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Estados feroces y sociedades “ausentadas”

el espacio político en el mundo árabe, con diferentes regímenes políticos y especificidades en cada país, tuvo como denominador común un cierre hermético a todo tipo de participa- ción ciudadana genuina en el proceso político. Durante décadas la gran mayoría de la pobla- ción se vio restringida en el ejercicio de sus derechos políticos, sin acceso pleno a la supervisión o control del poder. Las contiendas electorales, hábilmente manipuladas, representaron más bien una puesta en escena, para proyectar una imagen tanto en el escenario doméstico como en el internacional.

De esta manera, los estados árabes poscoloniales estuvieron –y están aún– envueltos en una crisis de legitimidad acompañada de una crisis en sus estructuras de poder. Las clases di- rigentes se apropiaron casi totalmente de los recursos de sus respectivos países, y el estado terminó subsumido a su esfera.

Se pueden distinguir dos tendencias políticas predominantes durante la etapa de la guerra Fría, las que eran totalmente contrapuestas. Por un lado, el modelo nacionalista progresista, seguido principalmente por el egipto de gamal abdel Nasser, la argelia independiente bajo el liderazago del FLN, los regímenes del partido Baath en Siria e Irak, Libia tras el golpe del coronel gadafi, entre otros. Y por el otro, un modelo conservador tradicionalista, aliado de las potencias occidentales. estuvo representando por arabia Saudita, por los jóvenes estados del golfo y por las monarquías de Jordania y marruecos. esta disyuntiva acarreó en sí fuertes divergencias que aún hoy están presentes en dicho escenario: tensiones entre modernidad y tradición, entre independencia y subordinación, entre liberalismo y dirigismo estatal. en la Liga Árabe fue donde se produjo la principal crisis política en materia de cooperación regional y donde se exhibiría la división política del mundo árabe en el escenario internacional.

Como herencia ideológica de la guerra Fría y del proceso globalizador surgió a partir de los 80 el islamismo de masas, el cual llenó el vacío ideológico dejado por la decadencia de las fuerzas políticas nacionalistas, liberales o progresistas.

Los regímenes en el poder –ya sea en su expresión republicana o monárquica– se carac- terizaron por un acentuado autoritarismo, definidos como estados pretorianos, policiales y

represivos. el politólogo Nazih ayubi1los define como “estados feroces”, ya que se mani-

fiestan en total oposición a la sociedad y solo se pueden conectar con ella mediante la coerción y la fuerza bruta. esta “ferocidad” los vuelve al mismo tiempo, a largo plazo, estados débiles, incapaces de gestionar a las diversas fuerzas sociales que conviven en él:

a pesar de que poseen grandes burocracias, ejércitos poderosos y duras cárceles, se muestran lamentablemente débiles cuando llega el momento de recaudar impuestos, ganar guerras o forjar un bloque de poder realmente ‘hegemónico’ o una ideología capaz de elevar al estado –superando el nivel coercitivo y ‘corporativo’– a una esfera moral e intelectual (ayubi, 2000: 11).

asimismo, ayubi propone el concepto de “estado policía” y “estado corporativo” para designar a aquel en el que predominan los intereses de seguridad y estabilidad del régimen, en contraste con un “estado integral” basado en la hegemonía y el liderazgo como funciones principales en la articulación de la sociedad civil. Dentro de esta óptica, el estado en Oriente medio se asemeja a la primera categoría debido a la debilidad y al escaso empoderamiento de la sociedad civil con los espacios políticos vigentes, así como con los recursos económicos. aquí, ayubi define la idea de “corporativismo” desde la óptica de O’Donnell, como un “ins- trumento analítico para entender toda una serie de mecanismos de organización y control de las relaciones entre el estado y la sociedad” (ayubi, 2000: 43). al mismo tiempo, este autor plantea dos modelos de corporativismo: uno asentado en el estado como actor supremo que obliga a todos los demás a aceptar las reglas de juego, basado en un esquema de “alianza nacional” entre las clases populares y en el que su fuerza radica en el poder burocrático y en el discurso nacionalista2; y otro corporativismo que está fundamentado en el grupo.

a lo largo de los 90 en algunos de los países de la región hubo tibios intentos de apertura política, concebidas por los regímenes como válvulas de escape y estrategias de supervivencia. esta relativa apertura que se dio en ese momento en países como egipto, argelia, túnez, Siria y marruecos, con la participación limitada de partidos políticos –incluidos en algunos casos los movimientos islámicos– bajo una “fachada democrática”, nos hablan de una nueva forma de “gatopardismo” de las elites dominantes. Las reformas implementadas contemplaron la

vía de las urnas como recurso de legitimidad, cambios legislativos y económicos, la apelación a la política exterior, entre otras (Planet, 2006: 45).

Dicha sociedad civil es la que se encuentra en el centro de las revueltas ocurridas en 2011 en reclamo de reformas políticas y que tiene como principal argumento la autonomía frente a los regímenes autocráticos. el núcleo de la sociedad civil en el mundo árabe lo constituyen fuerzas sociales emparentadas a las luchas del movimiento obrero, estudiantil y de derechos humanos. Para ejemplificar, hablamos aquí de militantes pertenecientes al movimiento Kifaya (Basta) en egipto, a Jalass (Líbano), a la Unión de Sindicatos Profesionales Jordanos, y a la Liga marroquí de Derechos Humanos.

La evolución política del mundo árabe durante las últimas décadas refleja un progreso en las reivindicaciones democráticas para el conjunto de las clases sociales. Sin embargo, como lo expresa Burhan ghalioun (1992), este proceso sigue siendo muy frágil debido a dos razones prioritarias: la primera es que estas democracias están revestidas de un formalismo que es confundido con el liberalismo económico. La otra es que esta opción democrática refleja un debilitamiento ético del estado debido al fracaso de alternativas de la sociedad civil y a un exceso de autoritarismo en los gobiernos precedentes. el proceder de la transición democrá- tica del mundo árabe consiste en lograr transformar las bases económicas, políticas y sociales para lograr un desarrollo autónomo y sostenido.