de empresas y

empresarios,

tiene la capacidad

de intervenir

con creatividad

y eficiencia allí

donde muchos

quedarían fuera

del mercado.

5 Serge Kolm, Reciprocity: the economics of the social relations, Cambridge, CUP, 2008.

6 Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), Banco Interamericano de Desarrollo, Verónica Trujillo y Sergio Navajas, Informe para FOROMIC 2014: Inclusión financiera en América Latina y el Caribe. Datos y tendencias, noviembre de 2014.

7 Universidad de Navarra, Documentos del III Congreso anual de la Reps, Los actores de las políticas sociales en un contexto en transformación, 2011, en http://www.unavarra.es/CongresoREPS/ 8 Le “tiers secteur”, un acteur économique important, Insee Premiere, N° 1342, marzo de 2011.

MAYO 2016 ECONOMÍA

MSJ

actúan desatendiendo los valores éticos. La reciprocidad pone en marcha una serie de ellos, como la gratuidad, la solidaridad, la generosidad o la fraternidad que, además de ser parte integrante de las dinámicas del mercado, son fun- damento de los así llamados “bie- nes relacionales” que intervienen en todo momento9 y alimentan crea- tivamente un sinnúmero de activi- dades motivadas por la respuesta a las necesidades de los demás.

En realidad, en el plano del pen- samiento económico nadie seria- mente discute la necesidad de los valores éticos. El tema es que se los coloca por fuera del mercado, ajenos a sus dinámicas, en definitiva, tergiversando la conocida expresión de Adam Smith acerca de la "mano invisible" que hay en él.

La experiencia empírica dice otra cosa. Incluso cumplir con las normas contractuales nos sería imposible sin valores como la gratuidad. Un contrato puede establecer el horario de clase de un docente y sus contenidos, pero nunca podrá establecer el caracter empático o humano de su relación con los alumnos. El aporte del conocimiento, la experiencia, la sabiduría, la con- fianza y el cuidado son elementos de una gratuidad que se da en el momento mismo en que trabajamos bien. De hecho, una de las formas más eficaces de lucha sindical es precisamente el “trabajo a reglamento”, pues ninguna organización puede fun- cionar solo en base al cumplimiento de las normas contractua- les. Afirma la encíclica Caritas in veritate que “si el mercado se rige únicamente por el principio de la equivalencia del valor de los bienes que se intercambian, no llega a producir la cohesión social que necesita para su buen funcionamiento. Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica” (n° 35).

UNA MESA DE TRES PATAS

Una segunda consideración tiene que ver con la sustentabili- dad de la economía. El gran problema actual es que carecemos de un modelo económico sustentable. No lo es el modelo capi- talista de corte liberal o neoliberal, por ser incapaz de conseguir niveles aceptables de justicia social. Pero tampoco muestra ser sustentable, en sus diferentes formas, la economía social de mercado. Esta pudo desarrollarse en un contexto industria- lizado en el que todavía no había irrumpido con su fuerza la globalización de los mercados: resulta ahora difícil que opere adecuadamente en un mundo postindustrial en el que el Estado ya no controla la moneda, el tipo de cambio ni los impuestos.

El paradigma de la economía política nos ha limitado a ima- ginar la economía como una mesa con solo dos patas: la del Es- tado (que ha asumido la función redistributiva) y la empresa pri-

vada (en el rol de productora de riqueza). Sin embargo, esta ima- gen no describe por completo la realidad, al ignorar el rol de una “tercera pata” que son, precisa- mente, las empresas de la eco- nomía civil. Así, hay tres actores de una misma economía que no intervienen en forma antagóni- ca sino que actúan, sobre todo, en relación al Estado en forma subsidiaria. Se trata entonces de establecer un círculo virtuoso de confianza entre Estado, mercado y sociedad civil, capaz de garan- tizar un modelo sustentable.

La economía civil, con su cau- dal de empresas y empresarios, tiene la capacidad de intervenir con creatividad y eficiencia allí donde muchos quedarían fuera del mercado: como en el caso de los 190 millones de clientes del microcrédito que, de otro modo, no podrían acceder a préstamos que permiten mejorar los ingre- sos familiares. Pensemos, igual- mente, en aquellas actividades que dan trabajo a minusválidos o a personas excluidas del merca- do laboral porque carecen de ca- pacitación, o bien en las presta- doras de servicios de salud que el Estado no logra cubrir con efi- ciencia... Estamos aquí ante un aliado estratégico y preferencial para el Estado que evita que re- caiga sobre su presupuesto todo

el costo de la inclusión social y que es capaz de dignificar la vida de personas que, en lugar de vivir de la caridad pública, pueden vivir de su trabajo. Nos recuerda Caritas in veritate: “La solidaridad es, en primer lugar, lograr que todos se sientan res- ponsables de todos; por tanto, no se la puede dejar solamente en manos del Estado. Mientras antes se podía pensar en que lo primero era alcanzar la justicia y que la gratuidad venía des- pués como un complemento, hoy es necesario decir que sin la gratuidad no se alcanza ni siquiera la justicia” (CV, 38).

Una de las herencias de la modernidad ha sido la de acep- tar como natural que las leyes y los contratos sean los únicos elementos reguladores de la sociedad. La economía civil re- instala la cultura del don y de la gratuidad entre los elementos constructores de civilización. MSJ

Caritas in veritate:

“Si el mercado se

rige únicamente

por el principio de

la equivalencia del

valor de los bienes

que se intercambian,

no llega a producir

la cohesión social

que necesita para su

buen funcionamiento.

Sin formas internas

de solidaridad y de

confianza recíproca,

el mercado no puede

cumplir plenamente

su propia función

económica”.

En términos globales,

en el año 2000 la

economía civil era

la octava economía

planetaria. Resulta,

por lo tanto, difícil

considerar un

fenómeno de este

tipo como irrelevante.

“UNA HERRAMIENTA QUE NOS HACE PARTE DEL CUERPO DE LA IGLESIA”

Juan Zúñiga

Comunidad de trabajadores de SERVINCO.

Para nosotros, no es extraña la re- acción de las personas, incluso dentro de la misma Iglesia, cuando les comen- tamos que somos parte de una comu- nidad ambiental que hace misión en el trabajo. Al parecer, no se podría vivir la fe en el mismo lugar en el que se traba- ja cada día. Sin embargo, a muchos el Señor los encuentra en medio de la ru- tina, en las preocupaciones del sueldo que no alcanza, en el almuerzo, en las conversaciones de pasillo o entre lágri- mas en el baño.

¿En qué contribuye

In document MENSAJE. Amor. papa francisco La ALEGRÍA del. islam, a dónde vas? los papeles de panamá economía y reciprocidad iglesia y mundo laboral (página 44-46)