[1885]
3ERIESDESÁLABASSINSENTIDO
Para intentar en la práctica una vía de penetración —verdad es que limitada a un territorio muy pequeño— en los procesos de la memoria [...], hemos seguido el siguiente procedimiento:
Con las consonantes simples del alfabeto y las 11 vocales y dipton- gos del idioma alemán construimos todas las sílabas posibles que per- tenecieran a una determinada clase, a saber, la formada por una vocal puesta en medio de dos consonantes.
Dichas sílabas, aproximadamente unas 2.300, fueron mezcladas unas con otras, y a continuación extraídas al azar de manera que for- maran series de diferentes longitudes, las cuales constituyeron el obje- to de los diversos EXPERIMENTOS. Al principio, en la composición de las sílabas observamos, aunque no con demasiada escrupulosidad, unas reglas con vistas a impedir una repetición demasiado rápida de ele- mentos que tuvieran el mismo sonido; posteriormente estas normas fueron abandonadas y dejamos intervenir únicamente al azar. Las síla- bas empleadas en un experimento eran dejadas a un lado hasta haber agotado el total de las mismas; después se volvían a mezclar y a utilizar conforme el mismo procedimiento.
Todos los experimentos realizados con estas series de sílabas pre- tendían en último término lo siguiente: conseguir que, mediante la lec- tura repetida en voz alta, una serie quedara grabada de tal forma en la memoria que pudiera ser repetida después a voluntad. Considerá-
bamos alcanzado este objetivo la primera vez que el sujeto, dada la sílaba inicial, era capaz de recitar toda la serie sin interrupciones, a una determinada velocidad, y con la conciencia de no cometer ningu- na falta.
6ENTAJASDELMATERIAL
Este material carente totalmente de sentido que acabamos de men- cionar ofrece muchas ventajas, derivadas en parte de su falta de signi- ficado. En primer lugar, es relativamente simple y homogéneo. En el caso del material más a mano, a saber, el verso o la prosa, la variedad de contenidos, ya narrativos, ya descriptivos, ya reflexivos, los giros unas veces patéticos y otras humorísticos, la belleza o rigor de las metáforas, la suavidad o dureza de ritmo y rima, tienen que introducir una gran cantidad de influencias que cambian de un modo irregular, y, por consiguiente, son perturbadoras: asociaciones que entran o salen, grados diferentes de interés, recuerdos especialmente acertados, o be- llos versos, etc. Todas estas cosas son evitadas por nuestras sílabas. Entre los muchos miles de combinaciones posibles, apenas hay unas pocas docenas que tengan algún significado, y, de éstas, sólo habrá unas pocas cuyo significado sea descubierto por el sujeto durante el aprendizaje.
Claro que no hay que dar demasiada importancia a la simplicidad y homogeneidad del material; todavía está muy lejos de nuestro ideal. Porque el aprendizaje de las sílabas sin sentido afecta a tres campos sensoriales, el ojo, el oído y el sentido muscular de los órganos del len- guaje. Y aun cuando éstos participan de un modo muy limitado y siem- pre muy similar, sin embargo, hay que predecir una cierta complejidad de los resultados debido a su acción conjunta.
En particular, la homogeneidad de las series de sílabas no corres- ponde a eso que podría esperarse de ellas; presentan grados muy nota- bles y casi imperceptibles de facilidad y dificultad. En la práctica pare- ce como si, desde este punto de vista, las diferencias entre material con y sin sentido no fueran todo lo grandes que uno hubiera podido imagi- narse a priori. Al menos, en el aprendizaje de memoria de algunos can- tos del $ON *UAN de Byron, yo no encontré una dispersión numérica relativamente mayor que la de las sílabas sin sentido en cuyo aprendi- zaje había empleado una cantidad de tiempo aproximadamente igual. En el primer caso, las innumerables influencias perturbadoras ya men- cionadas parecen haberse compensado mutuamente para producir un
cierto efecto intermedio; mientras que en el segundo caso, la predispo- sición hacia ciertas combinaciones de sílabas y letras, por influjo de la lengua materna, tiene que ser muy heterogénea.
Más indudables son las ventajas de nuestro material en otros dos aspectos. En primer lugar nos permite una cantidad inagotable de nue- vas combinaciones de carácter totalmente homogéneo, mientras que los diferentes poemas, los distintos trozos de prosa, siempre tienen algo que impide la comparación. En segundo lugar, las sílabas sin sentido permiten una variación cuantitativa cómoda y segura; mientras que la terminación antes del final, o el comenzar en la mitad de una estrofa o de una frase, traen consigo nuevas complicaciones debidas a las dife- rentes perturbaciones de sentido que comportan.
Las series numéricas, las cuales también utilicé, resultaron dema- siado pequeñas para una investigación larga, debido al número escaso de sus elementos básicos.
0RODUCCIÆNDELASCONDICIONESEXPERIMENTALESLOM·SCONSTANTESPOSIBLES Para el aprendizaje memorístico se propusieron las siguientes con- diciones:
1. Las series fueron siempre leídas en su totalidad, desde el princi- pio hasta el final; no eran aprendidas por partes, que después había [hubiera] que encadenar; asimismo tampoco se escogieron las partes especialmente difíciles para memorizarlas con una mayor frecuencia. La lectura, y los ensayos de repetición memo- rística ocasionalmente necesarios, fueron intercalados de una manera natural. Para la repetición, se observó la siguiente norma: cuando se producía alguna interrupción, había que leer el resto de la serie hasta el final y luego volver a comenzar.
2. La lectura y la recitación fueron realizadas siempre con la misma velocidad, a saber, a un compás de 150 golpes por minuto. Para su regulación utilizamos inicialmente un metrónomo con reloj; pero muy pronto lo sustituimos por el tic-tac de un reloj de bol- sillo, mucho más sencillo y menos perturbador de la atención. El mecanismo de la mayoría de los relojes oscila con una frecuencia de 300 golpes por minuto.
3. Como es casi imposible hablar de continuo sin cambios de acen- to, decidimos, a fin de que estas diferencias fueran siempre las mismas, agrupar tres o cuatro sílabas dentro de un compás, y así dar un leve acento a las sílabas primera, cuarta, séptima, o a la
primera, quinta, novena, etc.; otras elevaciones en el tono de voz fueron evitadas en la medida de lo posible.
4. Después del aprendizaje de cada serie, había una pausa de 15 segundos, y esta pausa era aprovechada para hacer el balance de los resultados. Después se pasaba directamente a la siguiente serie del mismo experimento.
5. Durante el aprendizaje, y en la medida en que ello era factible, se tuvo el propósito de alcanzar el objetivo deseado con la máxima rapidez. Así, en la medida limitada en que la voluntad consciente puede influir en ellos, siempre intentamos concentrar al máximo nuestra atención en el trabajo fatigante, y en su objetivo. Natu- ralmente, para lograr este propósito se tomó en consideración todo aquello que supusiera un alejamiento de las perturbaciones externas; también se evitó en la medida de lo posible las peque- ñas distracciones procedentes de la realización del experimento en ambientes diferentes.
6. Nunca intentamos conectar las sílabas sin sentido por medio de relaciones inventadas, tales, por ejemplo, como las reglas de la nemotecnia; el aprendizaje fue debido simplemente a la influen- cia de las meras repeticiones sobre la memoria natural. Como yo no poseo el más mínimo conocimiento práctico del arte de la nemotecnia, el cumplimiento de esta condición no tuvo para mí ninguna dificultad.
7. Finalmente, y ante todo, procuré que las condiciones de la vida exterior durante el período de los experimentos, permanecieran libres, por lo menos, de cambios e irregularidades demasiado grandes. Naturalmente, dado que los experimentos duraron varios meses, esto sólo es posible en una medida muy limitada. Pero tuvimos buen cuidado de realizar en idénticas condiciones de vida aquellos experimentos cuyos resultados debían de ser directamente comparados. En particular, las ocupaciones previas al experimento siempre fueron lo más idénticas posible.
[EBBINGHAUS, H., 3OBRELAMEMORIA.
En J. M. Gondra (ed.), ,APSICOLOGÁAMODERNA. Bilbao: Desclée de Brouwer, 1982 (2.ª ed.) (pp. 136-139). Trad., J. M. Gondra. (Se han eliminado las notas del autor).]