• No se han encontrado resultados

FUENTES DE LAS CREENCIAS DE EFICACIA 56

III. MARCO TEÓRICO 25

3.   AUTOEFICACIA Y CONDUCTA ADICTIVA 51

3.2.   FUENTES DE LAS CREENCIAS DE EFICACIA 56

Pero, ¿de dónde provienen las creencias de autoeficacia de las personas?

Bandura identificó cuatro fuentes de influencia a partir de las cuales las personas desarrollan las creencias de su autoeficacia: experiencias de dominio, experiencias vicarias, persuasión social y estados psicológicos y arousal emocional (Bandura, 1986):

Experiencias de dominio o logros de ejecución: según Bandura estas experiencias

aportan la prueba más auténtica de si uno puede reunir o no todo lo que se requiere para lograr éxito; ya que se basan en las propias experiencias de dominio.

Los éxitos crean una fuerte creencia en relación a la eficacia personal. Los fracasos la debilitan, especialmente si los fracasos se producen antes de haberse establecido firmemente un sentido de eficacia.

La influencia del fracaso en la autoeficacia va a depender, del momento y patrón de experiencias en las que se da el fracaso. De esta forma, el éxito repetido reduce la influencia del fracaso, y se ha observado que fracasos ocasionales anulados por esfuerzos posteriores, pueden reforzar la persistencia automatizada al darse cuenta la persona, por experiencia, que incluso los obstáculos más difíciles pueden superarse con un esfuerzo continuado.

A nivel de consumo de drogas, cuando una persona consigue un tiempo mínimo de abstinencia, aunque se produzcan recaídas posteriores, es más probable que se mantenga sin consumir, que la persona que no consigue un mínimo intervalo sin consumir. Siendo más probable en el segundo caso el abandono del tratamiento y por tanto la creencia en su no eficacia.

Nicholls y Millar (1984) señalan que los individuos tienden a considerar el esfuerzo invertido en una actividad como inversamente proporcional a sus capacidades. Estos autores explican que el individuo infiere una alta autoeficacia a partir del éxito alcanzado en tareas difíciles en que ha desarrollado un esfuerzo mínimo, e infiere una baja autoeficacia cuando tiene que trabajar intensamente para dominar tareas relativamente sencillas en condiciones favorables.

Por lo tanto, la autoeficacia basada en la experiencia de dominio requiere de que la persona sienta que dispone de “los dominios” necesarios para llevar a cabo la acción o tarea concreta. Sin embargo, desarrollar un sentido de eficacia mediante las experiencias de dominio no es cuestión de

Autoeficacia y conducta adictiva

adquirir hábitos preparados; este desarrollo requiere de la adquisición de estrategias cognitivas, conductuales y auto-reguladoras para crear y llevar a cabo las acciones necesarias para manejar las circunstancias continuamente cambiantes de la vida.

No sería útil el desarrollo de habilidades mecánicas, automatizadas e incluso estándar como proponen algunos tipos de tratamiento en la deshabituación de drogas; es necesario el trabajo terapéutico a otros niveles para aumentar la capacidad de la persona abstinente en el manejo de diferentes situaciones.

Por otro lado, si las personas sólo experimentan éxitos fáciles, llegan a esperar resultados inmediatos y se desmotivan rápidamente con los fracasos. Un sentido resistente de eficacia requiere de experiencia en la superación de obstáculos mediante esfuerzo continuado.

Una vez que las personas se convencen de que cuentan con lo que es necesario para alcanzar el éxito, perseveran ante la adversidad y se recuperan rápidamente de las dificultades y fracasos. Un ejemplo sencillo de este tipo de fuente, lo podríamos encontrar en los estudiantes que obtienen malas notas pero que sin embargo tienen un nivel de inteligencia normal-alto. Muchos de estos estudiantes obtuvieron resultados normales o incluso buenos en etapas inferiores de escolaridad sin necesidad de estudiar demasiado; cuando la dificultad del estudio aumentó, ellos continuaron empleando pocas horas de estudio esperando obtener el mismo resultado y sin embargo fracasan. Cambiar esta dinámica requiere de un importante esfuerzo y de mucho empeño por parte del joven, que ha de entender que el esfuerzo para desarrollar habilidades que ha de hacer, es continuado. En estas situaciones existe un alto riesgo de fracaso escolar por poca creencia en su capacidad.

Experiencias vicarias: la información que se obtiene a partir de experiencias vicarias

altera la autoeficacia percibida, no sólo por comparaciones sociales, sino porque nos informa sobre la naturaleza y la predictibilidad de los hechos ambientales. Al respecto, Suls y Miller (1977) señalan que las evaluaciones de eficacia frecuentemente no se basan en experiencias comparativas en cuanto al rendimiento sino en la similitud con características personales del modelo, supuestamente predictoras de la capacidad de ejecución.

Observar a personas similares a uno alcanzar el éxito tras esfuerzos perseverantes aumenta las creencias del observador en relación a que él también posee las capacidades necesarias para dominar actividades comparables (Bandura, 1986). El impacto del modelado sobre las creencias de eficacia personal está fuertemente influido por la similitud percibida con los modelos, siendo mayor el impacto a mayor similitud entre el individuo en cuestión y el referente modelo.

Autoeficacia y conducta adictiva

Volviendo de nuevo al tema del consumo de drogas, en este sentido es muy útil el proceso de terapia en grupo, ya que los pacientes que más tiempo llevan abstinentes a drogas, sirven de modelos a los pacientes recién iniciados en este proceso y con poca autoeficacia de abstinencia.

La persuasión social: éste es el mecanismo mediante el cual se pueden manejar las

creencias y la sugestión.

La persuasión verbal se utiliza para inducir en el sujeto la creencia de que posee la capacidad suficiente para conseguir aquello que desea. Las expectativas de autoeficacia, producidas por este método, son mucho más débiles que las anteriores y que las que se adquieren con la experiencia personal, puesto que no ofrecen auténticas experiencias al sujeto en las que basar la información que se le proporciona.

La persuasión verbal por si sola puede afectar de forma muy limitada al cambio conductual y a la autoeficacia; sin embargo, puede ser útil unida a la información correctiva. Es decir, se puede persuadir a la gente de muchas maneras, pero sólo aquella manera en que el individuo recibe ayuda para acciones efectivas empleará más tiempo y esfuerzo en su mejoría.

Los terapeutas cognitivos emplean la “persuasión verbal”, pero sólidamente afianzada en experiencias personales de éxito (Beck, 1976; Ellis, 1981). También la emplean los terapeutas motivacionales, siendo una de las estrategias básicas fundamentales del modelo (Miller y Rollnick, 1999).

Las evaluaciones de la eficacia basadas en la persuasión están en función de quién es el persuasor, de su credibilidad y de su grado de conocimiento en la actividad que se intente realizar, además del grado de conocimiento que el persuadido percibe el persuasor tiene sobre él y sus capacidades. Las personas a quienes se persuade verbalmente de que poseen las capacidades para dominar determinadas actividades tienden a movilizar más esfuerzo y a sostenerlo durante más tiempo que cuando dudan de sí mismas y cuando piensan en sus deficiencias personales ante los problemas (Schunk, 1989). En la medida en que los empujes persuasivos conducen a las personas a esforzarse todo lo necesario para alcanzar el éxito, las creencias de autoeficacia fomentan el desarrollo de destrezas y en consecuencia la sensación de eficacia personal.

Es más difícil infundir creencias altas de eficacia personal que debilitarlas mediante la persuasión social exclusivamente.

Es importante que la persuasión que se pretende realizar sobre una persona, tenga una base lo suficientemente sólida como para que el individuo en cuestión pueda creerse que realmente puede conseguir el objetivo. En este sentido, se trabajará sobre objetivos realmente alcanzables aumentando la probabilidad de su consecución.

Autoeficacia y conducta adictiva

En el campo de las toxicomanías, un terapeuta puede motivar a un paciente para que se enfrente a una determinada situación que implica cierto riesgo persuadiéndolo de que pueda conseguirlo sin consumir. Esa persuasión debería basarse en las capacidades desarrolladas por parte del paciente, en sus habilidades personales, en situaciones de riesgo ya superadas y en la evolución general que el terapeuta ha podido observar en el paciente para que éste pueda reconocerse como capaz.

Estados psicológicos y arousal emocional: es el mecanismo que maneja el rotulado y la

atribución.

El estado de ánimo también influye sobre los juicios que las personas hacen de su eficacia personal. El estado de ánimo positivo fomenta la autoeficacia percibida; el estado de ánimo negativo la reduce. Las personas interpretan sus reacciones de estrés y tensión como señales de vulnerabilidad ante una ejecución pobre.

En este sentido, es fundamental poder favorecer una mejora del estado físico y emocional y corregir las falsas interpretaciones de estos estados, que es finalmente lo que aumenta o disminuye la autoeficacia. La intensidad absoluta de las reacciones emocionales o físicas no es tan importante como el modo en que son percibidas e interpretadas por la persona.

En muchas ocasiones, los pacientes que han sido dependientes de drogas y no tienen todavía un alto sentido de eficacia, interpretan cualquier señal de ansiedad como sensación de abstinencia o

craving2, sin analizar o tener en cuenta el gran número de acontecimientos independientes del

consumo que pudieron provocar dicha ansiedad. Mientras que la atribución de la ansiedad se haga sobre el aumento de ganas de consumo, el paciente respecto a su eficacia se sentirá muy vulnerable. Por otro lado, hay que tener en cuenta que cada vez más, la presencia de la patología dual está siendo mayor, entendiendo ésta como la combinación de dos trastornos, uno referido a sustancias, y otro referido a patología mental. En estos casos, el estado psicológico está alterado a diferentes niveles, requiriendo tratamiento específico e implicando mayor gravedad y dificultad en su recuperación en la mayoría de las ocasiones por la múltiples necesidades por parte del paciente implicadas (Jazmin 2007; Szerman 2010).

Bandura afirma que la información relevante para evaluar la eficacia personal por parte de cada individuo, independientemente de que haya sido transmitida activa, vicaria, persuasiva o afectivamente no es inherentemente instructiva. Adquiere su importancia mediante el procesamiento cognitivo, cobrando éste un papel fundamental en el trabajo dirigido a su desarrollo.

Autoeficacia y conducta adictiva

Las expectativas de autoeficacia son una medida de estado, es decir, una medida específica para cada interacción personal - conducta en particular, y no una medida de rasgo, generable a diferentes situaciones y capacidades - con componente cognitivo, social y conductual.

Sin embargo, Bandura establece que una vez se ha establecido la autoeficacia, tiende a generalizarse a otras situaciones en las que la ejecución estaba autodebilitada por una preocupación con respecto a la inadecuación personal (Bandura, 1977). Como resultado, las mejoras en el funcionamiento comportamental se transfieren no sólo a situaciones similares, sino a actividades que difieren sustancialmente de aquellas en las que se centró el tratamiento.

No es extraño observar importantes cambios a diferentes niveles en los pacientes una vez han abandonado el consumo. Se produce un aumento de autoestima y capacidad generalizada que les permite iniciar nuevos proyectos que en otros momentos no habían sido capaces ni de plantearse. Podemos ver como hay personas que retoman los estudios abandonados, personas que establecen compromisos con la pareja, otros que tienen hijos, inicios de proyectos laborales, etc. Se observa un aumento de la confianza en ellos mismos mediado por el sentimiento de que se sienten capaces de llevar a cabo sus nuevas decisiones siempre y cuando mantengan la abstinencia, ya que justamente el consumo produce un sentimiento de ineficacia generalizado.