Aun a trueque de monótonas repeticiones, reanudemos nuevamente el hilo de nuestro problema. La aprehensión primordial de realidad tiene desde luego los dos momentos de formalidad individual y de formalidad campal, dos momentos de una sola y misma formalidad de realidad de la cosa. La unidad de estos dos momentos aprehendida explícita y formalmente es lo que constituye la intelección de lo que la cosa es «en realidad». En la aprehensión primordial de realidad, la unidad del momento individual y del momento campal es inmediata: es por esto una aprehensión que podríamos llamar compacta. En actualización diferencial, la unidad en cuestión cambia profundamente de carácter. Porque entonces se intelige una cosa «entre» otras. Lo cual significa que la cosa inteligida lo es en la distancia que hay entre esta cosa y las demás. De lo cual resulta que el campo de «la» realidad es el campo de la distanciación del «en realidad». En actualización diferencial, la intelección de lo que la cosa es en realidad es, pues, un despliegue distanciado por la presentación de una cosa «entre» otras.
En su virtud, la intelección misma de lo que algo es en realidad es un movimiento intelectivo en dos fases.
Primeramente, es la fase del movimiento de impelencia de la cosa real a un campo, al campo de «la» realidad. La impelencia es
distanciación de lo que la cosa es en realidad. Y en efecto, para inteligir lo que una cosa entre otras es en realidad, lo primero que ha de hacerse es «pararse a considerar» la cosa. Y pararse a considerar es ante todo una especie de suspensión intelectiva, es un tomar distancia de la cosa pero en ella y desde ella misma.
Por otra parte en esta distanciación la cosa real nos retiene siempre tensos en ella, y por consiguiente revertidos a ella en un intentum por la tensión misma de la distancia. Es un movimiento del intentum para inteligir desde el campo lo que la cosa es en realidad. Por tanto es un referirnos desde el campo a la cosa: es intención intelectiva. El intentum se ha tornado en intención. Toma de distancia y intención intelectiva: he aquí los dos momentos del movimiento intelectivo.
Para estudiar la estructura dinámica de esta aprehensión dual hemos de examinar:
Capítulo 4: Qué es tomar distancia de la cosa.
Capítulo 5: Qué es inteligir en distancia lo que la cosa es en realidad.
CAPITULO IV
DISTANCIACIÓN DE LA COSA
En esta intelección la cosa nos remite a un campo de realidad para inteligir en él lo que dicha cosa es en realidad. En otras palabras, como acabamos de decir, hay que tomar ante todo una cierta distancia de ella.
Tres puntos hay que examinar entonces:
1° Qué es distancia.
2° Qué es «tomar distancia».
3° Cuál es la estructura propia de lo aprehendido en este acto de distanciación.
§1 QUE ES DISTANCIA
Hemos visto que toda cosa real tiene un momento individual y un momento campal: es la estructura del desdoblamiento. Cuando esta cosa real está aprehendida en aprehensión primordial, la diferencia entre los dos momentos está en cierto modo abolida: es justo lo que he llamado compacción. Pero cuando la cosa está aprehendida «entre» otras, entonces la unidad es tan sólo dual. Pues bien, la unidad en desdoblamiento es lo que formalmente constituye la distancia. Distancia pues no significa una distancia espacial sino algo esencialmente distinto. Precisemos este concepto.
A) Ante todo desdoblamiento no es distancia de la realidad. De ser así nos situaríamos «fuera» de la realidad, lo cual es imposible. La cosa real es término de una aprehensión primordial de su realidad; y esta aprehensión misma es la que por ser de realidad (por tanto sin salimos de la formalidad de realidad) nos sitúa en el campo de «la» realidad como algo expresamente distinto de la realidad individual. Esta instalación en «la» realidad es obra de la aprehensión primordial de realidad, la cual es inamisible.
B) Pero «la» realidad no es un piélago en que cada cosa real estuviera sumergida. Es sólo un momento propio de cada cosa real. Es un momento según el cual cada cosa real al ser en y por sí misma real, es sin embargo en y por sí misma algo «más». Este carácter de «más» no es un «allende ella», pero sí es un «más en ella». Por consiguiente distancia es sólo un momento dentro de la cosa misma. No salimos fuera de la cosa sino que estamos «en ella». No sólo no salimos fuera de la realidad, sino que no salimos ni de la cosa real misma: la distancia es un momento intrínseco a la cosa, es algo en ella misma. ¿Qué es este momento?
C) En esta distanciación sus dos momentos no están correlativamente distanciados. Lo que la cosa real individual es en realidad queda distanciado de esta realidad corrió realidad individual. Es decir, se mantiene la realidad de la cosa individual tanto en su formalidad de realidad como en su contenido, pero nos distanciamos por lo que concierne a lo que es «en realidad», es decir hacemos del campo algo autónomo, un campo que ha de recorrerse. En esta distanciación queda instalada la cosa real individual en el campo de realidad. Por tanto, repito, no salimos ni fuera de la cosa real misma ni fuera del campo de realidad, sino que nos quedamos en su momento campal para inteligir desde él lo que es en realidad su momento individual mismo. Vamos entonces en la cosa real desde su momento campal hacia su momento individual, la inteligimos campalmente. Esto es, recorremos la distancia como momento interno de la cosa, recorremos la dualidad como unidad en desdoblamiento.
Siendo esto así, resulta claro que la cosa real aprehendida entre otras cosas reales nos impele al campo en una impelencia que tiene un
carácter muy preciso: nos impele a «tomar» distancia de la cosa. ¿Qué es este «tomar» distancia?
§2 QUE ES TOMAR DISTANCIA
Naturalmente, es estar llevado por la cosa misma en su formalidad de realidad individual a su momento campal diferencialmente autonomizado. Esta moción tiene algunos rasgos importantes.
1) Ante todo ¿de qué se toma distancia? Lo que de la cosa ha quedado distanciado en el campo de la realidad es lo que aquella cosa real es en realidad. ¿De qué manera? Alejándonos de su unidad con el momento campal de la realidad.
2) La cosa real no queda por tanto eliminada. Todo lo contrario. Porque es la cosa real la que nos tiene impelidos desde su realidad individual al campo de «la» realidad. Por tanto, esta impelencia no consiste en abandonar la cosa real, sino en mantenernos en ella, pero solamente como punto de apoyo para un repliegue intelectivo que deje en suspenso lo que esa cosa es «en realidad». Esta suspensión es un movimiento propio: es un esfuerzo que llamo retracción. Retracción es intelección de la cosa real dejando en suspenso lo que es en realidad. Tomar distancia es pues, en definitiva, «movimiento de retracción». Estar lanzados por la cosa formalmente real al campo de «la» realidad es dejar en suspenso retractivamente lo que la cosa es en realidad.
3) Entonces es claro que la inteligencia sin dejar de estar en la realidad y sin abandonar las cosas reales, se sitúa ciertamente en ellas
pero en cierto modo «sobre» ellas. En «retracción», la inteligencia se sitúa «sobre» lo que las cosas son en realidad. La articulación de esos dos momentos, entre el momento de retracción, y el momento de estar sobre las cosas, es esencial. Su desconocimiento ha sido fuente de un doble error. En primer lugar, la inteligencia no «está» sobre las cosas por sí misma —fue un error de todo el idealismo desde Descartes hasta Schelling, y en el fondo hasta Husserl y Heidegger— sino que «llega a estar» sobre las cosas por un movimiento de retracción frente a ellas. El «sobre» se funda en la «retracción». Y en segundo lugar, aquello sobre lo que está la intelección no es la pura y simple realidad sino tan sólo lo que las cosas reales son «en realidad». Hemos visto, que lo que el movimiento intelectivo intelige no es lo real en cuanto real sino lo que esto, ya inteligido como real, es «en realidad». Por esto, lo repito hasta la saciedad, es por lo que todo movimiento intelectivo es tan sólo una modalización de la aprehensión primordial de realidad.
4) Es decir, en la retracción inteligimos «la» realidad como algo abierto a lo que las cosas puedan ser en ella. Por tanto, estar en esta forma en «la» realidad, es estar liberado por lo pronto de lo que las cosas son en realidad. Pero esto, según hemos dicho no es abandonarlas. Lo que hacemos es inteligir lo que sean en realidad tan sólo como libre punto terminal de lo que es «la» realidad, es inteligir que «la» realidad es esta cosa. Inteligida así lo que la cosa es en realidad, el punto firme de esta nueva intelección es «la» realidad, y lo que lo real sea en cada caso no es sino mero punto terminal de «la» realidad. En la retracción por tanto llevamos a cabo una liberación del «en realidad» apoyándonos en «la» realidad. Ver lo que las cosas son en realidad es inteligirlas liberadamente: La cosa como mero término libre ya no «es» lo que la cosa es en realidad, sino tan sólo lo que «sería» en realidad.
El «sería» es el modo propio y formal como la cosa está mantenida en retracción. La realidad de lo terminal en cuanto meramente terminal es la realidad «en sería». Las cosas reales, presentes ahora tan sólo como lo terminal de una aprehensión retractiva, tienen entonces una intrínseca ambivalencia. Por un lado pertenecen a la realidad, y en su virtud son ya reales en su realidad primordial. Pero por otro lado, lo que sean en realidad es momento meramente terminal de intelección: es simplemente lo que «serían» en realidad. Lo explicaré en seguida.
5) ¿En qué consisten entonces más precisamente estas cosas en retracción? En impelencia, la intelección ya no es aprehensión primordial de realidad, sino simple aprehensión, mero término de intelección. Lo que la cosa es «en realidad» es ahora, y por lo pronto, simple aprehensión. Simple significa ahora ser mero término de aprehensión. Precisemos.
La filosofía clásica ha conceptuado siempre: a) que la simple aprehensión es aprehensión de algo que formalmente no tiene ningún carácter de realidad, sino que por el contrario prescinde de este carácter; b) que esta aprehensión es el primer acto propio de toda posible intelección; c) que la intelección de algo formalmente real es siempre una intelección ulterior: el juicio. El juicio es así la única intelección que envuelve formalmente el momento de realidad. Pero estas tres afirmaciones son a mi modo de ver falsas.
En primer lugar, la simple aprehensión no prescinde formalmente del carácter de realidad, sino que formalmente lo mantiene: es que lo real aprehendido es en realidad un momento terminal y sólo un momento terminal de «la» realidad. En cualquier simple aprehensión aprehendemos la cosa formalmente como si fuera un momento de algo
que real y efectivamente es una realidad. No se prescinde de la realidad; es imposible. Es la aprehensión tan sólo de lo que sería la cosa «en realidad». No se trata pues de una retracción de lo real en cuanto real, sino de una retracción de lo que esta cosa, formalmente mantenida como real, es «en realidad». Y esta unidad de realidad y retracción es lo que constituye el «sería». No es el «sería» de «realidad» sino el «sería» del «en realidad». La simple aprehensión por tanto envuelve formalmente el carácter de realidad. La filosofía clásica ha hecho de la simple aprehensión algo que reposa sobre sí mismo como material de que está compuesto el juicio. Esto es, ha considerado la simple aprehensión tan sólo como momento «material» del logos judicativo. Esta concepción es resultado de la logificación de la intelección. Pero la simple aprehensión envuelve formalmente la reali- dad. Por tanto no puede entenderse la simple aprehensión como un momento de la logificación de la inteligencia, sino por el contrario ha de entenderse el momento lógico de la simple aprehensión como modo de actualización, esto es como un modo de inteligización del logos.
En segundo lugar, la simple aprehensión no es el primer, acto propio de toda intelección, sino que toda simple aprehensión es, y solamente es, una simple aprehensión por «retracción»; es una aprehensión «retraída» de una aprehensión primordial. Por consiguiente, el primer acto propio de intelección no es la simple aprehensión sino la aprehensión primordial de realidad.
Finalmente, y en tercer lugar, la realidad formal y efectiva no es patrimonio del juicio sino de la aprehensión primordial de realidad. Ya lo vimos: la aprehensión primordial de realidad es lo que envuelve formalmente el carácter de realidad "anteriormente al juicio. Tratándose
de simple aprehensión, el adjetivo «simple» denota que lo que la cosa es «en realidad» queda aprehendido como mero momento terminal de «la» realidad: «la» realidad es aquí y ahora, esto o lo otro, «en realidad».
¿Cuál es la estructura propia de lo aprehendido en este acto de distanciación que es la simple aprehensión?
§3 ESTRUCTURA DE LO APREHENDIDO EN DISTANCIA
Esta estructura plantea tres graves problemas. He hablado ya de ellos pero conviene destacarlos claramente: cuál es el origen de la simple aprehensión, cuál es la condición de lo simplemente aprehendido, cuáles son los modos de la simple aprehensión.
1) El origen de la simple aprehensión. Trátase de la simple aprehensión en cuanto tal. No se trata de lo que clásicamente se llamó origen de las ideas, porque no toda simple aprehensión es idea. Hay que afrontar el problema del origen no en la línea de las ideas sino en la raíz primaria de la simple aprehensión. Este origen, ya lo hemos visto, es un acto de retracción impuesto por lo real mismo primordialmente aprehendido: es su dimensión campal lo que nos impone aquel acto.
A) Esta retracción no consiste en un simple «prescindir». Porque prescindir es siempre algo que afecta al contenido de lo aprehendido, un contenido que comprende, como veremos en seguida, tanto lo que clásicamente se llamó esencia como lo que se llama existencia. Pero la retracción conserva todo el contenido de la cosa como realidad, y lo que
deja en suspenso no es «la realidad», sino lo que la cosa es «en realidad». Continúa la realidad siendo el «de suyo», pero no sabemos qué es en realidad este «de suyo».Y esto no es una mera sutileza.
B) stamos lanzados por el momento campal de lo primordialmente aprehendido hacia las otras cosas campales. Estas son ciertamente reales y están aprehendidas en aprehensión primordial; pero por el momento de retracciónel contenido de estas cosas deja de ser contenido «de ellas», y queda reducido a ser principio de inteligibilidad de la cosa que remitió a estas otras cosas campales. Ser principio de inteligibilidad consiste en ser aquello respecto de lo cual queda re- actualizada una cosa real. Y esto es la simple aprehensión: intelección de un real principio de inteligibilidad. El contenido de estas cosas, pues, ya no es contenido de cosa sino tan sólo principio de inteligibilidad de otra o de otras.
C) Este movimiento, y por tanto la simple aprehensión, transcurren dentro del campo físico de realidad. Pero el contenido de lo simplemente aprehendido en este movimiento está en el campo tan sólo como principio de inteligibilidad. En cuanto tal, el contenido no «es» en sí mismo sino lo que «sería» el contenido de lo que es en realidad la cosa que quiero inteligir. El «sería» es el carácter del contenido de las cosas reducido a principio de inteligibilidad. Estas cosas no quedan fuera del campo de realidad, pero no están en él como un contenido que «es» sino como un principio de lo que «sería» la cosa de que hemos partido. El principio de inteligibilidad pertenece al campo de realidad: es en él donde transcurre el movimiento de retracción, y donde se constituye el principio de inteligibilidad. Si al ver un bulto en aprehensión primordial no sé lo que es en realidad, y me veo impelido a
las cosas que hay en el paisaje, por ejemplo, a los árboles, estos árboles están aprehendidos en aprehensión primordial al igual que el bulto mismo, pero considerados como lo que el bulto «sería» en realidad, han quedado convertidos en mero momento terminal de la aprehensión de lo que el bulto es «en realidad». Repito, no se trata de renunciar a la realidad de las cosas sino que se trata de la reducción del contenido de ellas a principio real de inteligibilidad. Es una nueva condición de lo que antes era aquel contenido. ¿Cuál es esta condición?
2) La condición de lo aprehendido en simple aprehensión en cuanto tal. Lo aprehendido queda, como hemos dicho, en condición de mero término de aprehensión como principio de inteligibilidad. Ser mero término es haber quedado suspendido el contenido de la realidad en tanto que contenido, con lo cual este contenido ya no es propiamente real sino irreal. En retracción, lo que las cosas son en realidad constituye por lo pronto el orbe de lo irreal. Todo pende pues de que se diga qué es irrealidad.
Irrealidad no es mero no tener realidad. Si la cosa irreal no tuviese nada que ver con la realidad, la cosa no sería «irreal» sino «arreal». Ser irreal es pues una manera de tener que ver con lo real. Lo cual es obvio, puesto que como hemos dicho la simple aprehensión se constituye formalmente en el campo mismo de realidad como realidad. ¿Cuál es esa manera? Esta es la cuestión. La estructura de lo irreal está constituida por tres momentos.
a) Por lo pronto, lo irreal no reposa sobre sí mismo sino que reposa sobre lo real. Todo lo irreal está constituido por «des-realización». Y el «des» no es un momento puramente negativo: si lo fuera, repito, la cosa
no sería irreal sino arreal. Por tanto es un «des» positivo: es la positiva inclusión en la realidad en forma de «des». Es, por así decirlo, realización en forma de «des». ¿Qué es este «des» como forma de realización? Para entenderlo hay que volver a recordar qué es realidad. Podría pensarse, en efecto, que ser real es ser existente; de lo cual resultaría que lo irreal es lo que no tiene existencia sino que sería