INDICE GENERAL RESUMEN iii
Capítulo 2. BREVE HISTORIA DEL CISTER 2.1 ORIGEN DEL MONACATO CRISTIANO
2.3. ARQUITECTURA CISTERCIENSE
2.3.3. DISEÑO ESPIRITUAL
Por encima de los valores de una arquitectura funcional, el monasterio cisterciense corresponde a un plano espiritual, precisamente porque este fue el objetivo primero y único del seguimiento de Cristo en la reforma cisterciense del monacato. El silencio de la Regla se refleja por la ausencia casi total de elementos figurativos y colores, dando paso al juego de luz, como “metáfora de Dios” 65
En su tratado De la Consideratione, Bernardo de Claraval se pregunta: “Quid est Deus? Longitudo, latitudo, sublimitas et profundum”66 . Una definición muy arquitectónica, profunda y
reveladora de cómo se identifica lo divino con lo terrenal, la base de la correlación entre la arquitectura ad quatratum con la espiritualidad de los espacios. “Porque la arquitectura personifica ideas, refleja la identidad y da forma física y significado expresivo a los valores”67.
2.3.3.1. La Iglesia
La pieza principal de los conjuntos monásticos es sin duda la iglesia, donde se hacen más evidentes los preceptos de Bernardo en cuanto a espiritualidad y recogimiento. Es el espacio donde el monje tiene contacto directo con lo divino y por tanto debe estar diseñado como tal. En ella se realizaban rezos cantados y en procesión. La dimensión de la iglesia debe ser proporcional a los monjes residentes en el monasterio, ya que circularan en procesión diaria por sus naves a una distancia entre ellos que no interfiera en su recogimiento. Así pues, la proporción geométrica del espacio está relacionada con la potencia sonora a la que es sometida, teniendo relevancia los preceptos geométricos-musicales que se le supone al diseño del espacio.
La orientación de las naves de la iglesia está estudiada para obtener el clímax espiritual en cada momento del día. Así pues, la cabecera se sitúa al este, al alba, la luz naciente como representación simbólica de la resurrección. El rezo de Laudes se hace coincidir con los primeros rayos del amanecer, que entran lentamente por las aberturas de los transeptos creando un ambiente de alto grado sensitivo, que unido a la acústica del
65 BIFFI, I., “Editorial” en KINDER, T.: “I Cistercensi, vita quotidiana, cultura, arte.” Biblioteca de Cultura Medieval. Edit. Jaca Book, Milán 1998.
66 CLARAVAI, Bernardo, “De consideratione ad Eugenium Papam”, 5 c. 13 n. 27
espacio potenciador de la sonoridad de los cantos y rezos, transmiten al monje la sensación de estar cerca de lo divino.
El óculo, por su parte, se sitúa al sur, al poniente. Las últimas luces del día se hacen coincidir con el rezo de Vísperas, que representan la sepultura de Jesucristo. Del mismo modo que con el rezo de Laudes, el monje se sumerge en un estado sensorial superior influenciado por la transformación del espacio arquitectónico por la disminución de la iluminación hasta la oscuridad y la acústica del mismo.
Hay que apuntar que los rezos solían ser cantados en gregoriano, lo que favorecía por su forma coral, la inteligibilidad del mismo. Este recurso acústico está adaptado perfectamente a las condiciones acústicas del espacio libre de ornamentos de la iglesia cisterciense y lo impregna de ese halo espiritual que tanta importancia tenia par Bernardo de Claraval.
Esta limpieza espacial no exista en las iglesias benedictinas, la desaparición de piezas clave de la arquitectura benedictina, como las galileas, fue consecuencia de la simplicidad litúrgica cisterciense.
La estacionalidad litúrgica fue determinante en primeros los pasos para la distribución ordenada de una arquitectura monástica occidental, como mostró Carol Heitz68. Las iglesias y su
entorno eran monumentales escenarios donde poner en práctica detallados costumbreros litúrgicos en los que el año transcurría según celebraciones de fiestas generales y propias Fueron las procesiones diarias de inicio de la jornada monástica las que condicionaron el espacio y obligaron a establecer un entorno apropiado, principalmente en las iglesias y los claustros.
De este modo, la innovación del Císter en cuestión espacial fue sencilla, y se resume en la ordenación interna y una limitación del vastísimo espacio hasta entonces reservado a la liturgia estacional.69
El estudio de las circulaciones litúrgicas por el interior del monasterio es un punto básico para nuestra comprensión de su espacio y para explicar singularidades o variantes del mismo que
68 HEITZ, Carol Heitz.. “Recherches sur les rapports entre architecture et liturgie à l'époque carolingienne” .Cahiers de civilisation médiévale .1964 .
69 CARRERO SANTAMARÍA . Eduardo . “Una simplicidad arquitectónica por encima de los estilos. La iglesia del monasterio cisterciense entre espacios y funciones”. Mosteiros Cistercienses História, Arte, Espiritualidade e
sólo tienen explicación a partir de un análisis de usos que nos obliga a conocer cómo funcionaba el día a día religioso.
Según la liturgia y la importancia de la voz y el canto en el desarrollo de esta, la arquitectura se adaptó a esas necesidades, potenciándolas con formas innovadoras y con materiales de construcción y ornamentos, que modificaban la acústica del recinto arquitectónico. Desde un principio, las iglesias del cristianismo europeo estuvieron estrechamente ligadas a la acústica de su espacio, ya que en ellas se oraba y cantaba a diario.
2.3.3.2. El claustro
El claustro de los monasterios, por su ubicación y funcionalidad, es el centro neurálgico de la vida monástica. Se convierte en el lugar común tanto de la vida cenobítica como solitaria, ofreciendo al monje las condiciones ideales para una reflexión serena y tranquila, para la meditación de los textos sagrados que deben acercarle hasta lo divino. San Bernardo en su Sermón De Diversis lo definió como "Vere Claustrum Est Paradisus ..." (Verdaderamente el claustro es un Paraíso) 70, donde todo debe ser armónico y ayude al
monje en su camino a la perfección. Este paraíso debe interpretarse según su traducción del griego como jardín o Edén y jardín de las delicias, en hebreo. El claustro cisterciense refleja el símbolo del paraíso reconstruido en el centro de la clausura monacal, es sobre todo, la teología de la vida monástica plasmada en piedra, sonido, colores y luz.
Encerrado en el cuadrado definido por sus galerías, el diseño del jardín claustral cisterciense dibujaba una cruz latina mediante cuatro senderos que representaban, tanto a los cuatro evangelistas como la semejanza de los cuatro ríos evangélicos, unificados en el lavatorio que representaba la verdad, la caridad, la fortaleza y la sabiduría. Todo ello dotaba al claustro de una fuerte carga simbólica que ayudaba a los monjes a la meditación y a la restauración anímica, que aun hoy podemos percibir.
La planta cuadrangular del claustro, representa asimismo la Jerusalén celestial descrita por San Juan en su Apocalipsis:
"...El ángel me mostró la ciudad, Jerusalén... la ciudad es cuadrada... "71
Así, el monasterio cisterciense se plantea como un lugar lleno de connotaciones simbólicas, ideales y de espiritualidad, dónde se busca a Dios. El patrimonio monástico fue concebido según ideales teológicos y espirituales específicos que se traducen en una realidad arquitectónica.
Con estos preceptos, la acústica de los recintos cistercienses adquiere la misma importancia que la arquitectura, siendo la oración y la plegaria, normalmente cantadas, las que debían suplir la excitación sensorial ornamental y llenar el espacio para elevar el espíritu del monje hacia lo divino. La arquitectura pura con sus formas simples y proporciones divinas, debe ser el instrumento acústico ideal para la perfecta difusión del sonido, ya que no puede disponer de ornamentos ni decoraciones que mejoren la calidad acústica del espacio.