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El sometimiento de la alti planicie anatolia

LA CONQUISTA DE ASIA MENOR

C) El sometimiento de la alti planicie anatolia

El rasgo más destacable de Asia Menor es la gran área de planicies elevadas, muy fértiles para el cultivo de cereales, ricas en pastos y, probablemente, tanto entonces como ahora, desprovista de árboles, que se sitúa entre las grandes cadenas de Kóroglu en el norte y los montes Taurus al sur. Esta región, conocida como la altiplanicie anatolia, estaba idealmente preparada para abastecer al ejército de Alejandro y proporcionar forraje para sus caballos, y era un territorio que poseía una excelente caballería, como la que él había conocido en Macedonia y en la Tracia central. Era, además, un territorio por el que discurrían las principales rutas del sistema elaborado por los persas, y que conducían desde el Helesponto y Jonia hacia el este.

Los principales accesos a la altiplanicie anatolia desde el oeste están en Eskisehir, Afyon y Diñar. El primero y posiblemente el segundo de ellos iban a ser los objetivos de Parmenión, que fue enviado a fines del 334 a.C. con el grueso de la caballería, las tropas aliadas y la caravana de la impedimenta para reducir a las tribus del interior y hacerse con el control de la Gran Frigia, alimentando mientras tanto a sus fuerzas en el propio territorio del enemigo. Debido seguramente al hecho de que las operaciones de Parmenión no fueron recogidas en las Efemérides Reales; Arriano no nos dice nada de ellas, pero fueron de importancia vital porque privaron al enemigo, y ganaron para Alejandro, de la parte occidental del sistema viario. En la primavera del 333 a.C. Parmenión se había hecho con el control de la parte norte del altiplano. Por otro lado, Alejandro se había ocupado durante ese invierno de la parte meridional de la altiplanicie y de la costa meridional, que es notablemente peligrosa para los barcos, con excepción de los lugares donde hay grandes llanuras costeras, como en Antalia y Mersin. La entrada a la altiplanicie desde la costa meridional es mucho más fácil desde esas mismas llanuras costeras. Así, Antalia y Mersin serían los puntos que necesitarían los persas si querían usar su armada en la costa meridional para el desembarco y apoyo logístico de un ejército que pretendiese invadir la planicie o simplemente bloquear el avance de Alejandro hacia el sur y hacia el este. Los persas, sin embargo, no actuaron y Alejandro logró sus objetivos en tres etapas. Primera, llegó a Antalia y desde allí se dirigió al norte para entrar en el altiplano y reunirse con Parmenión en Gordio (al oeste de Ankara). Luego ocupó la parte oriental de la altiplanicie y finalmente se dirigió hacia el sur hasta la llanura costera de Mersin. Si Darío hubiese tomado antes la iniciativa, puede que Alejandro no hubiese tenido la oportunidad de concluir la tercera etapa.

Visto este panorama general de la campaña, vamos a considerarla en detalle. Tras la caída de Halicarnaso, Alejandro redujo una ciudad caria, Mindo, que se había opuesto a él durante el sitio de Halicarnaso, y probablemente otros focos de resistencia, y nombró a su madre adoptiva, Ada, sátrapa de Caria. Luego, con un ejército compuesto básicamente de infantería macedonia y balcánica, marchó a través del tortuoso y montañoso territorio de los licios, un pueblo guerrero que posteriormente iba a resistirse a Roma durante muchas generaciones.

podrían resistir ante los resueltos ataques de los macedonios, quemaron sus casas y huyeron a las montañas. Hacia la mitad del invierno toda resistencia había acabado.

Las ciudades más importantes llegaron a acuerdos con él sin lucha —Telmiso (Fethiye) y Janto, Pinara y Patara, un trío en el valle del Koca Cayi puesto que sus ciudadanos estaban en parte helenizados, y muchos hablaban el griego además del licio, y porque sabían además que Alejandro les defendería contra las incursiones de los montañeses. Unas treinta ciudades pequeñas siguieron el mismo camino. Es significativo que Alejandro dejase atrás Cnido, una ciudad griega, y Cauno (Dalyan), parcialmente helenizada, que estaban bajo el control persa como puertos de desembarco. Su propósito ahora era conseguir el dominio sobre las poblaciones indígenas y el interior.

Después de nombrar a Nearco, un cretense, como sátrapa de Licia, se dirigió hacia el norte para forzar la entrada hacia Frigia —no sabemos con qué éxito. Más tarde, regresó a la costa a la altura de Fasélide (Tekirova), una ciudad griega que le había ofrecido su amistad y le había enviado una corona de oro. Ayudó a los faselitas a destruir una plaza fuerte cercana en manos de algunos merodeadores pisidios. Otras poblaciones en esta costa de Licia (la oriental) se le unieron de grado. En su marcha hacia Antalia envió la fuerza principal por una ruta de montaña interna, donde sus constructores de carreteras tracios tallaron escalones en la roca, posiblemente para los animales de carga. El y el resto de ejército marcharon a lo largo de la costa hasta un punto donde el paso era imposible cuando soplaba el viento del sur. Según se iba acercando, el viento del sur, que había estado soplando, aflojó y empezó a soplar el viento del norte, posibilitando el paso de los hombres por este peligroso tramo de costa, donde el agua les cubría hasta la cintura. Calístenes, el historiador oficial, y otros, atribuyeron este cambio de viento al favor divino, pero Alejandro lo mencionó en sus cartas sin hacer referencia a esta posibilidad [49]. Al llevar la guerra a la región montañosa —rara empresa en la historia griega o persa—, Alejandro obtuvo un destacable éxito, ya que exigió y obtuvo, tanto en el campo como en las ciudades, sumisión formal a él y a sus delegados oficiales. ¿En calidad de qué? ¿De rey de Macedonia o de rey de Asia? Quizá no dio la respuesta. Era suficiente que se sometiesen a Alejandro.

Al entrar en Panfilia, en las proximidades de Antalia, Alejandro recibió la sumisión de las ciudades griegas —Perge, Aspendo y Sidepero tuvo resistencia en Silio (Asar Kóyü), fuertemente defendida por mercenarios griegos y por panfilios. Dejó de lado Silio, estableció una guarnición en Side y retrocedió para amenazar a Aspendo, que se había vuelto atrás en su decisión. Aterrados por su presencia, los ciudadanos de Aspendo aceptaron las condiciones que ofreció: entrega de rehenes, pago de tributo en forma de caballos que hasta entonces habían pagado al rey de Persia, una multa de 100 talentos y un tributo anual «a los macedonios» [50], estar bajo las órdenes del sátrapa nombrado por Alejandro y aceptar su decisión en una disputa fronteriza que tenían planteada. Estas condiciones, que Arriano transmite vía Tolomeo de las Efemérides Reales, o de una fuente familiarizada con un tratado auténtico, muestran que una ciudad griega de Asia normalmente no estaba sujeta al sátrapa de Alejandro y no pagaba dinero «a los macedonios». Bajo un acuerdo anterior, que Arriano menciona, el pago en caballos y de 50 talentos por parte de Aspendo había figurado expresamente como «para el ejército en concepto de paga», seguramente como contribución a la guerra de la Liga Griega y de Macedonia contra Persia. Ahora, el traicionero comportamiento de Aspendo la privó del status de ciudad griega. Sin duda Alejandro estableció allí una guarnición, porque era importante impedir que Persia hiciera uso del río Eurimedonte, que había sido el punto de reunión de un ejército y una flota persas en el 467 a.C.

La siguiente fase era el avance a través de Pisidia hasta la parte frigia de la altiplanicie anatólica. Mientras que la carretera actual que va desde Antalia hacia el norte atraviesa por lomas y valles calcáreos que se encuentran deshabitados, Alejandro marchó de una ciudad pisidia a otra: primero, a través de un estrecho paso hasta Termeso (al noroeste de Antalia), cuya resistencia no intentó romper; luego, después de establecer una alianza con un enemigo de Termeso, Selge (Sirk), fundada por

lacedemonios, atacó Sagaleso (Aglasun) cerca del nacimiento del río, eurimedonte. Los sagalesios ocupaban una posición en una altura rocosa, impracticable para la caballería, y Alejandro dirigió el asalto del batallón real de hipaspistas. En esta ocasión le acompañaron los hipaspistas, los tres batallones de pezhetairoi, los arqueros, los agrianes y la infantería ligera tracia. Los indígenas, al no llevar armadura protectora, sufrieron grandes bajas y Alejandro, al frente de los hipaspistas, terminó persiguiéndolos tan de cerca que consiguió penetrar en la ciudad. Los arqueros perdieron a su comandante y a veinte hombres en la acción.

Escarmentados por el ejemplo de Sagaleso, una serie de fortalezas pisidias se rindieron. Dividiendo sus fuerzas, Alejandro tomó algunas otras por asalto. Luego avanzó más allá del lago Ascania (Burdur) y cuatro días después llegó a Celenas (Diñar), un punto clave en las comunicaciones entre Frigia y la costa egea y entre Frigia y Panfilia. La ciudad fortificada estaba defendida por una guarnición a las órdenes del sátrapa persa de Frigia y compuesta por 100 mercenarios griegos y 1.0 carios. Estas tropas aceptaron rendirse en una fecha precisa si para entonces no habían recibido refuerzos. Después de dejar descansar a su ejército durante diez días, Alejandro dejó una fuerza de 1.500 hombres para vigilar la guarnición y prosiguió sin resistencia, a través de un país extraordinario para la caballería, hasta Gordio (cerca de Polati, al oeste de Ankara). Allí se reunió con el cuerpo de ejército de Parmenión y con importantes refuerzos procedentes de Europa, que habían llegado con los macedonios que volvían de su permiso matrimonial. Seguramente era ya finales de abril del 333 a.C.

En Gordio Alejandro estaba ya en el lado norte de la divisoria de aguas, porque el río Sangario (Sakarya Nehri), que corre pasada la ciudad, desemboca en el mar Negro en Karasu. De camino hacia Ancira (Ankara), Alejandro recibió la sumisión de los paflagonios que vivían hacia el mar Negro y posteriormente invadió Capadocia, donde se hizo con el territorio que se encuentra a ambos lados del río Halis (Kizilirmark), el cual drena todo el lado oriental de la altiplanicie anatolia. Estas operaciones, para las que no disponemos de detalles, pueden haber durado hasta julio.

Habían pasado ya unos quince meses desde que Alejandro había puesto pie por vez primera en suelo asiático. Sus sorprendentes progresos se habían debido ante todo a la intrepidez de su campaña de invierno, campaña de un tipo tal que nunca había sido emprendida por un ejército griego. Agesilao, el rey espartano, había desarrollado campañas veraniegas en profundidad hacia las regiones interiores de Asia Menor durante la década del 390, pero su fracaso a la hora de conquistar puntos de apoyo y de establecer un sistema de aprovisionamiento determinó que sus logros no fueran otra cosa que incursio nes de avance y retroceso. En el extremo opuesto, Alejandro y Parmenión sentaron las bases de un firme sistema de control en un solo invierno. Antes de que hubiera pasado un año, le había arrebatado a Darío la mayor parte de Asia Menor, incluyendo la gran altiplanicie anatolia, y había añadido a su dominio un país tan rico y tan grande como todo el imperio balcánico de Filipo. Por supuesto, no estaba conquistado del todo, porque aún había algunas guarniciones persas diseminadas aquí y allá, y algunas tribus recalcitrantes. Pero la mayor parte de las ciudades griegas de Asia habían sido liberadas, la mayor parte de las poblaciones indígenas pacificadas y se había demostrado el poder militar de Macedonia. Los sátrapas nombrados por él podrían consolidar su control —entre ellos, dos indígenas, Ada en Caria y Sabicta en Capadocia (en la parte oriental del altiplano en torno a Kayseri). Las líneas de comunicación de Alejandro discurrían ahora desde los puntos de abastecimiento en el Bosforo y en la costa egea, vía Eskisehir y Diñar, hasta la llanura de Konya y desde allí hacia las Puertas Ciclicias. La Gran Frigia representaba el punto clave en esta ruta, y Alejandro se la confió a uno de sus más capaces colaboradores, Antígono Monoftalmo (el Tuerto).