Detrimento Patrimonial

In document La responsabilidad precontractual en la legislación ecuatoriana (página 180-183)

La idea de la reparación de una daño nace necesariamente de un requisito sine qua non, esto es que exista un detrimento patrimonial provocado por uno de los precontrayentes hacia su contraparte. “Si en el transcurso de las negociaciones, con ocasión de la no conclusión del contrato una de ellas causa un detrimento patrimonial a su contraparte, ésta tiene la obligación de reparar los perjuicios que causa, de conformidad con el principio general de neminem leadere, el cual es aplicable a cualquier tipo de responsabilidad.”374

En esta parte de nuestra tesina seguiremos el trabajo de Vladimir Monsalve Caballero, ya que consideramos que su trabajo aporta con claridad y suficiencia a nuestros objetivos. El mencionado autor, tratando el tema del detrimento patrimonial se plantea la siguiente interrogante: ¿Qué es indemnizable?

Monsalve inicia planteándose el problema de la distribución del riesgo, para lo cual se apoya en lo escrito por el italiano Nanni. Este autor, a decir de Monsalve,

nos presenta un panorama completo y detallado, sobre la distribución del riesgo y sobre las circunstancias que se puede matizar determinando si los daños producidos por la ruptura de las negociaciones deben ser asumidos por cada una de las partes, o si por el contrario, deben ser reparados de conformidad con el principio de la buena fe.375

Nótese que existe una discordancia entre la tesis ampliamente sostenida de que antes de la formalización del acuerdo no existen obligaciones entre las partes y por ende cada una debe asumir los riesgos de las negociaciones; a diferencia de la postura que venimos sosteniendo

      

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MONSALVE, V., “Responsabilidad Precontractual”, Ibañez, Bogotá, 2010, pág 366

374

Ibidem, pág. 366

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a lo largo de este trabajo. Vale recalcar que nuestro afán no es ahuyentar a los negociante sino dotar de reglas garantistas para los precontrayentes durante el iter negocial.

La exigencia de distribuir entre las partes el riesgo de los prejuicios (creemos que el autor quiso decir perjuicios), está satisfecha por la individualización de las circunstancias que han determinado la ruptura de las negociaciones: si de tal examen el motivo que ha inducido una parte para apartarse de los tratos resultan justos, éstos serán conformes al parámetro de la buena fe precontractual, cada contratista soportará las consecuencias de un riesgo que siempre es inherente a los gastos realizados cuando el vínculo aún no se ha perfeccionado; en el caso contrario (y, si lo recuerdan, estando en presencia de una negociación justa en fase de una fundada legítima confianza), el ejercicio del potestativo derecho para retirarse de la negociación, lo demuestra abusivo y determina por tanto un perjuicio que no debe ser distribuido el cual siempre será consiguiente a la interrupción de la relación precontractual.376

A manera de conclusión anticipada, Monsalve manifiesta: “(…) el daño resarcible en virtud de la responsabilidad precontractual debe haber sido originado por la situación de confianza y guardar con ella una estrecha relación”. Estamos plenamente de acuerdo con lo sostenido por el mencionado autor, ya que a lo largo de nuestro trabajo hemos venido sosteniendo que la “confianza” debe ser el parámetro para determinar la existencia de responsabilidad precontractual, ya que donde no existe confianza en la conclusión de un acuerdo no cabe hablar de daño y peor aún de reparación, puesto que previo a que se genere la confianza, cada una de las partes debe asumir el riesgo de la negociación.

Siguiendo a Monsalve, éste realiza una clasificación sobre lo que debe considerarse indemnizable y lo que no; de esta manera podremos delimitar el campo de estudio a los supuestos que provocan responsabilidad y causan daño. El autor divide en: a) gastos espontáneos o especulativos, y; b) gastos provocados.

a. Los gastos espontáneos o especulativos.- (…) Ellos se caracterizan porque una de las partes los ejecuta normalmente en el ejercicio de su actividad, como la publicidad, la capacidad instalada en los establecimientos, en fin, todos aquellos gastos que desembolsa aquél que desarrolla una actividad económica en general, o son los que constituyen un riesgo implícito de todo negocio, o los ejecutados en interés exclusivo. Por ello, no son resarcibles (aunque la ruptura de las conversaciones no presente causa de justificación), los gastos que de todas formas habría que realizar para iniciar

      

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Nanni, L., “La trattative” I contratti in generale, tomo III, Utet, Torino, 1991, pág. 28. Respecto de la cita consideramos poco apropiada hablar de “contratantistas” ya que se trata de la fase anterior al perfeccionamiento del acuerdo.

las negociaciones. En el curso de la preparación de un contrato, los interesados están obligados a efectuar gastos, o a asumir riesgos considerables. (…)

b. Los gastos provocados.- (…) los cuales se caracterizan (…), porque son efectuados con ocasión a la manifestación conjunta de la voluntad que tienen las partes, producto de los avances de la negociación. Por tal circunstancia éstos, si están llamados a ser resarcidos. De tal forma, si existe un consentimiento mutuo o interés común en la realización de determinados gastos como planos, presupuestos, proyectos, etc., en ese instante, esos gastos consentidos deberán ser resarcidos del patrimonial de aquél que los ha ejecutado. En consecuencia, si una de las partes se retira de las conversaciones sin concurrir al pago, será justo que la otra pueda demandarle indemnización por un monto equivalente a la parte no aportada que debía cubrir el que se retiró. Por una parte, esta solución se justifica en el comportamiento conforme a la buena fe (que debe presidir los tratos), y por otra, la equidad aconseja que en el transcurso de la preparación del consentimiento los patrimonios de los tratantes no se vean injustificadamente deteriorados o disminuidos. (…).

Ahora, lo que sucede es que si esos gastos se ejecutan porque obedecen a una apariencia creada, como si se le hace aparecer como imprescindible, aunque no se ordene hacerlo, en tal caso, por depender directamente de los que si fueron acordados, tendrán su fundamento resarcitorio.377

Lo dicho por el autor que seguimos es por demás importante para continuar con nuestro estudio, puesto que ha quedado claro que antes de la concreción de un acuerdo pueden existir dos tipos de gastos, los unos que dan derecho a resarcimiento y los otros que no. Decimos que, para que existan gastos provocados que dan derecho a reparación, entre las partes deben existir consentimiento en tratar o negociar y además debe existir una manifestación de voluntad que mueva a efectuarlos o que exista una apariencia de que dichos gastos son necesarios e indispensables para el normal desarrollo de las negociaciones; en tanto que, los denominados gastos espontáneos, no pueden ser exigidos ya que son realizados por pura liberalidad de una de las partes y sin que haya existido entre ésta y otra persona el acuerdo para negociar.

Esta postura, a nuestro modo de interpretar, tiene una doble fundamentación, por un lado se busca impedir el enriquecimiento injusto y por otro lado, aplicando un principio general de derecho, el que hace algo, debe soportar los riesgos de sus actos. Debemos recordar que las partes están “obligadas a conducirse con diligencia y consideración al interés de la otra parte, lo

      

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que les permite esperar legítimamente comportamientos recíprocos durante todo el proceso del iter contractual.”378

Lo dicho hasta aquí ratifica el camino que decidimos seguir en el presente trabajo, esto es que la violación de los deberes de la buena fe, que deben presidir los tratos preliminares o negociaciones, da lugar a que exista responsabilidad y por ende la parte afectada esté en posición de demandar el resarcimiento de los daños provocados. Relacionando lo dicho en el capítulo precedente, debemos concluir diciendo que los gastos provocados sólo son posibles cuando entre las partes ha existido confianza en que el negocio llegará a un acuerdo concreto, es decir, donde no existe confianza no habrá responsabilidad precontractual, y los gastos incurridos con anterioridad deberán “ser soportados por la víctima, puesto que será el resultado de una actitud aventurada al efectuar desembolsos que tal vez el estado de las negociaciones no justificaba.”379

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