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Esperamos a la jueza, le ayudamos y aprendemos de lo que hace ella C: ¿Es buena?

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¿Cómo se analizan los sueños con técnicas psicoanalíticas?

Mujer 2: Esperamos a la jueza, le ayudamos y aprendemos de lo que hace ella C: ¿Es buena?

M2: Sí, es una gran profesional.

C: ¿Qué hace allá adentro? ¿Por qué amonesta a alguien del público? M1: Por lo que estaba haciendo durante la representación.

C: ¿Qué?

M2: Infringiendo una ley. C: ¿Quién dicta las leyes?

M2: La sociedad, la moral interna, el bien común, el orden.

C: ¿Creéis que exista otro sistema judicial para proteger a los oprimidos de los opresores

que no esté basado en el castigo?

M1: No sabemos... Podría ser.

M2: Hasta ahora no hemos oído hablar de algo así.

C: ¿Qué tal uno basado en poner la otra mejilla y dar amor como decía Jesús? M1: No sé si podría funcionar.

M2: A largo plazo, quizá...

C: ¿Podríais dedicar vuestra vida profesional a buscarlo?

M1: Sí. Sería bueno encontrar otro método en el que no se tuviera que inflingir daño a los

acusados.

M2: La idea es buena, pero yo no estoy muy convencida de que pueda mantenerse el

orden si no es mediante la amenaza de castigos o privaciones de algún tipo.

M2: Sí.

C: ¿Qué tal si os convertís en rehabilitadoras amorosas? M1: Sí, me apetece la idea.

M2: Cuando estemos convencidas de la eficacia de otro sistema alternativo que sea justo

para todos, podría ser.

C: ¿Y la jueza, también ella estaría de acuerdo? M1: Sí. También ella.

M2: Ella antes que nadie porque es muy buena.

C: Gracias señoras por hablar conmigo. ¿Tenéis alguna tarea para mí o algún consejo? M1: Sí. Ayúdanos a encontrar esa otra forma de orden y compensación que no esté ba-

sada en la privación o en el tormento.

Después de releer el diálogo Carolina se percató de que había respondido todas las preguntas que formuló en un principio y otras más que surgieron con relación a las respuestas de las mujeres de sus sueños. Estas son sus consideraciones posterio- res:

Al principio pensaba que las respuestas que recibía eran muy obvias, y sin embargo no se me habían ocurrido antes. Pero al revisar todo el diálogo veo que en verdad tengo nueva información que antes no me había pasado por la cabeza y también tengo una nueva pre- gunta: ¿Concretamente qué puedo hacer para encontrar ese otro sistema judicial?

La sabiduría específica que puedo extraer de este diálogo es que los conceptos que aprendí en mi niñez sobre el sexo, sobre lo que está bien y lo que está mal, aún están muy activos en una parte de mi inconsciente, a pesar de que yo haya cambiado esas ideas. También he observado que aún no soy capaz de renunciar a un sistema de castigos porque no les he podido dar suficientes argumentos a estas partes enjuiciadoras de mi conciencia para no castigar a esa otra parte víctima que también forma parte de mí.

Como aplicación práctica, Carolina se propuso continuar en su grupo de auto- estima y formuló las siguientes intenciones:

Voy a informarme y educarme en vez de castigarme. Voy a acercarme y hablar con las personas sin pensar que me juzgan y me rechazan, no puedo saber si es cierto o no antes de hablar con ellas. Voy a leer más libros positivos que me ayuden a actualizar mi forma de pensar ya que necesito cambiar mis actitudes y creencias relativas a la sexualidad y a la necesidad de castigo.

3. Exploración de un Símbolo Onírico

En nuestras experiencias oníricas a menudo aparecen cosas insólitas, absurdas o imposibles de ver en el mundo de vigilia. Algunos sueños están poblados de obje- tos, acciones o situaciones raras, ilógicas o cuando menos, bastante extravagantes.A pesar de ello, desde la óptica del psicoanálisis siempre hay una lógica detrás de su aparición. Sólo que no es la lógica de la vigilia con la que estamos tan familiarizados, sino la lógica onírica del simbolismo, donde cada elemento representa algo más, al- go que no se ve a simple vista y que sólo el observador atento o versado en simbo- logía puede descubrir.

Un mismo elemento puede simbolizar varias cosas a la vez, por eso es que desde el punto de vista de la semántica, “un símbolo dice más que mil palabras” ya que simultáneamente puede estar ofreciéndonos información en varios niveles, a través de diferentes acepciones y por medio de distintos canales sensoriales. Por ejemplo, no es lo mismo leer las palabras “hielo ártico”, que estar en medio de un sueño de- lante de una enorme masa de hielo donde podemos experimentar su frialdad, asus- tarnos frente a la inmensidad de los bloques, sorprendernos por estar allí, maravi- llarnos ante la belleza, etc. Todo al mismo tiempo…

Las palabras tienen un significado mucho más concreto que una imagen en una pantalla de cine, pero a su vez, ir al cine tiene menos impacto y menos significado que estar dentro de la escena misma en el interior de un sueño. Por eso es que el lenguaje onírico es semánticamente superior y tiene su propia y maravillosa lógica. Si entramos en él con la reverencia que merece, podemos encontrar una inigualable fuente de mensajes multisensoriales.

Una vez trabajé con una chica de Santiago de Compostela llamada Cristina, que en un sueño vio a una estatua de una mujer envuelta en papel de plástico transparente, del que se usa en los aeropuertos para envolver las maletas. Bueno, en realidad esto de las maletas es mi asociación particular, para otras personas el mismo plástico podría recordarles la envoltura de sus sándwiches en la escuela, o la forma de cubrir un plato antes de meterlo al refrigerador… Para Cristina era un absurdo.

Cuando hizo la asociación de palabras del Análisis Onírico Básico, delante de “plástico transparente” ella escribió: “absurdo”. Eso fue lo primero que le vino a la mente al recordar la imagen onírica de una estatua femenina desnuda y envuelta en este tipo de plástico en medio de una glorieta por la cual ella iba circulando en su coche.

El sueño completo trataba sobre su relación con los hombres. El conflicto que le mostraba era su miedo a entablar una relación y en el desenlace era evidente que ella estaba sufriendo. Quiso ver qué más podría extraer de esa imagen tan extraña y se visualizó a sí misma desnuda, envuelta en plástico, en el lugar de la estatua, en me- dio de una rotonda. Fue una experiencia muy intensa para ella, tanto que de hecho terminó el ejercicio llorando.

Resulta que en esa época tenía un amigo que la pretendía y al verse a sí misma como la estatua envuelta en plástico se dio cuenta de que ella estaba respondiendo justamente como una estatua frente a los halagos de su amigo. Y no contenta con eso, se protegía incluso marcando una distancia emocional y física sin dejar de ex- ponerse a las constantes visitas de su amigo, como cubriéndose con un plástico transparente. Además se percató de que su visión era borrosa desde el interior del plástico. Como no podía ver las cosas con claridad, imaginaba cosas que le provo- caban miedo y que probablemente no eran reales o no eran tan malas como su dis-

torsionada visión le hacía creer. Sintió que desde la perspectiva de su amigo, ella es- taba teniendo una actitud verdaderamente absurda y estaba hiriendo sus sentimien- tos. Además, al sentirse expuesta en medio de la rotonda, se dio cuenta de que esta- ba dando vueltas sobre el mismo patrón circular desde hace tiempo sin atreverse a romperlo. Pudo percatarse de que no sólo ella estaba sufriendo, sino también su amigo.

Lo último que supe de Cristina es que poco después se atrevió a salir del plástico absurdo para formar pareja con su pretendiente. Después de escuchar tan grata no- ticia me quedé pensando: Si yo fuera la consciencia de Cristina, ¿cómo le mandaría el mensaje tan elaborado que recibió a través de esa bizarra imagen? Quizá simple- mente le habría dicho: “Oye Cris, te estás comportando absurdamente debido a tus miedos infundados. Hay un hombre que te quiere y tú lo estás haciendo sufrir al mostrarte indiferente y distante, sin darle claramente un sí o un no. Hace tiempo que estás repitiendo el mismo patrón. ¡Espabílate chica!” Sin embargo, dudo que es- tas 46 palabras oídas o leídas hubieran tenido sobre ella el impacto tan decisivo que tuvo aquella imagen una vez que descifró y experimentó el mensaje que contenía.

Creo que fue en ese momento cuando empecé a admirar sin reservas los elabora- dos y personalísimos símbolos oníricos que recibimos tan generosamente noche tras noche. Antes, aunque ya los admiraba, siempre terminaba pensando, “Mira que bonita metáfora, qué bellos simbolismo, que ingeniosa imagen, pero… ¿acaso no pueden decirnos lo mismo con unas cuantas palabras para que todo el mundo se en- tere con claridad de los mensajes que se quieren transmitir?”

Creo que hay un aspecto poético en la fuente de nuestros sueños. Ese aspecto prefiere las metáforas multisensoriales, quizá porque su interlocutor no es la con- ciencia diurna, sino la psique entera cuya forma de comunicación no es el lenguaje unívoco, unidimensional y limitado que usamos diariamente...

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