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“Dime lo que quieres y te diré quién eres”

In document Yo Quiero Ser (página 43-46)

Este refrán resume el poder de la voluntad en la configuración de la personalidad. Dicho con otras palabras: cada uno puede llegar a ser lo que quiere ser. Es cuestión de proponérselo y de obrar en con- secuencia. Se puede, pues, aprender a querer, que es una manera de expresar que la voluntad está siempre en proceso de formación.

Una consideración proactiva (anticipativamente responsable) de la voluntad nos lleva a examinar dos de sus modalidades prácticas que tienen gran importancia en la conducta: la decisión y el propó- sito. En la decisión, la voluntad expresa un querer presente, aquí y ahora. Decidir es aprender a querer en presente. O sea, decir y hacer. No es sólo decidir o elegir: es comprometerse con lo que se decide para hacerlo efectivo. Por eso, en la decisión se actualiza la libertad, no sólo en relación con los fines que se proponen a la conducta, sino con los medios para lograr el objetivo que nos hemos propuesto.

te por adelantado acciones futuras. La voluntad proactiva es volun- tad que propone con anterioridad, que se anticipa activamente a los acontecimientos, que no se limita a dejar que pasen (pasividad) o a reaccionar ante ellos (reactividad, por ejemplo: a una persona que grita, contestarle con gritos). Y es voluntad propositiva porque no se enreda en lo negativo y busca la afirmación constructiva.

El propósito es posible porque la persona puede comprometer li- bremente su futuro. El esfuerzo por dar vida a los propósitos y por mantenerse en ellos, tiene que ver con la fidelidad. Ella está vincula- da no sólo a la lealtad a las personas, sino al amar las realidades que nos rodean, la acción misma, el trabajo y la complejidad de acciones que están comprometidas en él.

Fernando fue maleducado por sus padres. Con una idea muy equivocada, le dieron todo lo que ellos no pudieron tener, pues llevaron una vida sacrificada para sacarlo adelante. No tuvieron en cuenta las campanas de alerta del colegio, diciéndoles que el niño era caprichoso. Pensaban que el colegio no entendía que Fernando pertenecía a una clase social en la que esas cosas eran normales. Acabaron viviendo su vida por él, sin dejarle espacios de libertad y sin ayudarle a forjar su voluntad.

La ruptura de Fernando con sus padres fue brusca, pero en cierto modo prevista. Cuando a uno no le dan la libertad a tiem- po o no lo educan para manejar su responsabilidad, termina co- brándola por sí mismo. Eso fue lo que hizo Fernando: aprovechó el viaje al exterior para hacer lo que le dio la gana, sin importar- le lo que fueran a pensar sus padres, pero sin importarle tampoco si lo que hacía estaba bien o no.

“Fernandito”, el hijo bueno de papá y mamá, se convirtió en el rebelde Fernando, alejado de sus padres y entregado a una vida desordenada. En ella no hay diálogo con nadie sobre sus asuntos más importantes e íntimos: ¿qué quiere?, ¿qué busca en la vida?, ¿para dónde va?, ¿cuáles son sus motivaciones?, etc.

Fernando tiene debilitada su voluntad y su capacidad de que- rer. La ejerce para poder elegir lo que le gusta, no como una voluntad madura que piensa en lo que le conviene, independien- temente de si le gusta o no. Es decir, una voluntad para regular su

Aprender a querer 44 Capítulo 3

conducta, para desarrollar determinados valores, para controlar ese desmedido afán de hacer lo que quiere demostrando a sus padres que puede actuar sin ellos o contra ellos.

Tarde o temprano Fernando tendrá que hacerse aquellas pre- guntas y responder con sinceridad, ver si está logrando lo que quería y cuál es la calidad de sus relaciones con la demás gen- te, incluidos sus padres. No puede retrasar por más tiempo esa definición. Nadie puede hacerlo ahora por él, como lo hicieron en un momento en forma equivocada sus padres, y sólo él puede construir su futuro desde su propia voluntad. Pueden las cosas salir bien, sin olvidar la lección pasada.

argarita se enamoró muy joven de un muchacho que estudiaba ingeniería, hijo de un amigo de su padre, en cuya casa se conocieron desde pequeños. A ella no le gustó tanto por su atractivo físico como por su ta- lento y su rectitud. Parecía ser el molde de su padre, un hombre bueno y el mejor amigo de sus amigos, a quienes era fiel y a quienes procuraba darles lo mejor de sí mismo. El padre murió cuando su hijo era toda- vía adolescente, y la chica apenas estaba terminando su colegio. A raíz de la muerte de su papá, Jerónimo maduró mucho. Asumió sus responsabilidades como hermano mayor. Todo eso resultó ser un motivo para que Margarita viera en él al hombre de sus sueños.

Fue un noviazgo intenso, entusiasta y de mutuo entendimiento. Como quien dice, eran el uno para el otro. Jerónimo le propuso matrimonio, las familias aceptaron encantadas, y se casaron. Pronto los hijos empezaron a llenar la casa: María Antonia, Luis, Ju- lito y luego Inés y Pablo. Todavía siendo profesiona- les jóvenes se encontraron con que tenían cinco hijos. Para ambos, además, una carga económica sólida. Ella, profesional también, montó su propia empresa y salió adelante. Aparecieron pronto dificultades de tra- bajo para él, quien mantenía un perfil bajo frente a su esposa, inteligente, bonita y gran ejecutiva.

Ella le daba dos vueltas a él, pero su marido era un hombre totalmente dedicado a ella y a sus hijos, que no solía figurar ni sobresalir en la vida social. Pero llegó lo que no esperaba nadie. Con los hijos mayores ya adolescentes, y con niños pequeños, ella empezó a

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