Varias decenas de enfermeras y voluntarias de la Cruz Roja prestaron sus servicios en los hospitales de retaguardia durante el conflicto armado. Sin embargo, cabe recordar la labor que realizó la agrupación de enfermeras de La Paz que, en un número de 40, se incorporaron a la Cruz Roja Boliviana bajo la presidencia de María Julia Granier, quien prestó su ayuda en el hospital de Villamontes.
Algunas de las enfermeras que acudieron a la guerra murieron en el cumplimiento del deber, otras cayeron enfermas, víctimas del ardiente y malsano clima de la región y no faltaron quienes fueron capturadas por las fuerzas paraguayas.
Una de las víctimas fue Lola Ramos, quien murió en el hospital de Fortín Muñoz. El 29 de marzo de 1933, La Razón daba cuenta de su fallecimiento:
“La señorita Ramos, natural de Oruro, se alistó al poco tiempo de iniciadas las hostilidades en la Sanidad Militar, habiendo desempeñado sus eficientes servicios en los hospitales de Villamontes, Ballivián y últimamente en Muñoz. Mereció ser ascendida al grado de suboficial por sus relevantes méritos en el desempeño de su humanitaria misión.
Grupo de enfermeras que participaron en la contienda bélica del Chaco, muchas de ellas ya no regresaron.
El Comando del Ejército ha enviado una nota de pésame a la madre de la extinta, señora Rosario Callo de Ramos, manifes- tándole que su señorita hija ha sido enterrada con los honores que tributan los oficiales y que ella ha muerto en el cumplimiento del deber, quedándole la Patria agradecida”.
María Jesús Bellot fue otra de esas valientes enfermeras que cumplió su misión en el hospital de Macharetí.El Diario,en su edición del 10 de enero de 1935, titulaba:“Una digna enfermera” y más adelante señalaba,“se encuentra en el hospital de Miraflores la señorita María Jesús Bellot,que permaneció en el hospital de Macharetí.Adolece de una enfermedad contraída en servicio. La Cruz Roja la atiende”. En el 2002, el periodista boliviano Mauricio Carrasco recibió el Premio de Periodismo Humanitario “Henry Dunant”, que otorga el CICR para Latinoamérica, con el reportaje titulado “Héroes olvidados: El recuerdo de una voluntaria de la Cruz Roja en la Guerra del Chaco”. En el mismo, Carrasco relata la historia de Juana Mendoza Pedraza, una mujer de Roboré (Santa Cruz) que se enroló junto a sus amigas Pablita, Estefanía y Margarita como enfermeras en la contienda del Chaco.
“Llegamos al fortín Ravelo, un fortín militar”, relata Juana a tiempo de señalar que a los pocos días comenzaron a llegar los heridos. “… Y vimos cabezas, piernas y brazos desprendidos de sus cuerpos, entre hombres que agonizaban y gemían de dolor”. A los seis meses, las cuatro enfermeras fueron trasladadas al fortín Pozo del Tigre y allí realizaron su labor en pleno frente de batalla, recogiendo a los heridos con los camilleros sin “importarles los disparos”.
El reportaje de Carrasco recoge también el testimonio de un ex combatiente, Max Selaez Ortiz: “Ellos salvaron mi vida y la de muchos soldados. Estuvieron con nosotros auxiliándonos después de cada batalla. Fueron muy valientes, se comportaron como héroes”, dijo a tiempo de afirmar que “fueron los trabajadores de la Cruz Roja, la fuerza del herido, el milagro patente de que Dios está ahí, oculto en cada ser humano”.58
Otra enfermera que mereció un especial reconocimiento por sus cualidades humanitarias fue doña Francisca Nieto Pando quien ayudó a curar a los heridos de ambos bandos en los hospitales Militares de Sangre 1 y 5 de La Paz. Nieto Pando se capacitó bajo la dirección del Dr. Bernardino Bilbao Rioja, quien en octubre de 1932 era el profesor de Clínica Quirúrgica y Cirujano del Hospital Militar. El 15 de mayo de 1985, el Directorio de la Cruz Roja Boliviana la condecoró por su participación en la contienda bélica con el diploma y la medalla a la lealtad “Antonia Zalles de Cariaga” y, posteriormente, el Comité Internacional de la Cruz Roja, el 25 de enero de 1986,le otorgó la distinción Florence Nigthingale.“Cuando en 1932 ingresé a la Cruz Roja Boliviana como enfermera voluntaria,se despertaron mis sentimientos humanitarios en favor de los necesitados”, dijo a tiempo de recibir esta última distinción. María Josefa Saavedra ingresó como enfermera voluntaria de la Cruz Roja Boliviana en el Hospital Militar No.1,“colaborando en la curación de heridos y enfermos; en la provisión de vituallas y ropa; en la atención de la sección cartas de los familiares a los soldados y en la instrucción a las enfermeras. Con el grado simbólico de Brigadier Mayor, prestó atención a los heridos que llegaban al Hospital Orihuela, situado en la ciudad de La Paz. Esta inquietud fue compartida con la señora Elena Zavala de Milner, con quien formó el equipo de enfermeras.
58 Artículo publicado en El Diario, el año 2001. 1925 Protocolo de Ginebra, prohibición al
uso de gases tóxicos
1929 Depresión económica mundial Dos Convenios de Ginebra
Ante la necesidad de contar con más centros de atención médica, propició la fundación del hospital Militar XXII habilitado en el Colegio Militar, ubicado en el edificio que hoy pertenece a la UMSA”.59
El gobierno reconoció la labor de estas mujeres, el 10 de enero de 1935, con un homenaje que se desarrolló en la Cancillería de la República. El Ejército boliviano hizo lo propio con varias de ellas, entre las que se destaca la figura de María Josefa Saavedra, quien recibió el 15 de junio de 1935, durante el gobierno de Tejada Soriano, la condecoración Medalla de Guerra y el Cordón de Benemérita por sus servicios como enfermera voluntaria y activista de la Cruz Roja Boliviana60.