Hay eunucos que nacieron así del seno materno. Mateo 19,12
de las hermosas damas que veía diariamente. En segundo lugar, el monarca colocaba a eu- nucos como ministros de su gobierno y go- bernadores territoriales. También en este caso era ventajoso que los eunucos no pro- dujesen hijos que pudieran convertirse en rivales de los hijos del rey a la hora de plan- tearse la sucesión del trono.
Egipto
Ya en el capítulo 39 del Génesis leemos sobre Putifar, funcionario de la corte real egipcia. El narrador hebreo lo califica con la palabra
serís, que significa “eunuco”. Si consultamos las versiones castellanas, la NBJ es la única que la traduce correctamente como “eunuco”. En cuanto a RV95, encontramos el eufemismo “oficial”, y también DHH y NVI se limitan a llamarle “funcionario”. Tales traducciones re- flejan sólo parcialmente el contenido de serís, ya que el vocablo hebreo abarca más que la profesión del egipcio. Funcionario o no, un eunuco carece de testículos.
Al mismo tiempo, no obstante, el argumento del cap. 39 revela que Putifar es casado. A primera vista este dato aparenta contradecir la definición corriente de lo que es un eunuco, y el texto no aporta ninguna información adicional sobre el tema. Las explicaciones pueden ser varias. En primer lugar, los sexó- logos saben que algunos eunucos son capaces de disfrutar de una vida sexual activa. En se- gundo lugar, es de suponer que a algunos altos cargos de la corte faraónica le corres- pondiera no vivir en el celibato sino en el matrimonio. En tercer lugar, es posible que haya sido tan frecuente en las monarquías de la antigüedad emplear a eunucos que el campo semántico de serís se extendió hasta cubrir un sector más amplio. Donde sucede esto, y dado el caso, algunos eunucos no eran eunucos en el sentido físico sino que gozaban del mismo rango social. Teniendo en cuenta estos datos, traducciones como “oficial” y “funcionario” son tal vez defendibles en determinados contextos.
De Putifar sabemos con certeza que posee esclavos. José, hijo de Jacob, es vendido por sus hermanos a un grupo de comerciantes (Gn 37,27) que lo llevan a Egipto. Allí Putifar se lo compra en el mercado (39,1). A partir de este instante tiene bajo su techo a un
mozo muy atractivo. Algunos comentaristas han sugerido que Putifar tiene tal vez incli- naciones homoeróticas, pero el texto no aporta ningún dato concreto en tal sentido. En cambio sí se sabe que los esclavos en tiempos antiguos estaban a la plena disposi- ción de sus amos en cualquier momento, in- cluida la intimidad sexual. En todo caso, no hay que descartar que Putifar haya comprado a José debido precisamente a la buena pre- sencia del joven. El narrador nos informa que a la esposa del funcionario le llama po- derosamente la atención José porque es apuesto (Gn 39,7).
Babilonia
El argumento del libro de Daniel se desen- vuelve en la antigua Babilonia. Comienza en el momento en que el rey Nabucodonosor conquista la ciudad de Jerusalén para llevarse a varios miles de sus habitantes a la babilónica comarca de Senaar (Dn 1,2). Uno de los exi- liados se llama Daniel. Junto con un grupo de israelitas jóvenes, inteligentes y bien pa- recidos es elegido para cursar estudios en la corte real durante un periodo de tres años. El narrador no menciona en ningún momento que Daniel se case o que tenga hijos. Si com- binamos este hecho con la muy extendida costumbre de dar empleo a eunucos en la administración del reino, podríamos tener motivos para suponer que el mismo Daniel es eunuco. Posiblemente haya una alusión a esta situación en el segundo libro de los Reyes 20,18, donde el profeta Isaías anuncia que algún día llevarán a descendientes del rey de Judá a Babilonia para convertirlos en eunucos del palacio del emperador.
El jefe de los eunucos de la corte de Babilonia se llama Aspenaz (Dn 1,3). Dos versiones castellanas se salen aquí de la literalidad aportando eufemismos: “jefe de los oficiales de su corte” (NVI) y “jefe del servicio de pa- lacio” (DHH). El texto indica que a Aspenaz le cae bien Daniel hasta el punto de permitirle introducir una modificación de la dieta que llevan normalmente los estudiantes. Gracias a su buena voluntad, los jóvenes israelitas obtienen el privilegio excepcional de llevar un régimen vegetariano. Tras un experimento de diez días, ponen en evidencia que los ve- getarianos tienen mejor aspecto físico que los que consumen carne (1,15). R
S
i bien no es Pablo el autor de 1 Ti- moteo, aunque demos por hecho que Pablo no es el autor de las cartas pastorales; pienso que si proce- demos con una actitud crítica y con ho- nestidad intelectual; tendremos que ad- mitir que Pablo y el autor de 1 Timoteo comparten una misma y básica premisa en relación a la creación del hombre y a la creación de la mujer, premisa que lleva al autor de 1 Timoteo a demandar la estricta sujeción de la mujer al varón (1 Timoteo 2.11-12), y al segundo (a Pablo) a demandar que la mujer lleve sobre su cabeza una señal de que está bajo autoridad (y si se admite, como lo indican todos los manuscritos griegos, que efectivamente los versículos 34-35 de 1 Corintios 14 proceden de la mano de Pablo, la situación es peor).La premisa básica que comparte el autor de 1 Timoteo con Pablo es que la mujer fue creada con posterioridad al varón, que si bien por medio de la gestación el varón procede de la mujer; originalmente el varón fue creado primero y posterior- mente la mujer, procediendo de éste, y por causa del mismo (en conformidad con la teología y antropología del relato de Génesis 2-4-25.
1 Corintios 11.7-9: “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen
y gloria de Dios; pero la mujer es gloria del varón. 8Porque el varón no procede de la mujer, sino la mujer del varón, 9y tampoco el varón fue creado por causa de la mujer, sino la mujer por causa del varón.”
1 Timoteo 2.13-14: “Porque Adán fue formado primero, después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgre- sión.”
Por supuesto, no acusa Pablo a la mujer de haber sido ella la que falló, como sí lo hace el autor de 1 Timoteo.
Por otro lado, no parece que Pablo y el autor de 1 Timoteo conocieran o asu- mieran la que vino a ser la leyenda tal- múdica sobre LIlith, ni el mito de un primer Adán andrógino, al cual se en- tiende que se alude en el libro apócrifo llamado «Apocalipsis de Adán, 1.5 (texto gnóstico).
Además, con relación a la situación un tanto complicada y hasta contradictorio del pensamiento paulino hacia la mujer, especialmente en relación a 1 Corintios 14.34-36; son oportunas aquí las palabras de Juan José Bartolomé (1998): “No re- sulta muy convincente eliminar a priori contradicciones en un hombre tan con-
Héctor Benjamín Olea Cordero
Biblista y teólogo protestan- te. Profesor universitario de hebreo, griego, estudios bí- blicos y teológicos. También es el presidente y fundador del Instituto Dominicano de Ciencias Bíblicas IDCB, Inc. El Profesor Olea Cordero fue miembro del equipo de es- tudiosos de las lenguas bí- blicas que trabajó en la ver- sión de la Biblia llamada La Nueva Traducción Viviente.
http://benjaminoleac.blogspot.com.es