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7. TERCERA PARTE

7.1. El “lenguaje” de Filoctetes: enfermedad y aislamiento.

La enfermedad de Filoctetes se presenta como una constante cojera, cuyo principal e invariable síntoma es la imposibilidad de desplazarse normalmente. Sin embargo, el dolor profundo se hace manifiesto cuando sufre ataques puntuales a partir de la supuración de su herida. En estos accesos, además de los padecimientos físicos, Filoctetes se ve afectado en el plano del lenguaje, pues la dolencia lo priva de la facultad de hablar. Sobre este aspecto, Sófocles hace especial hincapié, como permite observar la Párodos, cuando los marineros describen a Neoptólemo las características de la enfermedad del héroe, culminando con la imagen que lo sitúa, por contraste, en el extremo opuesto al pastor que tañe la flauta (μολπὰν σύριγγος, 213) produciendo sonidos agradables. Sófocles anticipa en el Prólogo y en la Párodos cómo los ataques de la herida inciden negativamente en la expresión y en la formulación de la palabra articulada.

La descripción que el Coro realiza en la Párodos proporciona una información que poco después es confirmada, en el instante en observamos, de manera directa, el acceso de la enfermedad. En ese momento no sólo se ponen de manifiesto los rasgos negativos del lenguaje, sus gritos, sus quejas, súplicas y lamentos, sino también la incapacidad absoluta de efectuar el λόγος. La descripción previa a la entrada del héroe y la posterior experiencia directa de la manifestación y las consecuencias de la enfermedad, al insertarse en el plano emocional, motivan y precipitan el proceso reflexivo de Neoptólemo, que culmina en el arrepentimiento y la confesión de los planes de la embajada.

El canto de la Párodos permite observar también que, si bien los dolores físicos de Filoctetes son terribles, su estado se ve agravado por el sufrimiento moral, que surge como resultado del aislamiento y la soledad en que se ve obligado a padecer su mal:

μή του κηδομένου βροτῶν, μήδε του κηδομένου βροτῶν,

μήδε ξύντροφον ὄμμ᾿ἐχων δύστανος, μόνος ἀεί. (170-172) (…) πάντων ἄμμορος ἐν βίῳ κεῖται μοῦνος ἀπ᾿ἄλλων, στικτῶν ἢ λασίων μετὰ θηρῶν, ἐν τ´ ὀδύναις ὁμοῦ λιμῷ τ´ οἰκτρὸς ἀνήκεστα μερι- μνήματα ἔχων βάρη· ἁ δὲ ἀθυρόστομος ἀχὼ τηλεφανὴς πικρὰς οἰμωγὰς ὑποχεῖται (182-190)

no recibiendo cuidado de mortales ni teniendo un rostro compañero, desgraciado, solo siempre.

(…)

privado en la vida de todas las cosas, yace apartado de los otros,

junto a las fieras moteadas o peludas y entre sufrimientos y hambre juntamente,

resiste, digno de compasión, aún teniendo males incurables. Y el eco locuaz que aparece a lo lejos

responde a sus amargos lamentos.

Sófocles muestra, en unos pocos versos, el desamparo del héroe, que padece solo su infortunio y que encuentra como interlocutor un paisaje que amplifica sus propios lamentos (ἀχὼ τηλεφανὴς πικρὰς οἰμωγὰς, 189-190). Su aislamiento está estrictamente ligado a las características de su λέγειν, desde el momento en que Odiseo y el resto de sus antiguos camaradas lo abandonaron en Lemnos al no poder soportar sus gritos. Esta experiencia lo lleva a asombrarse cuando, una vez que se despierta del sueño en que lo ha sumido el ataque de su enfermedad (867), ve que Neoptólemo ha permanecido junto a él, pudiendo resistir sus gritos (βοῆς, 876) y su pestilencia (δυσοσμίας, 876). Filoctetes es consciente de que no sólo el olor de su pie supurante puede originar una actitud de rechazo en los hombres, sino también las características de su λόγος, que lo vuelven insoportable frente a los demás. Cabe recordar las palabras iniciales de Odiseo, que en el Prólogo alega como motivo del abandono las ‘salvajes blasfemias’ de

Filoctetes (ἀγρίαις δυσφημίαις, 9-10) y sus gritos y gemidos (‘βοῶν’, ‘στενάζων’, 11) que molestaban siempre a todo el ejército. También en el verso 1194, en el diálogo que mantiene con el Corifeo, el héroe le pide que no se indigne si, movido por el tormentoso dolor, ‘da gritos, privado de razón’ (παρὰ νοῦν θροεῖν θροεῖν, 1195).

La experimentación del rechazo y el temor de provocarlo en cada hombre que arriba a Lemnos producen en Filoctetes el miedo de permanecer eternamente aislado, al pensar que nadie querrá llevarlo de regreso a su hogar. Es por eso que en el momento en que ocurre el primer acceso de la enfermedad su reacción inmediata es el intento de callar y no emitir ninguna palabra, a fin de que las características de su λέγειν no hagan desistir a Neoptólemo del propósito de llevarlo en su barco:

ΝΕ. Τί δή ποθ᾿ ὦδ᾿ἐξ οῦδενὸς λόγου σιωπᾷς… ΦΙ. ᾆ, ᾆ, ᾆ, ᾆ (730-732) […] ΦΙ. κοὐ δυνήσομαι κακὸν κρύψαι παρ᾿ ὑμῖν… Ne. ¿Por qué callas así, sin palabra alguna…? Fi. Ah, ah, ah, ah.

[…]

Fi. Y no podré ocultar el mal ante vosotros.

Sin embargo, una de las paradojas del λόγος humano que Sófocles explora y revela en esta obra a partir de la enfermedad y el aislamiento del héroe es su cualidad de resultar más comunicable y efectivo cuanto menos elaborado y sofisticado sea, pues la perfecta retórica de Odiseo termina por defraudar su propio objetivo y arruina los lazos de comunicación entre los hombres. En cambio, el silencio de Filoctetes y, luego, sus gritos y sonidos inarticulados hacen conocer a Neoptólemo la terrible realidad en que vive y son, en realidad, los que lo convencen ya no superficialmente de que todo objetivo, cuando implica para su consecución la voluntad de otra persona, resulta

alcanzable en los términos de una comunicación sincera, sin las desigualdades de poder contenidas en un λέγειν δόλιον. A partir del instante en que el hijo de Aquiles toma conciencia del mal y las consecuencias a que puede conducir el uso del λέγειν odiseico, empieza a construir otro tipo lenguaje y encuentra que el único modo de restablecer la confianza -aunque con ello no logre persuadir a su compañero de reintegrarse al ejército- es efectuando un ἔργον determinado que, en este caso, consiste en la devolución del arco. La πειθώ requerida por los dioses, que busca conseguir del otro una adhesión voluntaria, se vuelve, finalmente, inaccesible desde el momento en que se extreman las posibilidades del λόγος para escindirlo totalmente del verdadero ἔργον. Al ponerse al descubierto que una expresión clara del λέγειν puede disimular las razones más profundas y verdaderas de la comunicación, su valor esencial se torna irrecuperable entre los hombres.