3. Estudio de los apólogos políticos: Gli animal
3.4. Los apólogos políticos
3.4.1 Estructura de la obra
Para poder desarrollar este apartado, de modo que se obtenga alguna conclusión de interés, tendré que considerar, por separado, los dos títulos que la conforman dado lo diferente que es la realidad de ambas arquitecturas.
A) Comenzaré por analizar los Apologhi vari, cuya estructura es más simple. Bajo este título, como ya se ha dicho, se engloban cuatro fábulas: L’asino, Le pecore,
La lega dei forti y La gatta e il topo. Las cuatro son independientes entre sí y,
simplemente, se presentan una a continuación de otra, sin ningún tipo de enlace o conexión entre ellas, aunque, como se verá en las consideraciones estilísticas, tienen elementos constructivos comunes, como son los que emanan de su naturaleza literaria: el apólogo.
Ninguna de estas fábulas es particularmente extensa, si bien el número de sextinas que las conforman es muy variable pues oscila entre las treinta y dos de La
lega dei forti y las ciento diecinueve de Le pecore, que dan un total de ochenta y
siete sextinas de diferencia142.
Aparte de esa consideración, en cada una de las cuatro el autor trata, básicamente, un tema único y lo hace de modo directo, procurando no perderse en digresiones o florituras, especialmente en La lega dei forti que destaca por su sobriedad. En total están compuestas por doscientas noventa y seis sextinas, que se corresponden con mil setecientos setenta y seis versos endecasílabos.
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La máxima diferencia, en el número de sextinas, que encontramos entre los cantos de Gli animali parlanti es de cincuenta y cinco, que es la que hay entre el canto XXII, ciento cincuenta y cuatro, y el XVII, noventa y nueve.
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B) Esta estructura simple de los Apologhi vari cambia cuando nos referimos a
Gli animali parlanti, en la que pueden distinguirse las siguientes partes:
B.1) Prefazione dell’autore. Situada, lógicamente, al comienzo del poema y, a diferencia de este, escrita en prosa. Pese a su brevedad143, su importancia es máxima, para que un lector actual pueda comprender la obra porque el poeta suministra en esas líneas una clave de lectura muy parcial y algunas ideas como, por ejemplo, explicar por qué ha elegido el género fabulesco. Sin embargo, en todo lo que tiene que ver con los aspectos que conciernen directamente al autor, es decir en todo lo que dice relativo a sí mismo, es conveniente mantener cierta distancia respecto al contenido ya que el poeta, aunque manifiesta que escribe con plena libertad, está claro que no quería verse metido en problemas con la censura civil o política, como ya los había sufrido con anterioridad a causa de la difusión del Poema
tartaro.
B.2) Comienza a continuación el texto propiamente dicho: veintiséis cantos que están numerados correlativamente y con un título cada uno de ellos, escritos en sextinas y que, salvo en el último momento previo a la publicación, el autor jamás había llamado canti. En efecto, como ya señalé en los apartados anteriores, cuando Casti menciona su trabajo en diferentes cartas, nunca se refiere a distintos cantos ni a ningún título. Incluso cuando ya llevaba mucho tiempo viviendo en París, el autor se refiere siempre en sus epístolas a sus «apologhi politici»144.
En algunas ediciones, como por ejemplo la de Amsterdam de 1804 (primera de las ediciones en que aparecen de las que yo he consultado), las de Lugano de 1821, 1822 y 1825 y la de Palermo de 1848, se añade al comienzo de cada canto una sextina —colocada entre el número de orden de este y su título— en la que se hace un resumen argumental del contenido del apólogo que aparece a continuación145. Sin
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Inicialmente no iba a ser tan breve ya que no parecía que esa fuera la intención del autor. Sería interesante saber el motivo por el que cerca de la mitad del contenido que aparece en el manuscrito parisino no llegó a la imprenta.
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En el Epistolario de Fallico (Casti 1984) se encuentra la denominación de “apologhi politici” en siete cartas que aparecen reseñadas con los números 274, 278, 307, 312, 325, 341 y 342. La primera de estas está fechada en Viena el 17-IV-1796; la última en París el «8 brumaire anno 7» correspondiente aproximadamente al 29-X-1798. Mantiene la denominación de apólogos en carta fechada en París el 12-XI-1798 dirigida a un destinatario desconocido. Esta carta inédita, según Pedroia, se encuentra conservada en la Biblioteca Nazionale de Roma: Autografi A. 177. 19 (Casti 1987: XXVI, nota 43).
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En las ediciones de Lugano de 1821 y 1822, las sextinas argumentales están colocadas todas juntas al final de cada tomo, en la de 1825 ya está cada una delante de su canto correspondiente. En la edición de Amsterdam de 1804 y la palermitana cada una de las sextinas está colocada delante de su canto tal y como se indica en el texto.
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embargo este resumen en verso —que no deja de ser curioso e interesante— no aparece, por ejemplo, en la princeps ni en las ediciones modernas del poema. Sobre este particular Muresu escribe:
Non ho ritenuto opportuno far precedere i canti da quegli «argomenti» che sono presenti in quasi tutti i testi a stampa, dal momento che non ne ho trovato traccia né nell’editio princeps, né nei manoscritti (Casti 1978: 48).
La información que en esta cita suministra Muresu me lleva a preguntarme quién pudo ser el autor de estas sextinas, la paternidad de las mismas no queda reflejada en ninguno de los textos que he consultado; mi opinión personal, que desarrollo con más profundidad en el apartado 3.5.2, es que el autor de esas sextinas fue el editor de la edición de Amsterdam de 1804.
B.3) Y al final del poema se encuentra escrito, en la misma métrica, un canto adicional, sin número de orden, que curiosamente tiene por título Origine dell’opera. Este canto ‘final’ —con una extensión de ciento tres sextinas— pudo estar, inicialmente previsto como una introducción al poema y, en mi opinión, debería de estar colocado al comienzo, justo a continuación de la Prefazione, ya que por su contenido más bien sugiere un marco a la obra. Sin embargo en todas las ediciones desde la princeps aparece al final; al parecer tal colocación no fue una decisión propia del autor, sino más bien pudo ser una imposición del primer editor.
Para corroborar la verosimilitud de estas últimas palabras quisiera señalar que, sin que se hubiera realizado ninguna aclaración semejante al comienzo de ninguno de los veintiséis cantos anteriores, en la ya nombrada edición de 1802 que he consultado en la Biblioteca Nacional, antes del comienzo del texto del Origine
dell’opera, aparecen unas líneas con la siguiente declaración, como no está firmada,
no se puede saber quién es el autor de la misma:
Il seguente Canto, che col titolo di Prologo / era stato dell’autore posto avanti al Poema, / si è creduto dagli editori per alcune loro ra- / gioni d’indurre l’autore a porlo dopo, sosti- / tuendogli il titolo di Origine dell’opera e / facendovi le opportune soppressioni, e per / quanto era possibile i cangiamenti adattabili / alla situazione, in cui si volle porlo (Casti 1802, vol. III: 272).
El texto se reproduce en la edición palermitana de 1848, en la misma colocación, así como, con algún cambio nimio como escribir canto y poema con minúsculas, en la moderna de Pedroia (Casti 1987: 656). En la de Muresu, sin
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embargo, pasa a formar parte de la primera nota de ese canto, mezclada con otras consideraciones del investigador, pero sin hacer ninguna referencia a por qué él decidió hacer ese cambio de colocación (Casti 1978: 708).
En cualquier caso la cita mencionada tiene también, a mi parecer, un aspecto curioso que resumo en estas dos preguntas: ¿Quién escribió esas palabras y por encargo de quién? La redacción no parece sugerir que fueran, precisamente, obra del poeta, pero tampoco por los editores.
Por otra parte, la colocación de este canto al final del poema es, en mi opinión, contradictoria con el modo con el que Casti concluye el canto XXVI de Gli
animali, canto que si parecería poner un punto y final a la obra, mencionando en él,
incluso, su intención de «colgar la cítara» en el último endecasílabo:
Agli agitati miseri mortali so che sottrarsi senza voi non lice dal turbolento vórtice dei mali e tranquilla goder vita felice.
Son questi i voti miei, questi a voi rendo
ultimi omaggi; e qui la cetra appendo. (XXVI, 101).
Y ya para terminar, quisiera señalar que el número total de sextinas, que conforman Gli animali parlanti, asciende a tres mil ciento ochenta y seis, lo que supone un total de diecinueve mil ciento dieciseis versos endecasílabos. La extensión de los cantos, oscila entre las noventa y nueve sextinas del canto XVII y las 154 estrofas del canto XXII. El número de sextinas que conforman cada canto aparece reseñado minuciosamente en el Anexo 7.3 de este trabajo, lo que evita repetir el dato en cada momento.