Benjamin Franklin, el mito hecho a sí mismo: Vida, obra y pensamiento del padre fundador en la américa pre-revolucionaria
8. Gatsby, Capone y Franklin: Reinterpretación del mito
Pocos años antes del final de sus días, tanto Emerson (1803–1882) como Twain (1835– 1910) volverían a ver a la nación devastada por la crisis. Emerson, de mayor edad que Twain, presenció el Pánico de 1837, el Pánico de 1857, la Guerra de Secesión, la fallida Reconstrucción y, en 1873, un nuevo Pánico. Jay Cooke, el banquero que durante la guerra ganaba tres millones de dólares al año sólo con las comisiones derivadas de la venta de bonos del gobierno (Zinn 242), cerró la sede central de su entidad bancaria, lo que desencadenaría la ola de pánico. Con el presidente Ulysses S. Grant alojado como invitado en la mansión del propio Cooke en Filadelfia, el 18 de septiembre de 1873 cabalgaba al centro de la ciudad a cerrar la central de Jay Cooke & Company. Según se apunta en Zinn, aquello supondría poner en una situación comprometida a una cantidad considerable de personas, que se verían incapaces de pagar sus préstamos o sus hipotecas. En torno a 5.000 negocios se verían en la obligación de cesar su actividad (242), dejando sin empleo a cuantos trabajadores tuvieran contratados.
Pero el problema no era Jay Cooke. La crisis nació en una economía cuya naturaleza misma es caótica, en el que únicamente aquellos muy ricos se pueden considerar verdaderamente a salvo, un sistema fundamentado en crisis cíclicas: 1837, 1857, 1873, y las que aún estaban por llegar, es decir, 1893, 1907, 1919 y 1929. Estas crisis, de manera ineluctable, barrían pequeños negocios y traían desempleo, hambre y frío a las clases trabajadoras, mientras que las fortunas de los llamados robber barons67, como Vanderbilt, Astor, Rockefeller y Morgan seguían creciendo
en la guerra y en la paz, en la crisis y la recuperación. En el contexto del Pánico de 1873, Andrew Carnegie se hacía con casi la totalidad del mercado del acero, y Rockefeller extinguía prácticamente a cualquier competidor en el negocio del petróleo.
Tras el Pánico de 1873, la subsiguiente crisis y su recuperación, llegó la década de 1880, en la que se experimentó una industrialización sin precedentes en los Estados Unidos. Esta industrialización estuvo encabezada por el ferrocarril, que empezó a crecer de manera desmesurada. Y con este crecimiento desbocado del ferrocarril tuvo lugar no poca especulación, como se detalló en el capítulo dedicado a la obra The Gilded Age, de Mark Twain. De este modo se construyó la antesala habitual a cualquier crisis económica: la sobreproducción. Muchas compañías aseguraron su crecimiento adelantando a sus competidores a cualquier precio mediante el desarrollo de más infraestructura, necesaria o no, comprometiendo así su propia estabilidad.
67 Se denominaba robber barons a los grandes empresarios estadounidenses de finales del siglo XIX por sus
poco escrupulosos métodos para expandir y aumentar su capital. Se analiza el fenómeno de manera extensa en volúmenes como The Robber Barons: The Great American Capitalists, 1861–1901 de Matthew Josephson (1934) o en artículos como “The Robber Barons Revisited”, de Edward C. Kirkland (1960). No menos digno de mención es el libro de Anna Rochester The Rulers of America: A Study of Finance Capital (1936), donde se analiza con detalle el proceso por el cual los mencionados robber barons llegaron a controlar la industria, la economía y, en última instancia, la política estadounidense de su tiempo.
Además, se empezaron a abrir gran cantidad de minas, a menudo conectadas al ferrocarril, y sus productos, fundamentalmente plata, empezaron a inundar el mercado. Mientras tanto, la agricultura—particularmente aquella del Medio Oeste68—sufrió una serie de sequías que hicieron
mella en la capacidad de pequeños terratenientes para afrontar sus deudas, lo que devaluó considerablemente el precio del terreno. El drástico aumento de la actividad minera y de la circulación de plata trajo el movimiento “Free Silver”. Este movimiento perseguía la acuñación de moneda basada en la plata, en lugar del tradicional oro. La idea no tardaría en ganar apoyos entre ganaderos y agricultores, que buscaban causar inflación para saldar sus deudas con dólares más baratos y poder revitalizar así su economía69. El movimiento también resultó conveniente
para aquellos con intereses en la minería, que buscaban convertir la plata directamente en dinero. La Sherman Silver Purchase Act de 1890, aunque no coincidía apenas con las metas del movimiento “Free Silver”, requirió que el gobierno comprase millones de onzas70 de plata
(quitando de la circulación una cantidad considerable del metal y subiendo el precio de éste, lo que satisfizo al sector minero) para acuñar dinero (contentando así a granjeros y agricultores).
Una de las primeras señales de aviso de lo que se avecinaba fue la bancarrota de Philadelphia and Reading Railroad el 23 de febrero de 1893, diez días antes de la segunda investidura de Grover Cleveland. En el momento de tomar el cargo, Cleveland se enfrentó al riesgo de bancarrota del Tesoro, y consiguió convencer al Congreso de derogar la Sherman Silver Purchase Act, a la que consideraba culpable de la crisis. Como indica Lauck en The Causes of the
Panic of 1893, la preocupación por el estado de la economía aumentó, y la población se apresuró
a retirar sus ahorros sus ahorros de los bancos, provocando el fenómeno conocido como bank run o asedio bancario. A su vez, el asedio bancario suele ser el factor desencadenante de una crisis crediticia donde las propias entidades caen víctimas de su funcionamiento mismo al no guardar la totalidad del dinero depositado en ellas. Esta desconfianza en el sistema financiero estadounidense se extendió por Europa, donde los inversores empezaron a vender valores norteamericanos para obtener fondos respaldados por el oro. En Estados Unidos, la población intentaba deshacerse del dinero basado en la plata en favor del dinero basado en el oro. Así, las reservas de oro del país alcanzaron los cien millones de dólares, su reserva mínima estatutaria (Lauck 98) y el cambio de billetes “de plata” por billetes “de oro” (se emitió tanto dinero físico
68 La región del Medio Oeste norteamericano comprende los estados de los Grandes Lagos y las Grandes
Llanuras, es decir, Illinois, Indiana, Iowa, Michigan, Minnesota, Ohio, Wisconsin, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Kansas, Misuri y Nebraska.
69 Estas son las conclusiones que se pueden obtener en “A Plea for Free Silver”, el manifiesto escrito por
Senador por Indiana Daniel Wolsey Voorhees y recogido en el volumen 153 de North American Review (1891). Respecto a la misma cuestión se puede encontrar una interpretación moderna del fenómeno en el artículo de Marshall y Phil Gramm “The Free Silver Movement in America: A Reinterpretation” (2004).
de curso legal como certificados por valor de ese dinero) se detuvo. Las inversiones durante el tiempo de pánico se financiaron principalmente mediante la emisión de bonos a altos intereses.
Debido a que la demanda de plata y papel moneda basado en la plata habían bajado, el precio y el valor de la plata cayeron en picado. Los compradores de bonos se preocuparon por la pérdida del valor nominal de éstos, y muchos, de hecho, lo perdieron prácticamente en su totalidad. Una serie de quiebras bancarias siguió a continuación, y la Northern Pacific Railway, la Union Pacific Railroad y la Atchinson, Topeka & Santa Fe, entre otras, también quebraron (Lauck 107). Considerando que la disminución de actividad en cualquier sector industrial tiene tendencia a afectar a los negocios indirectos (desde empresas inmobiliarias hasta tiendas de comestibles), las pérdidas en este sentido son difícilmente cuantificables, aunque según estimaciones los cierres de negocios dejaron más de 121 millones de dólares en deudas y unas quinientas entidades bancarias—en torno al 5 % del total—también tuvieron que cerrar (Hoffmann 158). En el momento álgido del Pánico, un estudio de las ganancias anuales con relación al coste de la vida reveló una subida aproximada de la tasa de paro hasta el 18 % (Hoffmann 151). Semejante tasa de desempleo combinada con la pérdida de los ahorros de toda una vida depositados en bancos quebrados significaba que aquella supuesta clase media floreciente se encontrase totalmente incapaz de afrontar sus obligaciones hipotecarias. Como resultado, gran cantidad de familias tuvieron que abandonar, de maneras más o menos forzosas, hogares recién construidos.
El Pánico se manifestó con gran severidad, tanto en las ciudades industriales como en las poblaciones agrícolas. La Sherman Silver Purchase Act de 1890 junto con, quizá, la McKinley Tariff 71 del mismo año, fueron culpadas por ser responsables en gran medida del Pánico y la
subsiguiente crisis económica, y, por extensión, se culpó a los demócratas y a Grover Cleveland. El ya mencionado alarmante descenso de las reservas de oro del país forzó al presidente Cleveland a tomar prestados 65 millones de dólares al banquero de Wall Street J. P. Morgan para tratar de paliar la inestabilidad de la economía. A raíz de ello, los demócratas sufrieron un acusado varapalo electoral en favor del Partido Republicano en las elecciones de 1894:
After careful consideration of every detail until a late hour of night, an agreement was made by which J. P. Morgan & Co., of New York, for themselves and for J. S. Morgan & Co., of London, August Belmont & Co., of New York, for themselves and for N. M. Rothschild & Sons, of London, were to sell and deliver to the Government 3,500,000
71 La McKinley Tariff fue una revisión fiscal basada en impuestos ad valorem que redujo de manera muy
acusada la tributación de determinadas mercancías en un espacio breve de tiempo. Por poner un ejemplo, la recaudación por la importación de azúcar en el ejercicio de 1889 se acercaba a los sesenta millones de dólares. En el ejercicio de 1892, tras la puesta en marcha de la McKinley Tariff, la recaudación cayó hasta rondar los 75.000 dólares (Hoffmann 162).
ounces of standard gold coin of the United States, to be paid for in bonds bearing annual interest at the rate of 4% per annum, and payable [in coin] at the pleasure of the Government after thirty years from their date, such bonds to be issued and delivered from time to time as the gold coin to be furnished was deposited by said parties in the Sub- Treasuries or other depositories of the United States. (McElroy 88)
La decisión de Cleveland de contraer una deuda perdurable con una entidad bancaria privada no fue perdonada por el electorado, que le otorgó la victoria a William McKinley con un amplio margen en las elecciones presidenciales de 1897.
Gran cantidad de las minas de plata del oeste cerraron de manera definitiva, afectando seriamente a las compañías del ferrocarril que habían sobrevivido al Pánico de 1893, y esta parada casi en seco de la producción minera junto con su industria asociada llevó al Pánico de 1896, aunque sería de menor impacto que el del 93. Tras la elección de McKinley la confianza se recuperó con la fiebre del oro de Klondike y la economía empezó un recorrido de diez años de rápido crecimiento, hasta el Pánico de 1907.
En abril de 1906 el terremoto de San Francisco causó un daño equivalente a más del 1 % del producto nacional bruto (o PNB) de Estados Unidos (Odell y Weidenmier 1). Aunque el efecto real de este evento era localizado, Odell y Weidenmier sostienen que tuvo un impacto financiero a nivel internacional: grandes cantidades de oro entraron en el país en otoño de aquel mismo año para reparar los desperfectos, lo que provocó que las entidades bancarias del resto del mundo (lideradas por Inglaterra) adoptasen medidas “defensivas” para mantener estables sus respectivas reservas de oro atrayendo importaciones del metal, reduciendo considerablemente el flujo que iba a parar a Estados Unidos. Para mayo de 1907, EE. UU. caería un periodo de recesión de gran severidad y poca duración. Con unos mercados ya debilitados, el pánico económico cobraría dimensiones globales con la caída del Knickerbocker Trust Company en Nueva York. El pánico llevó a uno de los cambios más significativos en la arquitectura financiera estadounidense: la creación de la Reserva Federal en diciembre de 1913, ya bajo mandato de Woodrow Wilson.
De hecho, la administración de Wilson provocó una de las revisiones económicas más profundas desde la Guerra de Secesión. En la Federal Reserve Act de 1913 se modernizó considerablemente el sistema bancario del país, así como su sistema de crédito, poniéndolo bajo control público (Hofstadter 253). Para beneficio de la economía agraria aprobó la Federal Farm Loan Act, poniendo al gobierno en el negociado de la concesión de créditos para el mundo de la ganadería y la agricultura. También diseñó un programa destinado a las clases medias encarnado en la Clayton Act72, que tenía el propósito de hacer efectivas las medidas dispuestas en la Sherman
72 En “The Clayton Act”, de W. H. S. Stevens, se desgrana de manera resumida la ley y sus prohibiciones,
Anti-Trust Act, una ley antimonopolística. Para beneficiar a las clases medias fue también la creación de la Comisión Federal del Comercio, que pretendía poner orden en lo que Wilson consideraba “competición ilícita” (Hofstadter 254). La clase trabajadora también experimentó ciertas mejoras, principalmente en una cláusula de la Clayton Act de 1914, que libraba a los sindicatos del acoso empresarial al involucrar al gobierno en la interposición de demandas antimonopolísticas; también la La Follette Seamen’s Act (1915), que perseguía mejorar las condiciones de trabajo y el pago de salarios en la marina mercante; la Adamson Act (aprobada en 1916 bajo la amenaza de una gran huelga en el ferrocarril), que establecía la jornada de ocho horas para los trabajadores ferroviarios en el comercio interestatal; una ley contra el trabajo infantil (que, no obstante, no tardaría en ser declarada anticonstitucional en una curiosa decisión de la Corte Suprema73) y una ley de compensación para trabajadores funcionarios. Por primera vez en
mucho tiempo, tras tantos años de pánicos financieros con sus consiguientes crisis económicas, la clase trabajadora estadounidense podía empezar a sentir cierto respaldo, incluso protección, por parte de los cargos electos gracias a su sufragio. Tal protección dentro de un sistema manifiestamente desigual no solucionaba demasiado aquellos problemas subyacentes que ese mismo sistema ocasionaba, pero daba algo de margen de maniobra a quienes aspirasen a poder ganarse la vida honradamente con su trabajo, a quienes trataban de realizar el mito del Self-Made
Man y demostrar que, aun con una clase (cada vez más) adinerada en clara ventaja y que se sabía
intocable, en los Estados Unidos todavía se podían seguir los pasos de Benjamin Franklin y alcanzar la prosperidad a través del esfuerzo, el trabajo, la perseverancia y la honradez.
Dentro del marco del capitalismo financiero de principios del siglo XX, el gobierno de los Estados Unidos difícilmente podría seguir adelante sin la cooperación, al menos pasiva, de la comunidad financiera. Wilson consiguió sacar adelante la mayoría del trabajo de su primer mandato sabiendo que todo podría hacerse siempre que no se produjera ninguna alteración severa del orden económico/financiero, aunque semejante alteración tampoco estaba entre sus objetivos: Wilson, como apunta Hofstadter, creía en la sana competencia, el individualismo, la empresa, la oportunidad… cosas que él consideraba vitales en el legado histórico del país—aunque, ya en tiempos de Wilson, era más que evidente que la supuesta competencia en el libre mercado tendía al monopolio. No obstante, en lo tocante a regulación, Woodrow Wilson había cambiado considerablemente de opinión respecto a sus anteriores posiciones, más cercanas al concepto del
laissez faire (Hofstadter 255). Tras la aprobación de la Clayton Act, Wilson dio su programa por
cumplido. En su mensaje al Congreso del 8 de diciembre de 1914, declaró:
73 En el artículo “The Federal Child-Labor Law”, Thomas I. Parkinson ya anticipa que el recorrido de esta
ley podría ser muy limitado debido a su choque frontal con la Décima Enmienda: “This [the 10th
Amendment] is the warrant for all the power Congress may exercise over interstate commerce. It is the source of all congressional sovereignty over that subject. And every act of sovereignty must be authorized by this charter. And any act not authorized by this delegation of power is unconstitutional” (Parkinson 2).
Our program of legislation with regard to the regulation of business is now complete. It has been put forth, as we intended as a whole, and leaves no conjecture as to what is to follow. The road at last lies clear and firm before business. It is a road which it can travel without fear or embarrassment. It is the road to ungrudged, unclouded success. In it every honest man, every man who believes that the public interest is part of his own interest, may walk with perfect confidence. (A. Hart 56)
Si bien Wilson emprendió medidas regulatorias para el mundo de los negocios y finanzas, no es menos cierto que se pueden considerar medidas ad hoc, medidas que no protegían verdaderamente a la economía ante ciertas prácticas predatorias y especulativas que ya habían supuesto varios pánicos financieros en la historia reciente de Estados Unidos, y que no librarían al país de aquello que estaba por llegar. Respecto a estas políticas wilsonianas comentó el periodista y analista político Walter Lippmann:
The New Freedom means the effort of small business and farmers to use the government against the larger collective organization industry. Wilson’s power comes from them; his feeling is with them. … no hint that it may be necessary to organize the fundamental industries of the country on some definite plan so that our resources may be developed by scientific method instead of by men “on the make”; no friendliness for the larger, collective life upon which the world is entering, only a constant return to the commercial chances of young men trying to set up business. That is … a freedom for the little profiteer, no freedom for the nation from the narrowness, the poor incentives, the limited vision of small competitors—no freedom from clamorous advertisement, from wasteful selling, from duplication of plants, from unnecessary enterprise, from the chaos, the welter, the strategy of industrial war. (Lippmann 137)
A la luz del fragmento, no cabe duda de que las políticas de Wilson, pese a ser bienintencionadas, eran insuficientes para mantener a la economía bajo control. Y, al tratarse de un texto escrito en 1914, no puede ser tachado de ser una conclusión a posteriori extraída con más información de la que Wilson pudiera contar en su momento. Aspirar a fomentar únicamente la creación de empresas e inundar el mercado de una cantidad innecesaria de oferta no sólo demostraría ser una medida ineficaz en el futuro cercano, sino que ya había sido probado en el pasado con los distintos pánicos a finales del siglo XIX y en los primeros años del XX. Pero esta
marcada inclinación de Wilson hacia el pequeño negocio quedaría relegada a un segundo plano con la participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial. La filosofía clásica de Wilson de la sana competencia y la pequeña empresa se sometería a prueba no en un escenario normal, sino en el marco de un continente entero en conflicto al otro lado del océano, mientras la política estadounidense de cara a dicho conflicto consistía en hacer la guerra mientras hablaba de
paz. No obstante, cabe recordar que Woodrow Wilson creció en una América en la que el sur se recuperaba muy lentamente de los estragos de la Guerra de Secesión, de modo que su percepción