CÁNDIDO MARÍA TRIGUEROS
III. 1.2.1.2 Espacios públicos
Descuellan dos: uno explícito, el colegio, y otro implícito, la Iglesia. Respecto del primero, cabe apuntar que por allí empieza Felipe, ya cumplidos los diez años de edad, su aventura. Es, de toda evidencia, que el colegio es distinto del espacio que hasta entonces había conocido el mismo. Respecto del ámbito familiar que representa
180
Ibid., p. 34.
181
Ibid. El subrayado es mío.
182
Ibid., p. 40.
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la casa de Irene, el colegio aparece como un lugar público y, por lo tanto, abierto. El texto, en ningún momento, nos ofrece el menor indicio sobre el carácter de esta institución 184
. Como viene siendo habitual, tampoco nos ofrece el texto una descripción de dicho espacio. De todas formas, aunque no le dedica una atención especial el narrador, desempeña un papel relevante en la trama argumental.
En efecto, según lo anterior, aquí es donde el niño ha de olvidarse del ambiente familiar, es decir, del mundo de los afectos, para encararse con una realidad exterior, nueva y distinta. El colegio, en cuanto espacio formativo, supone un ambiente serio, donde el personaje tiene que adquirir dos clases de disciplina. Por un lado, las materias que se imparten entre las que tiene relieve el aprendizaje de idiomas 185
- según el texto- y, por otro, las normas de convivencia; esto es, la civilidad, la urbanidad, la sociabilidad. Las materias que estudia Felipe son las propias del joven
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Trigueros, al igual que muchos de sus coetáneos ilustrados, tomó activamente parte en la famosa reforma de la Enseñanza. Convendría tener muy presente que la meta educativa de los ilustrados era precisamente la formación de buenos ciudadanos, o, lo que es igual: buenos patriotas. Baste, como muestra, el ya citado Plan de un nuevo método de estudios
(1768) del polígrafo toledano, publicado, como da a entender el mismo título, sólo año
después de la expulsión de España de los jesuitas. La edición de Francisco Aguilar Piñal lleva por título el plan de estudios de cándido maría trigueros, Barcelona, Universidad de Barcelona, Departamento de Educación Comparada,1984, y está sin paginar.
Cumple subrayar, por otra parte, que la reforma general de los colegios fue estimulada desde 1761, por Francisco Pérez Bayer, entonces preceptor de los hijos del rey Carlos III. Vid. Gregorio B. PALACÍN IGLESIAS, Nueva valoración de la literatura española del siglo
XVIII, Madrid, Leira, 1967, p. 63. Por ello, sería interesante, al respecto, el siguiente
comentario del ya citado Pedro AULLÓN DE HARO: “El reformismo ilustrado de las elites españolas, por su parte, se aplicará denodadamente a los proyectos de transformación educativa con pretensiones centralizadoras y uniformadoras que, sobre la base de la secularización antiescolasticista, permitiesen instaurar una enseñanza extendida a todos los sectores de la población y concebida como derecho público”. Cfr. Los géneros ensayísticos en
el siglo XVIII, ob. cit., p. 103.
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Puede rastrearse aquí algún rasgo autobiográfico. En efecto, Trigueros con una edad más o menos igual a la de su personaje Felipe estudiaba entre otros idiomas modernos, el castellano y el francés. Imprescindible este último, por razones política y cultural. Los ilustrados eran políglotas, ya que sólo así podían viajar, hablar con los extranjeros de paso y leer libros de otros países, pues las traducciones eran escasas y solían sufrir los recortes de la censura.
destinado, por nacimiento, al desempeño de altos cargos. Si consideramos el ámbito familiar como base de la educación, el escolar no puede ser sino la continuación de este largo y delicado proceso formativo, iniciado en aquél. Por ejemplo, en el caso concreto de la novela que actualmente nos ocupa, es en el colegio donde da el niño muestra de su mal genio, al herir de gravedad a un compañero suyo, causando la indignación de todos, y particularmente del abate-preceptor, quien no duda en someterle a un duro castigo corporal. Por lo tanto, el que la falta se cometa en el colegio, pero que se reprima más bien en casa confirma, a nuestro juicio, el carácter complementario de ambos espacios. Este importante incidente del colegio, cumple destacarlo, representa desde el punto de vista novelesco, el mismo punto de partida del antes aludido proceso de corrección del torcido espíritu del joven Felipe, que constituye lo fundamental de todo el relato.
Diego Ventura Rexón y Lucas coincide con Trigueros cuando expresa, por boca del Bachiller, su enorme preocupación por la convivencia en una esfera pública, como son las aulas universitarias. Estas son las recomendaciones que le da Juan Luis:
“Como el número de matriculados es grande, los hay de todas las Provincias de Nogalia, y de todas condiciones: con los de igual nacimiento al tuyo podrás acompañarte, quando sean de buenas costumbres; pero en las Aulas ha de ser el mismo tu trato con aquellos que habitan una posada decente, que con los que
formando rancho se mantienen quatro, ó seis juntos, á causa de su pobreza” 186.
186
Diego VENTURA REXÓN Y LUCAS, Aventuras de Juan Luis, Madrid, D. Joachin Ibarra, MDCCLXXXI, p. 52.
En relación al segundo espacio público, el que representa la Iglesia, cabría subrayar que aparece implícitamente mencionado; sólo se localiza a partir de la indicación de que se da “la bendición nupcial”, lo que, de inmediato, nos remite a la celebración de una ceremonia de corte religioso. En el caso concreto de El criado de
su hijo, se trataría del sacramento del matrimonio entre Felipe y Clara Orbina, como
indica la siguiente cita:
“Durante la bendición nuptial, estaba el venerado criado detrás de su amo, el qual en fuerza de expresa disposición de su tía, ántes de pronunciar el sí, le hizo una especie de reverencia” 187.
La celebración de las bodas en la Iglesia nos lleva a considerar este sagrado lugar como otro centro educativo o, si se quiere, de formación espiritual para el protagonista Felipe. Por otra parte, la Casa de Dios es un espacio de sociabilidad por excelencia, no sólo por ser un lugar de encuentro con el Ser supremo, sino también, como ámbito donde se forjan importantes relaciones entre los fieles. Relaciones fundamentalmente teñidas de amor y de hermandad.
Por último, amén de los referidos espacios donde transcurre buena parte de la acción, aparece también, aunque con menor relevancia, tal vez por su carácter horrendo, el “retirado barrio de la ciudad” 188
, donde se refugia Felipe con la raptada Laureta, con intención de consumar el adulterio. Con respecto a la ciudad, el barrio, en
187
Mis pasatiempos, ob. cit., p. 33. El subrayado es del propio autor.
188
Ibid., p. 39. En El casado que lo calla, la tercera novela, objeto de nuestro posterior estudio, ocurre algo parecido, pero en sentido opuesto. Su protagonista Altamonte oculta a su esposa en un retirado barrio de la ciudad, condición sine qua non para poder llevar a cabo su aventuras extra-conyugales.
este caso, representa un espacio cerrado, que supone intimidad y, por lo tanto, infidelidad para el autor del rapto, pero infierno para la víctima.
El espacio juega en El criado de su hijo un papel relevante en el desarrollo de la acción, aunque el autor no nos ofrece ningún detalle de carácter descriptivo y se ciñe a la presentación de los personajes en pleno movimiento. Se ambienta la historia en una ciudad, por los motivos ya indicados y, en ella, la casa de Irene podría considerarse el eje estructural y temático de toda la novela, en la medida en que allí empieza y concluye toda la labor educativa de Anselmo, el abnegado padre. Una trama argumental que no se puede entender limitándose únicamente al espacio, pues existen, amén de éste, otros elementos estructurales narrativos como veremos.
III.1.2.2. Tiempo 189
III.1.2.2.1. Tiempo de la anécdota
Corresponde también al llamado tiempo de la historia, que define Darío Villanueva como “tiempo de los acontecimientos narrados, mensurable en unidades cronológicas como el minuto, la hora, el día o el año.” 190
A la luz de esta definición, es de destacar que en El criado de su hijo, la determinación temporal no resulta nada
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Analizaremos el tiempo tomando como base la distinción que en su Problèmes du
nouveau roman (1967) hace Jean Ricardou entre el tiempo de la ficción, o sea, de la historia o
de la anécdota y el tiempo de la narración o modos de expresión de esta historia en la novela.
Apud. Roland BOURNEUF, Réal. y Réal OUELLET, La novela, traducción castellana y notas
complementarias de Enric Sullà, Barcelona, Ariel, 1975, p. 158. Las cursivas son de éste.
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explícita. Sin embargo, la duración de la acción la deduce el lector sólo hacia el final del relato, al revelarse el criado como padre de su amo. Entonces es cuando infiere el lector que duran los hechos narrados unos quince años. En efecto, desde que el protagonista Anselmo se convierte en Martín, o sea, en criado de su hijo, hasta el final de la obra cuando se le descubre a éste como progenitor suyo, han transcurrido exactamente quince años, como indican estas palabras del primero al segundo, justamente cuando está a punto de producirse el desenmascaramiento:
“Felipe [...] ¿qué pensarías tú de un hombre, que por espacio de quince años ha sido criado de su hijo para poder conocerle á fondo; para contener ó corregir sus defectos, y para grangearle su propia simpatía?” 191.