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Los inteligentes jugos del soma se precipitan como oleadas de agua, como búfalos hacia los bosques. Los rutilantes y bronceados jugos se precipitan hacia las jarras como un torrente de ambrosía; ellos vierten sustento acompañados de ganado. Las libaciones discurren hacia Indra, hacia Vayu, hacia Varuna, hacia los Maruts, hacia Vishnú. Los sacerdotes entonan los tres textos sagrados, las vacas lecheras mugen al ser ordeñadas, el glauco soma se dirige resonando en las vasijas. Los muchos tiempos sagrados, las madres del sacrificio, alaban y purifican al soma, el infante del cielo. Desde cada flanco, oh soma, derramado sobre nosotros cuatro océanos de riquezas, concédenos miles de deseos*.
* La verdadera finalidad del Rig Veda es servir de delicada guía de
instrucciones para el ejercicio de los ritos mágicos (ritam). A través del ritual se maneja el mundo: se hace llover o se logra que las estaciones vengan a su tiempo. El ritual fundamental consiste en la extracción del soma, jugo de plantas especiales que, esparciéndose en el ambiente cual fluido místico, despierta a los dioses de su letargo y los alimenta, tornándolos favorables. Del soma se dice que proviene de los senos de la gran diosa madre, la Tierra, y por ende, vive en las plantas y se estruja de ellas; que es como la leche materna que alimenta a los dioses, señores del mundo; que da fuerza interior para hacer posible la materialización del dharma.
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Ay de mí porque pensé nunca volver a escribir este poema desde esa primera vez hace cuatro años
Ay de mí y los nuevos contextos que hacen que todo sea una mierda menos honesta y más cool
Ay de mí y los nombres que tienen que omitirse para que no haya más muertos en la literatura
Ay de mí y esas masturbaciones en que no existíamos ni yo ni el deseo ni el miedo
Ay de mí y ese cariño que nadie entiende porque de tan celestes los cuerpos olvidaron como descomponerse
Ay de mí y de ese viento queriendo destruir la única habitación en donde hemos dormido sin soñar
Ay de mí y de mis pies que dejo en casa cuando salgo a volar de la pura pena
Ay de mí y esas fotografías que nos habíamos sacado tan melancólicamente proféticas
Ay de mí y a quien dejaste ir para después decirme que sea yo el que me vaya
Ay de mí y mi cabeza abombada bajo el Sol Negro que está más solo que tú y yo juntos
Ay de mí y del primero que cayó en mi boca cuando escribí por última vez
Ay de mí y de mi libro que se sigue incendiando de tanto leerlo como un ciego anónimo
Ay de mí y mis amigos que ya no volveré a ver cuando el Amanecer deje de ser una enfermedad
Ay de mí y de esas noches etílicas y furibundas que vendrán reescritas por nuestros propios hijos
Ay de mí y esas manos que no supe resistir a tiempo cuando todo espacio era una intimidad
Ay de mí y de todas las violaciones implícitas que se llevaron a cabo para forzar un beso a regañadientes
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Ay de mí y del cáncer del estómago mundial que sólo podrá sanarse con la ternura
Ay de mí porque nunca más diré nunca más mientras el hombre más solo y más feo escriba el peor poema de amor
Ay de mí y de mi hermana siempre esperando que vuelva a casa para ver como me voy muriendo de a poco
Ay de mí y de la viga de fierro del circo más desolado que es mi propia rodilla
Ay de mí y de las universidades que tratan particularmente mal y estatalmente peor
Ay de mí y del muchacho de la pequeña casa que se llamaba noche que aún me espera y necesita
Ay de mí y de esos que sólo estando borrachos pudieron amarme por un par de horas
Ay de mí y de tantas carreteras sobre buses que nunca me sacaron ni trajeron de mi propia noche
Ay de mí y de los meteoros en llamas que se nos vienen encima pero hoy son la única solución
Ay de mí y de los indígenas que son los originales precursores del futuro
Ay de mí y de esos niños que se comen un par de monedas para no seguir cagándose de hambre
Ay de mí y de los gatitos más tristes del mundo que se morían en esa ciudad que también se muere de pena
Ay de mí y de ese mar manchado con vino en caja que nos pareció un barco menos ebrio que nosotros
Ay de mí y de todas las performances que he hecho sin saber ninguna de las artes del cuerpo
Ay de mí y de la fatal fascinación de no querer verme nunca más como una ficción dudosa
Ay de mí y de la musiquita que nos ha acompañado en noches de tanta soledad
Ay de mí y de los que apuestan su risa en las caravanas de la muerte sobre el Océano
Ay de mí y de los cisnes de cuello negro que ya están en el cielo más sombrío
Ay de mí y de ese viaje al norte que se viene para fumarnos todos los terremotos
Ay de mí y de los grandes inventos para gente tan pequeña
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Ay de mí y del parque forestal de los autores donde somos árboles para que nos meen
Ay de mí y de los que se dan cuenta que nadie los quiere buscar en ninguna parte
Ay de mí y esos bigotes que se besaban a escondidas en la escalera de una fiesta que era un sueño y una noche
Ay de mí y de nuestros secretos en tu casa en la mía en los callejones en la montaña sin centinelas mentales
Ay de mí y de las llamadas tan cortitas por la economía neoliberal
Ay de mí cuando el mundo pierda toda magia y mi enemigo sea yo
Ay de mí y del milico que todos los días tiene que verme carreteando con la muerte
Ay de mí y de todos los que nacieron el año de la mutualidad del yo
Ay de mí y del cadáver del déspota flotando río abajo devorado por las hermanas carnívoras que se comió
Ay de mí cuando mi cuna mi cama y mi ataúd son mi pilastra vertebral
Ay de mí y de esa pasarela en la costanera que tanto me gustaba porque de ahí te podía ver
Ay de mí y de la vieja poeta que me ama y yo amo y acaba de morir la inmortalidad con ella
Ay de mí por no volver a empezar una nueva vida que sea menos fatal que esta en un cementerio del futuro
Ay de mí y de esas lenguas que besan para olvidar lo que alguna vez juraron no hacer bajo la Luna
Ay de mí y de un ángel terrible llamado Hans Pozo brillando en las noches que aún no han llegado
Ay de mí y de las casitas hechas de papel volantín en el cielo de la patria de rodillas
Ay de mí y de las trenzas de cromosomas en las cabezas de la especie fracturada
Ay de mí y de esos pobres soldados bananeros que lloran en televisión por volver a gringolandia
Ay de mí y de todos los códigos penales que nos metemos en la raja
Ay de mí y de las cordilleras de corazones rotos donde escribiré sin pene ni mierda
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Ay de mí y de los tangos bailados sobre una vaca incendiándose alrededor de miles de libros y una torre
Ay de mí y del jugo de tomate de todas las películas pobres que no he visto
Ay de mí y de cada estrella en el cielo que tenga que chocar contra nosotros bajo la forma de un destino
Ay de mí al calor de unas cervezas para pasar las estaciones del metro tan febriles
Ay de mí y de las fiestas a las que no me dejan entrar por tener un corazón tan roto
Ay de mí y del hijo de Cher en esa película tan triste que vimos con mi mamá no dejando de llorar
Ay de mí que vaticino con los poemas las pestilencias y las letras de las canciones
Ay de mí cuando apagamos un pequeño incendio con mi sangre y las llamas crecieron en paralelo
Ay de mí y de los niños que juegan a maquillarse con pan quemado y lejía
Ay de mí y de todos los cachureitos que uno se roba por ahí de puro dadivoso
Ay de mí y de esos recuerdos que poco a poco se me van yendo como suicidios
Ay de mí y de esos pensamientos de la gente al ver el televisor apagado y sentir el control remoto en el culo
Ay de mí y del tipo que afuera de mi casa habla y me hace soñar con lo que dice
Ay de mí por no acordarme como abrir la llave de la ducha
Ay de mí y de los estereotipos que lloran para ser queridos pero dan risa por su increíble maldad
Ay de mí y de las esperanzas más posibles que todavía se pueden desear y no temer
Ay de mí y de los lápices con que he escrito y que han terminado en alguna nariz
Ay de mí y de los rones más baratos y más locos porque todos se ponen más baratos y más locos
Ay de mí y de los autos tan violentos y dulzones que no volverán a hacer millonario a nadie
Ay de mí y de los huesos hambrientos que no paran de pedir dolor
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Ay de mí y los rompecabezas que tengo adentro para armar cuando esté muerto
Ay de mí tres veces en el infierno en el limbo en la noche más larga y sin futuro
Ay de mí y de esas miradas que me hacen mierda porque tus ojos son los más perfumados
Ay de mí y de mi autoexilio zen que a veces me encanta porque me siento el más solo de los hombres
Ay de mí y de todos los poetas juntitos bailando al ritmo de las hegemonías de turno
Ay de mí y de quienes me escuchan porque en realidad no están escuchando nada
Ay de mí por quizá ser la última vez que esté con ustedes leyendo este poema
Ay de mí y de este país que se acaba con un hambre nueva de gente que no sabe nada y lo aguanta todo
Ay de mí y de las piedras en las calles tan eternas que parecen estrellas de un cielo subterráneo
Ay de mí y de los besos que escondemos de la mediocridad promedio rojo y negro
Ay de mí y de los bares malolientes donde se podrán casar mis amigos más ricos y sobrios
Ay de mí por querer taparme con cartones en vez de malezas y parecer tan cuico
Ay de mí y del capitalismo que vende sonrisitas tan baratas pero a tan caro precio
Ay de mí y de las canciones de cuna que se oyen en cada funeral
Ay de mí y de los que hablan tan fuerte porque significa que nadie los escucha
Ay de mí y de las lenguas muertas que un dios niño inventó una noche llena de alumbramientos
Ay de mí y del futuro olvidado del presente infinito y del pasado inconcluso
Ay de mí y de los que quieren leerme y compran un libro en vez de una cerveza
Ay de mí y de Valdivia que es un territorio
genealógico un cuerpo conquistador y un poema alucinante Ay de mí por tener el doble de edad de mi hermana y mi madre por tener el doble mío
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Ay de mí y del cartel que nos robamos para no ser más una fotografía que suene a manga
Ay de mí y de todas las primeras veces que quieren decir para siempre
Ay de mí si vivir es un regalo y un presente mitad despierto mitad dormido
Ay de mí y de los pen drives con mp3 como amuletos del espíritu de la época fantasmal
Ay de mí y las princesitas tan felices y tontas que las envidio de todo corazón
Ay de mí y de los disfraces que la gente usa para pecar en paz y amor
Ay de mí cada vez que dos más dos y dos por dos sean cuatro y toda fórmula una incógnita
Ay de mí y de todas las cruces en las carreteras a modo de sospecha y vaticinio
Ay de mí y de las ciudades incendiadas por los nuevos emperadores empresarios
Ay de mí y de la imagen de las polillas alrededor de los faroles en el puente
Ay de mí y de esos maravillosos marginales que duermen afuera de mí con el torso lleno de astillas
Ay de mí y de los malosos que creen que el lenguaje es un bien
Ay de mí y de los detenidos desaparecidos nuevamente desaparecidos y desconcertados
Ay de mí aunque esta noche sea una contradicción y veamos como la oscuridad se estrella
Ay de mí y de todo alumbramiento porque el ombligo del mundo es una cicatriz en mí
Ay de mí y de cada 25 de noviembre desde los trece años porque mi único regalo soy yo mismo
Ay de mí porque leíste mi horóscopo en el diario más antiguo que encontraste
Ay de mí y de la rabia y el amor que existe entre tu casa y mi casa
Ay de mí y de la telefonía móvil tan sedentaria que la estática pone los pelos de punta
Ay de mí y todos los dioses que se caen mal y tienen que cumplir con sus malditas profecías
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Ay de mí y de las palabras que escribí con la mano derecha y borré con la izquierda
Ay de mí y de la luna sangrante sobre las tablillas de barro que los vampiros jurásicos destruyen día tras día
Ay de mí y de todos los pollos con papas fritas que sanaron mi pobreza democrática
Ay de mí y de esos padres que nunca vieron nada cuando sus hijos lo habían visto todo
Ay de mí por esperar algo tan pasado de moda como una caricia
Ay de mí porque para ser inmortal no tendré que volver a comer ni dormir
Ay de mí y los triples giros lingüísticos en el aire sobre una red hecha de insensatez y chapoteos
Ay de mí por ser la Paulina Rubio de la poesía latinoamericana durmiendo en la morgue
Ay de mí y de los infelices que me odian porque no saben que yo hago lo mismo pero feliz
Ay de mí y de las viejas constelaciones que parecen mascotas de circo puestas sobre cada cabeza humana
Ay de mí y de los recuerdos que duran tanto que uno no sabe si es la vida de uno o de los otros
Ay de mí y de tus labios hechos de flores hasta donde subían tantos hormigueos
Ay de mí porque mi cuerpo ya no me quiere andar trayendo más
Ay de mí y de los padres y madres que tendrán que ser asesinados para poder engendrar más vida
Ay de mí y del amor que no servirá de nada sino se convierte en una ambición política
Ay de mí porque todo lo que es tibio me produce ganas de matarlo
Ay de mí y de la poesía comprometida que sólo existirá cuando los libros sean comestibles saludables y gratuitos
Ay de mí porque escribir no estaba en mi naturaleza y por eso mismo lo hago
Ay de mí y de mis dedos góticos que corren en puntillas para no despertarte
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Ay de mí y de las cosas cuando no se quedan en su lugar o se me caen y eso es lo que más me irrita
Ay de mí y del sol que no es más que un solitario pozo más allá de nuestro cielo
Ay de mí y de los que calientan sus cerebros con sus propias manos temblorosas
Ay de mí y de las lluvias torrenciales que parecen gente hablando zinc
Ay de mí y de los que de día duermen después que vieron quemarse negros corazones bajo la luz de la Luna
Ay de mí cuando la realidad me arrojó de cabeza sobre genitales que no conocía
Ay de mí y la noche en que como un loco mordí la copa de vino y le hice un cortante filo que mi boca destrozó
Ay de mí y de los que usan máscaras para que el cuerpo no se reconozca
Ay de mí y de los que creyeron que nosotros éramos pololos siendo que lo éramos pero sin saberlo
Ay de mí y de los poetas que publican sus corazones de papel porque no aguantan más
Ay de mí y del autor con quien lloramos juntos cada noche porque no existimos
Ay de mí y del cadáver exquisito que veía los barcos viniéndolo a buscar para sacarlo del tiempo
Ay de mí porque si sigo escribiendo es sólo para que no te aburras de mí
Ay de mí cuando en una semana hago lo que en mi vida nunca
Ay de mí y de los que no toman once con sus madres y sus hermanos para ser más rebeldes
Ay de mí y de todas las editoriales independientes tan bellas heroicas y pasadas por la moda
Ay de mí y de tantas personas tan lindas que no saben que lo son
Ay de mí por querer vivir contigo y despertar juntitos con el Amanecer
Ay de mí y de nuestros bares como último bastiones de la locura
Ay de mí por escribir insultos a los que me caen mal en papelillos que luego fumaron
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Ay de mí porque me cuidas sin saber que los ángeles no dejan de observar mi boquita de juguete
Ay de mí y de todos los símbolos patrios rodeados de niños cantando las cifras de la limosna acomodada
Ay de mí y de los autos a los cuales me volveré a tirar para saber cómo se siente un remolino
Ay de mí cuando me hago el bueno para ser todo menos yo mismo
Ay de mí por ser una mala madre y no dejarte ir del lecho que es la más hermosa tumba
Ay de mí porque tengo que esconderme cuando vienen a verme los Gusanos de la Iluminación
Ay de mí y del cuadernito rojo lleno de epitafios que les pido a todos que vayan escribiendo
Ay de mí y cómo puedo yo parar esto parece no tener final estoy unido atado con un hilo
Ay de mí y de las rayas en ese largo viaje que convertimos en dibujos
Ay de mí y de las sábanas llenas de bichos con que se visten los insurgentes
Ay de mí y de esos que su única destreza es perderse cuando perder es encontrarse algo
Ay de mí porque los besos que a nadie diste yo los quería todos
Ay de mí cuando más que el propio deseo es el de acabarse fuera de uno
Ay de mí por ser ojalá el último que te produzca tanta mortificación
Ay de mí si me atreviera a cantar en público alguna canción de amor
Ay de mí por no saber qué hacer ahora en este preciso momento
Ay de mí y de todo lo que nace mediante el agua y lo que tiene que morir por el fuego
Ay de mí y de los ángeles asesinados por el dolor y de sus pudriciones celestiales
Ay de mí porque interrumpiste mi noche espiritual para despertarme en el más lindo de los sueños
Ay de mí y de los perros tiñosos que recibieron patadas en las calles por parecerse tanto a mí
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Ay de mí y de los bigotes que me arranco todos los días para hacer una ofrenda a algún dios lampiño
Ay de mí y de Cindy Lauper que siente pena por nosotros cada vez que tomamos bebida en ese barcito
Ay de mí porque no me gustan los productos del mar y el poco yodo ha infectado mi corazón
Ay de mí y de mis nuevos amigos tan transparentes que los puedo respirar a cada momento
Ay de mí y de todos los sagitarios locos que andan por allí a lo lejos sintiéndose cerca de algo de cariño
Ay de mí y del diablo en el cuerpo locura de verte delirio de amarte deseo constante de ti
Ay de mí y de los que escriben con un lado femenino llamado María