CAPÍTULO I: MARCO TEÓRICO

1.2. Análisis de las necesidades de formación

1.2.2. Análisis de la persona

1.2.2.1. Formación profesional

La formación profesional comprende un conjunto de enseñanzas, estudios y aprendizajes encaminados a la inserción, reinserción y actualización del profesional en el campo laboral a lo largo de toda su vida.

McGehee y Thayer (1961) señalan que el nivel de análisis se focaliza en identificar quién debe ser formado y qué tipo de formación se necesita, su propuesta es identificar las deficiencias individuales en el desempeño del puesto o identificar áreas en que una persona puede mejorar continuamente.

Para Goldstein (1993) el análisis evalúa lo bien que el profesional demuestra en su puesto de trabajo y determina qué competencias necesitan ser el foco de atención de la formación de un profesional.

Según Imbernón (2007) “El propósito de toda formación es capacitar a un individuo para que pueda realizar convenientemente una tarea o un trabajo determinado, guardando las condiciones de calidad que se requieren”. (Pág. 5)

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La Formación Profesional comprende las acciones formativas que capacitan para el desempeño cualificado de las diversas profesiones, favoreciendo el acceso al empleo, la participación activa en la vida social, cultural y económica.

En definitiva, la formación profesional es una herramienta para que los ciudadanos mejoren sus posibilidades de proyección profesional y personal y para que las empresas aumenten su competitividad al disponer de unos recursos humanos cualificados, en ambos casos en la perspectiva de la adquisición y actualización permanente de las competencias profesionales.

1.2.2.1.1 Formación inicial.

Cuando hablamos de formación inicial, viene a nuestra mente aquella formación con la que los docentes recibieron para salir a enfrentar la dura realidad del mundo laboral.

García (2009) señala que la formación inicial del docente permite o da la oportunidad de crear docentes apasionados por la enseñanza, o que también podemos solamente contribuir a un sistema reproductor que no haga más que confirmar las creencias que los futuros profesores ya traen consigo cuando ingresan a la institución formadora.

Al respecto, en el informe presentado a la Unesco, Delors (1997) admitió que la formación inicial de los docentes no les bastará para el resto de su vida. A lo largo de su existencia, los profesores tendrán que actualizar y perfeccionar sus conocimientos y técnicas. Por lo tanto, una de las misiones esenciales de la formación de los docentes, tanto inicial como continua, es desarrollar en ellos las cualidades éticas, intelectuales y afectivas que la sociedad espera que posean para que después puedan cultivarlas en sus alumnos. Nardeli G. (1999) al referirse a la formación inicial, expone que actualmente todos los análisis evidencian que los profesores sólo podrán contribuir a la conquista de una mayor calidad de la enseñanza si tuvieran autonomía intelectual, dominio de los contenidos y de las metodologías de enseñanza, competencias práctico reflexivas, repertorio cultural diversificado, visión ética, respeto personal por los alumnos. Es oportuno coincidir con esta aseveración; sin embargo, es preciso observar la no referencia a cómo lograr y desde cuáles argumentos fundamentar la contextualización sociocultural de la formación inicial para el desempeño profesional.

La formación inicial del profesional de la educación es una etapa de gran importancia por el giro cualitativo integral que se debe producir en la personalidad del estudiante en proceso de

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formación. Durante este período se comienzan a formar y a desarrollar las bases del futuro desempeño. El proceso de enseñanza aprendizaje debe estar orientado a lograr la integralidad del futuro profesional. De la relación armónica que se logre entre los saberes básicos que el estudiante debe integrar en su desempeño (conocer, hacer, convivir y ser) dependerá en una buena medida, la calidad de la formación.

Lo mencionado anteriormente debería ser lo más acertado en cuanto la formación inicial del profesional de la educación pero por experiencia propia debe manifestar que la formación inicial suele estar muy alejada de la realidad que el educador debe enfrentar en su trabajo, puesto que se presentan múltiples problemas ya sea en los aspectos pedagógico, psicológico, cultural, social, etc. de los elementos educativos, de manera especial en lo que se refiere a los estudiantes, donde muchas veces el docente tiene que romper los esquemas para tratar de ayudar en la resolución de conflictos.

1.2.2.1.2 Formación profesional docente.

La formación del Profesorado es uno de los puntos que debe ocupar un lugar fundamental en la construcción del currículo, en la actualidad existe una mayor conciencia de lo que significa; bien pueden existir la reformas en la estructuras de lo que se debe enseñar, pero si esto se haya desvinculado de lo que el profesor debe conocer y de la dignificación de su labor, estas modificaciones por más bien intencionadas y fundamentadas que sean, se quedarán en la letra muerta o, peor aún, generar resultados antagónicos a lo planeado. Los profesores son los interlocutores decisivos más importantes de los cambios educativos; son los agentes del currículum, son sujetos del cambio y la renovación pedagógica.

Cheaybar y Kuri (1999) definen a la formación como el proceso permanente, dinámico, integrado, multidimensional, en el que convergen, entre otros elementos, la disciplina y sus aspectos teóricos, metodológicos, epistemológicos, didácticos, psicológicos, sociales, filosóficos e históricos para lograr la profesionalización de la docencia.

Por su parte, Marcelo (1989) citado por García-Valcárcel, Tejedor y Rodríguez (1996) define la formación del profesorado como “un proceso sistemático individual o colectivo orientado a la adquisición de conocimientos, destrezas (habilidades, competencias) y disposiciones (actitudes, tendencias a actuar) de forma crítica y reflexiva” (p.185).

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Para Chagoyán (2003) el concepto deformación se puede entender como “acciones que se dirigen a la adquisición de saberes para saber hacer, ofrece un desarrollo y modificación en los sujetos, que permite madurar y dar más posibilidades al aprendizaje” (p 2).

Siguiendo esta línea, no necesariamente en el oficio docente se realiza una acción pensada para afrontar las situaciones que se presentan. La resolución efectiva de problemas emergentes no surgirá a partir de la búsqueda de soluciones en una base de conocimientos teóricos y/o prácticos adquiridos acerca de la disciplina, sino que surgirá, más bien, como un acto reflejo carente de todo proceso de reflexión sobre su misma práctica. Así lo plantea también Montero al decir que:

“la profesión de la enseñanza no tiene un cuerpo codificado de conocimientos y habilidades compartidos, una cultura compartida. La ausencia de este cuerpo de conocimientos compartidos una de las marcas de las profesiones cuestiona la pertinencia de utilizar el término profesión para la enseñanza. La consideración de la experiencia práctica como la fuente más importante de adquisición de conocimientos y habilidades situación que configura un saber vulgar técnico, o artesanal pero nunca un saber científico, base del saber profesional ha conducido durante mucho tiempo a la irreverencia de la formación para la comunidad académica y los propios profesores” (Montero, 2001: 87)

La preocupación por la figura del profesor ha sido constante en los últimos años desde enfoques diversos, ello viene motivado por ser uno de los profesionales a los que se le demanda una serie de tareas y funciones diferenciadas, lo que lleva consigo un perfil profesional, académico y pedagógico complejo. Así pues, no es de extrañar la proliferación de los estudios y trabajos de investigación sobre el mismo.

La situación actual de reforma, tiende a representar un aumento considerable en esta preocupación. Sin duda, uno de los pilares básicos sobre los que debe sustentarse la calidad de la educación es la formación del profesorado, además de las reformas y adaptaciones a las nuevas situaciones sociopolítica. Pero la formación del profesorado no debiera verse como un sofisticado paquete de ofertas generales, sino que debe centrarse en las necesidades democráticas de los profesores y de las instituciones educativas

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1.2.2.1.3 Formación Técnica.

La Formación Técnica es fundamental, no sólo porque ser una opción vocacional para muchos, sino porque constituye una base relevante para apoyar la competitividad del país.

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Puiggrós (2007) señala que estamos viviendo grandes cambios en el orbe mundial que inciden de una u otra forma en la necesidad de transformación del modelo tradicional de desarrollo que nos empuja a identificar salidas a la problemática de retraso que vive la sociedad ecuatoriana y supone las necesidades de formación y realización humana para lo cual se encarga a la educación como el eje de transformación para el bienestar de la población ecuatoriana.

Liston y Zeichner (1993) interpretan que la formación técnica continúa a través de la carrera docente, homologada con las causas de instrucción desde un currículo específico con sustento teórico científico de base, que permita intervenciones técnicas específicas en procesos productivos con cierto nivel de autonomía y responsabilidad en la solución de problemas tecnológicos en diversos sectores de la producción de bienes y servicios. Resulta importante reconocer que el proceso de instrucción del maestro es fundamental para la formación, proceso que se ha visto insuficiente porque no asegura la profesionalización y el dominio de técnicas apropiadas que permitan la inserción en un sector profesional específico.

Considero que existe una estrecha relación entre lo que señalan los autores con lo que en la actualidad se trata de que la educación técnica esté orientada a entregar a los estudiantes la capacidad y los conocimientos necesarios para desempeñarse en una especialidad de apoyo al nivel profesional, o bien para desempeñarse por cuenta propia, es así que estado está impulsando la reforma a la educación técnica en los colegios promoviendo la creación de centros de producción que generen ingresos para solventar de alguna manera las múltiples necesidades de las instituciones lo cual demanda de mucha responsabilidad de las autoridades y docentes que tienen que ver con la educación técnica.

In document Necesidades de formación de los docentes de bachillerato del Colegio San Francisco Javier, de la provincia de Napo, ciudad de Tena, periodo 2012 2013 (página 41-45)