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CAPÍTULO 3. EL ESTUDIO DE LOS EFECTOS DE LA SALUD, EL BIENESTAR SUBJETIVO Y LA CALIDAD DE

3.1. CONCEPTOS BÁSICOS DE LA ESCLEROSIS MÚLTIPLE Y PATOLOGÍA ASOCIADA.

3.1.3. FORMAS DE PRESENTACIÓN CLÍNICAS Y SU EVOLUCIÓN

La evolución de la enfermedad no es informe, sino que existe una gran variabilidad clínica. Los brotes o exacerbaciones agudas de la EM, son episodios de una duración superior a 24 horas, en los cuales aparecen síntomas neurológicos nuevos, o se produce un empeoramiento llamativo de los síntomas ya existentes. Después de este episodio se produce una fase de estabilidad o de mejoría de los síntomas aparecidos.

Los brotes suelen consistir en síntomas de nuevas aparición, corresponden a una única lesión del SNC, los cuales se pueden manifestar con visión doble, entumecimiento de un lado del cuerpo, o múltiples lesiones de aparición simultánea, como visión borrosa en un ojo y parálisis de un brazo.

Así la duración debe ser superior a 24 horas, ya que cuando la duración del episodio dura minutos u horas, estaremos hablando de los denominados paroxísticos. Estos síntomas aparecen y desaparecen de forma súbita y tienen poca duración.

Cuando se produce un brote, y este consiste en el agravamiento de síntomas ya existentes, hace falta asegurarse de que éste sea realmente significativo y duradero, y excluir la existencia de fiebres, o infecciones, ya que muchos pacientes con secuelas neurológicas pueden tener un empeoramiento de sus síntomas previos en relación con el aumente de la temperatura corporal. Este fenómeno se denomina “pseudobrote” y se debe el hecho de que las fibras nerviosas lesionadas conducen pero los estímulos con el calor. Esta es también la explicación de que muchos pacientes de EM se encuentren peor en verano.

Aunque muchos brotes se recuperan casi totalmente de forma espontánea, la práctica más extendida es tratar los síntomas moderados o graves con corticoides.

Según el curso de la enfermedad se puede clasificar en cuatro formas evolutivas, principalmente:

• Forma recurrente-remitente (ó recurrente-recidivante) (R-R): es la más común en EM (85%) de inicio por debajo de los 40 años; habitualmente se presenta con un brote agudo que progresa de 24-72h, se estabiliza durante unos días para después mejorar espontánea y progresivamente de forma total o parcial. Después de meses o años se vuelve a repetir otro brote similar o diferente a la sintomatología anterior.

• Forma primaria progresiva (P-P): es la más común de la EM de inicio por encima de los 40 años, pero representa 8-20% del total de pacientes con EM. Aparece un curso progresivo de la enfermedad desde su inicio, de forma insidiosa o intermitente, pero sin remisión. El periodo mínimo para confirmar el diagnóstico de este tipo de EM es de 6 meses.

• Forma remitente con una fase posterior progresiva (R-P), o también llamada forma secundaria progresiva: es aquella remitente en el inicio, pero que tras un periodo de tiempo con esta forma evolutiva se transforma posteriormente en progresiva, lo cual ocurre en un 50% de los casos a los 10 años, y en un 90% a los 25 años.

• Forma progresiva-recurrente (P-R), en la que aunque se inició el cuadro con progresión lenta, ésta se ve empeorada por la aparición de una exacerbación o brote de manera esporádica.

(Extraído de Álvarez, Arbizu, Arroyo, y Montalbán, 2005).

3.1.4. SINTOMATOLOGÍA DE LA EM

3.1.4.1. LA FATIGA

Algunos pacientes experimentan una sensación de cansancio, desproporcionado al esfuerzo realizado, la fatiga. Este cansancio anormal tampoco se justifica por las secuelas neurológicas. En muchos pacientes éste es el síntoma más incapacitante de la enfermedad, ya que daña su calidad de vida (Confavreux y Vukusic, 2002).

3.1.4.2. EL TEMBLOR

Los temblores se suelen presentar en pacientes que presentan afectación en el cerebelo, cuyo daño provoca su aparición. El temblor parece ser más evidente en los brazos, pudiendo afectar a uno o ambos lados, y aparece sobre todo cuando el miembro está en vilo o en movimiento, mejorando cuando está en reposo (Krupp, 2003).

3.1.4.3. LA ESPASTICIDAD

Debido a los daños que causa la EM a las vías motoras y piramidales, se produce una debilidad en los músculos, pero al mismo tiempo también causa un aumento del tono muscular o rigidez, la espasticidad. Esta rigidez es en principio un mecanismo compensador del organismo ya que aumenta el tono de un músculo debilitado y sirve para que le paciente, pueda mantenerse de pie aunque haya perdido fuerza en las piernas. Pero lo que ocurre es que este mecanismo deja de ser útil o incluso se convierte en un problema más que una solución, bien porque provoca dolor, bien porque la rigidez dificulta el movimiento en lugar de facilitarlo, o porque causa ambas cosas. En muchos casos, es necesario instaurar un tratamiento para reducir la espasticidad. Con el objetivo de reducir el dolor, mejorar su movilidad, facilitar la postura de sentarse, facilitar y adaptar medidas ortopédicas, reducir el riesgo de lesiones por contracturas o escaras, entre otros aspectos (Barnes, 2000).

3.1.4.4. SÍNTOMAS DOLOROSOS EN LA EM

El dolor afecta entre un 30-65% de los pacientes. Existiendo diferentes síndromes dolorosos:

• Neuralgia del trigémino, es un dolor intenso que dura unos segundos o pocos minutos, de aparición abrupta en un lado de la cara, y puede ir hacia el ojo, la mejilla o el mentón, según la rama del nervio afectada.

• Fenómeno de Lhermitte, es la sensación repentina de descarga eléctrica que desciende desde el cuello hacia la espalda y las extremidades, coincidiendo a menudo con flexionar el cuello hacia delante.

• Espasmos tónicos, es una contractura muscular que provoca la extensión de uno o los dos miembros de un lado, de aparición brusca, con una duración de 30 segundos a 2 minutos.

• Prurito, es la presentación de unos ataques de picazón, que crean una sensación de malestar a menudo mayor que en los cuadros dolorosos, en algunos casos han llegado a provocar graves lesiones cutáneas debidas a su rascado. La duración oscila entre los 20 y 30 minutos, pudiendo repetirse varias veces a lo largo del día.

(Extraído de Schapiro, Baumhefner, y Tourtellote, 2000)

3.1.5. TRASTORNOS COGNITIVOS

Afortunadamente, pocos pacientes de EM (menos de un 10%) sufren demencia, sin embargo pueden apreciarse trastornos cognitivos más leves en el 40-50%, siendo la memoria episódica, la que almacena los recuerdos de las experiencias personales y los sucesos que ocurren en nuestro entorno, la que queda afectada (García, Duque, Izquierdo, 2001). Sobretodo porque los pacientes con EM tiene alteraciones en el proceso de “recuperación” de estos recuerdos. La lentitud en el procesamiento de la información es un trastorno bastante típico de la EM, y se manifiesta en la dificultad para pensar rápidamente, para seguir una conversación con varios interlocutores o analizar un conjunto de datos cuando éstos se presentan de forma rápidamente. Los pacientes se quejan de encontrarse más lentos de lo que estaban acostumbrados antes de la EM.

Los pacientes pueden tener dificultades para mantener la atención para la realización de varias tareas simultáneamente o tienen problemas para abstraerse de las distracciones.

Entre las funciones ejecutivas que pueden estar alteradas en la EM la que lo hace con más frecuencia es la planificación, en concreto, cuando conlleva una secuencia de actos seguidos y continuados para llegar a un objetivo, como por ejemplo, llevar a los niños al colegio antes de ir a trabajar, la cual cosa implica seguir un guión estructurado, el cual implica un seguido de acciones para conseguir el objetivo último. La abstracción, la capacidad para deducir unas cosas a partir de otras, también puede verse afectada.

Aunque el lenguaje, suele estar bien conservado, se ha observado que algunos pacientes tienen un lenguaje poco fluido, con dificultades para construir las frases, a menudo sin demasiado contenido en cuanto a la información que aportan, constituyendo un tipo de lenguaje que se denominar “vacío”. Otra de las capacidades que está alterada es la visoespacial, la capacidad para calcular distancias o distinguir las distintas partes de un conjunto de objetos.

Las pruebas con resonancia magnética, realizadas a los pacientes, demuestran que aquellos que tienen más lesiones cerebrales, también son los que tiene más alteraciones cognitivas, sobre todo, tienen más atrofia cerebral que los pacientes con EM sin trastornos cognitivos. El tratamiento necesario para pacientes que tiene afectadas las funciones cognitivas requiere: una detección temprana del problema, así como una rehabilitación neuropsicológica con una completa evaluación, y el tratamiento restaurados y compensador, es decir, la recuperación de las funciones deterioradas con terapias específicas orientadas a ello, y el desarrollo de mecanismos de adaptación que compensen las dificultadas del paciente, aumentado así su calidad de vida.

3.1.5.1. DEPRESIÓN

Las estadísticas indican que alrededor de un 50% de los pacientes con EM padecerán en algún momento de su vida. A diferencia de la población sin EM, tienen una mayor tendencia a la irritabilidad, y al sentimiento de frustración. Así como el suicidio es más frecuente en los pacientes de EM que en la población sin EM o que en otras enfermedades neurológicas. Algunos estudios han demostrado que la depresión aparece con más frecuencia en paciente con EM y lesiones cerebrales que en aquellos donde las lesiones son única o predominantemente medulares, lo que orientaría a un posible papel de dichas lesiones como factor causal de la depresión, aunque parecería más probable que esas lesiones pudieran predisponer a padecer la depresión en presencia de otros factores externos que ser las responsables directas de la depresión (García, Duque, Izquierdo, 2001).

3.1.5.2. EL TRASTORNO BIPOLAR

Su frecuencia puede ser el doble de la de la población general, de nuevo nos encontramos con estudios que relacionan su aparición con la presencia de lesiones en la resonancia magnética cerebral, sobretodo en lesiones del lóbulo temporal (García, Duque, Izquierdo, 2001).

3.1.5.3. INCONTINENCIA EMOCIONAL

La risa y el llanto patológicos aparecen de forma espontánea o en respuesta a estímulos mínimos, de forma que el paciente puede reír sin sentir alegría o llorar sin estar triste. Este síntoma puede aparecer hasta en un 10% de los pacientes, causando una gran incomodidad social y personal para el paciente, que se ve incapaz de controlar estos impulsos. Su causa no es del todo conocida, y tiende a parecer en pacientes con formas avanzadas de la enfermedad (García, Duque, Izquierdo, 2001).

3.1.6. ORGANIZACIÓN DE LA ATENCIÓN AL PACIENTE CON