FERNANDO VII Y MARÍA CRISTINA DE BORBÓN
FEDERICO DE MADRAZO (1815-1894)
Era hijo e José de Madrazo. Recibió una sólida formación en España, en la Academia y con su padre y luego la completó en Roma con los grandes maestros. Estuvo en contacto con los nazarenos. Luego marcha a París y mantuvo contacto con los académicos. Fue muy valorado en París y cuando regresa a España lo hace con un prestigio ganado y, con el apoyo de su padre, se convierte en primer pintor de Cámara, director del Museo de Prado y director de la Academia durante los reinados de Isabel II y Alfonso XII. Su estilo está dentro del clasicismo romántico o purista. Este estilo es académico, academicista de la etapa de Isabel II y de Luis Felipe en Francia. Se enfrenta con el empuje de los románticos que están en pugna y se evita la pugna porque la Academia va a hacer una aceptación de lo romántico, mediante la aceptación del cambio de temática, del cambio de colorido, del cambio en la forma de aplicar el color, etc. Saldrá un estilo ecléctico llamado Purismo. En la génesis de este estilo tienen influencia los nazarenos por sus temas de religión y de historia.
Este estilo purista que triunfa en España en los ambientes oficiales es lo que realizaba Madrazo en París con Ingres y en Madrid con su padre. Vive en la época romántica y junto a un dibujo exquisito se apoya en otros conceptos, como el color e incluso la temática. Al estar a caballo entre dos estilos tendrá un importante papel en el romanticismo. Funda la revista Artista, órgano de difusión del romanticismo en Madrid. Colaborará en la revista con artículos y con dibujos.
En Madrid, el romanticismo se apoya en dos bases: En el Liceo Artístico y Literario y en la revista Artista. La crítica, al hablar de su estilo, dice que no se atreve a romper con las fórmulas del neoclasicismo. Pero no es un artista romántico, porque vive en una sociedad con prejuicios, entre una burguesía pujante que impone los criterios artísticos. Madrazo no quiere ser romántico, como Delacroix, sino que se resiste a abandonar el neoclasicismo porque es un magnífico artista que domina el colorido. A pesar de todo, fue reconocido en toda Europa. Sus rasgos destacan por su dibujo, de gran corrección formal. El dibujo, en pintura, es la base de todo.
El dibujo es la capacidad que tiene el artista para desarrollar una idea y haciendo mucho dibujo se consigue el dominio. Ensayó mucho, dibujando en la Academia. En cuanto al color, a pesar de su vinculación a lo neoclásico, es rico, brillante, en la tradición de Maella y de Vicente López, de su padre e incluso de David. Es un gran colorista y en su temática, frente a lo neoclásico tratará temas románticos, como el retrato.
Entre sus obras hay que destacar los dibujos que publicó en Artista, donde demuestra el dominio de la técnica dibujística. Realiza la obra Godofredo de Goullon en Sinaí, que fue un encargo de Luis Felipe para el Palacio de Versalles, donde se encuentra actualmente. También el Gran Capitán contemplando el cadáver del duque de Nermoux. Es un cuadro muy nazareno. Para el retrato no tiene igual. Es uno de los mejores retratistas. Hay tres bloques de retratos: Femeninos, masculinos y de niños. Como retratista de cuadros femeninos es espléndido por la delicadeza, la elegancia, el atractivo, como La Condesa de Vilches, Leocadio Zamora, Isabel II. En cuanto a sus retratos masculinos, es el gran retratista de Reyes, banqueros, aristócratas y también retrató a niños.
En este retrato se aprecian las principales características de Madrazo. La protagonista de este espectacular retrato es doña Amalia del Llano y Dotrés, condesa de Vilches (1821-74), una escritora muy destacada en la vida cultural del Madrid del siglo XIX que participó y organizó salones literarios muy frecuentados por las figuras intelectuales de su época. Amiga personal de Madrazo, su relación culta y familiar queda de relieve en un retrato que combina la aristocracia de la modelo con la simpatía de su pose. Madrazo era exponente de la corriente más clasicista de la pintura decimonónica. Estudió en París y allí recibió el influjo de Ingres, que se rastrea en cada rasgo del cuadro: La pureza de la línea, las carnes blancas y el detalle de los ropajes. A estos rasgos aprendidos en el taller de Ingres, Madrazo añade una delicadeza en el tratamiento del tema y el manejo de colores, luz y texturas, que hace fácilmente reconocible su obra. Doña Amalia será el prototipo de mujer que encandiló a la sociedad española decimonónica: Alta y esbelta, de cutis pálido y mirada dulce pero que impone ciertas distancias como perfectamente se muestra en el retrato, al que Antonio de Marichalar llegó a calificar de "nuestra Gioconda del siglo XIX" debido a su intensa mirada fija en el espectador con coquetería y su media sonrisa. Realiza una composición diagonal con un espléndido colorido y un dibujo poderoso, calidades en las telas, rompe con el fondo neutro.
RETRATO DE GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA
Nuevamente vemos un magnífico colorido, espléndido dibujo y calidades en las telas. RETRATO DE UNA DAMA
También es neoclásico, bien compuesto y equilibrado. FRANCISCO DE ASÍS. RETRATO
Presenta al personaje vestido de negro, típicos ropajes de la época. Retrata el carácter insulso del personaje.
NICOLÁS SALMERÓN. RETRATO
Es un político contemporáneo. Capta la profundidad de la mirada del personaje. Está muy bien resuelto.
DON PEDRO TÉLLEZ, DUQUE DE OSUNA
Es un retrato muy inglés, con un tono muy aristocrático, por la importancia del personaje, que se refleja en la decoración de las telas que hay detrás del personaje.