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y lo escindido **Florence Guignard

Introducción

Así como la armonía de relación y la armonía sexual entre un hombre y una mujer que se aman constituye la coronación de todas las expresiones de la intimidad psicosexual, la relación de una mujer con su hijo o hija organiza íntegramente la investidura de lo corporal del infans, tanto en lo que atañe a su fuerza como a su duración: C. Dejours1 llama a esto

“subversión libidinal”. Hablar de este vínculo desde un punto de vista psicoanalítico impone considerar el devenir de las pulsiones en cada uno de ambos protagonistas, es decir, la organización de sus sexualidades psí- quicas respectivas, regidas por el tabú del incesto. Ahora bien, hablar de lo sexual a propósito de la relación de una madre con su hijo conduce ine- vitablemente a considerar el problema de la escisión. En efecto, para la mujer adulta y madre, el cuerpo del Otro es Dos: el hombre amante, por un lado y, por el otro, el feto que habrá de ser un bebé, luego un niño y luego un adulto. Toda la dificultad del discurso analítico sobre la psico- sexualidad de la mujer reside, pues, en lo siguiente: ¿cómo comprender y describir la manera en que se distribuyen en ella las investiduras pulsio- nales, entre lo femenino, lo materno y lo autoerótico?

Los complejos lazos que unen a madres e hijas integran un número considerable de variables. Sólo algunas de éstas son más directamente de mi competencia –limitada y a la vez específica– de mujer analista, com- pañera, madre e hija. Vale decir que mi abordaje será inevitablemente parcial y en el doble sentido del término, puesto que, al ser humano, es también subjetivo.

* En el original, Mère et fille: entre partage et clivage. (N. de la T.)

** Dirección: Square d'Orleans, Pavillon 7, 80 rue Taitbout, 75009 París, Francia. [email protected]

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La mentalidad de grupo es muy diferente en lo que concierne a la hija

mujer. Son conocidas las matanzas de las recién nacidas así como los ase- sinatos y abusos, sobre todo sexuales, a los que aún hoy son sometidas niñas y mujeres en más de la mitad del planeta, y ello hasta en nuestras propias tierras. A causa de este predominio del acto violento sobre el

pensamiento, no es fácil escuchar con oído psicoanalítico un eventual

discurso sobre la investidura parental, y más en particular materna, de aquellos y aquellas que viven en condiciones de terror cotidiano.

Por el lado de los mitos y ritos, disponemos actualmente de una mi- rada nueva gracias a nuestros colegas etnólogos, varios de los cuales, si- guiendo a Georges Devereux, tomaron en consideración el pensamiento psicoanalítico y a menudo emprendieron un trabajo psicoanalítico per- sonal que ha enriquecido su reflexión.9Con relación al tema que nos in-

teresa aquí, diré que la mayoría de los mitos, desde la antigua Grecia hasta los cuentos de Charles Perrault, coinciden en enfatizar la expre- sión fálica y asesina de la rivalidad edípica existente entre la madre y la hija. En cuanto a los ritos, su tendencia general es enmascarar lo feme-

nino bajo la primacía de lo materno. Desde esta perspectiva, la hija sólo

es tomada en cuenta en tanto madre por llegar, mientras que, las más de las veces, lo masculino es reintroducido bajo la forma del hijo. Yendo concretamente al tema que me ocupa, diré que toda búsqueda de definición y descripción de lo que distingue a la relación madre-hija desde el punto de vista psicoanalítico, confronta de inmediato al inves- tigador con la partición entre lo manifiesto y lo latente, lo visible y lo in- visible, lo fálico y lo genital, lo materno y lo femenino.

Es clásico reconocer que, en su desarrollo edípico, y contrariamente al varón, la niña debe cambiar su objeto de amor. Como consecuencia de este cambio, ante la conmoción producida por el descubrimiento de su amor por el padre, la niña quedará situada en una oposición cruelmen- te peligrosa respecto de su primer objeto amoroso, la madre. Ahora bien, esta madre es igualmente, no sólo su primer objeto de identificación, como en el caso del hijo varón –quien por su parte tendrá que cambiar de objeto de identificación–, sino que también es, para todas las etapas de su desarrollo y para toda su vida de mujer y madre, su referencia identitaria. Esta configuración indica simultáneamente la fuerza y la vulnerabilidad del desarrollo femenino y de las relaciones de las mujeres entre sí.

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En mi enfoque de esta configuración particular dejaré de lado los campos de lo biológico, lo mítico, lo ritual y lo social, todos los cuales lin- dan, indefectiblemente, con cada dato del campo psicoanalítico en el que me sitúo.

Por otra parte, varios psicoanalistas2,3,4 estudiaron el problema del

transexualismo, planteado por lo biológico. Lo hicieron con competen- cias específicas y apoyados en sólidas bases clínicas. En este plano, me limitaré a recordar que, desde un punto de vista metapsicológico, el con- cepto de género no puede obviar ni la consideración de la relación de ob-

jeto y de las identificaciones, ni la cuestión de la pulsión, ese “concepto

límite”.5 De manera más general, la vasta problemática de las homose- xualidades6 confronta cotidianamente a los psicoanalistas con las

aporías de la articulación entre el género y la bisexualidad psíquica. En cuanto a lo social, se entreteje de manera tan estrecha con lo psí-

quico que reaparecerá, nolens volens, en el curso de mi reflexión. Como

principio general, señalaré en lo social dos niveles de variables que se enlazan, por otra parte, entre ellos: la mentalidad de grupo7dominante

en el socius del que la familia forma parte y, por otro lado, la compleja problemática de la investidura parental de un infans varón versus la de un infans niña.

Socialmente hablando, el nacimiento de un varoncito va a ser bien re-

cibido en una familia pues este niño va a ser el portador y transmisor del

patronímico. A este contenido manifiesto surgido de la mentalidad de grupo le corresponde un doble contenido individual latente: el Edipo ya

organizado de la madre y el Edipo, en devenir, del hijo. En ambos casos, el padre del niño es el tercero excluido de esta pareja a la vez real en el plano de la seducción8ligada a la neotenia, y fantasmática en el de la fan-

tasía edípica de ambos protagonistas. La reconquista del espacio psico- sexual de la mujer por el hombre amante, y la conquista del espacio psi- cosexual –en devenir– del chiquillo por el hombre padre, van a modu- lar toda la historia edípica del pequeño.

REV.DEPSICOANÁLISIS, LXVI, 3, 2009, págs. 635-661

2. Stoller, R. J. (1968): Recherches sur l’identité sexuelle, París, Gallimard, 1978. 3. Faure Oppenheimer, A. (1980): Le choix du sexe, París, P.U.F., col. Voix nouvelles. 4. Chiland, C. (1993): “Dans la tête de l’autre”, Revue française de Psychanalyse, LVII, nº especial Congreso, París, P.U.F.

5. Green, A. (1995): Propédeutique. La métapsychologie revisitée, Seyssel, Champ Vallon, dif. P.U.F. [La metapsicología revisitada, Buenos Aires, EUDEBA, 1996.]

6. Bokanowski, T. (2001): “Homosexualité psychique, homosexualité masculine et cure psychanalytique: quelques propositions, en Les homosexualiltés aujourd’hui: un défi pour la psychanalyse?”, Cliniques Méditerranéennes, nº 65, Érès.

7. Bion, W. R. (1961): Recherches sur les petits groupes, París, P.U.F., 1965.

8. Laplanche J. (1986): “De la théorie de la séduction restreinte à la théorie de la sé- duction généralisée”, Études Freudiennes, nº 27, París, págs. 7-25.

9. Juillerat, B. (2001): Penser l’imaginaire. Essai d’anthropologie psychanalytique, Lausanne, Payot.

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– por último, remite al infans a la doble encajadura de dos formas de la fantasía originaria: la fantasía de retorno a la vida intrauterina y la

fantasía de castración. Volveré sobre este punto en el transcurso de

mi exposición.

Esta configuración pulsional, relacional e identificatoria favorecerá la

Mischung14de las pulsiones y el desarrollo o incluso la propia constitu-

ción del yo del infans15según parámetros que serán de entrada diferen-

tes para el varón y para la niña.

Efectivamente, aun cuando pretendamos evitar la aporía de lo bioló- gico, que permitiría invocar el carácter innato de un atributo masculino o femenino –y aquí nos encontraríamos de nuevo con la cuestión del gé-

nero–, me parece imposible soslayar, después de Bion, otra aporía, en

este caso el papel fundamental de la actividad psíquica materna como elemento constitutivo de la aparición del pensamiento en el infans.

En este punto de impacto va a situarse la doble influencia de la orga- nización edípica específica de la madre, por una parte y, por la otra, de su relación con su propia mentalidad de grupo interno; la cual determi- na su relación con el socius y la manera en que, dada esa mentalidad, se representa ella a su hijo o hija.

Ahora bien, frente a este dato materno complejo, cabe concebir que el

conflicto pulsional primordial no será el mismo para el infans niña que

para el infans varón, respecto de la pertenencia sexual de cada uno de ellos y, en consecuencia, respecto de la constitución de su identidad se- xuada, inmediatamente ulterior.

El espacio de lofemenino primario

Instalado al calor de lo materno primario, aquello que llamé espacio de

lo femenino primario (Bégoin-Guignard, 1987, ob. cit.) representa la

porción de espacio psíquico que se organiza en relación con la primera triangulación de las relaciones de objeto y de las identificaciones.

El espacio de lo femenino primario coincide con la descripción, por parte de Melanie Klein, de una fase femenina primaria común a los

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Me propongo abordar la cuestión desde dos ángulos diferentes, tribu- tarios de los parámetros que se fueron despejando durante mis años de práctica y de reflexión teórica.

1º) En primer lugar, expondré algunas hipótesis referidas a las primeras etapas del desarrollo psíquico de la niña.

2º) Luego, tomando en cuenta el papel que puede desempeñar el género en la cura analítica, extraeré de la clínica algunas observaciones cen- tradas, en particular, en las expresiones de la relación madre-hija según las cuatro configuraciones posibles de la pareja analítica.

Hipótesis sobre el desarrollo psíquico de la niña El espacio de lomaterno primario10

He llamado espacio de lo materno primario al espacio interno del infans en el cual va a instalarse, desde el nacimiento, su investidura pulsional de las primeras relaciones identificatorias con la capacidad ensoñadora

de la madre.11 Constituida a partir de los mecanismos elementales de

proyección, introyección, escisión e identificación proyectiva normal, esta investidura que he designado como el conflicto pulsional primordial se organiza en tres direcciones simultáneas:

– imprime violentamente lo desconocido del objeto12 en el psique-soma

del infans;

– vectoriza las pulsiones de éste hacia ese objeto que llegó a ser califica- do de enigmático (Laplanche, 1986, ob. cit.) e incluso de estético;13

10. Bégoin Guignard, F. (1987): “À l’aube du maternel et du féminin. Essai sur deux concepts aussi évidents qu’inconcevables”, Revue française de Psychanalyse, LI/6, París, P.U.F., págs. 1491-1503.

11. Bion, W. R. (1962): “A theory of Thinking”, International Journal of Psycho-

analysis, 43/4-5. [Volviendo a pensar, Buenos Aires, Hormé, 1977.]

- Reproducido en: (1967) Second thoughts. Selected Papers on Psycho-analysis, Londres, Heinemann Ltd.

- Traducción francesa: “Théorie de la pensée”, Revue française de Psychanalyse, XX- VIII/1, París, P.U.F., 1964.

- 2ª traducción francesa: “Une théorie de l’activité de pensée”, en Réflexion faite, París, P.U.F., Bibliothèque de psychanalyse, 1983, 2ª ed. 2001, págs. 125-135.

12. Rosolato, G. (1978): La relation d’inconnu, París, Gallimard, Connaissance de l’Inconscient. [La relación de desconocido, Barcelona, Petrel, 1981.]

13. Meltzer, D. y Harris Williams, M. (1988): L’appréhension de la beauté. Le conflit

esthétique, son rôle dans le développement, la violence, l’art, Larmor-Plage, Éditions du

Hublot, 2000.

14. Freud, S. (1895): “Esquisse pour une psychologie scientifique”, en La naissance

de la psychanalyse, lettres à W. Fliess, notes et plans 1887-1902, París, P.U.F., 1956.

[“Proyecto de psicología”, Los orígenes del psicoanálisis, en Obras Completas, Buenos Aires, Amorrortu, t. 20.]

15. Guignard, F. (1997): Épître à l’objet, Généalogie des pulsions; Le Moi et l’objet

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Así pues, de la buena instalación de ese espacio de lo femenino pri-

mario va a depender el destino de los procesos de duelo y de las identifi- caciones introyectivas del sujeto, así como el equilibrio económico de su bisexualidad psíquica en relación con su pertenencia sexual biológica. Y

si se considera que el núcleo del yo está constituido por las identifica- ciones introyectivas, entonces su destino quedará orientado por la cua- lidad de lo que se organiza en dicho espacio de lo femenino primario.

Puede decirse entonces que, durante este proceso, los destinos del varón y de la niña van a diferenciarse aún más. En efecto, al mismo tiempo que se hace el descubrimiento del Otro del otro, la identificación

con lo femenino de la madre introduce, en realidad, lo sexual de la madre en el mundo psíquico del infans. La pérdida de la omnipotencia que le

brindaba la ilusión de ser el Único objeto de la madre, lo conducirá a

identificarse simultáneamente con el objeto perdido que es la “madre materna”, y con el objeto del deseo femenino de esa “madre de rostro

nuevo”: el padre.

El Edipo precoz

Melanie Klein descubrió que la constitución de la primera triangulación edípica19deriva inmediatamente de la fase femenina primaria. Durante

esta nueva etapa, el varoncito se apartará de su objeto de identificación femenina sexual para identificarse con el padre, objeto del deseo feme- nino de la madre, e instala así las bases de su identidad sexuada sobre esta nueva identificación. Se verá ayudado para esto en tanto y en cuan- to la madre, primer objeto de su amor, vuelva a ser su objeto de investi- dura. Se conocen empero, en la patología de la sexualidad masculina, los eventuales riesgos causados por trastornos en la escisión entre investi- dura de la madre materna e investidura de la madre sexual.

En cuanto a la niña, deberá identificarse precisamente con aquella

que la privó de su estatus omnipotente de único objeto amoroso de la madre materna: la madre sexuada. La ayudará a esto el interés precoz

y apasionado que despierta en ella el padre edípico.20Visto desde el án-

gulo de la relación de objeto, el cumplimiento del destino edípico de la niña la fuerza, pues, contrariamente al varón, a cambiar de objeto de amor. Este cambio tiene la consecuencia de que, en la conmoción desa-

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niños de los dos sexos.16En el correr de esta fase, la influencia de las pul-

siones sexuales crece de manera considerable, y el infans se identifica con el deseo de la madre por el padre y su pene. Esta identificación con el deseo femenino de la madre incrementa considerablemente las capa- cidades de introyección del infans. Desde el punto de vista psicopatoló- gico, es en la fase femenina primaria donde se constituye el punto de fi- jación de la homosexualidad masculina. Recuérdese también que esta fase corresponde a lo que M. Klein describirá después como el umbral de

la posición depresiva.17

Para todo infans, pues, sea varón o niña, el espacio de lo femenino pri-

mario constituye la puerta de salida de la identificación proyectiva

mutua madre-bebé propia de lo materno primario. Es el lugar de la iden-

tificación con el deseo del otro por el Otro, ante todo con el deseo sexual femenino de la madre por el hombre padre; es igualmente el lugar de la experiencia de la ausencia, de la diversificación de lo negativo y, en par-

ticular, de la aparición del mecanismo de negación, que viene a sumarse a otro ya presente, el de la renegación. Por último, a mi entender, en este lugar es donde el infans se confronta con esas otras dos formas de la fan- tasía originaria que son la fantasía de seducción y la de escena primiti-

va. Volveré sobre este punto un poco más adelante.

Mi hipótesis personal es que, debido a que el segundo objeto de in- vestidura –paterno– no se forma en el mismo tiempo psíquico que el pri- mero –materno–, su historia psíquica en la organización infantil jamás podrá superponerse ni reducirse a la del primer objeto. Pues la forma- ción de ese segundo objeto sobreviene en el doloroso conflicto que vive el

infans, conflicto entre su amor y su odio por una madre que se sustrae

a su influjo y que, como escriben poéticamente D. Braunschweig y M. Fain,18“…vuelve a tomar del niño su narcisismo para maquillarse con

él”, es decir, para reconquistar a “su hombre”. Capturado en la elabora- ción del duelo del objeto materno propio de la elaboración de la posición depresiva, el infans posee introyecciones suficientes para dirigir su bús- queda pulsional hacia otro objeto, el padre, que tal vez vaya a revelarse más satisfactorio que el primero y que, según mi hipótesis, es experi-

mentado directamente como un objeto total.

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16. Klein, M. (1932): “Le développement psychosexuel du garçon et de la fille”, en La

psychanalyse des enfants, París, P.U.F., 1959. [El psicoanálisis de niños, Barcelona,

Paidós, 1987.]

17. Klein, M. (1934): “Contribution à l’étude de la psychogenèse des états maniaco- dépressifs”, en Essais de psychanalyse, París, Payot, 1967.

18. Braunschweig, D. y Fain, M. (1975): La nuit, le jour. Essai psychanalytique sur le

fonctionnement mental, París, P.U.F.

19. Klein, M. (1928): “Les stades précoces du conflit œdipien”, en Essais de psycha-

nalyse, París, Payot, 1967. [“Primeros estadios del conflicto de Edipo”, en El psicoaná- lisis de niños, Barcelona, Paidós, 1987, t. 2.]

20. Guignard, F. (1996ª): “Prégénitalité et scène primitive”, en Au vif de l’infantile, Lausana, Delachaux & Niestlé, Champs psychanalytiques, págs. 175-192.

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– la fantasía de retorno a la vida intrauterina va a ser utilizado en tanto renegación [déni] del nacimiento, constituyendo la fantasía de cas- tración su versión complementaria como renegación de la pertenen- cia biológica a un sexo determinado;

– la fantasía de seducción va a situarse en tanto renegación del empuje constante de la pulsión, en una relación de doble inclusión con la fan- tasía de escena originaria, que expresa la renegación de la diferencia de generaciones.

Mi hipótesis es que la primera de estas dos asociaciones fantasmáticas defensivas –fantasía de retorno a la vida intrauterina como renegación del nacimiento + fantasía de castración como renegación de la perte- nencia biológica a un sexo determinado– va a constituir una configura- ción específica dependiente del sexo del niño, mientras que la segunda –antasía de seducción como renegación del empuje constante de la pul- sión + escena originaria como renegación de la diferencia de generacio- nes– me parece común a los niños de ambos sexos.

Examinemos un poco más de cerca lo que ocurre con la primera aso- ciación fantasmática defensiva en la relación madre-hija.

Debido a la pertenencia de la niña al mismo sexo que la madre que la alumbró, la fantasía de retorno a la vida intrauterina como renegación de la expulsión del nacimiento va a chocar con una problemática específica de la fantasía de castración en tanto renegación de la pertenencia biológi- ca a un sexo determinado. En efecto, esta problemática no podrá organi- zarse, como ocurre en el caso del varón, alrededor de una renegación de lo femenino cuya expresión unisex clásica es la imagen de la madre fálica.24

Así pues, en la niña, la identificación proyectiva mutua entre madre e in-