalismo industrial generó una mayor desigualdad económica, pero esta no alcanzó
una magnitud alarmante‖25
. Christian Morrison ha investigado los datos a nivel europeo y apunta que, en general, la industrialización capitalista produjo un aumento de las desigualdades en Europa, como por ejemplo en Francia entre 1830 y 1860, y en
Alemania a partir de 187026. En EE.UU., según la investigación de Peter H. Lindert, la
desigualdad se incrementó de manera importante durante el siglo XIX, aunque los puntos de inflexión de la curva de distribución aún no han podido determinarse con
22 T
ORRES LÓPEZ,JUAN, ―Nuevas expresiones de la desigualdad social‖, Revista de estudios regionales, Número 54, 1999, pp. 148-149. [Disponible en: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=252211, consulta realizada el 21 de noviembre de 2015].
23 F
RANZINI,MAURIZIO y PIANTA,MARIO, ―Economic inequality, an introduction‖, WP-EMS Working
Papers Series in Economics, Mathematics and Statistics, Università degli Studi di Urbino ―Carlo Bo‖,
february 2011, p. 2. [Disponible en: http://www.econ.uniurb.it/RePEc/urb/wpaper/WP_11_02.pdf, consulta realizada el 22 de noviembre de 2015.
24 C
ASTEL, ROBERT, ―Empleo, exclusión y las nuevas cuestiones sociales‖, en CASTEL, ROBERT; TOURAINE, ALAIN; BUNGE, MARIO; IANNI, OCTAVIO; Y GIDDENS, ANTHONY, Desigualdad y
globalización. Cinco conferencias, Buenos Aires, Manantial, Universidad de Buenos Aires, 2003, p. 17.
25
THERBORN,GÖRAN,2012, ob. cit., p. 281. 26 M
ORRISON, CHRISTIAN, ―Historical perspectives on income distribution: the case of Europe‖, en ATKINSON,ANTHONY B. Y BOURGUIGNON,FRANÇOIS (eds.), Handbook of Income Distribution Vol. 1, Amsterdam, Elsevier, 2000, pp. 234-236.
exactitud. Las desigualdades en el ámbito de la salud y de la esperanza de vida también
aumentaron entre 1790 y 187027.
Según Therborn, el siglo XX dio inicio a una marcada tendencia hacia la nivelación que comenzó en Europa tras la Primera Guerra Mundial y en EE.UU. tras la depresión de 1929. En otras regiones, la evolución fue muy distinta. Asia Oriental, incluidos Japón, la China comunista y la India, comenzaron a reducir la desigualdad a finales de la década de 1940. En América Latina se produjo una nivelación muy acusada en la Argentina peronista, pero este caso no parece representativo de una tendencia duradera. La Primera Guerra Mundial y sus secuelas constituyeron el primer período de nivelación de ingresos tras la Revolución Francesa. La nivelación fue más acusada en el territorio devastada por la guerra, Europa. La depresión de los años 1930 tuvo un impacto muy dispar. El impacto fue importante allí donde el crash de las bolsas dio
paso a políticas distributivas, como el New Deal en EE.UU., las políticas
socialdemócratas en Suecia, o las del Frente Popular en Francia. En la Alemania nazi los ricos recuperaron cuota, en la España de Franco tampoco salieron perjudicados, y en las grandes colonias asiáticas, India e Indonesia, la desigualdad también creció, mientras que la situación en el Japón militarizado permaneció estable. La Segunda Guerra Mundial tuvo igualmente un importante efecto nivelador, no solo en las potencias derrotadas, Alemania y Japón, sino también en los países vencedores, Francia, Reino Unido y EE.UU. En los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la curva de