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La evoluciónLa evoluciónLa evolución

In document La Patria Fue Un Libro (página 106-108)

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emos señalado otra singularidad bíblica: de todos los relatos antiguos sobre la Creación, solamente el Génesis permite una lectura por parte de la comunidad científica. En efecto, se han escrito varios ensayos científicos que validan las premisas bíblicas fundamentales. La revisión que sigue de algunas de ellas, está parcialmente basada en el trabajo del físico nuclear del MIT, Gerald L. Schroeder1.

El Libro que mostró un mundo diferente del pagano, un mundo que se contraponía al de los sacrificios de niños y la corruptela de dioses iracundos; el Libro en el que la plegaria o los sacrificios venían a modificar al oferente, no a la deidad: el Tanáj, reveló que no hay luchas entre dioses, sino una tensión entre el hombre libre y su Creador.

El mismo texto dejó ver que en el universo hay orden, y por ende hay posibilidad de progreso, desalojando así la creencia en ciclos interminables a los que nadie podía sobreponerse. El mundo amorfo y caótico pasaba paulatinamente a ser un escenario para la celebración de la vida.

Con ello, no se había quebrado del mundo pagano sólo su superstición sino, fundamentalmente, su intrínseco pesimismo.

Junto a la nueva moral, el Génesis introduce una cosmovisión que también abriría las compuertas de la ciencia. Un comentario de Najmánides lo ilustra

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bien: en su exégesis acerca de la construcción de la mesa del tabernáculo (Éxodo 25:24), asevera: "…desde que el mundo existe, ya nada más fue creado de la nada, sino que el mundo funciona de acuerdo con su ley ya que ‘Dios vio lo que había creado y era muy bueno’".

De acuerdo con la Biblia, Dios creó y permitió que el universo se rigiera con leyes naturales. Así, previamente a la conquista de Canaán, envía avispones para espantar al enemigo (Deuteronomio 7:20), pero al mismo tiempo anuncia que a los enemigos "los desalojará de a poco… para que las bestias del campo no se reproduzcan".

Esta medida de preservación ecológica conlleva un dilema: parecería que la omnipotencia divina alcanza para enviar avispones pero no para disminuir las bestias del campo. La respuesta es que en la Biblia hay un nivel en el cual Dios permite que las leyes de la naturaleza prevalezcan y no interfiere en ellas. Cuando divide las aguas del Mar Rojo (Éxodo 14:21) lo hace por medio de un solano poderoso que sopló toda la noche.

Otra vez, el vendaval no es necesario para dividirlas, sino para preservar las apariencias de un mundo natural. Ello es la garantía de la regularidad de la naturaleza, de la posibilidad de su investigación, y de la validación del libre albedrío.

Dos datos aparecen en el relato geogénico del Tanáj: el universo no es eterno sino que tuvo un comienzo y, como hemos sugerido, la aparición de la vida se presenta como deliberada, más que como el efecto de millones de azarosas reacciones.

Desde la época aristotélica hace 2300 años hasta hace medio siglo, la gran mayoría de los científicos sostenían que el mundo es eterno.

El cambio en la opinión científica se dio con la estipulación del Big Bang, lo que en términos bíblicos es la Creación.

Además de haber comienzo, hubo vida rápidamente, es decir que el universo está sintonizado para la vida desde su misma concepción: si la energía del Big Bang hubiera sido diferente en una trillonésima parte (10120), no habría

vida en el universo.

El Génesis contiene un versículo para mostrar esa faceta: cuando la vida aparece en el tercer día, ya no es descripta por la palabra "crear": "La Tierra generó" vida. La Tierra tenía en sí las propiedades necesarias para hacer

107 107 107 107 107 CAPÍTULO 1 florecer la vida.

La comunidad científica registró que, según la evidencia fósil descubierta, la vida no comenzó después de miles de millones de años, sino inmediatamente cuando la Tierra se enfrió.

Este es el segundo aspecto compatible entre la ciencia y la Biblia: no sólo hubo comienzo, sino que la vida emergió en la Tierra rápidamente. La vida unicelular irrumpió apenas hubo agua, hace 3.800 millones de años. Y hace 530 millones de años, en la era cámbrica, las anatomías básicas de toda la vida hoy existente aparecieron simultáneamente en los océanos. La explosión de vida se produjo en el período cámbrico, hace 530 millones de años. Gerald Schroeder explica en su ensayo el sorprendente paralelo bíblico: el comienzo de la vida se da en el tercer día (inmediatamente después de la aparición de agua líquida sobre la Tierra, también del tercer día). Luego hay un hiato, y durante todo el día cuarto, la vida no es mencionada. En el día quinto, el Génesis describe una explosión de vida: "¡Que rebosen las aguas de seres vivientes!" (1:20).

Es fundamental la referencia a esos seis días, porque el tiempo bíblico tiene dos categorías: ese lapso de una semana y todo el tiempo posterior. A partir de la aparición del ser humano, el tiempo se relaciona a los eventos históricos que el hombre protagoniza. El comienzo del calendario bíblico se da en la creación del alma humana (Génesis 1:27) y no en la creación del universo (1:1)2. Se contraponen "las generaciones de los cielos y la tierra cuando

fueron creados el día que el Eterno Dios hizo los cielos y la tierra" (Génesis 2:4) y "Éste es el libro de las generaciones de Adán el día en que Dios creó a Adán" (5:1).

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