3.1.4 ¿Para qué una asociación psicoanalítica internacional?
3.2. EL “II CONGRESO PSICOANALÍTICO INTERNACIONAL”.
3.2.1. El Congreso.
Nuremberg, ciudad bávara equidistante de Viena y de Zurich. Futura ciudad emblemática del nacionalsocialismo, su alfa y su omega: desde los grandes Congresos del Partido Nacionalsocialista (“El triunfo de la voluntad”448 a la luz de las antorchas), a
los juicios por crímenes contra la humanidad de 1945449, pasando por las leyes raciales
del 15 de septiembre de 1935450, que sellarán la legalidad nazi. Nuremberg es también,
paradójicamente, la ciudad donde se funda la Asociación Psicoanalítica Internacional, en la primavera de 1910451.
448 El triunfo de la voluntad (en alemán, Triumph des Willens) es una película propagandista nazi dirigida por Lei
Riefenstahl. Muestra el desarrollo del Congreso del Partido Nacionalsocialista en 1934 en Núremberg. La película incluye imágenes de miembros uniformados del partido desfilando (aunque aparecen relativamente pocos soldados alemanes) al son de conocidas marchas, además de partes de discursos de varios líderes nazis en el Congreso como Adolf Hitler. Fue Hitler quien encargó el filme y su nombre figura en los créditos iniciales. El tema principal de El triunfo de la voluntad es el regreso de Alemania a la categoría de potencia mundial, con Hitler como una especie de Mesías que devolverá la gloria a la nación. La película se estrenó en 1935 y es una de las películas de propaganda más conocidas de la historia del cine.
449 Desarrollados en la ciudad alemana de Núremberg entre 1945 y 1949, el proceso que obtuvo mayor
repercusión en la opinión pública mundial fue el conocido como el Juicio principal de Núremberg o Juicio de Núremberg y que celebró a partir del 20 de noviembre de 1945, el Tribunal Militar Internacional (TMI), constituido por la Carta de Londres, en contra de 24 de los principales dirigentes supervivientes capturados del gobierno nazi y de varias de sus principales organizaciones.
450 Las Leyes de Núremberg (Nürnberger Gesetze en alemán) fueron leyes de carácter antisemita en la Alemania
nazi adoptadas por unanimidad el 15 de septiembre de 1935 durante el séptimo Reichsparteitag (Congreso anual del NSDAP) celebrado en la ciudad de Núremberg, Alemania.
451 Otra gran paradoja geográfica, es la localidad de veraneo de Freud durante muchos años, Berchtesgaden,
ciudad de la alta Baviera cerca de la frontera con Austria, aproximadamente 30 kilómetros al sur de Salzburgo y a 180 kilómetros de Munich. En esta localidad, es donde Hitler establecerá su residencia privada, “el nido de las águilas”. Quizás conviene recordar que ambos, Freud y Hitler eran austriacos, y que Hitler tomó contacto con el antisemitismo militante en Viena, como él mismo narra en Mein Kamp (A. Hitler, 1926).
El Congreso de Nuremberg supondrá la creación de la Asociación Psicoanalítica Internacional, en el cual Freud y Ferenczi entregarán la Presidencia a Jung, estableciendo en Zurich la sede de la IPA. Zurich se convierte así en el centro mundial del psicoanálisis. Jung es elegido presidente de la recién creada asociación; Freud la dota de un proyecto y un programa de desarrollo político y científico, caracterizado por la expansión; y Ferenczi se encarga de su estructura organizativa, a la vez que instaura la primera “historia oficial” del joven movimiento.
Viena, y los vieneses, son relegados a un papel secundario, confirmándose la tendencia mostrad en Salzburgo dos años antes. Pero no aceptaran dócilmente su nueva posición excéntrica. Freud tendrá que realizar concesiones temporales a Adler y Stekel.
En 1910 Freud tras el reciente viaje a Estados Unidos con Ferenczi y Jung, ha logrado por fin un respaldo internacional. Ahora sí existen posibilidades para que el psicoanálisis se extienda más allá de Viena. Zurich será el lugar elegido.
Hemos revisado cómo Freud y Ferenczi prepararon cuidadosamente, y en parte en secreto, el Congreso, del que tendría que salir una organización internacional que guiara al movimiento psicoanalítico internacional y fuera capaz de sacar al psicoanálisis de su reducido mundo de médicos, judíos y vieneses; que fuera capaz de liderar la expansión geográfica y científica del psicoanálisis. Veamos cómo se desarrolló el Congreso.
Freud presentó la conferencia El porvenir de la terapia psicoanalítica (Freud, 1910a); Abraham disertó Sobre el psicoanálisis del fetichismo (Abraham, 1910), y Jung leyó una conferencia llamada Relación sobre América452. Ferenczi, complementando la
conferencia de Freud, presenta su Ponencia sobre la necesidad de una alianza más estrecha entre los sucesores de la teoría de Freud y su sugerencia para la constitución de una organización internacional permanente, publicada un año después con el título
Sobre la historia del movimiento psicoanalítico (Ferenczi, 1911a).
Gay (1988, 255) sintetiza la situación creada tras la intervención de Ferenczi:
Actuando como representante de Freud ante el Congreso, propuso la constitución de una asociación psicoanalítica internacional; Jung sería el presidente permanente y Franz Riklin, otro psiquiatra suizo y pariente de Jung, ocuparía el cargo de secretario. Para los primeros partidarios de Freud, (los vieneses) éste ya era un trago bastante amargo, pero Ferenczi los exasperó aún más con algunas críticas innecesarias sobre la Sociedad Psicoanalítica de Viena.
Tras la ponencia de Ferenczi, y la presentación de su propuesta de estatutos, que incluía la presidencia vitalicia de Jung, la tormenta estalló. Brome (1967, 59) recoge el comentario de Stekel:
Me ha sorprendido escuchar a Ferenczi, siguiendo la recomendación de Freud, proponer a Jung como presidente vitalicio de la asociación psicoanalítica internacional (...) con derecho a leer todos los artículos propuestos y decidir cuáles publicar.
Sanfeliu (2002, 82-83) señala que esto significaba que ningún trabajo psicoanalítico podría ser publicado sin consentimiento del Presidente de la IPA. Se produjo tal revuelo de protestas, que, al final, se decidió elegir un presidente para los próximos dos años, y que en el próximo Congreso se realizarían elecciones nuevamente. Tampoco se aceptó la censura previa por parte de la presidencia. Sanfeliu (ibid.) también recoge las dos versiones de lo que entonces ocurrió:
- La versión de Jones (1955, 80), según la cual Freud, para calmar los ánimos de los vieneses453, anunció su dimisión de la presidencia de la Sociedad
Psicoanalítica de Viena y propuso que Adler ocupara su puesto y, además, sugirió la fundación de una revista mensual que dirigirían Adler y Stekel, como contrapartida a la elección de Jung como presidente.
- La otra versión es la de Stekel (Brome, 1967, 59), según la cual Freud no propuso la creación de la revista, sino que lo decidieron Adler y él, estando de acuerdo el resto de los vieneses, ante lo cual Freud quedó sorprendido y no tuvo más remedio que aceptar. Sea como fuere, al final, Adler aceptó el puesto de presidente de la Sociedad Psicoanalítica de Viena y Stekel la vicepresidencia. Lo cierto es que los vieneses se amotinaron esa noche y Freud tuvo que intervenir y pactar con ellos. El resultado será que éstos aceptan la fundación de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) y los nombramientos de Jung y Riklin como presidente y secretario, respectivamente. Pero los cargos serán válidos sólo por dos años y deberán refrendarse en el próximo Congreso. Además, desaparecieron los poderes extraordinarios del presidente y Zurich no sería ya la sede permanente de la IPA. La sede acompañará siempre en el futuro al presidente, que saldrá elegido de los Congresos psicoanalíticos que se celebrarán cada dos años.
Otra contrapartida para los vieneses es la promesa de Freud de dimitir de la presidencia de Sociedad Psicoanalítica de Viena, entregando el cargo a Adler. Stekel se encargaría de ser el editor de la nueva publicación periódica de la asociación internacional. Freud, en realidad, está ganando tiempo, pues intuye, y quizás desea, prescindir de parte del grupo vienés454.
Antes de reseñar la conferencia de Freud y las consecuencias inmediatas del Congreso, nos detenemos brevemente en la conferencia de Ferenczi, donde, a la par que historiar el naciente movimiento institucionalizado, hará el primer análisis institucional de la psicología y psicopatología de los grupos y las organizaciones; y, además, propondrá un modelo organizativo para evitar los efectos perversos y regresivos de las organizaciones455
453 Jones añade en su narración que Freud, en un gesto dramático, “se arrancó violentamente la chaqueta y les
dijo: “Mis enemigos quisieran verme morir de hambre. De buena gana llegarían al extremo de quitarme de encima la chaqueta”.
454 Esta actitud no es nueva en Freud: dos años antes, había disuelto, para refundar, la Sociedad Psicoanalítica
de Viena. Años después, en 1913, cuando su relación profesional y personal con Jung está totalmente rota, y ante la posibilidad de que Jung no dimita, Freud se planteará abandonar él y sus seguidores la Asociación Psicoanalítica Internacional y fundar una nueva asociación internacional freudiana. En 1910, actuará como un político y hará concesiones para evitar la ruptura. En 1913, actuará como un líder revolucionario: preferirá cerrar filas con los más puros y fieles de sus seguidores, aun a riesgo de perder la mayoría de sus efectivos.
455 En síntesis, los objetivos de un “análisis institucional” tal y como los planteará años después R. Lourau
3.2.2. La conferencia de Ferenczi: Ponencia sobre la necesidad de una
alianza más estrecha entre los sucesores de la teoría de Freud y su
sugerencia para la constitución de una organización internacional
permanente.
456En su ponencia, Ferenczi actuó como primer historiador del movimiento psicoanalítico457, dividiendo la historia del movimiento psicoanalítico en dos épocas,
cuyo punto de inflexión era la aparición en el movimiento de Carl Gustav Jung458.
Ferenczi se manifiesta como el verdadero “mariscal de campo” de Freud. Es el encargado de aplicar la táctica concreta para lograr el objetivo que han diseñado entre ambos: crear una asociación centralizada, cohesionada y legitimar la presidencia y poder absoluto de Jung (Ferenczi, 1911a, 180) 459:
He hablado de crítica del método analítico, pero hubiera podido hablar de crítica de los medios de combate; pues al igual que todos los innovadores y pioneros, nosotros no sólo debemos trabajar sino también luchar por nuestra causa. (…) igual que los primeros inmigrantes del nuevo continente, hemos tenido que mantener hasta ahora una guerra de guerrillas. Sin dirección espiritual, sin unidad táctica, hemos luchado cada uno sobre la porción de terreno conquistado. Cada cual ha ocupado una parcela del inmenso territorio según ha creído conveniente, eligiendo los modos de ataque, de defensa y de trabajo que le parecían mejor (…) Sin embargo, al mismo tiempo que ventajas, la guerra de guerrillas ha supuesto inconvenientes considerables, debido precisamente a su carácter mal delimitado.
La ausencia de dirección ha favorecido la proliferación excesiva de las tendencias individuales y de las posiciones científicas personales aisladas en algunos “combatientes”, a expensas del interés común, de lo que podríamos llamar «las tesis centrales» (…) Sin embargo, conviene detenerse en el primer inconveniente: ante la gran mayoría somos unos exaltados sin organización ni disciplina, y no podemos imponernos de esa manera. El nombre de Freud inscrito en nuestra bandera no es más que un nombre después de todo; no permite adivinar el número de personas que profesan actualmente las ideas unidas a ese nombre, ni con cuántas realidades cuenta ya el análisis. De esta manera perdemos la apariencia de masa, en la medida en que podríamos pretender tenerla, sin mencionar el peso específico de los individuos y de sus ideas consideradas aisladamente
456 Publicada con el título “Sobre la historia del movimiento psicoanalítico” (S. Ferenczi, 1911a).
457 También como primer historiador “revisionista”, pues de manera interesada “borra” a los vieneses y las
reuniones de los miércoles, y divide la historia del movimiento en “antes y después” de la entrada de Jung; antes, Freud totalmente solo, heroico; después, Jung atrayendo a los nuevos seguidores.
Ferenczi, por tanto, también inaugura la creación de una “tradición historiográfica” (E. Hosbawn y T. Ranger, 1983), que manipula los hechos para legitimar una situación institucional “actual”.
458 S. Ferenczi (1911a, pp. 178-179): “La primera época, la que llamaríamos época heroica del psicoanálisis está
representada por los diez años que Freud peleó solo contra todos y utilizando todos los medios (…) La segunda época del psicoanálisis está marcada por la aparición de Jung, cuyo gran mérito consiste en haber puesto las ideas de Freud, mediante el empleo de los métodos de la psicología experimental, al alcance de quienes rechazaban hasta entonces los trabajos psicológicos de Freud (…) Los nuevos investigadores siguieron a Jung hacia el territorio científico descubierto por Freud, igual que los colonos siguieron las huellas de Américo hacia el continente descubierto por Colón”.
(…) En consecuencia, podemos preguntarnos ¿compensan las ventajas de la guerra de guerrillas todos estos inconvenientes? ¿Podemos presumir que desaparecerán espontáneamente tales inconvenientes sin actuar en este sentido, es decir, sin organizar nuestra actividad y nuestra lucha? Y por ultimo, en el plano práctico, ¿qué principios nos servirán de base para una unión sólida y duradera?
Sin dudarlo, respondo afirmativamente a la primera cuestión y me atrevo a decir que nuestra actividad será más beneficiosa si no se organiza (…)
A continuación, se convierte también en el primer analista grupal e institucional, al proponer un modelo de organización y analizar la patología de las organizaciones desde la analogía del modelo familiar (Ferenczi, 1911a, 181-182):
Conozco bien la patología de las asociaciones y sé perfectamente que a menudo en los grandes grupos políticos, sociales y científicos reinan la megalomanía pueril, la vanidad, el respeto a fórmulas vacías, la obediencia ciega y el interés personal, en lugar de un trabajo concienzudo consagrado al bien común.
Las asociaciones, tanto en su principio como en su estructura, conservan ciertas características de la familia. Existe el presidente, el padre cuyas declaraciones son indiscutibles y cuya autoridad es intangible, los restantes responsables: los hermanos mayores, que tratan a los pequeños con altivez y severidad, rodeando al padre de lisonjas, pero dispuestos a derrocarlo para ocupar su lugar. En cuanto a la gran masa de los miembros, parte de ella sigue ciegamente al jefe, y otra parte escucha a uno u otro agitador, al tiempo que considera el éxito de los mayores con aversión y envidia e intenta suplantarlos para recibir los favores del padre. La vida del grupo proporciona el terreno donde se descarga la homosexualidad sublimada en forma de odio y de adulación (…) Parecería que violentábamos la naturaleza humana si, en nombre de la libertad, quisiéramos a cualquier precio evitar la organización familiar, pues, aunque estemos desorganizados en cuanto a la forma, no dejamos de constituir por ello una comunidad familiar con todas sus pasiones: amor y odio hacia el padre, inclinación y envidia entre los hermanos; y a mi parecer sería más justo traducir este estado de hechos en la misma forma. Esto sería más honrado y al mismo tiempo más práctico. Pues ya he precisado que el control de estos afectos egoístas resulta favorecido por la vigilancia mutua. Los miembros que hubieran recibido una formación psicoanalítica serían, pues, los más apropiados para fundar una asociación que reuniera las ventajas de la organización familiar con un máximo de libertad individual. Tal asociación debe ser una fórmula en la que el padre no detente una autoridad dogmática, sino sólo la que le confieran su capacidad y sus actos; donde sus declaraciones no sean ciegamente respetadas, como si se tratara de decretos divinos, sino que se sometan, como todo lo demás, a una crítica minuciosa; donde él mismo acepte la crítica sin susceptibilidad ridícula ni vanidad, como un “pater familias”,un presidente de asociación de nuestros días.
Una vez establecida la analogía y el lugar que debe ocupar Freud en la familia- asociación de analistas, propone un modelo de funcionamiento para las relaciones entre los analistas460 basado en la sublimación y la sinceridad, las mismas premisas de la cura analítica (Ferenczi, 1911, 182-183):
460 Entre 1910 y 1913 habremos pasado de la psicología individual a la psicología del grupo. Podemos ver que
Tótem y tabú (Freud, 1913c) es también un análisis y un mito fundador de la propia Asociación Psicoanalítica Internacional. En esto (curiosa y paradójicamente) coinciden Freud y Jung. Jung quería que el psicoanálisis llegara a sustituir, incorporándola, a la religión, recobrando además sus raíces místicas. Freud actúa, alterándolo, el mito creador de la religión expuesto desde su propia teoría (Tótem y tabú). Pero el precio de evitar el parricidio a manos de la horda de hermanos (la fratría) será que éstos nunca dejen de atacarse y destrozarse entre sí, compitiendo por ganar el amor del padre. Tendrían que pasar algunos años más, las escisiones en el movimiento y la Gran Guerra, para que Freud diese una vuelta de tuerca más y encontrara otro modo de
Los hermanos mayores y los pequeños tendrán que aceptar sin suspicacias ni resentimientos pueriles el escuchar la verdad cara a cara por muy amarga y decepcionante que sea. Ciertamente, debe comunicarse la verdad sin provocar sufrimientos inútiles (…) En esta atmósfera de franqueza mutua en que se reconoce la capacidad de cada uno y se elimina o se domina la envidia, y en la que la susceptibilidad de los ilusos no se toma en consideración, no será posible que un miembro dotado de un agudo sentido del detalle, pero carente de la facultad de abstracción, se lance a una reforma teórica de la ciencia; es posible que otro renuncie a plantear sus propias experiencias, quizá de gran valor, pero absolutamente personales, como fundamento de toda la ciencia; un tercero admitirá que un tono excesivamente apasionado en sus escritos hará aumentar la resistencia sin servir a la causa, y un cuarto sujeto conseguirá mediante la libre discusión no rechazar de golpe todo lo nuevo en nombre de su propio saber, concediendo un tiempo a la reflexión antes de tomar partido.
En conjunto, éstos son los diferentes tipos que se hallan de ordinario en las asociaciones actuales, así como ante nosotros; pero en una asociación psicoanalítica, incluso si no se les puede eliminar, será sin embargo posible controlarlos con eficacia. Por ello mismo la fase autoerótica actual de la vida de la asociación será reemplazada por la fase más evolucionada del amor objetal, en la que la satisfacción ya no se buscará mediante la excitación de las zonas erógenas psíquicas (vanidad, ambición), sino en los objetos propios de nuestro estudio.
Estoy convencido de que una sociedad psicoanalítica que trabajara de esta forma crearía condiciones internas favorables a su actividad y sería respetada en el exterior.
Aunque sea brevemente, se detiene en un aspecto fundamental, los riesgos de crecer sin aún disponer de un modelo de formación de analistas (Ferenczi, 1911a, 184):
El peligro que nos acecha en cierta manera es que nos pongamos de moda y que el número de quienes se dicen analistas sin serlo crezca rápidamente.
No podemos sin embargo responsabilizarnos de todas las ineptitudes que se propalan bajo el nombre del psicoanálisis; además del «Jahrbuch» necesitamos una asociación que garantice en cierta medida la aplicación del método psicoanalítico según Freud y no cualquier método preparado para uso personal. La asociación también debería vigilar la piratería científica. Una selección rigurosa y prudente para admitir nuevos miembros permitirá separar el trigo de la cizaña y eliminar a quienes no admiten abierta y explícitamente las tesis fundamentales del psicoanálisis.
Conviene hacer hincapié en otro aspecto, importante en relación con la conferencia de Freud, que revisaremos en el epígrafe posterior461: Ferenczi otorga mucha menos
importancia que Freud al reconocimiento externo del psicoanálisis y a su necesidad de