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El consumo y efecto"riqueza"en los Estados Unidos

EL CONSUMO Y EL EFECTO “RIQUEZA” EN LOS ESTADOS UNIDOS

En la década de 1990, el crecimiento económico de los Estados Unidos, medido tanto por el aumento de la riqueza como del ingreso familiar, ha estado liderado en gran medida por las ganancias en los mercados bursátiles. A mediados de 1998, el presidente del Banco de la Reserva Federal, Alan Greenspan, dijo que cerca de 12 billones de dólares habían sido agregados a la riqueza de los estadounidenses, entre 1994 y 1997, como resultado de las ganancias derivadas del aumento de precio de las acciones (The Economist, 1998b, pp. 57 y 58). Ese incremento de la riqueza ha sido paralelo a la baja experimentada desde 1985 por las tasas de ahorro familiar. Asimismo, hay pruebas de que las familias destinan una parte significativa del ahorro salarial a la compra de activos financieros, y de la acumulación de riqueza en activos accionarios (Hurst, Ching Louh y Stafford, 1998).

El consumo familiar está determinado por el ingreso esperado a lo largo del ciclo de vida tanto del capital como del trabajo. Los cambios en la riqueza financiera, derivados sea de un cambio en las tasas de interés o en el precio de los activos, alteran el ingreso del capital y afectan por ende el consumo agregado. La magnitud del efecto “riqueza” depende del valor del ahorro acumulado con respecto al ingreso, y de la propensión a utilizar la riqueza acumulada para financiar gastos corrientes. Según concluyen diversos estudios, el impacto del efecto “riqueza” provocado por las ganancias bursátiles varía claramente de un país a otro. En los Estados Unidos, el aumento de un dólar en la riqueza por concepto de ganancias accionarias tiende a elevar el consumo entre 3 y 5 centavos.aSin embargo, los analistas consideran que esos efectos se dejan sentir un tiempo después, con

intervalos que pueden variar entre uno y tres años, y que, por lo tanto, las ganancias realizadas en 1997 y principios de 1998 podrían contribuir por algún tiempo más a financiar el consumo familiar.b

Ahora bien, como la desigualdad en la distribución de la riqueza es bastante acentuada, y más aún la distribución de la riqueza accionaria, podría concluirse que el efecto del precio de las acciones beneficia sólo a una pequeña parte de la población estadounidense. No obstante, hay indicios en contrario. De hecho, según se desprende de algunos estudios, entre 1983 y 1992 se dio una tendencia hacia la desconcentración de la propiedad directa e indirecta de las acciones, aunque ésta sigue estando sumamente concentrada: en 1983, el 55% de las acciones estaba en manos del 0.5% de los accionistas, porcentaje que bajó a 36.8% en 1992 (Poterba y Samwick, 1995).c

Según la revista The Economist, casi el 50% de las familias estadounidenses poseen acciones en la actualidad, frente a 25% en el período anterior a la crisis bursátil de 1987. Este dato es congruente con el hecho, consignado por otra fuente, de que entre 1989 y 1994 la proporción de unidades familiares que tenían acciones se elevó de 27.9% a 34.5% (Hurst, Ching Louh y Stafford, 1998, p. 269). Aunque los datos empleados en este último estudio no permiten conclusiones definitivas, dejan ver que la distribución de la riqueza aumentó en el período 1989-1994, con lo cual, sumando las reservas acumuladas en los fondos de pensiones, el crecimiento de la riqueza neta fue suficientemente grande como para permitir un considerable efecto “riqueza” en el consumo agregado, el cual podría extenderse a todo el período 1995-2000.

aEl efecto “riqueza” es menos acusado en Canadá, Japón y otros países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos

(OCDE).

b“International”, Oxford Analytica Daily Brief, 5 de noviembre de 1998.

cLa concentración es mayor si se considera sólo la propiedad directa, dado que en 1992 el 0.5% de los accionistas poseía casi 60% de las

acciones (Poterba y Samwick, 1995, p. 328). Los autores no encontraron mayores pruebas de que un efecto “riqueza” derivado de las ganancias accionarias tuviera impacto sobre el consumo.

previsiones relativas al crecimiento del comercio mundial. Parece haber consenso entre los analistas en que lo más probable es un incremento moderado del volumen del comercio con respecto a 1998. Evidentemente, la elevación del valor de las exportaciones mundiales, expresado en dólares, está subordinada a la recuperación del precio de los productos básicos y al comportamiento del dólar. El resultado final deberá depender en gran medida de la evolución de los mercados internacionales de capital, de la recuperación económica de los países asiáticos, en particular de Japón, y de la sustentabilidad del crecimiento de los países europeos y de los Estados Unidos.

En los primeros nueve meses de 1998 las exportaciones asiáticas se redujeron 7%, y las

importaciones cerca de 16%. Las importaciones de los cinco países asiáticos más afectados por la crisis financiera (Filipinas, Indonesia, Malasia, la República de Corea y Tailandia) cayeron 30%, mientras que sus exportaciones disminuyeron 3%.18Las exportaciones de Japón disminuyeron 8.5% y sus importaciones 19%, con lo cual aumentó aún más el superávit del país (OMC, 1998e, pp. 4-5). El valor del comercio intrarregional se redujo cerca de 25% con relación a 1997. El colapso de los mercados regionales explica por qué la recuperación de las exportaciones coreanas ha sido mucho más débil que la que tuvieron las exportaciones de México después de la crisis financiera de 1994. Antes de la crisis de 1997, casi la mitad de las exportaciones coreanas se dirigían a los demás países asiáticos. Asimismo, el precio de los productos industriales en que la República de Corea

18 A pesar de la devaluación de la moneda coreana, la Asociación de Comercio Internacional de Corea (KITA) estima que el valor de las exportaciones deberá contraerse en 5% o 10% en la segunda mitad de 1998, lo que constituiría la primera reducción general desde 1958 (The