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7$ EL AGUA VIOLENTA EL AGUA VIOLENTA

In document El Agua y Los Sueños [Gastón Bachelard] (página 137-139)

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7$ EL AGUA VIOLENTA EL AGUA VIOLENTA

En una petición, levantada y firmada en forma, los turcos hacían presente al cadí que el Inacus, salién- dose de sus cauces, asolaba sus campos, y le supli- can que ordene que tenga que entrar en su lecho. El juez da una sentencia en el sentido de las con- clusiones y se atienen a esos pronunciados. Pero si las aguas aumentan, entonces el cadí, acompañado de los habitantes, baja hasta los lugares para instar al río a que vuelva a sus cauces. Se le arroja una copia de la resolución del juez: el pueblo lo trata de usurpador, de devastador, le arroja piedras... La misma práctica es evocada en los Cantos po-

pulares de Grecia y de Serbia de Achule Millien

(1891, p. 68). Las mujeres de los marineros desapa- recidos se reúnen al borde del mar. Cada una:

Flagela a su turno la superficie de las aguas. Oh mar, maligna mar de olas espumosas, ¿Dónde están nuestros maridos? ¿Dónde nuestros

[amados? Todas esas violencias obedecen a la psicología del resentimiento, de la venganza simbólica e indirecta. Podemos encontrar, en la psicología del agua, vio- lencias similares que van a emplear otra forma de excitación colérica. Veremos, examinándolos aten- tamente, que todos los detalles de la psicología de la cólera se vuelven a encontrar en el plano cós- mico. Podemos ver, en efecto, en las prácticas de los

Tempestiarios, la psicología evidente del terco.

Para obtener la deseada tormenta, el tempestiario, el homo faber de la tempestad, excita a las aguas como un niño fastidia a un perro. Le basta una fuente. Viene al borde del agua, con su varilla de

avellano, con su verga de Jacob. Con la punta araña el espejo transparente de la fuente; la retira viva- mente; con un gesto brusco vuelve a hundirla; pica el agua.

El agua tranquila y plácida, que en su reposo es verdaderamente

El agua, como una piel que nadie puede herir,24

termina por irritarse. Los nervios del agua están aho- ra al vivo. Entonces el hacedor de tormentas hunde la varilla hasta el fondo; zahiere las entrañas de la fuente. Esta vez el elemento se molesta, su cólera se hace universal; la tormenta ruge, el rayo estalla, el granizo crepita, el agua inunda la tierra. El hace- dor de tormentas ha cumplido con su tarea cosmoló- gica. Para eso ha proyectado la psicología de con- trariar, seguro de encontrar en el agua todos los caracteres de una psicología universal.

Encontraremos, en el Folklore de las aguas de Sain- tyves, numerosos ejemplos de la práctica de los hace-

dores de tormentas.25 Resumamos algunos. Leemos

en la Demonolotría de Nicolás Remi (1595):

Por la afirmación libre y espontánea de más de dos- cientas personas se ha declarado que dos hombres, condenados al fuego como brujos, se reunían en cier- tos días a lo orilla de un estanque o de un río y que allí, armados de un bastoncillo que habían recibido del demonio, golpeaban el agua con fuerza hasta que

24 Paul Éluard, Les animaux et leurs hommes. Les hom-

mes et leurs animaux.

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se levantaran de ella abundantes vapores, que se los llevaban por los aires; luego, habiendo cumplido sus artificios, volvían a la tierra en medio de torrentes de granizo.

Algunos lagos son particularmente excitables; reac- cionan en seguida a la menor molestia. Un viejo his- toriador de los condados de Foix, de Béarn y de Navarra cuenta que hay en los Pirineos "dos lagos nutrientes de llamas, fuego y truenos... Si arroja- mos algo en ellos, en seguida se registra tal batahola en el aire que la mayoría de los espectadores de esta furia son tocados por el fuego y destrozados por los rayos ordinarios y originarios del estanque". Otro cronista "señala a cuatro leguas de Badén un laguito donde no se podía arrojar tierra, una piedra, un ob- jeto cualquiera sin que el cielo sea en seguida turbado por la lluvia o por una tormenta". Pomponius Mela también señala una fuente particularmente "suscep- tible". "Cuando la mano del hombre llega a tocar [una roca de su borde], de pronto la fuente se hincha inmoderadamente haciendo volar torbellinos de arena, semejantes a las olas de un mar agitado por la tempestad."26

Como vemos, hay aguas que tienen la epidermis sensible. Podríamos multiplicar los matices, podría- mos demostrar que la ofensa hecha a las aguas puede disminuir físicamente aunque guarde indemne la reac- ción de las aguas violentas, podríamos demostrar que la ofensa puede pasar de la flagelación a la simple amenaza. Un golpe de uña, la mácula más ligera puede despertar la cólera del agua.

No cumpliríamos nuestra tarea de psicología lite- 26 Citado por Saintyves, loe. cit., p. 109.

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raria si nos limitáramos a citar leyendas y antiguas historias. En efecto, es fácil señalar que en la enso- ñación de ciertos escritores se mantienen activos com- plejos de Jerjes. Daremos algunos casos.

En primer lugar, un caso muy difuso en el cual la ofensa hecha a las aguas no supera el caso del simple desprecio. Lo encontramos en el Ahasvérus de Edgar Quinet (p. 76). El rey, lleno de soberbia, seguro de su voluntad de poder, provoca con estas palabras al océano crecido por el diluvio: "Océano, mar lejano, llevas muy bien la cuenta por adelan- tado de los escalones de mi torre. .. Ten cuidado, pobre niño encolerizado de que tu pie no resbale sobre mis losas y de que tu saliva no moje mi pasa- manos. Antes de haber subido la mitad de mis esca- lones, avergonzado, palpitante, velándote con tu es- puma, te volverás pensando: estoy cansado." Muchas veces en Ossian se combate la tempestad con la es- pada. En el canto tercero, Calmar avanza contra el oleaje con su acero desnudo: "Cuando la nube baja pasa cerca de él, coge sus negros copos y hunde su hierro en su bruma tenebrosa. El espíritu de la tem- pestad abandona los aires..." Se lucha contra las cosas como se lucha contra los hombres. El espíritu de batalla es homogéneo.

A veces el sentido metafórico se invierte: la resis- tencia al mar ofrecerá sus imágenes a la resistencia contra los hombres. Victor Hugo pinta así a Mess Lethierry: "Nunca había retrocedido ante un mal tiempo; eso ocurría porque era poco sensible a la contradicción. No la toleraba del océano como no la toleraba de nadie. Suponía que debía ser obede- cido; tanto peor para el mar si se resistía; era nece- sario que tomara partido. Mess Lethierry no cedía.

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Una ola que se encabritaba no lo detenía, como no lo detenía un vecino que discutía." 27 El hombre es

de una pieza. Demuestra la misma voluntad ante.cual- quier adversario. Cualquier resistencia despierta la misma disposición. En el reino de la voluntad no cabe hacer distinciones entre las cosas y los hombres. La imagen del mar que se retira vejado ante la resis- tencia de un solo hombre no despierta ninguna crí- tica en el lector. Si reflexionamos bien veremos que esta imagen es una simple metáfora del acto insen- sato de Jerjes.

Un gran poeta vuelve a encontrar los pensamien- tos primitivos y en su pluma la ingenuidad de la leyenda se borra ante no sabemos qué belleza legen- daria. ¿Jerjes hizo marcar al rojo vivo al Helesponto rebelado? Paul Claudel vuelve a dar con la imagen, sin pensar, al parecer, en el texto de Herodoto. Al comienzo del primer acto de Partage du Midi encon- tramos esta espléndida imagen que citamos de me- moria: "El mar, resplandeciente su columna verte- bral, es como una vaca derribada a la que se marca al rojo vivo." ¿Acaso no tiene esta imagen la conmo- vedora belleza de un cielo de atardecer herido hasta la sangre por el mar asombrado? Ha sido creada de- lante de la naturaleza por una naturaleza de poeta —lejos de los libros y de los consejos escolares—. Tales páginas son preciosas para nuestra tesis. Ellas demuestran que la poesía es una síntesis natural y duradera de imágenes aparentemente facticias. El conquistador y el poeta quieren uno y otro poner la marca de su poderío sobre el universo: ambos toman 27 Víctor Hugo, Los trabajadores del mar, 1? parte, li-

bro IV.

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