RELIGIÓN DEL ORIENTE ANTIGUO (EGIPTO-MESOPOTAMIA)
Babilonia 23 hereda el panteón sumerio y acadio, pero exalta a su
3. Las hierogamias
3.1. Carácter divino de la realeza
También la realeza (traída a la tierra por segunda vez tras el dilu- vio30) «descendió del cielo», al mismo tiempo que sus emblemas, la
tiara y el trono. Como en la hierogamia sumeria Duzumi-Inana, la fies- ta del Año Nuevo reactualiza el matrimonio sagrado del rey, pues la idea del origen divino de la realeza se mantiene desde los sumerios hasta la extinción de la civilización asirio-babilonia. Al soberano, ya antes de nacer predestinado por los dioses para ejercer su soberanía, se le denomina «rey del país» (es decir, del mundo), o «de las cuatro regiones del universo», e «hijo de Dios», títulos originariamente desig- nados a los dioses, y de su cabeza irradia una luz sobrenatural. Interme- diario entre dioses y hombres, representa a su pueblo ante aquéllos y expia los pecados de éstos, debiendo a veces incluso sufrir la muerte por los crímenes de su pueblo, motivo por el cual los asirios tenían un «sustituto del rey». Sin embargo, aunque representa al dios y, conforme a la mentalidad arcaísta, de algún modo es lo que representa, por lo que el rey mesopotámico une ritualmente en su persona lo divino y lo hu- mano, no llega a ser sin embargo un nuevo miembro del panteón,
30. Del diluvio sólo se salva un humano, Zisudra en la versión sumeria, y Utnapishtim en la acádica. Sin embargo, a diferencia de Noé, no le fue permitido habi- tar la «tierra nueva que emergió de las aguas. Más o menos divinizado, pero agraciado en todo caso con el don de la inmortalidad, aquel único superviviente fue transferido al país de Dilmun (Zisudra) o a la desembocadura de los rios (Utnapishtim). El tema del diluvio reaparece en la Epopeya de Gilgamesh... Es posible que una o varias catástro- fes diluviales dieran origen a otros tantos relatos fabulosos. Pero sería imprudente explicar un mito tan difundido a partir de unos fenómenos de los que no han aparecido restos geológicos. La mayor parte de los mitos del diluvio parece integrarse de algún modo en el ritmo cósmico: el ‘mundo envejecido’, poblado por una humanidad en de- cadencia, es sumergido en las aguas para, poco tiempo después, resurgir como ‘mundo nuevo’ del ‘caos’ acuático... Pero si examinamos los mitos que, en otras culturas, anun- cian el diluvio inminente, se puede comprobar que las causas principales son a la vez
los pecados de los hombres y el envejecimiento del mundo. Por el simple hecho de
existir, de estar vivo y de producir, el cosmos se deteriora gradualmente y termina por desaparecer, y de ahí que deba ser recreado. Dicho de otro modo: el diluvio realiza a escala macroscópica lo mismo que, simbólicamente, se lleva a cabo durante la fiesta del Año Nuevo: el ‘fin del mundo’ y de una humanidad pecadora, para hacer posible la nueva creación» (Eliade, M: Historia de las creencias y de las ideas religiosas. I. De
no es un nuevo dios, pues el soberano continúa siendo mortal (como el
fabuloso rey de Uruk, Gilgamesh), de ahí que los fieles no le dirijan oraciones a él, sino que piden a los dioses bendiciones para su rey. El festival del Año Nuevo exigía la participación del rey, presente también en el rito del matrimonio sagrado en Uruk, donde él desposaba simbó- licamente a la diosa Inanna para asegurarle la prosperidad al país durante el año que comenzaba.
3.2. Las cuatro hierogamias
a. Hierogamia teocrática del propio Marduk
De esta continuidad entre lo divino y lo humano dan una idea los
matrimonios sagrados o hierogamias, que se realizan a todos los
niveles, en la medida en que todo está impregnado de lo divino y es sagrado.
Comenzando por lo más alto, aunque Marduk vive en el cielo, visi- ta su zigurat para unirse periódicamente con la Magna Mater Ishtar, a fin de asegurar la fecundidad de la tierra, y de este modo renovar los ciclos cósmicos.
b. Hierogamia monárquica
El basileus o rey mesopotámico, que vive en su palacio como representante de Marduk, renueva la anterior hierogamia en su sagrado connubio con la hetaira de la diosa.
c. Hierogamia popular
Al igual que el basileus, las gentes se ayuntan en los campos para ayudar a intensificar la fecundidad de la tierra.
d. Hierogamia cosmogónica
Cada fiesta del Año Nuevo se simboliza la hierogamia cósmica con el ciclo siembra (en la que el dios muere, mientras le lloran las bacan- tes) y cosecha, en que resurge.
Estas hierogamias se dan con algunas variantes en la religión egip- cia, pero de ningún modo en la judía. En esta última, hasta tal punto está separado el nombre de Yahvé respecto de los elementos cósmicos, que aún siendo Yahvé el Creador de todo, no se celebra en Israel una fiesta de la creación al modo como se celebraba en Babilonia la fies- ta de Año Nuevo para la renovación cíclica del mundo; por el contra- rio, en la Biblia la creación aparece como el prólogo a la historia de Israel.
4. El poema de Gilgamesh, parábola de la condición humana