A partir de 1916 y hasta mayo de 1920, Venustiano Carranza gobierna el país. Su política tuvo como ejes principales consolidar su poder, liquidar los grupos armados opositores, someter a las masas, restablecer la paz social y reestructurar el aparato legal y administrativo del gobierno.
El constitucionalismo triunfante no era un bloque homogéneo. Era un frente de diversas tendencias entre las que predominaban, fundamentalmente, dos grupos que expresaban distintas posiciones políticas y sociales. En uno de ellos estaban los hacendados, algunos de origen porfirista, herederos de los planteamientos liberales del maderismo, que concebían la Revolución como un cambio esencialmente político. Su representante máximo era el mismo Carranza. El otro grupo estaba formado por rancheros, sectores de la pequeña burguesía urbana y rural, partidarios de promover, por lo menos en el papel; cambios sociales más profundos, si bien no tenían la radicalidad de los que había propuesto el gobierno convencionista.
La cuestión militar: Aún después de que los villistas y los zapatistas quedaron reducidos a grupos
guerrilleros incapaces de operaciones militares de gran alcance, en distintas regiones existían grupos armados que significaban un obstáculo para consolidar el poder constitucionalista. Durante los años de gobierno carrancista, la mayor parte de estas bandas continuó levantada en armas. Estos brotes rebeldes se localizaron en Oaxaca, Chiapas y Veracruz. (…) Un problema especial fue provocado por el ataque de Pancho Villa a Columbus en marzo de 1916. Convencido de que la ayuda norteamericana había sido la causa del triunfo de Carranza y molesto porque, al parecer, en Columbus había sido engañado en la
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Tomado de Josefina Zoraida Vázquez, Romana Falcón, Lorenzo Meyer, Op. Cit., pp. 187-188.
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compra de abastecimientos bélicos, Villa atacó con menos de 500 hombres esta población norteamericana. El presidente Wilson ordenó de inmediato una expedición “punitiva” para castigar a Villa. Al mando del general Pershing, que después tendría una actuación victoriosa en la primera guerra mundial, 12 mil soldados estadounidenses invadieron el país. Villa puso en juego toda su habilidad guerrillera, eludió al grueso de las tropas y en varias ocasiones las atacó y les causó bajas. Por su parte, Carranza se opuso a esta invasión, exigió el retiro del ejército de Estados Unidos y envió tropas a limitar su avance, que se enfrentaron con los norteamericanos en el Carrizal donde los derrotaron. La expedición de Pershing continuó hasta febrero de 1917 sin ningún éxito. Villa siempre burló sus ataques.
Política agraria: El problema social más importante del país continuaba siendo el agrario. Los zapatistas y
otros contingentes campesinos continuaban luchando con las armas por la devolución de las tierras. Además, la mayor parte de la población estaba en el campo. México continuaba siendo un país de peones y campesinos pobres. Para contrarrestar la influencia del zapatismo, Carranza expidió en Veracruz la ley del 6 de enero de 1915. Pero su actitud posterior evidenció que esta ley era, fundamentalmente, una maniobra política para restarle fuerza al zapatismo. El 11 de junio de 1915, cuando la balanza militar ya se inclinaba a favor del constitucionalismo, Carranza limitó la aplicación de esta ley prometiendo que se respetarían las propiedades adquiridas legalmente por individuos o gobiernos locales y que no constituyeran un privilegio o monopolio y que no habría confiscaciones sino una distribución equitativa de las tierras que conservaba el gobierno. Hasta un año después, enero de 1916, el primer Jefe constitucionalista formó la Comisión Nacional Agraria, organismo que funcionó burocráticamente y no contribuyó a resolver la cuestión agraria. La política de Carranza fue preservar los latifundios y negarse a entregar la tierra. (…) por otro lado, devolvió numerosos terrenos confiscados a los hacendados durante la lucha armada, entre ellos los ranchos de Luis Terrazas en Chihuahua, que sumaban 2 millones 300 mil hectáreas.
Carranza y el movimiento obrero: A mediados de enero de 1916, tres semanas después de haber
derrotado a Villa en Ciudad Juárez, el gobierno carrancista disolvió los “batallones rojos”. Los militantes de la Casa del Obrero Mundial (COM) habían aprovechado su alianza con el carrancismo para difundir su ideología anarcosindicalista, construir filiales de la COM, expandirse numérica y geográficamente. En todo territorio conquistado por los constitucionalistas se estableció una filial de la COM. (…) En marzo se constituyó la Confederación del Trabajo de la región Mexicana, con la participación de 73 sindicatos, primer intento de constituir una central que agrupara a todos los sindicatos, cuya sede fue Orizaba y su secretario general, Herón Proal. (…) La crisis económica agravada por la inflación y la devaluación del papel moneda, obligó a la Federación de Sindicatos a exigir el pago de los salarios en oro o en su equivalente en papel moneda; un salario mínimo de un peso diario y jornada de ocho horas. (…) el 22 de mayo de 1916 se llevó a cabo un paro general (…) el gobierno carrancista, preocupado, logró que los patrones pagaran los salarios en la nueva moneda “infalsificable”. Como la crisis continuó, para junio los obreros volvieron a exigir el pago de los salarios en oro y solicitaron un aumento del 50%. Ante la nula respuesta del gobierno y de los patrones y frente al incremento de los precios de los artículos de primera necesidad que habían subido entre 200% y 300%, los obreros convocaron a la única huelga general que se ha dado en el país. El 31 de julio estalló la huelga en todo el Distrito Federal, con la participación de 86 mil obreros. Se paralizó toda la ciudad de México: los servicios públicos (electricidad y agua), los transportes (tranvías), las comunicaciones (teléfono y correos), tortillerías, panaderías, etc. La reacción gubernamental fue fulminante, se decretó la ley marcial y se revivió una vieja ley de 1862 cuyos artículos prohibían la huelga general, las huelgas en los servicios públicos y amenazaban con la pena de muerte a los organizadores de ellas. La COM fue disuelta por el gobierno, sus dirigentes encarcelados y enjuiciados, fueron condenados a muerte, pero Carranza los indultó. Ernesto Velasco, dirigente de los electricistas y uno de los principales líderes de la huelga, fue liberado un año y medio después.
La lucha entre caudillos dominó la fase final de la revolución, esta lucha entre caudillos sólo habría de resolverse con las armas primero y con las leyes después. Una vez derrotadas las fuerzas militares de Villa y Zapata, Carranza estableció su gobierno en la capital del país y convocó a un Congreso Constituyente, que habría de elaborar una nueva Carta Magna. Así, la Constitución Política Mexicana de 1917 fue promulgada sin la participación de los líderes agraristas; pero de alguna manera quedó plasmado en ella el espíritu de los objetivos de aquellos caudillos que habían perdido la batalla.
Objetivo: Identificar los postulados planteados en la Nueva Constitución.
Conceptos: Congreso Constituyente, Carta Magna, garantías individuales, y derechos
ciudadanos, nacionalización, soberanía popular, laica.
Habilidades: Interpretar, extraer, ubicar, establecer diferencias y similitudes de hechos
históricos.
Actitudinales y valórales: Valorar la Constitución como un pacto social que con todas sus contradicciones, dio significado histórico a la Revolución Mexicana y cohesionó a la Sociedad Mexicana.
'ociones para reflexionar:
¿Qué es una constitución? : En términos estrictamente jurídicos, una constitución es el enunciado institucional de las grandes "reglas del juego" político y social que una sociedad adopta, en cierta etapa de su devenir histórico, mediante un determinado reparto de responsabilidades y con proyección y orientación hacia ciertos fines en los que la sociedad visualiza su porvenir.
Cuando hablamos de las "reglas del juego" nos referimos a la amplitud del poder estatal, a la distribución del poder entre sus órganos, a los mecanismos de formación, a los procedimientos de actuación, a los fines (mediatos) ya las directivas (inmediatas) de los gobernantes, a las relaciones de los gobernantes con los gobernados, es decir, a sus potestades sobre éstos, así como a los derechos de las personas y las garantías de los gobernados frente a los gobernantes.
Se dice que una constitución es real cuando las "reglas del juego" se pueden aplicar, cuando son viables y en su cumplimiento están comprometidos los principales protagonistas o fuerzas sociales de ese momento en la comunidad. De esta forma, la expresión normativa de ese enunciado institucional de las "reglas del juego" recibe el nombre de constitución jurídica del Estado. Toda constitución tiene varios aspectos significativos:
a) de procedimientos y organización, cuya aceptación y cumplimiento son indispensables para el desenvolvimiento institucional;
b) de legitimidad, es decir, de creencia en la legalidad de las "reglas del juego", que se basa en un amplio consenso en relación con dichas reglas. Hay legitimidad cuando la constitución y el poder proceden de principios o creencias admitidos por la comunidad. El consenso sobre estas reglas da por resultado la legitimidad constitucional y ésta surge de la coincidencia entre la constitución jurídica y la constitución real;
c) de compromiso, como resultado de una transacción y que expresa una conciliación. El compromiso debe ser el más vasto posible y el que las circunstancias históricas y las fuerzas actuantes permitan;
d) de temporalidad, debido a que la constitución no es un fin en sí mismo, sino un medio o un instrumento para alcanzar los fines sociales en un momento determinado; no se puede aspirar a que una constitución exprese las necesidades de todos los tiempos, y
e) de futurismo o proyección, ya que una constitución es síntesis, es transacción; recoge la realidad, toma en cuenta los factores reales de poder -en este caso, los ejércitos revolucionarios-, pero también es cauce normativo en función del cambio y de la transformación evolutiva.
A partir de la Independencia (1821), México ha contado con diversas constituciones o programas de gobierno. Sin embargo, sólo se han llevado a cabo tres congresos constituyentes: el de 1823-1824, el de 1856-1857 y el de 1916-1917.
BIBLIOGRAFIA DE CO'SULTA:
Francisco González Gómez y Marco Antonio González Gómez, Del porfirismo al neoliberalismo, Ediciones Quinto Sol, México, 2007.
Ramón Eduardo Ruiz, La revolución mexicana y el movimiento obrero 1911-1923, ERA, México, 1978. César Martínez Álvarez-Juventino Rodríguez Ramos, Historia de México en el contexto universal 2, Publicaciones Cultural, México, 2003
Lectura 1. La Constitución de 1917.1
Para legalizar su poder, Carranza decidió convocar un Congreso que promulgara una nueva Constitución. El Congreso Constituyente parecía presentársele fácil a Carranza. La misma convocatoria eliminaba a todos aquellos que no pertenecían a las filas del constitucionalismo.
El proyecto de Constitución presentado por Carranza estaba basado en la Constitución de 1857, se recogía el espíritu liberal y se le añadían cuestiones mínimas con el afán de mejorarla. Parecía que los años de revolución, los millares de muertos, los centenares de planes revolucionarios y programas de las distintas facciones no habían aportado nada.
Aunque recogía lo fundamental de la Constitución de 1857, había una diferencia, Carranza fortalecía el `poder presidencial y disminuía la supremacía dada al Poder Legislativo por esa Constitución. Carranza fue el iniciador del presidencialismo de los regímenes posrevolucionarios al proponer la mutilación de las atribuciones que tenía el Poder legislativo, y al ampliar ilimitadamente las del Ejecutivo.
El congreso Constituyente aprobó esa orientación dotando al presidente de la República con el poder que se deriva de, ser simultáneamente Jefe de Estado, Jefe de gobierno y Jefe de las Fuerzas Armadas, y darle, entre otros, los siguientes atributos: determinar, sin restricción alguna, la orientación del gobierno federal; nombrar a los integrantes del gabinete presidencial como sus auxiliares, dependiendo nada más de él; iniciar, vetar y promulgar leyes.
Si bien la Asamblea aceptó el presidencialismo, se negó a convalidar otros aspectos del proyecto constitucional. Un primer aspecto en disputa fue el art. 3º, referente a la educación. Carranza pretendía que sólo fuera laica y gratuita la enseñanza impartida en las escuelas oficiales, excluyendo de la condición de laica a las escuelas particulares. El ala “jacobina”, integrada por Francisco J. Múgica, Heriberto Jara, Luis G. Monzón y otros más, echó abajo esta propuesta estableciendo que toda la educación, oficial y particular, fuera laica, prohibiendo el establecimiento y la dirección de escuelas por parte de las corporaciones religiosas y sus ministros.
En lo que toca a los arts. 27 y 123, las modificaciones introducidas por los congresistas fueron mucho más allá de lo previsto por Carranza. A propuesta de Froylán C. Manjarrez se acordó incluir un artículo especial sobre cuestiones laborales. El proyecto original sólo proponía la implantación de la jornada de ocho horas, para sorpresa de Carranza se incorporaron el salario mínimo, el reconocimiento del derecho de huelga, la creación de los tribunales del trabajo, la protección al trabajo femenino, etc. Se consideró una obligación del Estado tutelar los derechos de los trabajadores.
El art. 27 que propuso Carranza también sufrió cambios sustanciales. En la redacción final influyó Andrés molina Enríquez: En éste artículo se fija que la propiedad de las tierras y aguas comprendidas entre los límites del territorio nacional, corresponden originalmente a la nación, con lo cual se reconoce el origen social de la propiedad y se subordinan los derechos de propiedad de los particulares a los originales y fundamentales de la nación. En la redacción de este artículo influyó la férrea resistencia que continuaban librando los zapatistas.
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En el proyecto de Constitución carrancista se expresaba su insensibilidad a las demandas del pueblo, su deseo por no comprometer al gobierno con las peticiones populares, su interés por consolidar un Estado con el poder centralizado en el presidente, su deseo de conservar intactos los latifundios, desarmar a las masas, y restaurar lo más pronto posible la paz social.
En torno de estas cuestiones el Congreso se dividió en “jacobinos” y “moderados”. Los primeros ya fueron mencionados, entre los segundos estaban José Natividad Macías. Alfonso Cravioto, Félix F. Palavicini y Luis Manuel Rojas, designado presidente del Congreso.
Lectura 2. Contenidos fundamentales de la Constitución de 1917.2