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expandir las posibilidades del Otro de continuar

c a p í t u l o

Dos situaciones en el lapso de seis meses con los mismos actores

LA PRIMERA

Se encuentran tres personas conversando (la esposa Amanda, su marido Peter, y la terapeuta Anna), además de otras dos, que escuchan sentadas más lejos (en adelante ella y él).

Éstas son transcripciones del encuentro en el que tanto Amanda como Peter se conmovieron al hablar. Amanda dijo estar enojada casi todo el tiempo, y su enojo la invadía casi totalmente en ese momento. Estaba particularmente enojada con su marido, que no les prestaba ni a ella ni a sus hijos la atención que necesitaban: “¡No nos ves! ¡Quiero que me veas!”. Se sentía herida cuando él prefería leer el diario o mirar la televisión con un vaso de vino en lugar de hablar con ella. Se notaba herida cuando habla- ba, lo que se manifestó cuando dijo: “Me siento como una extraña en mi propio hogar”. Hablaba con intensidad y al hablar aumentaba su compromiso: “Cuando era joven sonreía todo el tiempo. Era una

niña muy, muy buena. Pero eso en parte era un juego”, dijo y empezó a hablar más despacio aunque

mantuvo su compromiso, si bien un poco más suavizado. Peter se disculpó y dijo que podía entender

“...Y no debemos proponer ninguna teoría. No debe haber nada hipotético en nuestras consideraciones. Toda explicación tiene que desaparecer y sólo la descripción ha de ocupar su lugar. Y esta descripción recibe su luz, esto es, su finalidad, de los problemas filosóficos. Éstos no son ciertamente empíricos, sino que se resuelven observando el fun- cionamiento de nuestro lenguaje, y justamente de manera que éste se reconozca, a pesar de una inclinación a mal entenderlo. Los problemas no se resuelven mediante la entrega de nueva información sino que ordenando lo que siempre hemos sabido. La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio de nuestro lenguaje”.

Ludwig Wittgenstein. Investigaciones filosóficas, N° 109. “Una figura nos tuvo cautivos. Y no podíamos salir, pues reside en nuestro lenguaje y éste parece repetírnosla inexorablemente”.

Ludwig Wittgenstein. Investigaciones filosóficas, N° 115.

* Tom Andersen dice: “Siento que todos los lugares en que me toca trabajar, es en Sudamérica donde me siento más a gusto. Creo que se debe al evidente interés, gran compromiso y asistencia significativa de los sudamericanos a mis char- las. Este genuino compromiso se manifiesta en sus deseos positivos hacia el Otro, lo cual me hace sentir bien partícipe de una conexión de solidaridad”.

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37 fácilmente que ella estuviera disgustada y que comprendía que debía comportarse en forma diferente.

Sin embargo, no era capaz de hacerlo. No podía concentrarse bien y se olvidaba fácilmente de las cosas. Ni siquiera podía recordar mucho acerca de su infancia. Había muchos agujeros negros en su memoria, y dijo con una mirada triste: “Siento que he perdido mi historia”. Había ido a ver a un médico que le había dicho que tenía trastorno de déficit de atención con hiperactividad (ADHD) y que le recetó una pastilla, y dijo Peter con creciente ansiedad en su voz: “Espero que la pastilla mágica destrabe mi cere-

bro”. Repitió tres veces la palabra “destrabar”, mostrando en su rostro la esperanza que parecía seguir a

la palabra. Amanda trató de escucharlo con atención, pero era obvio que ella también pensaba en otra cosa, y se preguntó si su enojo sería heredado, ya que su padre también solía estar muy enojado. Anna, la terapeuta, quería que le contara más acerca de su padre y Amanda dijo: “Tenía un gran frasco lleno

de pepinillos. Le encantaba comer pepinillos cuando llegaba a casa después del trabajo. Pero un día, cuando tenía trece años, alguien empujó el frasco y éste se cayó y se rompió. Mi madre salió a recorrer las calles en busca de un nuevo frasco. Y encontró uno, llegó a casa y lo llenó de pepinillos antes de que él llegara. Pero, cuando vio que el frasco no era el suyo, lo tiró al suelo y lo destrozó”. Se rio al contar

esto, y si bien esto había ocurrido veinte años atrás, todo su cuerpo participaba en los movimientos de la risa. Peter hizo un comentario acerca de lo que se comentaba del enojo, diciendo que había visto mucho enojo en su vida, en su padrastro, pero que había aprendido a protegerse de éste. En realidad había aprendido a protegerse de los sentimientos en general.

Anna, la terapeuta, preguntó si las dos personas que estaban en la habitación y que habían escuchado querían decir algo.

Ella dijo suavemente, volviéndose a él, la había conmovido mucho escuchar a Amanda diciendo que se sentía como una extraña en su propio hogar, y agregó: “Cuando Peter habló de no poder recordar mucho

de su infancia, tuve una imagen de Peter viajando por un camino y deteniéndose de vez en cuando para mirar a su alrededor y diciendo: ¡Esto es mío! Puede ser que lo que he dicho suene extraño, pero ésa fue mi imagen”. Él le dijo a ella que había escuchado dos palabras importantes, una era “destrabar”,

y la otra era “enojo”. “Cuando Amanda habló del enojo entre ella y Peter, me pregunté si habría más

sentimientos en el enojo que sólo enojo. En realidad, cuando su discurso se fue desarrollando, yo tenía respuestas para esa pregunta, cuando ella dijo que sonreía todo el tiempo cuando era niña, pero que en parte era un juego, entonces, pensé que había más sentimientos en sus sonrisas que sólo felicidad. Y cuando habló de su padre destruyendo el frasco, me pregunté si su padre estaría tan enceguecido por el enojo que no podía ver el esfuerzo que habían hecho los otros miembros de la familia para reponer el primer frasco”. Él le habló luego a ella acerca de la palabra de Peter, “destrabar”: “Entendí por la forma en que hablaba, que destrabar es una palabra importante, sin embargo me pregunté si era adecuada. ¿Con quién podía hablar para averiguarlo? Y si la palabra destrabar resulta ser una buena idea, ¿quién debería estar allí para prestarle atención cuando ‘destrabe’ la palabra?”.

Amanda, Peter y Anna escuchan con atención, como si estuvieran capturados por las palabras que oye- ron. Amanda empezó a decir: “Me olvido tan fácilmente de cuán importantes son estas retroalimentacio-

nes”. Luego se puso muy pensativa y miró para otro lado, y las cuatro personas restantes en la habitación

la miraron con discreción. Luego, después de veinte segundos, murmuró: “¡No puedo hablar!”. Anna le respondió con mucha suavidad: “No es necesario que hables”. Amanda se apartó pensativa, “llorando a mares”. Luego de más de un minuto de silencio le dijo a Peter: “Tal vez destrabar sea bueno para

otros... pero tal vez te encuentres con más dolor... más silencio... y enojo y ceguera... más silencio... sí, porque cuando estoy enojada no te veo, Peter... ¡no te veo!”. Peter dijo: “Es un gran privilegio que alguien escuche lo que digo y que me devuelva algunas ideas. Me escudo de los sentimientos, pero me impactó mucho que lo que dije hiciera que me devuelvan en forma tan coherente lo que pensaba y lo que sentía... –volviéndose a Amanda– ¿Qué te ha hecho pensar que no debería destrabar?”. Ella: “Podrías abrir más puertas, no podemos saber si estás listo para eso...”.

Anna, la terapeuta, se enteró que hubo menos tensión en el matrimonio luego de la reunión, pero esta- ban esforzándose por abrir puertas y habían retomado su relación íntima, la que había estado “muerta” por algún tiempo.

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37 LA SEGUNDA

Seis meses después Amanda, Peter, Anna y él volvieron a reunirse.

Amanda dijo que en su relación había más conciencia, más apertura. Pero que aún seguía insatisfecha:

“Espero y espero... pero... (eleva la voz, sacude las manos y habla con más rapidez) ¡quiero más!, ¡quiero que me digas más!, ¡que me hables más!”. Peter levanta los brazos y se pone las manos detrás

del cuello. Parece sentirse incómodo, y espera a que ella termine antes de decir: “A menudo siento

que muchas cosas me caen encima... y no puedo seguirlas tan rápido... necesito almacenar lo que escucho por un tiempo antes de poder procesarlo... necesito conservar lo que he escuchado antes de poder procesar mis pensamientos... y entonces no me siento preparado para recibir más...”. Amanda

interrumpe haciendo referencia al día anterior cuando Peter no le había contestado: “¡Tal vez ni siquiera

me oíste!”. Peter la interrumpe, mientras ella sigue hablando; es obvio que ninguno escucha al otro.

Cada uno quiere que el otro oiga, en vez de escucharse. Anna se vuelve a él y le pregunta lo que piensa, él responde: “Oí que Amanda afirmó que había más conciencia y más apertura en su relación, lo cual

hizo que me preguntara ¿cuán grande es la apertura y a dónde apunta? ¿es una apertura significativa o pequeña? Y luego le oí decir a Peter que tenía que retener por un tiempo lo que escuchaba (él hace

un gesto como de retener con las manos las palabras) para procesar sus ideas. Este procesar sus ideas

es lo que yo entiendo que Amanda espera. Espera que Peter pronto esté listo para oír las palabras que ella quiere que oiga. Después pensé en la apertura, ¿puede ser usada para comunicarse con algo más que palabras? ¿podría ser utilizada también para que se tomen de las manos? Amanda podría posar su mano sobre la de Peter y comunicar con esto: ‘Estoy a la espera de lo que quieras decir’, mientras Peter podría acariciar la mano de Amanda comunicándole: ‘Entiendo que necesitas tiempo para procesar tus ideas’”.

Mientras él habla, Peter busca la mano de Amanda, y cuando termina de hablar las manos de ambos se encuentran entrelazadas. Poco después, Peter habló extensamente, mientras Amanda lo escuchaba con atención. Dijo cuán abrumado se sientía al ver una relación tierna entre un padre y sus hijos, y a medida que la reunión proseguía, se fue acercando cada vez más a los agujeros negros de su infancia, que no había podido recordar. Fueron momentos de grandes dificultades entre él y su padre, quien temprana- mente lo abandonó junto y a su madre. Aunque la vida había sido muy difícil antes de que el padre los abandonara, la incertidumbre que se creó con su partida aún los perturba.

Reflexionando

Ella y él reflexionaron sólo acerca de lo que oyeron. Las palabras acerca de las cuales ambos reflexiona- ron eran aquéllas que en opinión de ambos tenían un fuerte sentido personal para la pareja. En el primer encuentro: “Peter no podía recordar su pasado”, “el enojo de Amanda”, “el enojo del padre de Amanda”, “destrabar”; y en el segundo encuentro: “apertura”, “conciencia”, “retener”, “almacenar y procesar los pensamientos”. Ambos empezaron por repetir con cuidado las palabras de Peter y Amanda antes de ofrecer sus reflexiones. El que se repitieran sus palabras hizo que Amanda y Peter comprendieran que habían sido escuchados y que había testigos de lo que habían dicho.

Las reflexiones de él y ella ampliaron y agregaron nuevas ideas al significado que las palabras tenían previamente.

Esquema de una conversación

La persona a la izquierda habla y la persona a la derecha escucha. Quien oye no sólo escucha cada palabra, sino que también observa de qué forma el que habla recibe sus propias palabras (Figura 2-1). Quien escucha observa que algunas de las palabras emitidas por el que habla no sólo son recibidas y oídas por el mismo hablante, sino que también lo conmueven. Estos movimientos del hablante pueden verse y hablan por sí mismos. Algunas veces se ensombrece el rostro del hablante, sus manos pueden estar cerradas o abiertas, puede toser, puede deslizarse alguna lágrima, o bien puede hacer una pausa,

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39 etc. Quien escucha comprende que las palabras dichas conllevan un significado que hace que el ha-

blante vuelva a experimentar algo que ha vivenciado antes, sin comprender qué es. No es infrecuente que el que escucha se conmueva al notar que el que habla se ha emocionado. Aquellos momentos en los que ambos están conmovidos son buenos para formular una pregunta o un comentario, que a su vez mantienen en movimiento al hablante y a la situación en general. Un cambio o la expansión de las expresiones en movimiento pueden causar una comprensión nueva de una situación difícil, o una nueva idea acerca de cómo se sorteará el paso de este momento, que tal vez es problemático, a otro, esperando que sea menos difícil.

Figura 2-1

Esquema de una conversación.

Algunas pautas prácticas

La persona que habla con la familia puede beneficiarse con esto; es importante que quienes deseen hablar puedan hacerlo, pero más importante aún es que aquéllos que no lo deseen tengan también esa posibilidad. Es importante que aquéllos que deseen hablar, hablen acerca de lo que prefieran, pero es mucho más importante que no hablen de lo que no quieren hablar.

Nadie habla con cualquier otro, acerca de cualquier tema, en cualquier momento, del modo que sea; cada uno selecciona cuidadosamente a quien le habla, de qué tema, de qué forma y en qué momento. Es importante que aquéllos que desean hablar seleccionen un tema, y empleen las palabras y expresio- nes que prefieran y que se les dé el tiempo necesario para expresarlo. Es importante también que no se interrumpa al hablante.

Es importante que el hablante diga lo que quiere que sea escuchado, y no necesariamente lo que el terapeuta o el investigador quieren escuchar.

Aquéllos que sólo escuchan y que van a reflexionar, sólo lo harán acerca de lo que escucharon.

Diez supuestos acerca del lenguaje y sus significados

Dado que se le ha prestado tanta atención a las conversaciones, tanto a lo que se dijo originariamente, como a las reflexiones al respecto, debo decir algo más acerca de las palabras, su expresión, y otras manifestaciones.

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39 Lo que aquí escribo está muy condensado al compararlo con las fuentes a las que hace referencia. Las fuentes escritas fueron: Ludwig Wittgenstein (Wittgenstein, 1953, 1980; Von Wright, 1990, 1994; Grayling, 1988; Gergen, 1994; Shottter, 1996); Lev Vygotsky (Vygotsky, 1988; Morson, 1986; Shotter, 1993, 1996); Jacques Derrida (Sampson, 1989); Michael Bakhtin (Bakhtin, 1993; Morson, 1986; Shotter, 1993, 1996); y Harold Goolishian (Anderson, 1995).

La colaboración que he prestado a otros psicoterapeutas a lo largo de los años, en especial a Aadel Bülow-Hansen y Gudrun Ovreberg, ha sido una importante influencia en el desarrollo de estas ideas (Ovreberg, 1986; Ianssen, 1997). Otras fuentes también han sido mis propias experiencias al poner estos supuestos en práctica. Haber participado en muchos procesos reflexivos en circunstancias muy diferentes no ha sido menos significativo para poder formular estas ideas. Estos procesos son conver- saciones abiertas, donde las preguntas y las respuestas provienen de todas las perspectivas presentes (Andersen, 1995).

• El lenguaje se define aquí como todas las expresiones que se consideran de gran importancia en la perspectiva común mencionada. Éstas son variadas, por ejemplo: hablar, escribir, pintar, bailar, cantar, señalar, llorar, reír, gritar, golpear, todas ellas son actividades corporales. Cuando estas ex- presiones, que son corporales, tienen lugar en presencia de otros, el lenguaje se convierte en una actividad social. Nuestras expresiones son ofrecimientos sociales para participar en el vínculo con los otros.

• Necesitamos las expresiones para crear significados. Si un tipo de expresión no es posible, como las palabras o el hablar, otro tipo de expresión, como el pintar, podría perfectamente hacer posible la creación de sentido.

• Las expresiones vienen primero, luego siguen los significados. Los significados se crean. Harry Goolishian solía decir: “No sabemos lo que pensamos antes de haberlo dicho”.

• El significado está en la expresión, ni debajo, ni detrás de ésta. Los significados en las expresiones, como por ejemplo en las palabras, son muy personales y, el escuchar algunas palabras, nos retro- traerá y nos hará volver a experimentar algo que ya habíamos experimentado.

• Las expresiones son informativas, es decir, cuentan algo acerca de nosotros a los demás y también a nosotros mismos. Ahora pienso que, cuando hablo en voz alta, ante todo me hablo a mí mismo, dado que las palabras que expreso están muy fuertemente conectadas a mi propio entendimiento. Al escuchar cuidadosamente lo que yo mismo digo, puedo investigar mi propio entendimiento. Las expresiones también son formativas, nos convertimos en aquello que somos cuando nos expresamos en la forma en que lo hacemos. Sería más apropiado decir: “El abuelo siempre hacía algo bonda-

doso, y entonces siempre era bueno”, en lugar de decir, “El abuelo era bueno” o “El abuelo tenía tanta bondad”. Al emplear los verbos ser y tener “sin” incluir el tiempo y el contexto, uno fácilmente

puede quedarse embrujado por las propias palabras, creyendo que lo que describió es algo estático:

“El abuelo es bueno”; tiene ese carácter, o, “El abuelo tiene mucha bondad”; tiene una personalidad

buena. Cuando nos decimos eso a nosotros mismos, fácilmente podemos proveernos de la idea que un ser humano tiene tanto carácter como personalidad.

• Las expresiones, tanto en las conversaciones internas y personales, como en aquéllas externas y so- ciales, están acompañadas de movimientos. Aquéllos que siguen a las conversaciones interiores son ligeros y leves, mientras que los que acompañan a las conversaciones externas son más notorios, por ejemplo, mover las manos. En ocasiones, tanto los terapeutas como los investigadores se equivocan cuando dicen que: “La palabra hablada no se corresponde con el lenguaje corporal”, por ejemplo, cuando una persona dice con una expresión de tristeza en el rostro: “Estoy tan contenta”. Considero que las palabras “Estoy tan contenta” constituyen el ofrecimiento social al vínculo con el otro, mien- tras que la expresión de tristeza en el rostro corresponde a un diálogo interior, muy probablemente triste, que seguramente la persona no quiere contarle al otro. Por lo tanto, siempre que el otro no desee hablar acerca de su diálogo interior, considero que es una cuestión de cortesía común no ver cómo se manifiesta el diálogo interior en las expresiones corporales. De acuerdo con esto, sería un constante desafío para el terapeuta y el investigador evaluar cuáles de las expresiones de la persona

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41 son ofrecimientos para participar en lazos sociales y cuáles no. Lawrence Singh, un psicoterapeuta

y participante de un taller que ofrecí en Johannesburgo en marzo de 2001, me ofreció esta frase: Un ofrecimiento social, para describir aquellas expresiones que contribuyen a formar un lazo social, diferente de las expresiones que son personales y que no intentan constituir un lazo social.

• Los movimientos que acompañan a las expresiones, sin olvidar los movimientos respiratorios, que constituyen y manifiestan las voces internas y externas, son personales. Los movimientos respirato- rios son tan personales como las huellas digitales. Lev Vygotsky dijo: “Somos las voces que nos han

habitado” (Morson, 1986). Tal vez podríamos modificarlo ligeramente a: “Somos los movimientos que forman y manifiestan las voces que nos han habitado”.

- En su época, Heráclito dijo: “Todo cambia pero el cambio tiene lugar de acuerdo a una ley inmodi-

ficable (logos), y esta ley incluye un interjuego mutuo entre los opuestos, pero en forma tal que el interjuego entre las diversas fuerzas produce armonía” (Skirbekk, 1980). Tal vez podríamos atre-

vernos a modificarlo ligeramente a: “Una persona está en movimiento (o en sus movimientos) pero

los movimientos ocurren...”. O incluso a: “Una persona es movimientos, pero...”. Cuando estamos

de pie, y estamos en equilibrio, los músculos que flexionan las rodillas y las caderas están activos al

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