Turismo de sol y playa: Antecedentes de su
2.2 Estudios de caso
Los destinos de sol y playa han comenzado a ser investigados desde distintas aproximaciones y temáticas, aunque cabe destacarse que el turismo como práctica social es un elemento central en las mismas como así también perspectiva que privilegia el estudio de caso como punto de partida para el análisis. En este sentido, a continuación, se podrán observar un conjunto de trabajos que abordan dicha problemática a partir de cuestiones como: surgimientos de los destinos, sus características, elementos que han hecho posible su desarrollo, ocio, sociabilidad, etc.
Entre estos trabajos podemos mencionar “Las puertas al mar. Consumo, ocio y
política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar” (2002) compilado por
Elisa Pastoriza. En esta obra se analizan los balnearios como lugar de ocio, de uso social y de consumo en el que se disputa el límite entre lo público y lo privado. Esta perspectiva da lugar a una nueva línea para abordar los espacios turísticos ya que comienzan a ser pensados como escenarios de desenvolvimiento social, también resulta importante analizar cómo esta actividad influye en el crecimiento de la ciudad, en este caso particular Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar.
Para el caso de Viña del Mar, se observa una estrategia analítica que contrapone dos realidades de la ciudad, el suburbio ferroviario y la villa de descanso (1870- 1910). Para los autores -Quiero, Sabatini y Booth- los suburbios representan una autosegregación espacial por parte de las élites, siguiendo un modelo anglosajón que habría tomado la burguesía local, en el cual la lejanía de las residencias les permitía distanciarse de la densidad habitacional, considerada excesiva y, que a su vez, les confería un mayor status a los miembros de la sociedad, que allí se erradicaban. Así “la inauguración del primer tramo del ferrocarril Santiago-
Valparaíso en 1855 brindó una excelente oportunidad para ampliar el área urbanizable hacia el norte” (Quiero, Sabatini y Booth, 2002: 37), que conjuntamente con la abundante oferta de lotes a bajo precio y la belleza del paisaje, convirtió a Viña del Mar en un lugar atractivo para que importantes ciudadanos de Valparaíso e incluso Santiago, quisieran construir grandes viviendas allí.
A medida que la ciudad se fue consolidando pudo observarse que comenzó a desenvolverse a partir de la línea del tren y alejada de la costa, un proceso de popularización de sus playas, de la mano de la estación del ferrocarril, que no fue muy bien vista por la burguesía que allí se había establecido en los orígenes de la la ciudad. Fue así como surge Miramar como un nuevo balneario, una playa de difícil acceso, que le permitía a la élite “resguardarse” de la mirada de los trabajadores, que habían irrumpido la exclusividad y privacidad de la costa de Viña del Mar. Fue así como Miramar, ribera más sobria, rústica y con menos comodidades, se convierte en el principal punto de encuentro para la sociabilización de la burguesía que frecuentaba la playa.
En relación a la intervención gubernamental, si bien las demandas de la población eran muchas, el financiamiento por parte del estado, no apareció sino hasta después de la década de 1930. De la mano del gobierno de facto, liderada por el Coronel Ibáñez del Campo (1927-1931), se concretó la modernización urbana tan añorada de Viña del Mar, que trajo aparejada la apertura de la ciudad, al consumo de la clase media. Entre las obras más importantes que se desarrollaron se
encuentran la construcción del Casino, del nuevo palacio de descanso presidencial, se terminó el Teatro Municipal y demás obras de infraestructura y equipamiento que permitieron arrimar la localidad a la margen costera.
El segundo caso de estudio abordado en la ciudad de Montevideo, entre finales de del siglo XIX hasta aproximadamente la década del ’40, momentos en los cuales esta localidad experimentó el auge de la actividad turística, y además se produce la valorización y construcción del espacio recreativo. Se intentará dilucidar cuál fue el rol que asumió el gobierno local en dicho proceso con el fin de acondicionar los recursos con que se contaban en vías de satisfacer la demanda turística.
En el período que va de 1868 a 1950 se observa una clara intención de adquisición por parte del municipio de espacios colectivos, lo que le permite iniciar proyectos para la expansión de los espacios recreativos, entre los que se encuentran: el Club Náutico Carrasco y Punta Gorda, el Yach Club Uruguayo en el predio municipal de la barra de Santa Lucía y el Polo Club. Los paseos marítimos, con las ramblas como principal elemento del paisaje costero, representaron el eje para el uso social de esta zona. Pero tenían una doble función, ya que además de ser un espacio de recreación público, también sirvió de sostén al avance de la propiedad privada, ya que durante el período se presenció una fuerte ampliación del mercado inmobiliario, a partir de la especulación de la tierra y la construcción de residencias en torno a estos paseos.
Para llevar adelante estos centros recreativos (expropiación y adquisiciones para ampliación de parques y construcción de ramblas), el municipio recurrió a fuentes extrapresupuestarias. Las principales fuentes de recursos y formas de financiación fueron:
“1) aportes especiales sin reintegro y un préstamo de origen estatal; 2) parte de los empréstitos externos contratados en bancos extranjeros (1867, 1901, 1922); 3) emisión de deuda pública interna bajo la forma de bonos y títulos con diferentes destinos en los que se incluye la extensión de la infraestructura urbana, y 4) adelantos del Banco de la
República para la adquisición de terrenos” (Da Cunha, 2002; 125). Y para afrontar el pago de estas deudas y demás obras
“1) recuperación de costos mediante gravámenes a los propietarios en casos concretos, como la pavimentación de las ramblas, a partir de 1921, y 2) fondos generados en la venta de terrenos sobrantes en el diseño de parques y ramblas” (Da Cunha, 2002; 126).
Así entre 1904 y 1909 el paisaje de las playas de Montevideo iniciaba su segunda transformación vinculada al acercamiento social al mar. De la mano de diversas obras como la construcción de ramblas, el alumbrado público, el seguimiento y control del aprovechamiento comercial privado de las playas y la reglamentación de la ocupación comercial del Parque Urbano. Junto con ello llegara el control de estado sobre las mismas, en 1917 nace la Ordenanza de Playas, reglamento que apunta a fiscalizar y ordenar las conductas de los usuarios y concesionarios dentro de la zona costera, equipamiento, como así también la vestimenta que se consideraba adecuada para asistir a la misma. A partir de la década del 30 se registra un nuevo cambio en relación con el mar y la costa, con la modernización de los trajes de baños, la utilización del bronceado como símbolo del “ocio saludable”, el traslado de los veraneantes hacia la playa con la indumentaria adecuada y la crisis económica de 1929, hizo peligrar a los concesionarios de servicios, en especial a los que poseían casillas de baño. Según Cunha para el caso de Montevideo, en el periodo analizado se observó una clara voluntad política de transformar a la ciudad y acrecentar así el flujo turístico. El accionar del municipio fue claro en la búsqueda de recursos para el financiamiento de diversas obras, y por otro, el establecimiento de reglamentaciones que controlaban, no sólo el uso comercial, sino que también social de los espacios recreativos de carácter público.
Cabe mencionarse también el artículo de E. Pastoriza, “Turismo Social y
acceso al ocio: el arribo a la ciudad balnearia durante las décadas peronistas (Mar del Plata, 1943-1955)”, en el libro “las Puertas al Mar”. Aquí la autora analiza
los factores que han permitido el desarrollo turístico de la localidad. Ella observa que la ciudad de Mar del Plata a partir de 1910 atraviesa un proceso de modernización, que se encuentra en clara consonancia con el que vivió el país entre los años 1880 y 1930. Este período se caracterizó por la expansión económica, social y territorial que se vio favorecido por la abundante oferta de tierras loteadas, inversión que se aconsejaba realizar por aquel entonces, ya que se veía favorecido por el clima de la especulación, durante los primeros años del siglo XX. A esto también hay que sumarle el aumento poblacional que sufrió la ciudad, por los numerosos inmigrantes que allí se emplazaron, aunque muchos se instalaron en las áreas rurales, una gran porción de ellos se ubicaron en el núcleo de la ciudad, lo que favoreció la diversificación de la economía.
Desde la llegada del ferrocarril en 1886 (extensión de la línea férrea, que hasta ese entonces llegaba a la ciudad de Maipú), Mar del Plata era el balneario por excelencia de la élite porteña, pero con la llegada del peronismo hubo cambios importantes. El turismo social significó el acceso de la clase obrera al ocio, enmarcado por ciertas reivindicaciones como fueron el aguinaldo, las vacaciones y la jubilación. Si bien el socialismo en el poder comunal, ya había planteado en la década del ’20 quitarle el sesgo exclusivista al verano y modificar la índole social de los veraneantes, fue el peronismo quien le dio un marco legal e hizo posible el fomento del mismo. Así, la manera en que el peronismo prestaba sus servicios, fue bajo la construcción de complejos turísticos (los más importantes en Río Tercero, Córdoba, y Chapadmalal, Buenos Aires), la adquisición de hoteles, ya sea propios o alquilados a los gremios durante las temporadas estivales, y diversos planes encarados por cada provincia, bajo el lema “Usted paga el viaje, la provincia el hospedaje” (Pastoriza, 2002:100).
Junto con este cambio que se relaciona con las políticas públicas que fomentaron el turismo en la ciudad de Mar del Plata también emergió una legislación que reglamentaba las costumbres y comportamientos, además del equipamiento a instalarse sobre la arena, la autora menciona el Reglamento de Baños que estaba vigente desde el siglo XIX, sancionados por el Estado nacional, teniendo como
base el Código Civil. La ley 4.739/39 de Urbanización de Playas y Riberas, representó el marco para la construcción de las grandes obras (Rambla Casino y demás construcciones en Playa Grande), que dio lugar a partir de diversas construcciones la arquitectura de la costa cambiará radicalmente y se pusiera fin a los establecimientos precarios que la habían caracterizado décadas atrás. Así “la
Nación inicialmente produjo la legislación general, pero en forma posterior reconoció la potestad provincial en las playas y limitó su actuación, dejando establecida su jurisdicción a las cuestiones relativas a la navegación” (Pastoriza, 202: 136), el final de la década del ’30 marcó, definitivamente, la posesión provincial de la jurisdicción de las costas. Este hecho provocó un largo conflicto entre el gobierno local y el provincial, por el dominio de este espacio, ya que no sólo se presentaba como un escenario de identificación cultural, sino que también representaba una importante fuente de recurso financiero para ambos. El argumento peronista que justificaba su accionar, se basaba en una planificación centralizada del turismo, que evitará la inequidad en la distribución de las necesidades económicas y paisajísticas en la provincia. Pero los enfrentamientos por esta cuestión continuarían por varias décadas.
También podemos mencionar el trabajo “Prácticas de sociabilidad en un
escenario argentino. Mar del Plata 1870-1970” de Graciela Zuppa, Mónica
Bartolucci, Gabriela Méndez y Elisa Pastoriza (2004). El mismo es el resultado de un proyecto de investigación elaborado en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Mar del Plata, en el año 2000. Las autoras intentan, a través de diversas investigaciones, dar a conocer la mirada social, cultural y política de la ciudad de Mar del Plata desde la formación como balneario hasta la década de 1960. Según las autoras estas miradas son importantes para poder observar las variaciones en el espacio (evoluciones o regresiones) por la que ha atravesado el destino y que pueden observarse a través del tiempo en los cuales las distintas formas que toma “la sociabilidad” resulta fundamental para el análisis.
condensa el libro. Las autoras parten de reconocer que la conceptualización que utilizan como punto de partida ha sufrido cambios y a implicado diversos enfoques. Así en sus inicios se lo consideraba como sinónimo de vida cotidiana, historia de las costumbres, buena educación y en ocasiones, únicamente sinónimo de vida política o religiosa. Ellas pretenden avanzar en esta conceptualización, además de redefinir el concepto a partir de enfocarse en las relaciones que los individuos establecen en los espacios de ocio, en campañas políticas o para conseguir matrimonio, por ejemplo. Los trabajos se centran en las experiencias que los sujetos obtenían en sus relaciones cotidianas y encuentros sociales con cierta frecuencia, lo que conlleva a los actores a desarrollar vínculos familiares, al consumo de bienes materiales y simbólicos y a la manifestación de las desigualdades sociales y políticas. Avanzar en el conocimiento de estos elementos les permitirá acercarse a los nuevos espacios para el disfrute del tiempo libre que impulsan las prácticas dentro de la cultura del ocio como gestos, vestimentas, juegos, encuentros, bailes, deportes, teatros, entre otros.
El grupo de actores a analizar estará conformado por la elite porteña, los residentes y por último los turistas que practican el turismo de masas, todos ellos insertos en un estado en plena modernización y en una cultura de ocio y turismo. En “Sociabilidad y familia. Matrimonios y sociabilidad. Mar del Plata, 1870 –
1900”, G. Méndez, pretende identificar los vínculos, lazos e interacciones establecidas por los habitantes de la ciudad de Mar del Plata que conducen al matrimonio. La autora considera al matrimonio como uno de los actos más importantes en la vida, por lo que supone que el estudio de las relaciones sociales para su concreción permite descubrir los modos de sociabilidad particulares. La investigación se llevó a cabo a través del análisis de las actas matrimoniales del periodo seleccionado. Para comprender el fenómeno de las relaciones sociales es muy importante para la autora tener en cuenta las relaciones parentales como la pertenencia étnica pero también los vínculos establecidos de manera vertical como por ejemplo, las relaciones económicas de superioridad. A modo de conclusión, la sociabilidad llevada a cabo por los actores sociales en las últimas
décadas del siglo XIX en Mar del Plata, se aleja de una mirada simple, sino que requiere de un análisis de tipo complejo y complementario hacia una visión integradora.
Por otro lado, G. Zuppa en el capítulo “Sociabilidad y espacio. Prácticas de sociabilidad en la construcción de la villa balnearia. Mar del Plata y el acceso
al siglo XX”, relaciona el concepto de sociabilidad con los vínculos que
establecen los grupos entre sí, como así también con las acciones interpersonales que estos plasman en sus encuentros. Dicho sistema de relaciones informales necesita además, de una serie de aportes como el lenguaje, la indumentaria, los gestos y los objetos que refuercen la lectura de las representaciones de los actores (Zuppa, 2004: 56). La autora buscará distinguir diferencias y similitudes en las formas de sociabilidad entre los residentes de la ciudad de Mar del Plata y los veraneantes porteños a través de los gustos, los usos de signos culturales materiales e inmateriales y de la construcción de los entornos espaciales. Según Zuppa,
“el escenario en el cual se llevan a cabo los encuentros sociales resulta ser un campo espacial móvil (abierto potencialmente cuyos límites son fronteras dinámicas) y significativo en el que se construyen nexos, se movilizan estrategias y se modifican disposiciones” (Zuppa, 2004: 56).
Antes de la llegada de los veraneantes a Mar del Plata, los residentes ocupaban su tiempo libre en billares, canchas de bochas, pelotas, tiro al blanco, orquestas, bailes, carrera de bicicletas, entre otros. Pero la playa comenzó lentamente a ser un espacio codiciado por aquellos que buscaba en nuestro país un lugar para descansar así comenzaron a gestarse distintos proyectos en pos de satisfacer la demanda de los futuros veraneantes. Los variados servicios buscaban atender los gustos de los veraneantes, en especial, porteños. Esta situación fue configurando dos universos el de los “residentes locales”, quienes avanzaban lentamente instalando lo que podían y como podían; y “los veraneantes”, que gracias a la inversión empresarial realizaron instalaciones costosas. Así se fueron
construyendo diversos espacios que transformaron la ciudad. Las nuevas demandas permitieron la construcción de hoteles, el arribo de trenes de pasajeros, mejoramiento de los accesos, el embellecimiento de la ciudad, etc. (Zuppa, 2004:59)
La llegada de veraneantes y de inversiones marcará una clara división en la ciudad que se verá representada por residentes y turistas. En este sentido se visualizará la “ciudad de los residentes” al norte de la misma en torno a la playa “La Perla” en la cual los servicios que se ofrecían eran modestos y precarios. En contraposición, la elite veraneante se ubicó en la Rambla Bristol, construida con un estilo afrancesado en la que se encontraban diversos locales comerciales, confiterías, clubes y cines. Dicha élite se caracterizaba por el gran despliegue de la posesión de bienes y un comportamiento sofisticado y ostentoso. La exhibición de indumentaria europea y los modales refinados conformaban su clase de vida concentrada en la competencia de lujos y el buen gusto (Zuppa, 2004:62-63). La influencia del veraneante penetró en diversos ámbitos de la ciudad. Así el comportamiento social en los hoteles del balneario respondía a formas adoptadas en ámbitos porteños y europeos, marcando las formas de relación social, hasta que los visitantes deciden construir sus propias viviendas. Estas últimas fueron objetos de cultura material que reproducían prácticas sociales y comportamientos de sus propietarios. En esta misma línea se encuentra la indumentaria que permitía la identificación frente a otros, expresando así distinción y marcando diferencias sociales.
Estos elementos le permiten a Zuppa (2004) sostener que tanto residentes como veraneantes crearon un conjunto de representaciones implicaron y generaron relaciones de interdependencia. Ambos constituyeron dos mundos de complejos significados, capaces de estratificar la organización de la villa balnearia; su proximidad permitió el entrecruzamiento de solicitudes y demandas, como el conocimiento recíproco y diferenciado entre ellos. Investigar los ámbitos de sociabilidad de ambos grupos permitió individualizar señales de comunicación,
referencias legitimadoras de cada uno y comportamientos adoptados para poder comprender los modos de interacción social. Las formas de comportamiento analizadas y las actitudes adoptadas responden a factores culturales, los cuales permitieron caracterizar las formas de apropiación del espacio, la construcción de representaciones, los modos de emitir efectos simbólicos frente a otros y las formas de referenciar las posiciones sociales.
En el caso del capítulo de Mónica Bartolucci , “Sociabilidad y multitudes. La
foto en “La Bristol”. Sociabilidad, circulación y consumo en la década de los sesenta en Mar del Plata” propone una mirada diferente y original de la época. Durante la década de los ´60 la sociedad Argentina tenía 2 visiones del mundo a veces opuestas y otras complementarias. Por un lado, una sociedad apegada al consumo y al bienestar material producto de las sociedades capitalistas, en este sector se ubica la clase media tradicional; y por otro una sociedad integrada por jóvenes que a partir de la política buscaban generar cambios y reformas que conllevarán a una revolución. Ambas visiones generaron tensiones culturales, las cuales formaron parte del proceso de modernización.