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El centrarse en el presente como prescripción

In document Psico Gestalt III (página 40-47)

¿Cada técnica es una prescripción? No todo lo que es de valor como ejercicio

sicológico, tiene que ser necesaria y automáticamente una buena prescripción para vivir. La asociación libre quizás sea un ejercicio útil, pero no necesariamente el mejor enfoque a la conversación, tal como el pararse de cabeza en el Hatha Yoga puede no ser la mejor de las posturas para estar así casi todo el tiempo. En mayor o menor grado, las técnicas tienen un potencial para ser llevadas a la vida común, haciendo así de la vida la ocasión para la empresa de crecimiento del alma. Sin embargo, cuando se trata de su adecuación como prescripción, lo que cuenta no sólo es el valor individual de un cierto enfoque, sino su compatibilidad con otros objetivos deseables en la vida, el grado de choque que producirá con las estructuras sociales existentes y, especialmente, su compatibilidad con la concepción de una buena sociedad. Así, la abreacción de la hostilidad en una situación sin impedimentos puede ser de valor en sicoterapia, ¿pero éste es el enfoque que maximizaría la salud mental y el bienestar dentro de una comunidad? Pienso que las opiniones sobre esta materia estarían divididas. Serían divergentes incluso en el asunto de la verdad. Mientras la agresión tiende a ser reprobada socialmente y el mandamiento establece: “No matarás”, la verdad, por lo general, es considerada una virtud, y la mentira, un pecado. Por lo tanto, uno podría esperar que la técnica de auto- confesión, valiosa en el contexto de la sicoterapia, fuera inmediatamente aplicable a la vida. Sin embargo, dada la condición común y corriente de la humanidad, la verdad ha sido y puede seguir siendo no sólo incómoda o inconveniente, sino peligrosa. El ejemplo de Sócrates, Jesucristo o los herejes de la época de la Inquisición, indica que el abrazar incondicionalmente la verdad puede significar la aceptación del martirio, para lo cual, estoy seguro, el ser humano promedio no está preparado. El deseo de convertir los sentimientos en prescripciones, en casos donde la sociedad no hizo de ese proyecto algo factible, ha sido una de las racionales implícitas o explícitas en la creación de comunidades especiales entre aquellos que comparten el objetivo de vivir en función de la búsqueda interna. En tales grupos, a veces rodeados de secretos, el hombre ha intentado vivir de acuerdo a principios compatibles sólo con un encuadre monástico, terapéutico u otro especial.

El hedonismo humanista. El vivir-en-el-momento, en contraste con otras

técnicas, parece una prescripción perfectamente apropiada para la vida. Por otra parte, su naturaleza parece ser más de una tecnificación de una fórmula vital que de la prescripción de una técnica. La idea de la prescripción puede evocar

imágenes tales como aquella del tónico maloliente que frecuentemente se les obligaba a tomar a los niños “por su propio bien”, antes de la época de las cápsulas de gelatina y la química de los sabores. Esto es parte de un marco dual de la mente, en el cual “las cosas buenas” parecen diferentes de las “cosas por nuestro propio bien”, y el objetivo de auto-perfección, algo distinto a “meramente vivir”.

Esto no es lo que transmiten los mandatos clásicos del centrarse en el presente. Tómese, por ejemplo, al rey Salomón: “Y lo mejor que puede hacer el hombre en este mundo es comer, beber y divertirse” (Eclesiastés 15), o la versión posterior del mismo pensamiento en la Primera Epístola de San Pablo a los corintios: “Comamos y bebamos, pues mañana moriremos”.

El carácter de estos mandatos, como el de la mayoría de las afirmaciones que enfatizan el valor de la actualidad, es hedonista. Y no podría ser de otra manera, pues si el valor del presente no va a ser para un futuro, tiene que ser

intrínseco: el presente debe contener su propia recompensa.

En nuestra época, el enfoque hedonista parece estar divorciado de los sentimientos religiosos e ir en contra de ellos (al igual que en contra de la “orientación hacia la prescripción” en general). En la medida que el “cuerpo” y la “mente” son considerados como fuentes incompatibles de valor, el idealismo y la espiritualidad tienden a asociarse con un ascetismo austero, mientras que la defensa del placer es abrazada con más frecuencia por los “realistas” cínico- prácticos de mentes recias y narices atrofiadas. Al parecer, esto no ha sido siempre así, y sabemos de épocas en que las fiestas religiosas eran verdaderos festivales. De modo que cuando leemos en la Biblia: “Comamos, bebamos y divirtámonos, pues mañana moriremos”, no debiéramos imponer sobre esa afirmación nuestra escisión actual cuerpo-mente o la dureza de mente con la cual a menudo se repite. Tras ello había un punto de vista según el cual vivir la vida y vivirla ahora era una acción santa, una modalidad acorde con la voluntad de Dios.

En el pensamiento occidental raras veces encontramos este equilibrio entre la trascendencia y la inmanencia, con la excepción de individuos notables que parecen ser marginales al espíritu de los tiempos —los herejes a lo religioso o los locos a la gente común. William Blake, por ejemplo, fue uno de esos hombres, al sostener que “La eternidad está enamorada de las producciones del tiempo”.

Incluso en el sicoanálisis, que en la práctica ha hecho mucho por el id de la humanidad, el “principio del placer” es considerado como una niñería y una molestia que el ego “maduro” orientado hacia la realidad debe mantener a raya.

Por el contrario, la terapia gestáltica ve una relación mucho más fuerte entre el placer y la bondad; de modo que su filosofía podría llamarse una filosofía hedonista, en el mismo sentido de los antiguos y buenos hedonismos anteriores a la era cristiana. Quisiera sugerir la noción del hedonismo humanista que no necesariamente implica un punto de vista teísta, y sin embargo, parece distinguir ente enfoque del hedonismo egoísta de Hobbes, del hedonismo utilitarista de J.S. Mill y aquel del habitual buscador de placer. (Si en este momento, el lector se pregunta cómo es que la terapia gestáltica puede ser llamada, al mismo tiempo, ascética y hedonista, permítaseme recordarle que el punto de vista de Epicuro sobre la vida más placentera, era el de alguien consagrado a la reflexión filosófica y que, simultáneamente, llevaba, una simple dieta de pan, leche y queso).

Carpe diem. La vena hedonista es inseparable de una intensa apreciación del

presente, no sólo en terapia gestáltica, sino que en el pensamiento de los muchos (principalmente poetas y místicos) que han alzado su voz en favor de una prescripción semejante. Tal vez el más insistente sobre este tópico haya sido Horacio, cuyo carpe diem (“aprovecha el día”) se ha convertido en un rótulo técnico para designar un tema que se encuentra a través de l historia de la literatura. Aquí está en su contexto original:

Dom Loquimur fugerit invide aetas: carpe diem, quam minimum credula postero.

En el momento de nuestro hablar, el envidioso tiempo se ha alejado escurriéndose,

Aprovecha el día, confía en el mañana tan poco como puedas.

El centrarse en el presente de Horacio, corre paralelo a su toma de conciencia de que el “envidioso tiempo” se escapa: la irreparable pérdida de vida que es la alternativa a vivir en el momento. En el mandato bíblico de comer, beber y divertirse, la muerte también es tanto el argumento como el profesor. Lo mismo es verdadero para muchas otras afirmaciones, por ejemplo, la sentencia: “Recoge tus rosas mientras puedas” (“Gather your rosebuds while you may), o la afirmación de Ovidio, en el Arte del Amor:

Corpite florem

Qui nisi corptas erit turpiter ipse cadet Coge la flor,

pues si no la tomas, se desvanecerá y caerá.

Ovidio, en particular, comparte con Horacio no sólo su hedonismo y su centrarse en el presente, sino que también sus alusiones a la crueldad de su época: “tempus edax rerum” (el tiempo devora las cosas). Por lo tanto, parecería que la prescripción de vivir en el presente va de la mano con la toma de

conciencia de la muerte —ya sea la última muerte o la muerte crónica del

momento, a medida que se convierte en un recuerdo. En este sentido, es una percepción del pasado como la nada o la irrealidad.

En ambos sentidos aludidos arriba, la conciencia de la muerte potencial también es parte del espíritu de la terapia gestáltica, porque tal toma de conciencia es inseparable de la conciencia humana cuando 1) es lavada de la evitación del desagrado, y 2) es liberada del velo de las satisfacciones ilusorias en la irrealidad: el pensamiento deseoso y las reminiscencias regresivas.

Yo quisiera sugerir que la tríada de 1. Centrarse en el presente,

2. La perspectiva del presente como un regalo de placer, y

3. La toma de conciencia de la muerte o descomposición potencial,

Configura un arquetipo: una experiencia para la cual la potencialidad yace en la naturaleza humana, de modo que no tiene que ser explicada solamente por la tradición, como es costumbre entre los críticos literarios. Si no fuera por su sustrato arquetípico, la recurrente reescritura de la experiencia nos impresionaría simplemente como un mero plagio. Compárense, por ejemplo, los mandatos del rey Salomón y de Ovidio con lo siguiente:

Capta eso, copta la hora transitoria,

¡Mejora cada momento a medida que vuela! La vida es un corto verano, y el hombre una flor;

El muere — ¡ay! ¡Cuán pronto vuela!

(Dr. Johnson)

(Catch then, oh catch the transient hour, Improve each moment as it files!

Life´s a short summer, man a flower;

He dies —alas! how soon he files!).

Recoge entonces las rosas mientras aún están en su juventud, Pues luego viene la edad que su orgullo va a desflorar;

Recoge la rosa del amor mientras aún es tiempo, Que todavía puede ser amada por igual crimen (Spenser: The Faene Queen)

(Gather therefore the rose whilest yet is prime, For soon comes the age that will her pride deflower; Cather the rose of love whilest yet is time,

Whilest loving thou may loved by with equal crime).

Haz uso del tiempo, no dejes que las ventajas se escapen; La belleza dentro de sí misma no debería ser desperdiciada: Las flores hermosas que no se recogen en su estado óptimo, Se pudren y, consumen en poco tiempo.

(Shakespeare: Venus and Adonis)

(Make use of time, let not advantage slip; Beauty within itself should not be wasted: Fair flowers that are not gathered in their prime, Rot and consume themselves in little time).

Si uno deja que el tiempo se escape como una rosa olvidada Se marchita en su tallo con una cabeza lánguida.

(Milton: Comus)

(If you let slip time, like a neglected rose It withers on the stock with languished head).

Como lo mencionamos arriba, el foco de atención de la terapia gestáltica en el presente, es inseparable de la valoración que hace de la conciencia misma, expresada en su búsqueda de abandonar las evitaciones que abundan en nuestra vida. Más directamente, no evitar el presente es no evitar vivir en él, como todos nosotros lo hacemos con demasiada frecuencia para así evitar las consecuencias

de nuestras acciones. En vista de que el confrontar el presente es un compromiso a vivir, significa libertad: la libertad de ser nosotros mismos, de escoger de acuerdo a las preferencias de nuestro propio ser: de escoger nuestro camino. La exposición a la terapia gestáltica puede demostrar experiencialmente que cuando el presente es recibido con el espíritu de la no-evitación —es decir, con la presencia—, se convierte en lo que Dryden vio en él:

Esta hora es la crisis misma de tu destino, Tu bien y tu mal, tu infamia o tu fama, Y el color entero de tu vida depende De este importante ahora.

(The Spanish Friar)

(This hour’s the very crisis of your fate, Your good and ill, your infamy or fame, And the whole colour of your life depends On this important now).

El asunto es ahora, pero no lo reconocemos en nuestro modo de vivir un tanto tibio, por medio de lo cual, la vida se convierte en un mortífero Sustituto de sí misma. Nosotros “matamos” el tiempo o incurrimos en esa “pérdida de tiempo” por la cual “los más sabios se molestan tanto”, según Dante. Otra forma en que este aspecto particular de vivir surge plenamente en la terapia gestáltica, es en el concepto de cerrazón (closure). Tal como en la psicología de la Gestalt la cerrazón se aplica a la percepción, en la terapia gestáltica se aplica a la acción: siempre estamos buscando terminar lo inconcluso, completar la Gestalt incompleta, y sin embargo, siempre estamos evitando hacerlo. Al no actuar en el presente, incrementamos la “inconclusión” y nuestro servilismo a la carga del pasado. Más aún, como lo dice Horacio en una de sus Epístolas: “Aquel que pospone la hora de vivir como si no le importara en absoluto, es como el campesino que espera que el río pase antes de cruzar; pero ocurre que pasa y pasa, y seguirá pasando para siempre”.

Tal vez no suspenderíamos la vida en el presente si no fuera por el sueño de la acción o satisfacción futura. En relación a esto, el centrarse en el presente de la terapia gestáltica es una evidencia de su realismo en el sentido de una orientación hacia la existencia tangible y la experiencia actual, antes que hacia la existencia conceptual, simbólica o imaginada. Tanto el futuro como el pasado sólo pueden estar vivos en el presente como formas de pensamiento: recuerdos o

fantasías, y la terapia gestáltica apunta hacia la subordinación de éstos a la vida. Su actitud es la misma que en J. Beatie:

El momento presente es nuestro objetivo, El pasado que nunca vimos.

(The present moment is our aim, The neist we never saw).

o Longfellow:

No confíes en ningún futuro, no importa cuán placentero sea,

¡Permite que el Pasado muerto entierre a sus muertos! ¡Actúa, actúa en el Presente viviente!

El corazón adentro y Dios sobre la cabeza.

(Trust no future, howe’er pleasant, Let the dead Past bury its dead! Act, act in the living Present! Heart withln and God o’erhead.)

O en el proverbio persa versificado por Trench:

Oh, capta el tiempo instantáneo; jamás podrás Impulsar el molino con aguas que ya pasaron.

(Oh, seize the instant time; you never will With waters once passed by impel the mili).

u otra, según la cual:

Aquel que tiene tiempo y busca un tiempo mejor, pierde el tiempo.

(He that hath time and looketh Lor a better time, loseth time).

Todas estas afirmaciones están inspiradas por la aprehensión de un contraste entre la capacidad de vivir del presente y la naturaleza no-experiencial (por lo tanto, relativamente irreal) del pasado y el futuro:

Nada ha de venir, y nada ha pasado,

Pero sí un eterno ahora que siempre perdura. (Abraham Cawley)

(Nothing is there to come, and nothing past, But an eternal now does always last).

Frecuentemente, nuestra vida se ve empobrecida por el proceso de sustitución de sustancia por símbolo, ‘experiencia por constructo mental, realidad por el reflejo de la realidad en el espejo del intelecto. Abandonar el pasado y el futuro para venir al perdurable presente, es un aspecto de la prescripción de “perder tu mente y despertar a tus sentidos”.

In document Psico Gestalt III (página 40-47)