JAIRO: DE JEFE A PAPÁ
B. DOS OÍDOS Y UNA DECISIÓN
Sin embargo, lo más maravilloso está por acontecer. El texto evangélico es fantástico.
Mientras (Jesús) estaba todavía hablando, vienen de la casa del jefe de la sinagoga diciendo: Tu hija ha muerto, ¿por qué molestas todavía al Maestro?: Mc 5,35.
Suceden dos cosas al mismo tiempo: mientras Jesús habla a la mujer dándole la paz, los de la casa del jefe le están asegurando que no hay nada que hacer, pues la pequeña ya ha muerto y no se debe molestar al Maestro. No tiene caso hacer perder el precioso tiempo al peregrino de Galilea. Ya todo terminó y no hay nada que hacer. Se cerraron las posibilidades.
En el preciso momento en que Jesús afirma que basta tener fe, le notifican que su hija había muerto ya, y que no tiene caso que el Maestro haga un viaje inútil para presenciar a la niña muerta. Todo había terminado.
Para extraer el mensaje central de este pasaje vamos a usar la imaginación: Jairo está escuchando un mensaje de confianza por su oído derecho, mientras que la gente de su casa lo desanima por el oído izquierdo. Por una parte Jairo está recibiendo la promesa de Jesús, comprobando que quien tiene fe, es salvado; mientras, exactamente al mismo tiempo, por otro lado escucha la terrible noticia de que su hija ya murió y no hay nada que hacer.
Entonces Jesús vuelve a intervenir y se dirige directamente a Jairo, que todavía no se repone noticia de su hija, por quien había arriesgado todo cuanto era y cuanto tenía. Cuando todo indicaba que había perdido tanto a su hijita como su puesto en la sinagoga, el Señor le asegura con toda autoridad:
No temas. Solamente cree y tu hija se salvará.
La voz del Maestro, como solista, sobresale entre el coro que anuncia que la fe es el medio de conexión con la salvación. Jesús ofrece una puerta de salida al laberinto: creer con fe expectante.
Jairo con un oído escucha las noticias de la muerte de su hija, pero en el otro recibe la buena noticia. En su oído izquierdo le están gritando que todo se acabó y no hay nada que hacer, es más que ya deje de molestar al Maestro. En el oído derecho Jesús le asegura: “no todo está terminado. La llama de la esperanza no se ha extinguido aún”.
Jairo escucha al mismo tiempo dos cosas muy diferentes y de- be decidir a quién hacer caso, ya que se trata de dos noticias contradictorias. Aceptar una implica rechazar la otra. El jefe de la sinagoga puede creer sólo a uno de los dos, y decidió atender por el oído derecho. Opta creer en la buena noticia en vez de la mala. Podía escoger cualquiera de las dos, pero elige dar crédito con su oído derecho.
Así sucede también en nuestra vida. Por un oído nos llegan malas noticias y por el otro tenemos la esperanza de que para Dios no hay nada imposible. Nosotros, y sólo nosotros, decidimos cuál de las dos voces queremos atender. Casi siempre aparecen ambas al mismo tiempo, pero nosotros determinamos a quien creer.... y se hará de acuerdo a nuestra fe.
Me casé a los 20 años. Mi esposo y yo hicimos muchos planes de viajar y aprovechar nuestra juventud. Pero inmediatamente tuve mi primer embarazo de Víctor y después el segundo de
Santiago.A los 24 años ya estaba esperando mi tercer hijo. Al- gunas personas nos decían que estábamos locos, que éramos inexpertos para tener ya tres hijos dándonos a entender que sa- líamos de los parámetros normales de la sociedad. Nos influían repitiéndonos que estábamos desaprovechando los mejores años de nuestra vida.
Esas palabras fueron minando mi vida y se incrustaban por los poros de mi piel, creando cuestionamientos a los cuales yo no tenía respuesta. Algunos días me influían más de lo que yo hubiera querido. Incluso a veces estaba un poco triste al escu- char todo lo que me decían.
Un día hablamos mi esposo y yo sobre el tema. Yo escuché lo que más necesitaba. Él me dijo que la opinión de los demás no importaba, que nosotros estábamos logrando precisamente lo que habíamos querido, porque una vida vale mucho más que cualquier cosa.
También Dios nos dio su palabra:
«En verdad, en verdad les digo que llorarán y os lamentarán, y el mundo se alegrará. Estarán tristes, pero su tristeza se convertirá en gozo.La mujer, cuando va a dar a luz, está tris- te, porque le ha llegado su hora; pero cuando ha dado a luz al niño, ya no se acuerda del aprieto por el gozo de que ha naci- do un hombre en el mundo.
También ustedes están tristes ahora, pero volveré a verlos y se alegrará su corazón y nadie podrá quitar su alegría. Aquel día no me preguntarán nada. En verdad, en verdad les digo, lo que pidan al Padre se lo dará en mi nombre: Jn 16,20-23.
Hoy día ya no pregunto nada, porque ya tengo la respuesta: se llama Felipe, que tiene 9 años y es una verdadera bendición en la familia. No lo cambio por nada que hubiera sido diferente. Gracias a Dios no atendimos a quienes nos trataban de preocu- par por los hijos, sino que atendimos al evangelio de la vida. No perdí los mejor años de mi vida, sino que los viví de forma única
Cuando el Evangelio señala que llegaron los de la casa de Jairo para darle la nefasta noticia, podíamos pensar que dentro de nues- tra casa se generan las noticias negativas que tratan de paralizarnos
y no nos permiten surcar caminos vírgenes. Muchas veces, estas voces no vienen del exterior, sino que se presentan en tropel dentro de nosotros mismos. El coro de nuestros miedos y heridas, frustra- ciones y carencias nos nublan la cabeza y ahogan los sentimientos del corazón, queriéndonos convencer de que ya todo está preesta- blecido y nada podemos hacer para cambiar las cosas. Las voces más frecuentes no son externas, sino internas.
Sucederá exactamente lo que esperemos. Depende a quién es- cuchemos y creamos, esas palabras se harán realidad en la vida, pues las palabras tienen un poder de transformación; o mejor, lo que creemos se convierte en realidad.
Si dejamos entrar en nosotros las noticias negativas, serán co- mo plantas nefastas que crecerán y crecerán hasta invadir el campo de nuestro corazón y nuestra mente; y como “de la abundancia del corazón habla la boca” entonces estaremos hablando al oído iz- quierdo de nuestros vecinos, amigos y familiares.
Hay personas que sólo hablan al oído izquierdo de los demás. Desgraciadamente cuando dejamos entrar las malas noticias a nuestro corazón, entonces se llena tanto hasta que se desborda y expandimos la plaga del pesimismo por donde quieras. Entonces nosotros mismos somos quienes hablemos directo al oído izquierdo de cuantas nos rodean.