Educativa I Sub Director de gestión Administrativa
5. Criterios de evaluación Evaluar si se han definido correctamente los criterios de evaluación y de promoción, si se ha ejecutado de acuerdo con lo
2.3 CARACTERÍSTICAS DEL GESTOR CURRICULAR
2.3.1 Dimensión profesional
Las competencias profesionales, son en principio una exigencia de las funciones directivas y liderazgo de un gestor curricular. Como se ha expuesto, todo cuanto demanda a las funciones del gestor curricular necesita de un profesional preparado. Se afirma que “Una organización no aprenderá a desarrollarse y crecer si el conjunto de su personal no se desarrolla profesionalmente, entre
otros, por las competencias de sus líderes para lograrlo” (Bolívar, 2011, p. 155), Por tanto, enmarcados en la línea del liderazgo distributivo y transformacional que debe ejercer el gestor curricular, el desarrollo y crecimiento profesional suyo debe ir a la par al de sus liderados.
Por lo expuesto, las competencias profesionales del gestor deben estar direccionadas hacia el ámbito técnico pedagógico y la experiencia que el gestor tiene como docente en aula.
a. Competencia técnico pedagógica
Las competencias del gestor curricular tienen relación con lo que se requiera para el cumplimiento efectivo de sus funciones. Tienen que ver con orientar la labor de sus docentes hacia la mejora de su práctica pedagógica y ser capaces de tomar decisiones y resolver problemas en el proceso de una gestión efectiva de los aprendizajes. Exponemos en una primera propuesta, aquellas competencias que a criterio de Bolívar (2011) basado en la investigación empírica de Viviane
43 Robinson (2010) establece como competencias requeridas para un liderazgo pedagógico efectivo:
a) Emplear un amplio conocimiento de la enseñanza y el aprendizaje. Este conocimiento, necesario para el ejercicio del liderazgo pedagógico, vincula el conocimiento curricular y pedagógico con aquellas dimensiones administrativas y de gestión.
b) Resolver problemas complejos basados en la escuela. Los líderes expertos saben cómo resolver los problemas que se presentan en el establecimiento y, normalmente, lo hacen en función de su conocimiento pedagógico y de liderazgo. c) Fomentar la confianza relacional con el personal, las familias y el alumnado. El liderazgo, como proceso social, es un fenómeno en sí mismo relacional, basado en la confianza a diferencia de otras actuaciones (autoridad, poder, manipulación) Una segunda propuesta es la planteada por Álvarez (2004):
Dedicación a liderar el proceso enseñanza aprendizaje, para lo cual requiere tener formación en didáctica general, en psicopedagogía y sociología, lo que le permitirá entender al estudiante, estar al día con las investigaciones al respecto y saber gestionar en cuanto afecte la educación y la enseñanza. Considerar al docente pieza clave de la calidad educativa que se brinda y en
consecuencia facilita su labor en el aula, motivándolo, proporcionándole recursos e información permanente de su labor a partir de un seguimiento de sus objetivos y resultados, en suma promueve el crecimiento profesional, desarrollo de capacidades y habilidades especificas a su labor.
Crea un clima de comunicación fluida que posibilite el trabajo en equipo, gestiona, supervisa y evalúa de forma compartida y gestiona a través de proyectos consensuados.
Busca involucrar a la familia en el proceso educativo de tal manera que contribuyan al éxito escolar con el apoyo en casa del proceso de aprendizaje de sus hijos.
Sin duda existen muchas otras propuestas, sin embargo, queremos resaltar en ambas propuestas, la articulación entre el saber pedagógico y la capacidad del
44 gestor de conectar estos saberes a la resolución de problemas, a responder a las necesidades del contexto y el aspecto relacional de sus funciones.
Frente a lo expuesto, cabe preguntarse en qué medida un directivo o quien se designe en las instituciones gestores curriculares cuentan con la formación para serlo o por lo menos enfrentar tales funciones con las herramientas mínimas para una gestión efectiva. En nuestro país, señala Minedu (2009b) los directivos no reciben capacitación que corresponda a sus funciones de supervisión, monitoreo y acompañamiento o que en algunos casos están rezagados y desactualizados. Esto tiene como resultado el desconocimiento en materia de construcción de herramientas, instrumentos, variables e indicadores para medir el desempeño de los docentes en el aula y la calidad de los aprendizajes de los estudiantes.
El cuestionamiento hecho en el párrafo anterior es también una pregunta que lanza Álvarez (2004) y ensaya una respuesta citando lo que plantean Hamel y Parlad (1999) quienes señalan que si bien un directivo con las competencias antes señaladas no es fácil de hallar, hay que hacer tres cosas: primero, buscarlo dentro de la institución, y si no fuera posible, buscarlo fuera y si tampoco se encuentra, formar al personal para que desarrolle las capacidades que se exigen. Por tanto, esta propuesta lleva a plantearse el tema de la formación del directivo, el cual ya ha tenido algún tratamiento investigativo en autores como Escamilla, (2006), Uribe (2007), Bolívar (2011) y Vaillant (2011). Sin embargo, creemos es un tema importante a plantear y profundizar en el ámbito de la realidad peruana y en las escuelas públicas. El presente trabajo recoge algunas impresiones al respecto, desde la voz de los subdirectores de formación general y su labor directiva como gestor curricular.
b. Experiencia pedagógica en aula
Otro aspecto dentro de la reflexión que se hace sobre las competencias profesionales del gestor curricular es la importancia de conectar la teoría con la práctica. Al respecto se señala “La formación ha de estar basada en la práctica de lo que los profesores trabajan día a día y en el intercambio entre el profesorado y
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la dirección” (Bolívar, 2011, p. 266), además se afirma, «cualquiera que pretenda liderar una organización cuyas funciones centrales implican decisiones sobre la acción pedagógica, debería personalmente tener una práctica que le conecte de manera directa con esa función central” (Elmore, 2010, p. 38). A partir de lo anterior, podemos afirmar que la experiencia docente en aula puede ser una condición que contribuya a un mejor desarrollo de sus funciones.
Es en esta línea de análisis sostenemos la importancia de conectar la acción directiva del gestor curricular con el trabajo en el aula, como se señala:
Trabajar hombro a hombro con el docente, en lo posible dando testimonio desde un área específica, con una asignatura a su cargo y demostrando que cuanto se propone hacer curricularmente se puede hacer. En pocas palabras, operar la propuesta en un programa concreto, con proyectos concretos y con estrategias y actividades concretas que puedan ser evaluables y que a través de ellas se pueda dar testimonio de que lo propuesto es viable y realizable. (Iafrancesco, 2004, p. 126).
Si bien hemos subrayado lo vital de la formación del gestor curricular como directivo que lidera el trabajo pedagógico de la institución, esta no puede estar desligada de la experiencia concreta del trabajo en el aula, nos parece muy ilustrativo lo afirmado por los autores citados con respecto a conectar el liderazgo pedagógico del directivo con la experiencia de ser docente en aula.