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CAPITULO III CALIDAD EDUCATIVA: SIGNIFICADO E INDICADORES

EL ALUMNO COMO FACTOR ACTIVO EN LA CALIDAD EDUCATIVA

B. El papel del alumno en el bachillerato universitario

El papel del alumno cambia y se amplía si se toman en consideración los objetivos y las metas que se persiguen, como aprender a aprender, o desarrollar el pensamiento lógico y los valores humanos, objetivos y metas mucho más ricos y arriesgados que la simple adquisición de conocimientos.

Esta dimensión del alumno como responsable activo de su propio aprendizaje, determina las características que configuran el papel del alumno en las escuelas preparatorias del bachillerato universitario. Estas características son:143

Participar activamente en el aprendizaje. El aprendizaje significativo exige la participación activa del alumno, es decir, hace recaer la responsabilidad del aprendizaje en él. El alumno es el que aprende, y sólo aprende cuando realiza actividades necesarias para la construcción de significado.

Planificar el proceso y las tareas. Una vez que conoce su programa de estudios, el alumno debe elegir las tareas en las que desea trabajar, distribuir el tiempo para realizarlas, y seleccionar las estrategias y recursos que le sean de ayuda para tal fin. De él depende, igualmente, decidir sobre las tutorías que necesita para puntualizar y clarificar las áreas curriculares que dificulten su proceso de aprendizaje.

Preparar el estado de ánimo. El alumno debe recurrir a sus mecanismos motivacionales internos (actitudes y sentimientos) para aprender. Es posible que esta situación de autonomía lleve a algunos alumnos a utilizar de forma inadecuada la libertad concedida; pero, en todo caso, parece que ésta es la situación ideal para que el alumno genere una conducta escolar dirigida por la motivación intrínseca o auto controlada.

Desarrollar estrategias adecuadas. El alumno debe construir significado al aprender, para lo cual es indispensable la presencia de ciertas estrategias del pensamiento. Esto constituye uno de los grandes objetivos de la enseñanza y la evaluación en el aula.

Aplicar los conocimientos adquiridos. El alumno debe evitar conocimientos inertes y adquirir aquellos que sean susceptibles de aplicación en su vida

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Segovia Olmo, F. El Aula Inteligente: Nuevo Horizonte Educativo. Madrid, España, 1998, p. 216.

cotidiana. De esta manera, el alumno irá definiendo sus centros de interés y su propia identidad como estudiante, y su futuro profesional.

Transferir lo adquirido a otros contextos. En virtud de que el transferir es la verdadera prueba del aprendizaje, el alumno debe adquirir las estrategias y disposiciones adecuadas para transferir lo aprendido y aplicarlo en campos científicos distintos.

Controlar y conducir su propio aprendizaje. El alumno tiene que generar sus propias razones para aprender, planificar las tareas adecuadas para lograr las metas señaladas y, sobre todo, controlar la dinámica de su propio aprendizaje.

Por lo anterior, la pretensión de esta propuesta es lograr que el alumno de bachillerato universitario aprenda a aprender, es decir, a conocer, dominar y aplicar los recursos del aprendizaje: conocimientos, estrategias, habilidades, motivación, estados de ánimo, creencias, experiencias de éxito y fracaso, y el auto concepto.

Se trata de que el alumno del bachillerato universitario llegue a ser un verdadero estratega del aprendizaje, porque sabrá tomar las decisiones adecuadas, en el momento oportuno, respecto a las materias que tiene que aprender como parte de su formación en las escuelas de este nivel.

Las escuelas que conforman el bachillerato universitario, deben lograr que sus estudiantes comprendan ciertos conceptos, tareas y conocimientos de las asignaturas incluidas en el Plan de Estudios y de la cultura contemporánea, que desarrollen las habilidades de razonamiento y efectividad que les capacite para seguir aprendiendo y para manejar el conocimiento en la solución de problemas, y las habilidades para el manejo de la incertidumbre y el cambio continuo. Además, deben prepararlos para los nuevos retos y para el desarrollo de su creatividad y

criticidad ante éstos. Todo ello con un propósito determinado: mejorar la calidad educativa.

C. A manera de conclusión

La educación, la sociedad y en ellas los estudiantes, son un producto de su tiempo. La humanidad ha tenido propuestas educativas en cada época, de acuerdo a la idiosincrasia, geografía y economía de cada nación.

El fundamento del bachillerato universitario consiste en proporcionar al estudiante los elementos afectivos, cognoscitivos y metodológicos que le ayuden, tanto a definir o consolidar las modalidades de su participación en la vida adulta, como a introducirse en el estudio de las problemáticas abordadas por las diferentes disciplinas científicas, a partir de las cuales identificará su realidad económica, política y social.

Asimismo, el bachillerato universitario debe ser una guía para estimular el desarrollo personal del joven, así como su creatividad y responsabilidad para una vida independiente; además de prepararlo científicamente a través del desarrollo de actitudes, aptitudes, intereses, motivaciones y conocimientos. El logro de esto implicará el perfeccionamiento de las concepciones actuales sobre el proceso de enseñanza-aprendizaje centradas en el carácter expositivo de la docencia.

Por consecuencia, la finalidad esencial del bachillerato universitario es ofrecer al estudiante una formación básica integral que le facilite la interpretación de la cultura de su tiempo y le sirva como base para continuar su formación, ya sea encaminada a la educación superior o dentro del desempeño laboral.

Entonces, la calidad educativa en las escuelas del bachillerato universitario tiene como finalidad lograr el perfeccionamiento integral e intencional del alumno,

en libertad y con sentido de la responsabilidad, orientado a su autorrealización y a su incorporación activa en la sociedad y en la cultura. Es por ello que al alumno se le considera como factor activo en la calidad educativa.

Al respecto, es conveniente mencionar que los papeles del alumno cambian y se amplían si se toman en consideración los fines que se persiguen, tales como aprender a aprender o desarrollar la inteligencia y los valores humanos, propósitos mucho más ricos y arriesgados que la simple adquisición de conocimientos.

Por lo anterior, los responsables del diseño curricular en cuanto al adolescente deberían considerar que se trata de una persona en etapa de transición, con necesidades ineludibles de identificarse con valores y darle sentido a su existencia, tanto desde el punto de vista humano como vocacional.

De esta forma, el enfoque de la calidad educativa hacia el alumno llevará implícitos algunos fines como son: ayuda al alumno para que consiga elevados niveles de satisfacción y eficacia en todas aquellas actividades a las que se compromete, tanto escolares como extraescolares para alcanzar desarrollo personal y bienestar social; ayuda para que él mismo sepa formular objetivos que le permitan participación en la vida activa y en los planes y currículos educativos armónicos con esos objetivos; y asegurarse de que sepa proveerse de todo tipo de información.

Una ventaja de este enfoque sería el hecho de que se incide fundamentalmente en que sea el propio alumno quien trate de conocerse a sí mismo y a los demás, procurando, de esa forma, que tenga la oportunidad de hacer elecciones que sean compatibles con el concepto que tiene de él y de su entorno. Con todo ello, el alumno se constituye como un verdadero factor activo en la calidad educativa.

CAPÍTULO VIl