Mercedes Sánchez Sánchez
Aunque parezca que internet lleva ya mucho tiempo entre nosotros, aún estamos empezando a ver las consecuencias de su despegue. Primero fue solo en los ordenadores, pero ahora podemos tener un acceso constante a través de variados dispositivos que multiplican la comunicación y, por tanto, la información, y actúan sobre el código en el que se expresa: la lengua.
Por su parte, las lenguas se adaptan a los nuevos medios e intentan sacar de estas nuevas circunstancias las mejores ventajas para su desarrollo, como argumenta Rojo-Sánchez en su libro El
español en la red (2009). Nunca se había escrito tanto, ni habíamos estado tan comunicados. Es ya
un lugar común relacionar el avance de internet con una segunda edad de oro de la lengua escrita. Con la red renace la comunicación escrita, que había sufrido un fuerte retroceso con el desarrollo de la radio y la televisión. Se estima que unos 153 millones de usuarios de internet son hispanohablantes, lo que constituye un 8 % de los usuarios mundiales, y el español ocupa el tercer lugar entre las lenguas más usadas. Por tratarse de una comunidad lingüística que vive en países de desigual desarrollo, el índice de penetración en internet es muy bajo aún, puesto que constituye solo un 37 % de los más de 400 millones de hispanohablantes estimados. Sin embargo, desde el año 2000, el número de hispanohablantes que usa internet ha aumentado un 743 %.
Dado que la mayor parte de los usuarios accede a internet para buscar noticias, leer el correo electrónico y, en los últimos años, participar en las redes sociales, parece que las realizaciones lingüísticas deben ejecutarse en un registro o nivel que facilite la comunicación, es decir, que resulte común. Ese registro, desde luego, está absolutamente condicionado por el uso público o privado de los canales de internet: no es lo mismo comunicarnos con los amigos en Facebook que responder a un tuit emitido por un periodista argentino al que seguimos. En realidad, nada demasiado alejado de lo que hacemos en nuestra vida «normal».
Además, no es correcto a estas alturas hablar de un solo modelo de internet, sino que la red internet aglutina un grupo de subsistemas con diferentes recursos y situaciones en los que la lengua se expresa de una forma más coloquial o más formal, evitando localismos o, precisamente, acentuándolos. En la revisión de esas situaciones recogidas por Rojo se distingue con cierta claridad
el uso o no de un español neutro, universal o panhispánico.
En primer lugar, se encuentra el correo electrónico. En un mundo global, también comercialmente hablando, su uso es absolutamente imprescindible. La comunicación entre empresas de uno y otro lado del Atlántico ha de realizarse en un español comprensible desde los dos lados, utilizando un léxico común y alejándose de los localismos.
Siguen los chats, conversaciones que tienen lugar en un medio electrónico. De nuevo, es el carácter público o privado de estas lo que marcará el uso de una lengua exenta o no de modismos. Los encuentros o entrevistas digitales, por ejemplo, dan buena cuenta de intervenciones de hablantes de los dos lados del Atlántico (ante personajes, a su vez, de interés entre el público de las dos orillas) y se realizan en tiempo real con léxico común. Muy diferente es la situación que se da cuando se chatea con un amigo, etc. La vida virtual no es tan diferente de la vida real.
La página web, el exponente más marcado de la red, constituye por sí misma un nuevo género. Las firmas comerciales con delegaciones en España y América se ocupan de que su página electrónica utilice un español que no haya que «traducir».
Los blogs personales, que ahora se insertan como los antiguos artículos de opinión en diarios y revistas, constituyen otro sistema de expresión de la lengua en internet. Un periodista que puede llegar a lectores del otro continente se esforzará en utilizar un léxico que le permita ganar seguidores. La prensa digital, a la que se accede ahora desde diferentes plataformas y lugares, constituye también un magnífico marco de expresión de ese español universal, neutro, aunque muchas veces es el tema el que determina la intervención o no de los hablantes de esa lengua, bien como lectores, bien actuando con sus comentarios. Es frecuente ver noticias en diarios españoles o americanos comentadas por hablantes de ambos lados del Atlántico, reconocibles porque se identifican abiertamente. También es cierto que el acceso a la noticia es múltiple: puede haber sido retuiteada, recomendada en Facebook o sencillamente buscada a través del servidor de noticias de Google, que devolverá lo buscado independientemente del medio en el que aparezca. El hecho de que las noticias tengan también un alcance global no cabe duda de que provoca comentarios e intervenciones de todos los lugares en los que se habla español y que se ven afectados por la noticia.
Mención aparte merecen las redes sociales, la gran realización actual de la lengua en internet y por cuyos canales viaja hoy en día el idioma. El despegue del español en estas redes sociales ha sido fabuloso. Probablemente el español usado en Facebook contiene más rasgos locales, sencillamente porque con quienes mantenemos contacto en esta red social es con nuestros amigos, con los que cambiamos el registro para hacerlo más coloquial.
Otra cosa es la emisión de comentarios en los muros de instituciones o marcas, donde seguramente modificamos el modo de expresarnos, incluido, claro, el léxico utilizado. Twitter, con su «dictadura» de los 140 caracteres, nos obliga a expresarnos en titulares. El éxito en Twitter se mide por el número de seguidores, de manera que resulta obligado hacerse entender de manera fácil, sencilla y neutra. Políticos, artistas y periodistas difunden sus tuits para un público español
universal y necesitan ser seguidos. Es natural que usen un español también universal que no defraude
a sus seguidores.
comprensible para todos los hablantes. Aquí no hay lugar para la entonación o el acento. Ese español global existe desde hace mucho tiempo y ahora la red se convierte en el medio ideal para su difusión. El mundo de los hispanohablantes se acerca cada vez más, a través de la prensa y de las redes sociales, por medio de la lengua escrita en internet.
Ejemplos de palabras en españoles distintos:
celular - teléfono móvil
comida chatarra - comida basura aeromoza - azafata
altoparlante - altavoz huelebicho - cobarde
pelotero - futbolista (tenista…, alguien que juega con una pelota) trapear - fregar con trapo
vacilar - bailar
matraca - borrachera agarrar - coger
Extranjerismos
Mercedes Sánchez Sánchez
Una de las formas más comunes de enriquecer el léxico de una lengua es incorporando palabras procedentes de otras lenguas. A veces ocurre porque no existe la realidad que se comienza a nombrar, y otras porque se prefiere el término nuevo por razones que tienen que ver con las modas o el prestigio social o político. Estos nuevos términos se adaptan a las características de la lengua de destino. Se trata de los extranjerismos o préstamos lingüísticos.
Muchos extranjerismos se han adaptado gráficamente al español con gran facilidad («champú», del inglés shampoo, por ejemplo). Sin embargo, en la actualidad, una sociedad alfabetizada en su mayor parte con grandes influencias del inglés y con gran presencia en internet propaga a través de la red las grafías originales (software) y hace que resulten familiares, lo que dificulta la incorporación de esos préstamos a la lengua con una grafía más propia.
Internet es, ante todo, información. Información y comunicación que viajan fundamentalmente a través de la lengua escrita, con dudas a la hora de fijar en su código lo que manejamos de forma oral. La red multiplica los extranjerismos y estas son las palabras que mayores inseguridades crean en el emisor a la hora de elegir el modo de fijarlas en la escritura. Es frecuente, por ello, encontrar diferentes modos de escribir esos préstamos lingüísticos.
Pero también es cierto que la lengua de internet incorpora los extranjerismos con absoluta naturalidad. A veces se marcan en cursiva o con comillas, porque el emisor es consciente de estar utilizando una palabra extraña a su lengua, pero otras veces no. La prensa digital, por ejemplo, recoge spoiler, «spoiler» y spoiler. Desde luego, depende del contenido digital que estemos
consumiendo. Llaman la atención, por ejemplo, los extranjerismos utilizados en los blogs de moda – por cierto, de los más exitosos en la red–, desde los que se han ido propagando con toda naturalidad términos como eShop, flyer, outlet…
En realidad la transcripción de un extranjerismo resulta un problema en aquellas realizaciones más parecidas a la lengua oral (foros, redes sociales), donde la vacilación en la escritura es más frecuente. Además, en un blog, en una noticia, podemos buscar información sobre la grafía de esa palabra, pues se trata de una escritura más pausada. Sin embargo, en una rápida intervención en Twitter o en Facebook, sencillamente escribimos tal como nos «suena». Es como cuando pronunciamos por primera vez una nueva palabra en inglés y no damos con el acento adecuado. Las redes sociales propagan estos préstamos lingüísticos, desde luego, pero dificultan la fijación de una grafía: smarfon, esmarfon, smartphone…
La red contribuye en gran medida a la propagación e incorporación de extranjerismos y, lejos de empobrecer una lengua, la enriquece. Parece natural, sin embargo, una adaptación gráfica del nuevo término. La Real Academia Española o la Fundéu BBVA recomiendan evitar el abuso de estos
extranjerismos cuando son innecesarios, es decir, cuando existe la palabra en español (mejor «versión» que remake). La incorporación de extranjerismos es, en cualquier caso, un fenómeno natural en las lenguas que no debe censurarse.