3. LA PRENSA EN TREGUA EN BIEN DE LA CAUSA
3.3. CREANDO LOS ACTORES DEL CONFLICTO
3.3.3. El gobierno de Olaya Herrera
El gobierno de Olaya Herrera al cual ya hemos hecho alusión en el capitulo anterior. Fue aquel a quien le tocó enfrentar la situación acaecida con la Toma de Leticia, el primero de septiembre de 1932. Este protagonista del conflicto amazónico, es uno de los que más opiniones generan en la prensa. Desde apoyos irrestrictos a su actividad política, como fuertes criticas a su labor como mandatario. El conflicto abrirá paso a que algunos contradictores se muestren un poco más benévolos y apoyen, al menos en lo que respecta al conflicto, al gobierno presidido por Enrique Olaya Herrera188.
186El País, diario de la mañana (1932, 19 de septiembre). “Las finanzas de la guerra” [editorial], Bogotá. p. 3. 187
El Tiempo (1932, 27 de septiembre). “El empréstito de la defensa nacional”. [editorial] Bogotá. p. 4.
188 Enrique Olaya Herrera, político y periodista nacido en Guateque, población boyacense a 140 Km. al sur de la capital del
departamento, Tunja. Su nacimiento se da en el año de 1880, durante su vida público varios periódicos, entre los que se encuentran EL Patriota, El Mercurio, El Diario Nacional entre otros. También ejerció cargos como embajador ante EEUU y ministro de Agricultura en el Gobierno de Jorge Holguín. Olaya Herrera se convertiría en presidente de los colombianos el 7 de Agosto de 1930. Luego de
El Tiempo diría acerca de Olaya Herrera, “desde el día en que subió a la presidencia el expaló varón que la ha desempeñado con una estoica voluntad de trabajo y con un acierto sin precedentes en nuestra vida administrativa”189. Esta postura de este diario frente a Olaya Herrera y su administración, no solo muestra la adhesión de este diario hacia su gobierno sino que igualmente nos menciona su habilidad administrativa y su capacidad de trabajo, como unos valores excepcionales no vistos en anteriores administraciones. En este mismo editorial El Tiempo además de expresar su adhesión al gobierno, también indica que la oposición al gobierno de Olaya Herrera, ha estado interesada en atacar al gobierno fundamentándose en un odio ciego hacia él.
Estas críticas hechas a la oposición, que ya hemos visto en algunos apartes del capítulo anterior, como en las primeras líneas de este capítulo, nos muestran que la lucha entre favorecedores del gobernante y contradictores es muy grande. No obstante el conflicto por la posesión de Leticia, trastocaría de manera transitoria esta disputa entre oposicioncitas y gobiernistas. El llamado de El País, diario asociado a la oposición, “El gobierno necesita el apoyo de todas las fuerzas de la nacionalidad y el directorio de nuestro partido reafirmó el ofrecimiento que en memorable hicieron ante las cámaras legislativas y ante el presidente de la república los voceros de ese mismo partido…”190. Este apoyo ofrecido durante los primero meses del conflicto, no sería sin embargo un apoyo irrestricto como el que ofrece El Tiempo. El apoyo de El País, a la labor del gobierno y su actuación en el conflicto se presentará, como un apoyo en que “Situado por razones justas en un terreno de franca oposición al gobierno del doctor Olaya Herrera, deseamos conservar la necesaria independencia para aplaudir o para censurar la conducta de ese gobierno en orden a la rápida, eficaz y decorosa solución del incidente”191. Aun cuando estas muestras de adhesión pueden no parecer una unión, de hecho El Tiempo, la aceptaría afirmando que la unión nacional los complace, aunque estén en dos orillas distintas, los conservadores temerosos por que el gobierno no se equivoque y otros los liberales con la esperanza de que no cometa ninguna falla en la resolución del conflicto192.
terminar su periodo en 1934, fue enviado por el presidente López Pumarejo como embajador ante la Santa Sede. Su luz se extinguiría el 18 de febrero de 1937 en la ciudad eterna.
189
El Tiempo (1932, 11 de noviembre). “La implacable adhesión de los oposicionistas”. [editorial] Bogotá. p. 4. 190
El País, diario de la mañana (1932, 28 de octubre). “El Partido ante la guerra” [editorial], Bogotá. p. 3. 191El País, diario de la mañana (1932, 11 de septiembre). “El Incidente con el Perú” [editorial], Bogotá. p. 3. 192
14. Imagen. Extraída de El Tiempo. (1932, 27 de septiembre). “El presidente entrego sus joyas.”. [Fotografía] Bogotá. p.1.
Uno de los momentos de mayor apoyo para el gobierno presidido durante el conflicto es la suscripción del empréstito patriótico. Este empréstito no solo era una contribución para la defensa, sino que el mismo materializaba el deseo de luchar por la restitución de nuestra soberanía en Leticia. El Tiempo acerca de esta contribución la definiría como un impulso al gobierno que “es preciso que en el término más breve los diez millones que el congreso ha de ordenar estén a disposición del ejecutivo, para que con ellos pueda en cualquier momento atender los gastos, que desde ahora serán grandes, de la defensa nacional”193. Ante esta perspectiva de ayudar al gobierno mediante un empréstito u algún otro medio El País, nos dirá que “Lo dijimos cuando nuestro gobierno informó sobre la invasión peruana, y hoy lo repetimos con orgullo de patriotas: estamos con el gobierno, lo acatamos y fortalecemos para acudir con él a defender nuestra dignidad y nuestra soberanía”194. Es durante los primeros ocho meses del conflicto, que inician en septiembre de 1932 hasta abril de 1933, a lo que denominamos etapa bélica del conflicto, cuando el apoyo a la resolución por medio de las armas tiene una gran fuerza y el gobierno es respaldado en su empeño. No obstante con la profundización de la diplomacia y con la afirmación de acuerdos entre Colombia y el Perú, como medio por excelencia para resolver el conflicto, el gobierno se verá nuevamente atacado, por elegir esta opción como la principal y abandonar la respuesta militar. Esta opción diplomática El Tiempo la colocará como un método de triunfo de Colombia y del gobierno, al afirmar que “El acontecimiento de Ginebra no puede ser mirado sino como la conclusión de todos los esfuerzos del gobierno
193El Tiempo (1932, 21 de septiembre). “Organizando la defensa nacional”. [editorial] Bogotá. p. 4. 194
colombiano por restablecer la soberanía patria en los territorios invadidos, esfuerzos que se hicieron sentir por igual en las milicias y en la diplomacia”195, a pesar de lo considerado como un triunfo la política en Ginebra y la actuación del gobierno. El País a su vez, rechazará este cese de hostilidades firmado el 25 de Mayo de 1933 en Ginebra, en donde se habla de un “embrollo” diplomático que acalló y fue en contra del orgullo y el honor de Colombia.196 Estas acusaciones no solo se enfocaron en el pacto ginebrino, posterior a él, se habló incluso de la responsabilidad del mandatario de los colombianos y de sus más cercanos colaboradores en la Toma de Leticia. Esta acusación se mostrará de manera más profunda en el siguiente aparte.
El presente régimen fue responsable del conflicto con el Perú como lo atestiguan las declaraciones de José de la Vega y Villamil Fajardo. Tanto el jefe del Estado, como los ministros de guerra y relaciones exteriores, tuvieron oportunamente noticias de que se preparaba un asalto contra nuestro puerto amazónico, y en vez de reforzar nuestras guarniciones de la frontera, se ordenó la desocupación de Leticia. Además el programa presidencial de Sánchez Cerro incluía la revisión del tratado Lozano-Salomón. El gobierno nada hizo por preparar a la república para la inevitable hazaña.197
Esta acusación y el pacto ginebrino, darán por finalizada los apoyos hacia el gobierno por parte del País, e iniciará una nueva etapa de continuas críticas al gobierno por su actuación, en la que se considera que ha manchado y mancillado el honor de Colombia. De esta manera, se denota que la relación gobierno-prensa de oposición, fue una relación paradójica, por un lado mientras los espíritus estaban insuflados en el conflicto y en las posibles acciones militares que se sucedieran en el conflicto, la postura aunque critica era de apoyo al gobierno. Mientras que cuando se cambia la perspectiva de la resolución del conflicto, y se fija la negociación con el acuerdo entre los dos países en Ginebra, el gobierno pierde este apoyo al menos del diario El País, y se le acusa de debilidad diplomática, incluso de responsabilidad en el conflicto.
195
El Tiempo (1933, 25 de mayo). “La paz”. [editorial] Bogotá. p. 4. 196
El País, diario de la mañana (1933, 4 de junio). “La dama de ginebra” [editorial], Bogotá. p. 3 197El País, diario de la mañana (1933, 24 de junio). “La herida interior” [editorial], Bogotá. p. 3