El nombre de M artín Lutero (1483-1546) está en el origen de las reform as eclesiásticas que tuvieron lugar en la Europa del siglo X V I 7. Contrariamente
7 J. Lortz, H istoria de la reform a. Taurus, M adrid 1963-1964, 2 vols.; J. Atkínson, L u te ro y e l n a c im ie n to del p ro te s ta n tis m o . Alianza Editorial, M adrid 1971; R. García Villoslada, M a rtín L a
tero (B A C ). Editorial Católica, M adrid 1973, 2 vols.; Y. Congar, M a rtin Luther. Sa Foi, sa Réform e. Etudes de théologie historique.
a una opinión m uy extendida, aquellas reformas - y no sólo la de L u tero - fueron más bien reformas de «creencias» que de «costum bres».
Desde su cátedra de Wittenberg, el joven agusti no va «descubriendo», en sus comentarios a la carta a Rom anos (1515) y a Gálatas (1516), el principio paulino de la «justificación por la fe » y no por las obras. Lutero, a la vez, cree descubrir en el am bien te eclesiástico que le rodea: el mundo de la curia ro mana, el de las penitencias monacales, el de la pre dicación de indulgencias y veneración de los santos, el de las peregrinaciones a santuarios marianos y en el de la sutil «theologia scholastica», un mundo que favorece el m érito del hombre, en detrimento de la gratuita justificación obtenida p or C risto8.
Se han hecho muchas lecturas sobre el significa do de su obra reform adora y de su misma persona lidad. Ciertam ente Lutero es una personalidad m uy com pleja. H o y es reconocido com o una de las figu ras más decisivas del cristianism o de occidente. Existe toda una investigación católica sobre el re form ador alem án que, desde la visión erudita, pero m uy negativa, de un H. D enifle (1904), y un Grisar (1911), ha id o creciendo sin los tonos polém icos del pasado a través de A. Herte, J. Hessen hasta llegar a Joseph L ortz (1939-1940), en el que se le reconoce toda la profunda y desbordante religiosidad que tu vo aquel gen io alemán. Un teólogo com o Congar llegará a escribir:
«J a m á s p o d r e m o s h a c e r, p o r n u e s tra p a rte , a lg o re a lm e n te s e rio h a c ia el p ro te sta n tism o sin an tes h a - .. b e r h e c h o el e s fu e rz o d e c o m p r e n d e r v e r d a d e r a m e n te a L u te ro y h a c e rle ju s tic ia h is tó ric a m e n te , en v e z d e c o n d e n a r lo s im p le m e n te . E s to y d is p u e s to a d a r g o z o s a m e n te m i v id a p o r esta c o n v ic c ió n » 9.
L o que con toda verdad puede afirmarse de Lu tero es que nunca hubiese perm itido la «creación » de Iglesias luteranas. Su intento, por el que luchó toda su vida, fue la reform a de la única Iglesia de Cristo. Su prodigiosa producción bíblica y teológica -expresada en un lenguaje nunca fácil y revestido de tono m uy duro contra R o m a - fue recogida, tras
8 H. Strohl, L u th e r ju sq u 'en 1520. PUF, París 1962.
9 Y. Congar, E xperien cia y co n ve rsión ecum énicas, en Cristia
nos en diálogo. Estela, Barcelona 1967, 157.
su muerte, a través de confesiones de fe y form ula ciones diversas incluso de sus discípulos, com o F. Mélánchton, en el Libro de la Concordia (1580). Ello significará para el luteranismo, extendido ya más allá de las fronteras de lengua alemana, el necesario m arco de referencia para m an ten er una unidad doctrinalmente coherente con las grandes afirm a ciones del reform ador alemán.
Las comunidades que van adhiriéndose a la re form a propugnada por Lutero reciben inesperada mente el apoyo de príncipes alemanes que, de bue na fe en unos casos y en otros por m otivos estricta m ente políticos -la oposición al em perador Carlos V -, ayudan a estabilizar y a dar m arco institucional a la idea religiosa de Lutero. La expansión luterana no fue, sin embargo, nada fácil en aquel enmaraña do m undo en el que se entrem ezclan intereses polí ticos, humanistas y religiosos. Lutero no sólo lucha contra Roma, polem iza tam bién contra otros «re form adores» en puntos notables de doctrina: contra Calvino, contra Zwinglio, contra los «entusiastas ra dicales», etc.
A finales del siglo X V I, el luteranismo está ex tendido por Alemania y parte de Suiza, y llega a ser la religión oficial de los países escandinavos. Más tarde se introduce en los Estados Unidos, a raíz de las emigraciones alemanas, form ando grandes nú cleos luteranos, algunos m uy conservadores, com o el fam oso Sínodo de Missouri.
L a historia del lu teranism o, durante el siglo X V II, representa un gran esfuerzo de form ulación teológica y de sistem atización coherentes, pero sin originalidad y traicionando a veces el espíritu de Lu tero. Es el sig lo de la o rto d o x ia luterana (M . Chemnitz, J. Gerhardt, G. Calixt). Su sequedad pro voca p or reacción, en el siglo X V III, un tipo de espi ritu a lid a d pietista destinada al cu ltivo del senti m iento religioso, conectando a veces incluso con un cierto misticismo. L a corriente pietista es debida al alsaciano Ph. J. Spener y a sus discípulos A. H. Francke y G. Arnold. E l centro del m ovim iento se halla en Halle, Un desarrollo m uy particular del pietism o luterano lo encam a el conde Nicolás Luis von Z in z e n d o rf10, y las comunidades de Herm anos
10 E. Beyreuther, Zinzendorf, VApotre de ¡'U nite. L a bor et Fi des, G inebra 1967.
M oravos que en un deseo unionista desean conju gar la teoría de W ittenberg (ortodoxia luterana) con la práctica de Halle (pietism o). En esta corriente es piritual se halla la auténtica expresión de la coral luterana, llevada a sus más altas cumbres en la pie dad artística y en la fe profunda de un Juan Sebas tián Bach.
Las etapas sucesivas han estado marcadas por las contradicciones que encierran la convivencia, en una misma Iglesia, de círculos pietistas y el desarrollo de un racionalism o que vaciaba de contenido cristiano las fórmulas de aquel que había inspirado la reform a protestante y llegó a ser el gran olvidado.
E l siglo X X se caracteriza p or un redescubri m iento del reform ador alemán. Redescubrim iento am biguo a veces, ya que los cristianos alemanes, obedientes a las tesis nacional-socialistas del I I I Reich, encuentran en Lu tero la reencarnación de las virtudes de la raza aria n. P ero el redescubri m iento, en grandes áreas de las Iglesias luteranas, ha significado un retorno a las verdaderas intuicio nes religiosas de Lutero. Desde 1947, la m ayoría de las Iglesias luteranas -a excepción del Sínodo de M issou ri- están unidas en la Lutheran W orld Fede ration, con sede en Ginebra, que canaliza los es fuerzos de evangelización y testim onio del lutera- nism o mundial.
• Características
- Ciertas frases, co m o «s o la Scriptu ra, solus Christus, sola gratia...», definen el intento luterano de resaltar -sin com p rom isos- la total soberanía de la revelación bíblica sobre cualquier otro tipo de autoridad o de fuentes religiosas, llámense «tra d i ción », «infalib ilidad eclesial», «in falib ilidad p on tifi cia»...
- La autoridad de la B iblia reside en el hecho de que es palabra de Dios -aunque tam bién es palabra de hom bres- y rinde testim onio de Cristo; en el A n tiguo Testam ento, anunciándolo de muchas m ane ras; en el Nuevo, señalándolo com o el V erbo en m e
11 Interesantes observaciones al respecto en Funk-Brentano,
Luther. Bernard Grasset, París 1934, principalmente en el capí
tulo «Gott mit uns», 268-272.
6 8 PARA COMPRENDER EL ECUMENISMO
dio de nosotros. El luteranismo no ha sucumbido, sin embargo, al peligro de ver en la literalidad de cada térm ino la voz m ism a de Dios. La palabra di vina resuena en los fieles gracias al testim onio inte rior del Espíritu Santo en m edio de la vida de la Iglesia, que es una form a de entender la tradición.
- Una larga polém ica con el catolicism o rom ano en torno al tema de las relaciones Escritura-tradi ción había mostrado al luteranismo com o negador de la tradición. Hoy, en un clim a ecum énico, ad m ite que la Escritura es, a la vez, resultado de una tradición oral y criterio -a partir de la aceptación del canon escriturístico- de todas las tradiciones eclesiales.
- Dos principios sustentan toda la sistemática luterana: la autoridad soberana de la Sagrada Escri tura (principio form al), y la ju stificación p o r la fe (prin cipio m aterial). Este es el núcleo central del evangelio, porque apunta directa e inm ediatamente a Cristo. Lo demás de la Escritura aparece secunda rio respecto a este «cen tro». De estos dos principios depende la Iglesia misma. La traducción que Lute ro hizo de la Biblia es un clásico de la lengua ale mana.
- Sólo la fe justifica. Pero la fe com o respuesta a la palabra funda una relación personal entre Cris to y el creyente, que es de obediencia y de confian za (fe fiducial). La fe no es una obra, es un don. Creer es, pues, confiar en ese don. Pero la fe se en tiende en el luteranismo tam bién en relación a la doctrina verdadera. De ahí que surgiesen pronto en la tradición luterana las Confesiones de fe.
- E l hombre justificado p o r la fe en Cristo per m anece a la vez pecador (sim ul justus et peccator). Esta tensión dialéctica del luteranism o que, en m o m entos de su historia, lo llevó hacia posiciones de un pesim ism o muy m arcado (el pecado afecta total m en te a la libertad: p o lé m ic a de L u te ro contra Erasm o), hace que en el m om ento actual de diálogo ecu m én ico una nueva vis ió n a n tro p o ló g ica haya sustituido a aquella en la que todo lo hum ano esta ba radicalm ente perdido. Tam bién los viejos pro blemas de gracia-naturaleza, ley-evangelio, fe-obras están siendo superados.
- L a cristología luterana está dentro de la tradi ción de la Iglesia indivisa; sin em bargo, el estudio
sobre Cristo se centra más en su obrar que en su ser (« H o c est Christum cognoscere, beneficia eius cogn oscere», decían los prim eros luteranos). Cristo ha obtenido el perdón total, gratuito, incondicional, inm erecido. N adie puede a través de sus obras exi g ir o m erecer el perdón o la gracia. El perdón se ofrece p or la redención de Cristo. Y el perdón se m anifiesta en aquellos que lo aceptan llevando una vida de arrepentim iento y reparación. N o hay pre disposición entre los luteranos para hablar de la santificación del hombre.
- Lutero escribe un fam oso Comentario al M ag níficat (1521), en el que se pone de relieve su vene ración p or la M adre de Dios. Esa fe nunca ha sido abandonada en el luteranismo. Sin em bargo existe un tem or innato a que la figura de M aría pueda atentar a la única m ediación de Cristo. De ahí que, a lo largo de su historia -co n contadas excepcio nes-, la figura de M aría no haya tenido el relieve que tuvo en otras tradiciones cristianas.
- El culto luterano se rinde a Dios sólo. Consiste en la predicación de la palabra y en la celebración de la cena. Un culto litúrgico que no descuida, sin em bargo, el culto individual y fam iliar de lectura bíblica. En la espiritualidad que se desprende del culto luterano no tienen cabida las devociones a los santos 12, las peregrinaciones, el culto a las r e li quias, los preceptos y obligaciones de guardar de term inados ayunos o de com ulgar una vez al año... N o se adm ite la creencia en el purgatorio, que ser viría para pu rificar pecados cuando los pecados ya están purificados p o r la redención de Cristo.
El hecho de que Lutero pensase sólo en una «r e fo rm a » de la Iglesia hizo que no reflexionase en una nueva eclesiología, y menos en una eclesiología luterana. Creyó estar dentro de la tradición de la Iglesia antigua aceptando todos los dogm as trinita rios y eclesiológicos contenidos en los credos de la Iglesia antigua.
- La Iglesia fue definida com o «la asamblea de creyentes en la que el evangelio es predicado fie l m ente y los sacramentos se administran correcta m ente». El centro de la Iglesia está en la predica-
12 M. Lackm ann, L'E g lis e Lu th érie n n e et la c o m m é m o ra tio n
des Saints. Ed. Saint-Paul, Paris 1961.
ción de la palabra, que es más un acontecim iento que una institución. El sacerdocio no es un sacra m ento especial. N egado el carácter sacramental del orden, el m inisterio eclesial puede ser ejercido por cualquier bautizado, porque en realidad todos los fieles son «sacerdotes». Pero el buen orden exige que algunos ejerzan el ministerio. De ahí que en el luteranismo - y en el protestantismo en general- no haya propiam ente una distinción esencial entre clé rigos y laicos, la distinción se da sólo en razón del o ficio ministerial. La consagración de un ministro no tiene carácter sacramental, es una cerem onia que le autoriza a predicar la palabra delante de la asamblea y a administrar el sacramento. El servicio m inisterial, no necesariamente conferido de por v i da, no im prim e «carácter».
- En algunas Iglesias luteranas -fu ndam ental m ente las escandinavas- existe la figura del obispo, que corresponde al «superintendente» de las Igle sias de habla francesa. R égim en eclesiástico sino dal.
- Nueva concepción de la teología sacramental, en la que adquiere toda la im portancia la promesa divina expresamente enunciada en el N. Testamen to y la aceptación del don prometido, mediante la fe del creyente. Pasa a un segundo lugar la eficacia del signo mism o y son rechazados de plano la teoría del «e x opere operato», la de la transubstanciación, el núm ero de los siete sacramentos y el carácter sa crificial de la misa.
- E l sacramento no sólo es signo por el que se reconoce al cristiano, es también signo de la volun tad divina para despertar la fe en el cristiano. Se adm iten sólo dos sacram entos: el bautism o y la santa cena. Sólo en algunos círculos se admite la penitencia 13. Los demás sacramentos son reconoci dos com o ceremonias que pueden y deben realizar se en el templo. El divorcio es adm itido.
- La Confesión de Augsburgo reconoce la presen cia real de Cristo en la eucaristía bajo las especies de pan y vino. L a comunión se ofrece a los fieles bajo las dos especies, pero tras la celebración de la
13 La Confession d ’Augsbourg, 1530 (C onfessio Augustana Tri-
glotta. G allice-G erm a nice-La tin e), Les Editions Luthériennes, Es
trasburgo 1949. Ver el artículo 11.
cena no pueden ser reservadas. L a eucaristía no tie ne sentido sacrificial, ya que el sacrificio de Cristo fue suficiente, necesario y único. N o cabe en nin gún sentido hablar de la repetición del sacrificio. N unca se ha pretendido, excepto en un intento del m ism o Lu tero (consubstanciación), definir el m odo de la presencia real.