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EMPÉDOCLES DE AGRIGENTO

[Nacido en 492 a. C.; muerto a los 60 años. Mezcla de científico y de profeta místico, de alcmeonida, de pitagórico y de órfico, escribió un poema: Sobre la naturaleza y un Poema lustral (Purificaciones), de los

que quedan algunos fragmentos].

1. Límite y dificultades del conocimiento humano. — Reducidos son los poderes difundidos por las partes del cuerpo; y muchos males vienen a turbar sus pensamientos. Los hombres ven sólo una pequeña parte de una vida que no es vida; condenados a temprana muerte, son raptados y se diluyen como humo. Cada uno de ellos está persuadido sólo de lo que encuentra por azar, y, arrastrado en todas las direcciones, se jacta de descubrir el todo. Tan difícil es que estas cosas sean vistas o escuchadas por los hombres o comprendidas por sus inteligencias. Tú, pues, que has llegado hasta aquí, sabrás no más de lo que a la

inteligencia humana le es posible (fr. 2).

2. La vía del progreso: reciprocidad de la actividad y de la capacidad mental. — Pues, si recogiéndolas en tu mente, contemplarás estas cosas plenamente y con puro pensamiento, tendrás completo conocimiento de ellas, enteramente, por todo el tiempo, y por ellas adquirirás también muchas otras, ya que estas cosas, de por sí se aumenta, para cada individuo de acuerdo a su naturaleza propia (del fr. 110). La mente se amplía en el conocimiento (del fr. 117). Y a los hombres se les ofrecen siempre distintas cosas para pensar en la medida en que ellos se transforman (fr. 108).

3. Exigencia de la plenitud de la experiencia y de la reflexión intelectiva. — ¡Ea!, pues, considera entonces, con toda tu capacidad como es clara toda cosa. No debes tener mayor confianza en la vista que en el oído, ni fiarte más en el oído rumoreante que en los claros testimonios del gusto, y no rehúses la fe a algunos de los otros órganos, por los cuales hay un medio de conocimiento; sino considera como

resulta claro así, cada cosa (fr. 4). Contempla cada cosa con el intelecto; no permanezcas inerte, con los ojos atontados (del fr. 17). (A lo divino) no es posible acercársele tanto como para poder alcanzarlo con los ojos y aferrarlo con las manos, que es el medio de persuasión que llega con mayor fuerza hasta el corazón humano (fr. 133).

Porque no tiene miembros adornados con un rostro humano, ni en sus hombros hay articulados dos brazos, ni tiene pies ni ágiles rodillas, ni partes vellosas, sino que es sólo espíritu sacro e inefable, que se arroja con veloces pensamientos por todo el mundo (fr. 134).

[Frente al repudio de los datos sensibles, hecho en nombre de la razón porPARMÉNIDES, EMPEDOCLESafirma el valor de la experiencia sensible, con tal que sea plena y no parcial; pero afirma también la necesidad del intelecto como complemento de la experiencia sensible, a la que se le escapa aquello que sólo el intelecto puede asir.

El repudio de la divinidad representada por formas animales, está dirigido contra las teogonías órficas, que figuraban a Zeus con el cielo por cabeza, provisto de cuernos dorados (nacimiento y ocaso de los astros); el sol y la luna, eran los ojos; hombros y pecho, el aire; el vientre, la tierra, etc.].

4. La eternidad del ser: nacimiento y muerte no son sino unión y separación. — ¡Insensatos!, pues no tienen pensamientos de largo alcance; creen que puede nacer lo que antes no era o que alguna cosa puede perecer y ser destruida por completo (fr. 11). Pues no hay ninguna posibilidad de que nada nazca de lo que no existe de algún modo, y es imposible e inexpresable que lo que es, pueda perecer, porque siempre el ser estará ahí donde encontramos siempre un punto firme (fr. 12). Y otra cosa te diré: no hay nacimiento de ninguna de todas las cosas mortales, ni ningún fin de muerte funesta, sino sólo mezcla y cambio de cosas entremezcladas, y se llama nacimiento, entre

los hombres (fr. 8). Y cuando éstos (los elementos de las cosas), surgen mezclados a la luz etérea o en forma de hombre, o en forma de bestias salvajes, o de arbustos o de aves, entonces los hombres lo llaman a esto nacer; cuando, después, se disgregan, llaman a esto, en cambio, muerte infausta; pero no hablan justamente (fr. 9).

[Esta teoría toma de los ELEATASel principio de la eternidad indestructible del ser; pero frente a esta exigencia de la razón, acepta el dato de la experiencia (devenir), de acuerdo a la teoría del conocimiento que afirma como necesarias, igualmente, la experiencia y la razón (véase más arriba). Para la frase final del frag. 12, acepto la interpretación deBIGNONE,de que el ser (eterno inmutable) aparece en el punto de detención de todo proceso de separación (esto es, en los elementos eternos de las cosas].

5. Invariabilidad cuantitativa del ser. — En el todo no hay nada vacío: ¿de dónde, pues, podría sobrevenirle alguna cosa? (frag. 13). No hay nada del todo vacío o superabundante (fr. 12).

6. El doble proceso de mutación: los cuatro elementos y las dos fuerzas y su eternidad. — Expondré un doble discurso: en un cierto momento, de muchas cosas creció un solo todo con unidad; en otro momento, al contrario, se dividieron más cosas de lo uno, el fuego, el agua y la tierra y la propicia altura del aire, y la funesta Discordia, separada de ellos, alrededor, igualmente pesada, y el Amor, en medio de ellos, igual en magnitud y longitud. Contémplalo con el pensamiento y no permanezcas inerte, con los ojos atontados. Y también está en los miembros de los hombres, y por eso piensan cosas amables y cumplen obras de paz, llamándolo con los nombres de Alegría y de Afrodita. Ninguno de los hombres mortales le vio nunca vagar entre ellos; pero

Porque todas estas cosas (elementos y fuerzas) son iguales y coeternas; pero cada una tiene su valor y carácter distinto, y predomina, a su turno, en el correr del tiempo. Por otra parte, ninguna cosa nace o perece, porque si perecieran continuamente, no existirían más, y, ¿qué es lo que podría acrecentar este todo y de dónde podría provenir? ¿Y dónde se disolverían estas cosas, si no hay nada vacío? Es que ellas son las mismas, pasando unas a través de las otras, siempre eternamente iguales, convirtiéndose ora en una cosa, ora en otra (del fr. 17).

[La teoría de los cuatro elementos, que luego prepondera durante mucho tiempo, es afirmada por EMPÉDOCLES, primeramente, que la expresa también poéticamente así: "Sabe que cuatro son las raíces de toda cosa: Zeus brillante, Hera nutricia, Edoneus y Nestis, que nutre con sus lágrimas las fuentes de vida para los mortales" (fuego, aire, tierra, agua) (frag. 6) ].

7. La eternidad e inmutabilidad de los elementos en la vuelta cíclica de unión y de separación. — Estas cosas no cesan nunca de transmutarse continuamente, ora convergiendo todas en unidad por fuerza del Amor, ora, en cambio, impulsadas en direcciones opuestas por la repulsión de la Inamistad, hasta que después de haberse reunido nuevamente en un único todo, se abisman nuevamente. Así, en cuanto lo Uno suele nacer de múltiples cosas y de nuevo transformarse en más cosas dividiéndose lo Uno, en tanto nacen y no es durable su vida; pero, en cambio, como no cesan de mudarse continuamente, permanecen así siempre inmóviles en el ciclo eterno (de los frag. 17 y 26).

[En tal ciclo, la duración de cada serie cíclica (gran año), está .indicada en tres veces diez mil años, en el frag. 115].

Fatalidad del ciclo. — Empédocles llama hado a la alterna mutación de lo Uno en los múltiples por obra de la Discordia y de los

múltiples en lo Uno, por obra de la Amistad (HIPOL., Ref. VII, 249 M).

8. La doble generación de las cosas y la doble acción de las dos fuerzas contrarias. — Doble es pues el nacimiento, doble la muerte de

las cosas mortales. La reunión de todas las cosas engendra y destruye al uno; la otra, en cambio, se produce y se disipa cuando de nuevo se disgregan (del frag. 17).

[Los seres particulares y los organismos vivientes se engendran y se destruyen, así en el curso del proceso de unificación, como en el de separación. Cuando de lo Uno (mezcla completa y por todas partes igual de los cuatro elementos), se procede hacia su separación, se tienen fases de mezcla decreciente y separación creciente, en las que aparece la variedad de los seres particulares (parcial unión y parcial distinción de los elementos), que después, en el progresivo prevalecer de la separación de los mismos elementos, se disuelven y desaparecen. Pero también cuantío de la completa división de los cuatro elementos se procede hacia la renovación de la Unidad, en el período de mezcla parcial o de equilibrio entre las dos fuerzas contrarias, se engendra de nuevo la variedad de los seres particulares y de los vivientes, y, sucesivamente, su destrucción por absorción en la creciente fusión de los elementos, igual en todas partes.

Por eso, justamente, observabaARISTÓTELES(Metafísica, II, 4, 1.000): "Es claro que para Empédocles la Discordia no es más causa de la destrucción que de la existencia (de las cosas particulares), y del mismo modo, el Amor no es más causa de la existencia (que de la destrucción) : él, en efecto, reuniendo (los elementos) en lo Uno destruye las otras cosas".

Y se enlaza con la otra justísima observación de ARISTÓTELES

"Empédocles no es consecuente. En efecto, a menudo, para él, el Amor separa y la Discordia une. En efecto, cuando, por obra de la Discordia, el todo se divide en los elementos entonces el fuego se recoge en una única masa, y así, de esta manera, cada uno de los otros elementos: cuando, al contrario, por acción del Amor, ellos se reúnen en lo Uno, es necesario que las partes de cada elemento se separen nuevamente entre ellas"].

9. La atracción de los semejantes (y su aplicación a la teoría del conocimiento). — Y todos estos (elementos) — el sol brillante (fuego), la tierra, el cielo (aire) y el mar (agua) — están animados de fuerza de atracción hacia sus partes, todas las que yerran separadas de ellos en los seres mortales. Así, también, todas las cosas que están más dispuestas a mezclarse, se desean recíprocamente, hechas semejantes por Afrodita. Pero, en cambio, son enemigas en máximo grado, cuanto más difieren por su origen, por mezcla y por formas impresas, llevadas por su deseo a no unirse y muy tristes, por mandato de la Inamistad, que les dio nacimiento (fr. 22). Así, lo dulce se aferra a lo dulce, y lo amargo se precipita sobre lo amargo, y lo ácido busca lo ácido y lo cálido se agrega a lo cálido (frag. 90). La tierra aumenta su masa, y al éter (fr. 37).

[El atribuir al Amor la atracción de los semejantes, referida no sólo a los seres compuestos, sino también a los elementos, pertenece a la contradicción reprochada porARISTÓTELES(véase la nota precedente) aEMPÉDOCLES.En efecto, llevando a la unión las partes de un mismo elemento, ella significa separación de los otros restantes, en lo que consiste, paraEMPÉDOCLES,la acción de la Discordia y no la del Amor, que debe dar lugar, en cambio, a la mezcla de los desemejantes, en la unidad del todo.

PeroEMPÉDOCLES,de la atracción de los semejantes, hace una aplicación importante en su teoría del conocimiento: "Con la tierra vemos la tierra, con el agua el agua, con el éter el éter divino, y con el fuego el fuego destructor, con el Amor el Amor, y con la funesta Discordia la Discordia (frag. 109). "Pues por éstos (elementos) están formadas y unidas todas las cosas y por ellos los hombres piensan y sienten placer y dolor (frag. 107).

La teoría de la percepción en EMPÉDOCLES,según el análisis de

TEOFRASTO, se funda justamente sobre la hipótesis de los efluvios emanados de las cosas y que penetran en los sentidos por los poros, que en cada órgano son adecuados a la especie de efluvios que debe recibir. "Por esto (explicaTEOFRASTO)el uno no puede juzgar de los objetos del otro, porque los pasajes de algunos de ellos son demasiado amplios y los otros muy estrechos para el objeto sensible, de manera que éste o pasa sin tocar, o no puede entrar absolutamente" (De sensu, 7). "La sensación resulta de la adaptación a los poros. Y el placer, de lo que es semejante en los elementos y en su mezcla; el dolor, de lo que es contrario. E igualmente dice del pensamiento y de la ignorancia". Porque el pensamiento nace de lo semejante, y la ignorancia de lo desemejante, por eso el pensamiento es lo mismo, o casi lo mismo, que la sensación. Después de haber enumerado de qué manera conocemos cada cosa con cada cosa (frag. 109), agrega, finalmente: "Pues por éstos (elementos) están formadas y unidas todas las cosas y por ellos los hombres piensan y sienten placer y dolor (frag. 107). Por esto también (dice que) pensamos, sobre todo, con la sangre, pues en ella especialmente, se hallan mezclados los elementos de los distintos órganos".

"Y aquellos, en que están mezclados igualmente o muy aproximadamente, y a no grandes intervalos, ni son pequeños o excesivos en magnitud, éstos son los más juiciosos y más seguros en las

percepciones; y los que más se acercan a éstos son tales proporcionalmente; los que son lo opuesto, son los menos juiciosos. . . "

(De sensu, 9, 10, 11)].

10. La formación de los seres particulares: los cuatro elementos y los colores fundamentales en la pintura. — Ellos (los elementos) permanecen los mismos; pero pasando los unos a través de los otros, se convierten en distintos de aspecto; de tal manera se cambian por la mezcla. Porque todos los seres, todos los que han sido, son y serán, nacen de éstos: árboles, hombres y mujeres, fieras, aves y peces que viven en el agua, y los númenes longevos a los que se les rinde culto (del frag. 21). Como cuando los pintores pintan con distintos colores las tabletas votivas, ellos, artífices bien dotados por la Sabiduría, pues han aprehendido las esencias de variados colores, las mezclan en las proporciones debidas, tomando más de las unas y menos de las otras, y forman con ellas figuras semejantes a todas las cosas, creando árboles, hombres y mujeres, fieras, aves y peces que viven en las aguas y Dioses longevos elevados al culto; así, no dejes vencer tu ánimo por la ilusión que los seres mortales deriven de otra fuente, todos los que aparecen en número infinito; sino que oyendo el mensaje divino, sabe tú esto claramente (frag. 23).

11. Los períodos cósmicos: a) el amor y la unidad del todo (el Sfero"). — No hay discordia ni infausta contienda en sus miembros

(frag. 27a). No se distinguen más en él, los ágiles miembros del sol, ni la fuerza vellosa de la tierra, ni el mar, tan fuertemente ligado se halla en el secreto cerrado de la Armonía, en todas partes igual, e infinito en todo, Sfero redondo que goza de su soledad circular (frag. 27-28).

[Los miembros, de los que hablaEMPÉDOCLES,son los elementos; como es evidente en el frag. 27, en el que distingue los miembros del

fuego (sol), de la tierra y del agua (mar). Así, tambiénLUCRECIO,V, 235 y ss. El parangón es de srcen órfico (Cfr. Introd.).

En la fase del dominio absoluto del Amor, se tiene, pues, la unidad perfecta de los elementos en la forma del Spherus, completamente igual, que, empero, es declarado infinito, conservando la idea de la esfera infinita, ya presente en Parménides].

b) La sublevación de la Discordia. — Pero cuando la Discordia creció en los miembros (elementos) y se sublevó por sus prerrogativas al cumplimiento del tiempo, que les está fijado a ellos, sucesivamente, por poderoso juramento (frag. 30) todos los miembros del dios,

sucesivamente, fueron agitados (frag. 31).

[En los fragmentos que nos han llegado, faltan las descripciones del pleno triunfo de la Discordia y separación de los elementos (miembros)].

c) Los períodos intermedios. — Uniéndose ellos (elementos), la Discordia se retraía al extremo (frag. 36). Cuando la Discordia cayó en el profundo abismo del remolino, y el Amor llegó al centro de la turbonada, todas las cosas se reunieron en él para ser Uno solo, pero no en un solo impulso, sino convergiendo voluntariamente de distintas partes. Y mezclándose, se esparcieron innumerables familias de mortales; pero muchas cosas quedaron sin mezclarse, frente a las mezcladas, o sea, todas a las que todavía mantenía irresolutas la Discordia; pues no se había retirado del todo, sin protestar, hasta los extremos límites del círculo, sino que en parte se había mantenido, en parte se había retirado de los miembros. Y siempre que ella se retiraba, afluía una dulce inmortal corriente de irreprochable Amor, y prontamente se transformaban en mortales las cosas que antes solían ser inmortales, y las que antes estaban sin mezcla, se convertían en mezcladas, trastrocando los caminos. Y mezclándose ellas, se

esparcieron infinitas familias de mortales en toda especie de formas, admirables a la vista (frag. 35).

[Otros fragmentos describen una formación de los organismos vivientes como consecuencia de agrupamientos casuales, entre los cuales, la supervivencia del individuo y de la especie está reservada sólo a los aptos (primer germen del concepto de la selección natural). "Aparecieron sobre la tierra cabezas sin cuellos, y erraban brazos desnudos privados de hombros, vagaban ojos solos, desprovistos de frentes" (frag. 57). "Pero como más y más se peleó un demonio con el otro (Amor y Discordia), éstos se unían al azar, donde se encontraba cada uno, y además de esos, nacían continuamente muchos más" (frag. 59). "Y muchos seres nacieron con cabezas y pechos dobles, y bueyes con rostros de hombres, o bien bustos humanos con caras bovinas, y formas mixtas de machos y de hembras, provistas de miembros vellosos" (frag. 61)].

12. Las teorías místicas: el pecado y la metempsicosis. — Hay un antiguo oráculo del Hado, antiguo decreto de los dioses, sellado por amplios juramentos: si alguno de los demonios (almas), que tuvieron en suerte una larga vida (inmortalidad) mancha sus miembros con sangre culpable o, siguiendo a la Discordia, impíamente perjura, irá errando tres veces diez mil años, lejos de los bienaventurados, naciendo, en el curso del tiempo, bajo todas las formas mortales, permutando los penosos senderos de la vida. Pues la fuerza del aire lo sumerge en el

mar, y el mar lo arroja sobre la árida tierra, la tierra en las llamas del sol brillante que lo lanza en los torbellinos del aire. El uno lo recibe de los

otros, y todos lo rechazan. Yo también soy uno de ellos, fugitivo de los dioses y errante, porque confié en las locuras de la Discordia (frag. 115). Porque yo ya fui en un tiempo niño y niña, y árbol y ave y mudo pez en el mar (frag. 117). ¡Y yo me agito entre los mortales, desterrado de tal amplitud de la felicidad y de tan numerosos honores! (frag. 119).

I. La doctrina de la transmigración contra el uso de los sacrificios y de las carnes: terror del parricidio y de la antropofagia.

¿No cesaréis con la horrible matanza? ¿no veis que os devoráis recíprocamente por ceguera mental? (frag. 136). He ahí al padre, llevando al hijo bajo cambiada forma, que lo inmola orando, ¡insensato! Otros dudan en sacrificar la víctima suplicante; él, en cambio, sordo, después de haberla matado excitándose con los gritos, prepara en sus estancias un nefasto banquete. Así, el hijo aferrado al padre, y los hijos a la madre, arrancándole la vida, se alimentarán de las queridas carnes (frag. 137).

[También aquí es evidente la derivación del pitagorismo. En la transmigración puede suceder que la víctima animal del sacrificio albergue el alma de un pariente (hijo, padre, madre, etc.) del sacrificante. La misma posibilidad vale contra el uso de la carne como alimento].

II. La ley universal de justicia. Pero una ley universal se extiende por el amplio dominio del aire y por el infinito de la luz (frag. 135).

13. El concepto de Dios. — No existen en él miembros con cabezas humanas, ni le despuntan dos brazos en el torso, ni pies, ni