La feria del chamarileo
¿Quién, en nuestros días, puede legítimamente invocar la herencia espiritual del Temple? ¿Existe un solo organismo que pueda afirmar que cuente con los archivos reales de la Orden, que conozca todos sus ritos secretos y posea las claves de sus misterios? Es posible que exista, pero en tal caso no lo dice. Sin embargo, hay otros que hacen todo lo posible para hacerlo creer.
En 1981, la Curia romana realizó un inventario de los grupos o asociaciones que apelaban de una manera u otra a la Orden del Temple. Encontró a más de cuatrocientas. La mayoría no son más que oficinas de charlatanes destinadas a explotar la credulidad de «primos» preferentemente adinerados, dispuestos a pagar el precio que sea para respirar más de cerca el olor del Temple. Estos pretendidos resurgimientos de la Orden venden iniciaciones a los tontos incautos, les hacen entrega de títulos majestuosos y los llenan de cintas, de cordones y de medallas a cambio de dinero contante y sonante. Los comerciantes han tomado al asalto los Temples de imitación.
Algunas de estas asociaciones tienen una actitud más honesta. Sus dirigentes tratan simplemente de recobrar lo que creen es el espíritu del Temple. Algunos piensan incluso sin duda estar realmente investidos de una misión. Otros esperan o creen comunicar con el personaje más egregio de la Orden a través de los tiempos. Charlatanes o gentes sinceras, lo cierto es que proliferan y sus grupos toman por lo general nombres rimbombantes y pregonan fines a veces curiosos.
Así, los Caballeros de la Alianza Templaría luchan contra la violencia, la droga y la decadencia moral. La Hermandad Sanjuanista para el resurgir templario u Orden de los Caballeros del Templo de Cristo y de Nuestra Señora basa su enseñanza en el modelo alquimista. La Orden de los Caballeros del Santo Temple, con sede en Corréze, persigue asimismo un fin moral y busca desarrollar las virtudes con un optimismo que confirma su divisa: «Nada se ha perdido, todo puede ser salvado». Otras son más discretas en cuanto a sus objetivos. Citaremos tan sólo algunas apelaciones, sin más comentarios sobre todos estos grupos, a veces muy honorables, pero a los que sin duda les sería muy difícil demostrar su filiación templaría.
Citemos, pues, por lo curioso del título la Ordinis Supremi Militaris Templi Hierosolymitani, la Orden Soberana del Templo Solar, la Ordo Militiae Crucis Templi, los Tempelherren in Deutschland, la Orden de los Templarios de la República de Finlandia, el Círculo del Temple y del Santo Grial, la Orden de los
Vigilantes del Temple, el Jacob-Molay-Collegium Autonomer Tempelherren-Orden, la Orden renovada del Temple, etcétera.
Soñadores candorosos, iluminados, buscadores sinceros, estafadores e incautos pueblan al mismo tiempo la mayor parte de estos organismos. Sin embargo, no es porque la mayor parte de aquellos que dicen descender de la Orden del Temple no puedan justificar ninguna filiación, por lo que no existe ninguna herencia del Temple. Tratemos, pues, de ver cuáles son las huellas más fiables que ha podido dejar.
Realidad de una herencia templaria
Para que haya una herencia, preciso es que exista una posibilidad de transmisión. Ahora bien, esta posibilidad es indiscutible por toda una serie de razones. En primer lugar, recordemos que la redada realizada en Francia no provocó un arresto masivo e inmediato en los restantes países. Por tanto, podemos afirmar de entrada que, debidamente prevenidos, los templarios que residían fuera de Francia tuvieron tiempo de tomar sus medidas para transmitir lo que debía ser transmitido.
Además, en algunos países, no fueron en absoluto molestados y se pasaron con armas y bagajes a otras órdenes creadas especialmente para ellos. Podría decirse que éstos tuvieron que asumir su propia herencia.
Incluso en Francia, no todos los templarios fueron arrestados, algunos se escaparon. También ellos a veces pudieron ser agentes de transmisión.
He aquí ya tres buenas razones para afirmar que el Temple no murió con la supresión teórica de la Orden. Dicho sea de paso, ello es molesto para los defensores de la existencia de un ingente tesoro templario enterrado en alguna parte. En efecto, si la Orden pudo sobrevivir de una forma u otra, sus mandatarios debieron por lo menos de conocer el secreto del escondrijo. Dos posibilidades pueden planteársenos entonces. O bien el tesoro ha sido recuperado y utilizado para un fin u otro; o bien lo que queda de él, lo que le otorga valor, material o espiritual, sigue estando escondido, pero debe ser entonces custodiado a través de los siglos. En cualquier caso, su accesibilidad es dudosa.
Por otra parte, existe una cuarta razón para creer en la transmisión de una herencia: es probable, en efecto, que los mandatarios de la Orden hubieran sido prevenidos de un golpe de mano de Felipe el Hermoso. Localmente, algunos oficiales reales advirtieron discretamente a miembros de su familia que pertenecían al Temple. Hubiera sido asombroso que ninguno de los caballeros así advertidos no hiciera correr la información. Además, en los días que precedieron al arresto, Jacques de Molay se habría hecho traer un gran número de libros de la Orden y los habría quemado. No olvidemos tampoco que la crisis estaba latente y que se había estado a punto, poco tiempo antes, de obligar a templarios y hospitalarios a fusionarse. Baigent señala (90) que un «a caballero que se retiró del Temple hacia esa época el
tesorero le dijo que era persona muy prudente, pues era inminente una crisis».
Esto podría explicar que se apoderaran de tan pocas cosas en las encomiendas templarías tras el arresto. En cualquier caso, las razones para creer en la posibilidad de una transmisión son múltiples. Conviene ahora seguir las pistas.
90() Michel Baigent y Richard Leigh: Des templiers aux francmaçons, la transmission
Los herederos oficiales
El primero que debe ser citado es, por supuesto, la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, que debía transformarse a continuación en la Orden de Malta. Fue ella la que recibió oficialmente los bienes del Temple en Francia, es decir, aquellos a los que Felipe el Hermoso no había echado mano. La mayor parte de las capillas o de las encomiendas templarías que pueden verse todavía pasaron a sus manos y además a menudo las remodelaron considerablemente. A pesar de esto, sería muy sorprendente que hubieran recibido igualmente la herencia espiritual y los diversos secretos del Temple.
Otros herederos oficiales son las órdenes de la península Ibérica. En Portugal, los templarios fueron absueltos y el rey Dionisio I, llamado el «rey trovador», le envió al papa Juan XXII, sucesor de Clemente V, dos emisarios para negociar el renacimiento de la Orden del Temple. Se salió con la suya y la Orden resucitó o al menos los templarios pudieron entrar en una nueva Orden creada para ellos, la de los Caballeros de Cristo. Recuperaron todos sus bienes y obedecieron en adelante a la misma Regla monástica que los caballeros de la Orden de Calatrava. Continuaron llevando el manto blanco con una cruz patada de gules. Sin embargo, se bordó una pequeña cruz blanca en el centro de la del Temple, para significar sin duda que éste renacía purificado. Los antiguos dignatarios del Temple conservaron su rango en la orden así reconstituida. El primer Gran Maestre de esta Orden renovada, Gil Martins, fue investido el 15 de marzo de 1319. Reanudaron la lucha contra los moros y reconquistaron en tal condición importantes territorios en África. Tuvieron rápidamente el dominio de las aguas de Portugal e incluso bastante más allá. No hay que olvidar que fue bajo su pabellón como Enrique el Navegante hizo sus descubrimientos.
En España, el rey Jaime II de Aragón realizó una operación semejante con la creación de la Orden de Montesa. Algunos templarios no habían esperado y habían entrado ya en las órdenes de Calatrava, de Alcántara y de Santiago de la Espada.
En Alemania, los templarios se integraron por lo general en la Orden de los Caballeros Teutónicos. En Italia, se laicizaron en las hermandades de la Fede Santa, a la cual parece que se adhirió posteriormente Dante Alighieri.
En este mosaico, las más interesantes son sin duda las órdenes de los Caballeros de Cristo y de Montesa. En efecto, constituyeron entidades completas que acogieron a la vez a los frailes y los bienes del Temple, incluidos un buen número de refugiados que habían cruzado los Pirineos. Entre todos estos hombres, había dignatarios susceptibles de conocer una buena parte de los secretos del Temple. Algunos de ellos fueron disimulados en la arquitectura misteriosa de la fortaleza de Tomar en Portugal. En cualquier caso, hay que destacar que estas órdenes se hicieron con el dominio de los mares y que sus armas adornaron especialmente los navíos que zarparon para descubrir el Nuevo Mundo. ¿Formaba parte este viaje a las Américas de la herencia del Temple?
Es sorprendente, por otra parte, observar que los herederos «oficiales» no parecen haber transmitido por lo que a ellos respecta ritos que pudieran ser sospechosos de herejía. Una prudencia elemental quizá o una ausencia de dominio de estos ritos. Esto nos reafirma en la convicción de que los rituales seguidos por los templarios no eran comprendidos por éstos en los tiempos finales de la Orden.