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Esquema corporal

In document Psico Gestalt III (página 165-171)

Introducción a las técnicas de la terapia gestáltica

LA ENFERMEDAD PSICOSOMÁTICA

1. Esquema corporal

El esquema corporal es la representación mental que tenemos de nuestro propio cuerpo, de su significación real y de la vivencia que poseemos del mismo. El reconocimiento de nuestro cuerpo conlleva

también el reconocimiento y la idea del cuerpo del otro. Al cuerpo se le puede encuadrar dentro de la noción gestáltica del campo. El cuerpo se convierte así en una totalidad donde figura y fondo se irán sucediendo progresivamente y donde ambos serán claros o confusos y borrosos en función del conocimiento, la atención que le prestemos y la aceptación de este campo o uno de sus elementos. Un organismo sano es aquel en que las gestalts (formas) se suceden en un proceso interminable y continuo. El mecanismo homeostático funciona adecuadamente si el sujeto es capaz de elaborar las interferencias que impiden este proceso. Y en el caso de que estas interferencias sean lo suficientemente potentes, puede desarrollar mecanismos de sublimación que den salida a la energía que puja por hacerse forma y tomar el lugar que le corresponde.

Formamos nuestra imagen corporal y la vamos construyendo, a partir de la relación que establecemos con la figura parental o sustitutiva con la que establecemos la primera relación infantil (en la mayoría de los casos con la madre). Este conocimiento se inicia a partir del nacimiento, con los primeros contactos, coqueteos y descubri1mientos que el niño realiza en el cuerpo de la madre y posteriormente en su propio cuerpo. La madre (y más tarde el padre) con temor al contacto corporal, trasmitirá su rechazo y angustia en su contacto con el bebé, que lo integrará temprana y profundamente como una de las primeras experiencias negativas en la formación de su esquema corporal, porque de esta experiencia extraerá dos desagradables vivencias: una la angustia que le transmite su madre a través de la piel y otra el rechazo al propio cuerpo por reportarle sensaciones y experiencias penosas.

Como sabemos, la necesidad de contacto es tan esencial para el niño como lo son las necesidades fisiológicas. Amplios estudios realizados por Harlow y otros investigadores demostraron la importancia del contacto a través de experimentos realizados con monos. Sabemos también que la ausencia total de contacto trae graves consecuencias y algunas irreversibles, tales como depresión, aislamiento, menor desarrollo de la inteligencia y, en algunos casos autismo y psicosis.

La experiencia y vivencia del contacto será decisiva para el futuro desarrollo del esquema corporal del niño.

La segunda fase que se inicia en el niño es la de autoexploración. En este segundo período la exploración y descubrimiento del cuerpo de la

madre se imbrica y superpone con su propio autodescubrimiento y exploración, que el niño lleva a cabo a través del chupeteo de sus manos, dedos, coqueteos de su cuerpo, etc.

Hay una tercera etapa en la que los objetos intervienen como intermediarios entre el niño y el ambiente. Aquél los toca, los acerca a su cuerpo, los restriega y los chupa como forma de conocimiento y de incorporación de los mismos.

Todo este proceso de conocimiento de sí mismo y del otro atraviesa por múltiples vicisitudes: frustraciones y gratificaciones en función de las inhibiciones y temores de las figuras parentales, porque no hay que olvidar que muchos padres, que durante una primera etapa de la vida del niño fueron más permisivos a nivel contacto, al llegar a una determinada edad (que suele coincidir con el interés progresivo del niño por los órganos genitales, tanto los suyos propios como los de los padres), éstos, si tienen dificultades o conflictos en este plano, interrumpirán el desarrollo normal del niño y el paso natural de esta etapa, con las consiguientes alteraciones en su vida sexual posterior.

Las consecuencias de esta represión serán diferentes en el niño que en la niña y dependiendo también de quién impone esta represión, si el padre o la madre del mismo sexo o del sexo contrario. También es importante el momento de la represión en la exploración genital. La prohibición puede iniciarse nada más empezar esta etapa exploratoria o cuando ya está bastante avanzada y alguno de los padres comienza a asustarse a consecuencia de su propia excitación en la relación con el niño o la niña.

Cuando el rechazo al contacto se produce desde el nacimiento del bebé, las consecuencias son mucho más graves que cuando se produce en etapas ulteriores. En las sociedades más industrializadas se ha ido produciendo un distanciamiento progresivo en las relaciones de contacto de los padres con el bebé. Las madres han ido sustituyendo la alimentación mamaria por el biberón, el llevar a los niños en brazos a trasportarlos en cochecitos, el enseñar al bebé a caminar sujetándolo con las manos a meterlos en corralitos u otros artificios que impiden el contacto más directo y basado en una relación más estrecha y humana con el bebé y menos mecanizada. Se les compra todo tipo de objetos y juguetes para que el niño se entretenga y juegue solo, para que no moleste y deje en paz a los

adultos. Comprendemos que tal como está dispuesta y ordenada la sociedad no se les puede exigir a los padres una dedicación plena, que llene por completo las necesidades del niño a este respecto, ya que los padres no disponen, en la mayoría de los casos, del suficiente tiempo de ocio como para atender a las suyas propias. Y otro punto que es tan importante como el anteriormente expuesto, es que los padres tampoco han aprendido al no tener modelos adecuados ni aprendizaje en este sentido.

Sabemos, por los experimentos que se han realizado con animales y por observaciones llevadas a cabo en personas sometidas a fuertes tensiones (épocas de guerras, situaciones contínuas de stress tanto físico como psicológico), que podemos provocar neurosis y enfermedades psicosomáticas. En estos casos, la importancia de lo ambiental es primordial. Por eso es, en algunos casos, tan apremiante la necesidad de sacar al paciente de su núcleo social o familiar para iniciar un tratamiento que, en numerosas ocasiones es totalmente imprescindible, si queremos conseguir resultados satisfactorios. Y este es el caso de la anorexia, enfermedad psicosomática sumamente peligrosa para la vida del paciente.

Cuando acude a consulta un paciente con claros síntomas de anorexia (enfermedad padecida casi exclusivamente por mujeres) es traída por sus familiares, ya que ella no tiene conciencia de enfermedad, cuando la bulimia y la delgadez son francamente peligrosas y evidentes, una de las primeras medidas a tomar es su internamiento y separación de la familia y la segunda y fundamental es aunar el tratamiento psicoterapéutico y somático conjuntamente.

La enfermedad psicosomática aparece cuando el equilibrio homeostático entre individuos y ambiente se altera. Organismo y medio forman un campo gestáltico en el que ambos se influyen recíprocamente, ambos forman un conjunto donde figura y fondo se suceden en función de las mutuas necesidades. Cuando esta interrelación recíproca se distorsiona en detrimento del individuo y sus necesidades más primordiales, éste se enferma y lo hace eligiendo síntomas o enfermedades en las que se imbrican y superponen rasgos de personalidad y órganos o zonas más sensibles a la enfermedad.

Las mutuas influencias que se derivan de las relaciones individuo- ambiente varían en función de la sociedad o grupo en que se encuentra insertado el individuo. Asimismo tiene gran importancia la edad de este

último. El bebé cuando nace no es más que un agente receptivo y pasivo del bombardeo constante de estímulos procedentes del medio que lo rodea y frente a los cuales poco o nada puede hacer. Todo este acribillamiento, en contacto con su arsenal biológico, irá configurando en él unas características de personalidad más o menos sanas dependiendo de la dureza y agresividad de estos estímulos sobre su persona.

A medida que el bebé va creciendo, va adquiriendo progresivamente unas herramientas con las cuales puede ir defendiéndose de las agresiones del medio, es decir, va creando sus propios mecanismos de defensa que lo protejan y eviten mayores daños. El resultado de todo esto es que el individuo, a medida que crece, crea sus propias defensas frente al medio, existiendo una relación directa de influjos y efectos recíprocos: a menor edad del individuo menor es la influencia que puede ejercer éste sobre el ambiente, y a mayor edad, mayores posibilidades tiene de influir sobre el ambiente y, a su vez, menos de ser influido por este último.

Cualquier experiencia de privación o dolor (hambre, falta de afecto, abandono, daño, etc.), como de bienestar y relajación afectarán negativa o positivamente sobre el interés del niño por la investigación, el conocimiento de lo que le rodea, la curiosidad y, en definitiva, de ese impulso natural de vivir.

Posteriormente será el colegio, profesores, compañeros y el tipo de aprendizaje que reciba los que vayan configurando nuevas características y modos de relacionarse.

Cuando el ambiente es hostil, el individuo sólo tiene dos salidas: o someterse a éste, o rebelarse y ser hostil a su vez con lo que le rodea, porque la integración o adaptación sólo es posible resignándose y subordinándose al agresor. Por eso decíamos anteriormente que adaptación no es sinónimo de salud, sino que puede representar un mecanismo defensivo con el que trata de guardarse y protegerse el ser humano.

Pensamos que todas las enfermedades, en mayor o menor grado, tienen un componente psíquico, que influye en las personas a la hora de enfermarse. Cuando los individuos se encuentran con dificultades y problemas las posibilidades de enfermarse son mucho mayores que para las personas psíquicamente más sanas. Los que tienen tendencias

depresivas y, en general, las más conflictivas y problematizadas son las más predispuestas a enfermarse.

De aquí la necesidad de una medicina preventiva y psicoprofiláctica, más dirigida y orientada a evitar la enfermedad que a curarla.

Por otro lado, nos encontramos con una gran reticencia en el reconocimiento general del origen psicosomático de las enfermedades. Algunas de ellas son admitidas por su carácter irrebatible como la obesidad, la anteriormente citada anorexia nerviosa, úlceras pépticas, colitis ulcerosas, el asma, el estreñimiento, etc. El resto de las enfermedades son consideradas de estricto orden físico o levemente influidas por lo psíquico. El resultado de esta actitud es el escaso o nulo éxito que alcanzan tratamientos alopáticos en un gran número de pacientes.

La aceptación de este criterio por parte del cuerpo médico implicaría una importante modificación a niveles sociopolítico, económico y cultural.

Vamos a exponer en este capítulo un par de trabajos realizados por personas que padecen enfermedades psicosomáticas y que hasta el momento, y después de múltiples y variados tratamientos, no se ha obtenido ningún resultado positivo. El primer caso se trata de una psoriasis, el segundo de una somatización en la parte superior de la espalda.

Transcribiremos en su totalidad los diálogos que se han llevado a cabo con la técnica de las sillas calientes, con una variante fundamental que aprendimos de la doctora Schnake y del doctor Huneeus.

Esta variante, que consideramos de gran valía y un gran aporte a la gestalt, consiste en que la persona, cuando tiene que presentar la parte física afectada por la enfermedad o la misma enfermedad, le pedimos que la represente adoptando la posición, forma, actitudes y lenguaje corporal de dicha parte. Esta aportación permite una mejor identificación con la zona afectada que facilita el diálogo y la expresión de sentimientos, surgidos de esta forma de representación, que de otro modo resultaría más difícil de aflorar y por tanto menos inaccesible. Es decir, que si una persona tiene que hablar con su corazón o su estómago o cualquier otro órgano, tiene que disponer y acomodar su cuerpo a la forma de aquél, representar sus movimientos, su posición, su aspecto y conformación, y una vez conseguida la mejor identificación posible, comenzamos con los diálogos. Los que

hayan tenido la oportunidad de trabajar con esta forma, habrán podido darse cuenta de las ventajas de la misma a la hora de obtener mayor información y una mejor calidad de sentimientos y emociones, así como un darse cuenta por parte del paciente mucho más rico y clarificador.

2. Dos ejemplos prácticos

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