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111 Fuerza y entendimiento, fenómeno y mundo su prasensible.

IV.

La verdad de la certeza de sí mismo.

V.

Certeza y verdad de la razón.

VI.

El Esp íritu.

VII.

La Religión

17• V lll.

E l Saber absoluto.

Creo que se imponen tres observaciones a propósito de esta primera articulación del todo:

a)

En ella ocupa un lugar enorme el contenido de la primera sección, la Conciencia, ya que de hecho comprende las tres primeras d ivisiones que acaban de ser enunciadas. Y ciertamente la " infinitud", en que culminan estas tres figu­ ras, obliga a

"pensar

el cambio puro o la

contraposición en

sí misma, la contradicción "

18; ello nos adentra ya mucho en la afirmación del concepto y justifica sin duda el detallismo en la exposición de las etapas que han conducido hasta este punto último y propiamente insuperable. Pero apenas se puede negar que otras unidades ulteriores habrían podido hacer valer derechos semejantes al mismo trato de favor. De hecho hay que reconocer que esta nomenclatura no da una idea exacta del equilibrio de la obra en su contenido real.

b) Pero el interés absolutamente fundamental de esta ordenación de la

Fenomenología

estriba en recordar que el despliegue de las figuras según el orden de una totalización que las subordina recíprocamente dentro de una unidad sis­ temática, no tiene más razón de ser que el

proceso continuo

que, de conversión en conversión, lleva al individuo a ascen­ der uno uno los escalones de la "escala hasta este punto de

e) A

esta estructuración, no obstante, hay que objetar­ le que deja fuera el aspecto esencial de circularidad reflexi­ va, que es en régimen dialéctico la regla única e ineludible de todo auténtico desarrollo. Por eso necesita ser corregida inmediatamente por el segundo modo de estructuración.

B)

Este segundo modo de articulación va indicado por Hegel en el índice con letras. Su interpretación es desde luego más delicada y va a permitimos tocar algunos puntos esenciales. Helo aquí:

(A)

Conciencia.

(B)

Consciencia de sí. (C )

(AA)

Razón.

(BB)

El Espíritu. (CC) La Religión. (DD) El Saber absoluto

Se ha señalado varias veces estos últimos años que uno de los argumentos aducidos por Haering para sostener su tesis ya aludida en varias ocasiones procede en realidad de

66 LAS GRANDES AR TJCULACJONES DE LA OBRA

una lectura descuidada de estas indicaciones. En efecto, no es exacto que las tres primeras secciones -conciencia, Cons­ ciencia de sí, Razón- sean pura y simplemente correlativas, como si (C) no se aplicase más que a la Razón. Es verdad que en este caso se tendría cierto derecho a pensar que con la Razón se termina una totalidad y a continuación comien­ za algo distinto. Pero de hecho no sucede así: (C) abarca evidentemente todo el final de este plan, ya que está dividi­ do en cuatro subunidades estrictamente connumeradas: Ra­ zón, Espíritu, Religión, Saber absoluto. Como es obvio, ello, lejos de permitir la introducción de ningún tipo de censura entre Razón y Espíritu, vincula muy radicalmente estas dos secciones entre sí.

Lo que, no obstante, podemos retener de la tesis de Haering es que, una vez que se encuentra sentada la unidad formal de la conciencia y la consciencia de sí, alcanzamos expl ícitamente el nivel de esta última; el resto de la obra, según este enfoque, tiene entonces el sentido de superar el formalismo de la unidad así alcanzada, sometíendola a la prueba de las figuras concretas de la historia. Deberemos recordarlo más adelante, cuando se trate de la organización particular de las tres primeras secciones dentro de lo que Hegel llamará "el Espíritu en su conciencia".

C) Pero estos dos tipos de organización deben conju­ garse con un tercero que voy a caracterizar ahora de una manera general y cuya presentación más detallada nos va a ocupar hasta el final del presente capítulo. Me refiero a las articulaciones más complejas que se manifiestan al nivel de la organización del contenido mismo, en su desarrollo con­ creto, y que encontramos indicadas a) en los textos estruc­ turales y b) en los paralelos.

Los "textos estructurales" son, de entre los desarrollos "para la conciencia" ( los textos de "experiencia" propia­ mente dichos), aquellos que aseguran su comprensión unita­ ria relacionándolos entre sí y con la totalidad ; son todos textos "para nosotros", y consideran ya los supuestos, ya las consecuencias de los núcleos duros, que intentan, a su v�z. adherirse al movimiento de la conciencia. He dicho antes que los textos " para la conciencia" representan, grosso modo, la cuarta parte de la obra; a los textos "para nosotros" les corresponden, por consiguiente, los otros tres cuartos de la obra. Pero, cuando se trata de determinar " las

grandes articulaciones de la obra'� es obvio que los " textos estructurales" que deben ser tomados en cuenta, son más limitados y conllevan esencialmente: el Saber absoluto, la introducción a la Religión, la introducción al Espíritu, la realización de la consciencia de sí racional por sí misma y finalmente los pasajes más cortos sirven de introducción a la mayor parte de las secciones o subsecciones.

En cuanto a los "paralelos" , designan los

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pasajes, más o menos, en que Hegel se dedica a hacer lo que yo llamaría "citas internas", confrontando, para identificarlas u oponerlas, las figuras o grupos de figuras que pertenecen a totalidades diferentes, y definiendo así parentescos de nivel entre unidades redaccionales más o menos alejadas entre sí, pero que expresan a menudo el mismo movimiento concep­ tual en estructuras diferentes. El inventario de todas estas anotaciones dispersas a tod o lo largo del texto indica coinci­ dencias, circularidades, encuentros que pueden precisar o modificar las indicaciones demasiado generales que propor­ ciona un examen del índice de materias.

Todo este material ha sido reseñado, analizado e inter­ pretado en mi libro titulado

Structures et mouvemen t dia­

lectique dans la Phénomenologie

de

l'Esprit de Hegel,

al cual me permito remitir al lector 20•

N o traeré a colación aquí más que los resultados más significativos, de una manera muy sucinta.

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