La higiene, el abastecimiento de aguas potables y una planta de bombas en Tacubaya

In document Alberto J. Pani, promotor de la arquitectura en México, 1916-1955 (página 81-95)

3.3 Las primeras propuestas habitacionales de Alberto J Pani y su concordancia con el imaginario

3.3.1 La higiene, el abastecimiento de aguas potables y una planta de bombas en Tacubaya

Tacubaya

La noción de salubridad pública y su relación con la dotación de agua y el drenaje es parte de los principios de la era moderna. Ciudades como París, Milán, Roma y Londres, por ejemplo, expandieron sus límites territoriales desde mediados del siglo XVIII aplicando en sus nuevos emplazamientos conceptos que relacionaban la salubridad pública con el bienestar físico de la población. La conducción de aguas limpias tuvo un papel relevante en la construcción de la ciudad moderna así como la red de atarjeas para

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desechar los residuos fuera del ámbito urbano. Estos equipamientos fueron atendidos por las respectivas autoridades. La relación entre la salubridad pública, los surtidores de agua sana y el desalojo de los desecho fue evidenciada por los avances de la medicina y su interés por conocer las causas de las enfermedades infecciosas que mermaban a buena parte de población urbana de las grandes metrópolis.

En México esa relación empezó a ponerse de manifiesto en las medidas ilustradas de finales del siglo XVIII por lo que estuvo presente en los planes y proyectos de expansión y mejoramiento de los principales conglomerados urbanos del país. La salud, la limpieza, el agua y su desecho fueron nociones instaladas en sectores de la población de buenas costumbres que identificaron las familias educadas de mediados del siglo XIX y por lo tanto hacía evidente el nivel educativo de quienes la practicaban.

Al inicio del porfirismo se concretó un plan nacional de investigación científica para conocer objetivamente el nivel de higiene de cada una de las capitales con la finalidad de equiparlas para recibir los avances técnicos modernos, lo que no era posible si no se ejecutaban en ellas las obras prioritarias de saneamiento.

Los conocimientos de Alberto J. Pani sobre la relación de la higiene con la salubridad, el abastecimiento de aguas y el desecho de las mal sanas proviene sin duda de su natal Aguascalientes donde además del medio familiar en el que se cultivaba la sana costumbre de la limpieza, conoce e interactúa con el amigo de la familia Doctor Jesús Díaz de León, médico y profesor del Instituto de aquella ciudad. El gobernador de entonces, 1888, encomendó al médico “contribuir a realizar una Geografía Médica” que llevaba a cabo el Ministerio de Fomento a nivel nacional para conocer “la higiene de las localidades y de la influencia de ésta sobre las enfermedades de las mismas”.

“el objeto de estos estudios es conocer la naturaleza del medio en que vivimos, para averiguar la influencia que tiene en el desarrollo de las enfermedades y poder modificarla convenientemente para que conspire por medios artificiales al sostenimiento de la salud y perfeccionamiento físico y moral de los habitantes, hemos tomado por base la clasificación de M. Lacassagne” 108

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Dr. Jesús Díaz de León, Apuntes para el estudio de la higiene de Aguascalientes, con la colaboración del Dr. Manuel Gómez Portugal, Aguascalientes, Tipografía de J. Díaz de León A.C. de Ricardo Rodríguez Romo, 1894, p. 7

La influencia del médico Díaz de León y el de su colaborador, médico también, Gómez Portugal fue decisiva en Pani, dieron a conocer a su alumno, seguramente, los resultados y el método empleado para el estudio, y además, como se dijo en el subcapítulo anterior, lo alentaron a estudiar medicina, pero, más importante, inculcan en Pani la disciplina de tal forma que, cuando arriba a la capital, trae consigo el bagaje de conocimientos y nociones que relacionaban a la higiene con el abastecimiento del agua potable, la colocación de drenaje y la cultura del progreso que la fundamentaba.

El lugar donde confluían todas estas cuestiones era sin duda la ciudad de México. A principios del siglo XIX compartía junto con otras ciudades, europeas y nacionales, características similares como calles estrechas, usos públicos y privados en los mismos espacios urbanos, falta de limpieza en las calles, etc, pero a diferencia de ellas, y su gran dificultad fue su situación geográfica que la hacía vulnerable a las inundaciones, lo que dificultaba su abastecimiento de aguas limpias. De más esta exponer la serie de afectaciones que los capitalinos han padecido a causa de la ubicación de la ciudad, en una cuenca endorreica a 2450 metros sobre el nivel del mar y asentada sobre el lecho pantanoso de un lago.

La ciudad de México era hacia 1876 “poco higiénica, de sucias calles, con defectuosísimos desagües, de nula corriente y mal dispuestas; cuyas vías públicas en general se inundaban de acera a acera en pleno tiempo de aguas; con malos pisos de piedra y peores embaquetados, con alumbrado escaso y deficiente”109 Informes de autoridades, cronistas y relatos de la vida cotidiana a lo largo de la historia, dejan entrever las dificultades para la vida, el mejoramiento de la misma, la instalación del progreso y las innumerables enfermedades que por esa causa padecían los capitalinos.

Los Códigos Sanitarios instrumentados desde 1891 por el Consejo Superior de Salubridad para controlar las epidemias y enfermedades infecciosas señalaban las repercusiones por la falta del drenaje, atarjeas y conexiones para desalojar los desperdicios de las casas y de las vías públicas, en ese sentido. A pesar de la implementación de varias iniciativas que inician desde las propuestas del arquitecto

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Jesús Galindo y Villa, Historia sumaria de la ciudad de México, Cvltura, México, 1925, p. 209, en Manuel, Perló Cohen, El paradigma porfiriano. Historia del desagüe del Valle de México, México, Instituto de Investigaciones Sociales, Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, UNAM, 1999, p.61

Ignacio de Castera a principios del siglo XIX hasta las del emperador Maximiliano de Habsburgo para subsanar el mal drenaje de la ciudad y el escaso abastecimiento de agua, no fue sino hasta el gobierno de Porfirio Díaz que estas dos grandes empresa se llevaron a cabo con determinación. De la construcción de ambas dependía la salubridad pública y eso es decir mucho en el pensamiento y la materialización del mundo moderno.

De acuerdo a los censos levantados en 1900 el promedio de vida de los capitalinos era de 21 años, en el resto del país fluctuaba en los 41, lo que indica la enorme mortandad que rondaba a la capital causada principalmente por la enfermedades debidas, entre otras razones, por las constantes y prolongadas inundaciones que la afectaban. Fueron obras titánicas, fáusticas como diría Manuel Perlhó, la que se echo a cuestas Porfirio Díaz al encabezar la responsabilidad de sanear a la ciudad de México, antes que la construcción de nuevos edificios, de monumentos y demás acciones tendientes a embellecer y dar significación a la ciudad. Para ello “echó mano de todo”, conformó comisiones especiales, concedió la contratación a empresas para que las llevaran a buen término sin importar lo que costaran, supervisaba él mismo continuamente, los avances de las mismas, otorgaba concesiones especiales si era preciso, en fin no echó marcha atrás en ese propósito hasta que en 1900 se inauguraron las obras del desagüe, pero faltaban con urgencia las del abastecimiento del agua.

Antes de la construcción de las obras de abastecimiento, el vital líquido se obtenía de Santa Fe y Chapultepec a través de acueductos que transportaban el agua hasta las fuentes de la Tlaxpana y Salto del Agua, pero los estudios científicos revelaban que esas aguas se contaminaban de gérmenes debido a que se conducían a la intemperie; además las malas condiciones de los acueductos hacía que hubiera varias fugas por lo que había muchas pérdidas de agua. Otra gran fuente de abastecimiento era la de los pozos artesianos que particulares habían construido. Esta otra fuente causaba el hundimiento de la ciudad ya que disminuían los mantos freáticos. Aún con esto, el agua que necesitaba la capital no era suficiente y para no seguir abriendo pozos que afectaran los mantos freáticos se decidió emprender, y de una vez por todas, las obras necesarias para traer el agua de otras fuentes. Este proyecto sin embargo ya tenía antecedentes, pero al igual que el del drenaje había quedado en proyecto, y ante la urgencia del drenaje que había que construir primero, el del abastecimiento de aguas se retomó hasta 1899. En ese año se

nombró a una nueva Comisión para estudiar los proyectos propuestos por Mr. William Mackenzie que “contemplaba traer el agua del río Lerma” y el del ingeniero Manuel Marroquín y Rivera que proponía traerla del sur del Distrito Federal. Por economía y por la calidad de las aguas se decidió por el proyecto del ingeniero Marroquín quien recibió de manera oficial el cargo de Director Técnico de las Obras de dotación de agua para la ciudad de México en septiembre de 1903.110

Esta empresa estuvo estrechamente ligada a Alberto J. Pani, pues en ella empezó trabajar como ingeniero profesional. El joven ingeniero había realizado parte de sus prácticas para titularse en el despacho del ingeniero Marroquín formando parte del equipo de calculistas de la cimentación del Palacio Legislativo proyectado por Emilio Dondé. Por razones que se desconocen, el proyecto de Emilio Dondé se abandona, comenzándose a edificar el que proyecta el arquitecto francés Émile Bénard. Al despojarse de ese trabajo el despacho del ingeniero Marroquín se aboca al estudio de las obras de dotación de agua potable donde Alberto adquiere la categoría, junto con el ingeniero Octavio Dubois, de Primeros Ingenieros y la responsabilidad de los “proyectos arquitectónicos” que en esa empresa surgieran. Su hermano Arturo también se integrará a equipo de trabajo.

Como parte de los estudios previos a la construcción de las obras estaba el de identificar los mantos acuíferos con más caudal de agua para producir la fuerza necesaria para el bombeo de las aguas de los manantiales de Xochimilco a una distancia no mayor de trescientos kilómetros de la ciudad de México. Esta práctica le permitió conocer los alrededores rurales y las condiciones de habitabilidad de los campesinos de las rancherías y haciendas que visitaba.

“Estos trabajos le dieron la ocasión de observar de cerca, y conocer de manera objetiva, la vida miserable que llevaba nuestra pobre gente del campo en pequeños poblados y rancherías. Conocimiento que mas tarde, en su carrera política, normo su conducta para estudiar y dictar disposiciones que favorecieran al pueblo" 111

Si bien esta apreciación fue expresada muchos años después, en sus Apuntes Autobiográficos (1941), reiterada en el ensayo biográfico de Arturo Pani (1961), hay que

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Ricardo Orozco Ríos, “El agua potable en la ciudad de México durante el Porfiriato” en revista Nuestra Historia,

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considerarla, pues probablemente la imagen de la situación de la gente más pobre le haya sensibilizado para después apoyar la ideología Revolucionaria y su cometido social.

Arturo Pani menciona que su hermano proyectó varios edificios para las obras de provisión de aguas potables que después se construyeron bajo su dirección, anotación que corrobora el ingeniero Marroquín en la Memoria Descriptiva, sin embargo, es la Planta de Bombas #1 la que lo da a conocer como hábil y talentoso ingeniero/ arquitecto.

“El proyecto arquitectónico del edificio se encomendó al Ingeniero D. Alberto J. Pani, quien, teniendo brillantes disposiciones para la arquitectura, se consagró a los diversos proyectos arquitectónicos que se tuvieron que hacer en relación con la instalación de bombas núm.1, y también con algunos de los edificios de captación, con la cámara de válvulas de los depósitos, y con las linternillas de éstos.”112

La ubicación de dicho edificio contó con varios análisis de por medio ya que los costos de las tuberías y de las bombas que se instalarían en él dependían de ella. El terreno más conveniente al destino del edificio resultó ser el que se encontraba “cerca de la casa de la Hacienda de la Condesa” a inmediaciones de la calzada de México a Tacubaya, comprendido entre la “Avenida de Michoacán, límite hacia el Sur de la Colonia de la Condesa, y una nueva calzada de 35 metros de anchura que se abrió en terrenos de la misma Hacienda de la Condesa para poder construir el último tramo del acueducto”, hoy avenida Juanacatlán.

La instalación del equipo de bombeo requería de amplios espacios para las bombas que impulsarían el agua a los depósitos del Molino del Rey, los motores, sistemas para su operación, tuberías de descarga, y para disponer en su interior las oficinas de los operarios e ingenieros supervisores del todo el sistema, además de una construcción resistente que garantizara la estabilidad y durabilidad del edificio al paso del tiempo, por lo que su estructura se calculó de concreto armado, material que en la época era novedoso pero sus propiedades ampliamente conocidas a niveles de la ingeniería, todos los elementos estructurales se edificaron minuciosamente con él: muros, losas, trabes y cimentación a excepción de los pilotes de madera.

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Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Múller Hnos., 1914. p. 302

La planta de bombas #1 fue la primera obra arquitectónica/urbana de Alberto J. Pani

Fuente: Ing. Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Müller Hnos., 1914

Ubicación de la Planta de Bombas # 1 en Tacubaya

Fuente: Ing. Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Müller Hnos., 1914

La estructura del edificio era de concreto armado, y su fachada se inspiró en la Fuente de Trevi de Roma

Fuente: Ing. Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Müller Hnos., 1914

Tal y cual se acostumbraba en la época, los muros de concreto fueron recubiertos con bloques de piedra labrada “para obtener un buen efecto arquitectónico, que no era posible obtener con el cemento”113. La educación artística de ingenieros y arquitectos desde mediados del siglo XIX estuvo abierta a las expresiones universales del eclecticismo además del neoclasicismo que por más de un siglo había imperado en el medio académico. El conocimiento de la historia del arte permitió concebir proyectos de diferentes estilos, los neos, y dentro de la corriente ecléctica. Con ella se realizaron los mejores ejemplares arquitectónicos de finales del siglo XIX y principios del XX, pero eso no quería decir que la preferencia hacia lo greco-romano, o los neos hubieran desaparecido.

Interior de la Planta de Bombas

Fuente: Ing. Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Müller Hnos., 1914

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Fachada lateral

Fuente: Ing. Manuel Marroquín y Rivera, Memoria descriptiva de las obras de provisión de aguas potables para la ciudad de México, México, Imprenta y Litografía Müller Hnos., 1914

La inclinación de Alberto J. Pani hacia el arte greco-romano proviene de su familia de raíz italiana. Continuamente en su seno se recibían magazines italianos donde lo probable era que hubiera referencias al arte de ese país. Roma, Florencia, Milán o Venecia se habían vuelto lugares de culto artístico y no había pintor, escultor o arquitecto que se preciara serlo que no hubiera permanecido, o al menor querido visitar, las ruinas y los museos que albergaban las mejores muestras del arte occidental. Roma fue por siglo la cuna del verdadero arte, desde el Renacimiento se había constituido en el lugar artístico por excelencia, recuérdese el premio o beca que recibían los mejores estudiantes de arquitectura para estudiar las ruinas directamente por dos años. La admiración y hasta cierto punto veneración por el arte clásico difícilmente iba a desaparecer a finales del siglo XIX dentro de los círculos de los artistas y críticos del arte, era tan apreciado que Alberto J. Pani lo consideró al momento de dibujar la composición de su primera obra urbana. No desaprovecho la oportunidad de concebir el edificio con los principios arquitectónicos del momento y su fachada, o apariencia formal, con la expresión del arte italiano. La “parte arquitectónica” de la Planta de Bombas # 1 destaca por sus fachadas

recubiertas con bloques de piedra natural apoyados en los muros de cemento armado de “0m.20 de grueso”.

“El Sr. Pani desarrolló un proyecto bastante artístico para la fachada de la planta de bombas núm.1, proyectando en esta fachada una fuente monumental (como la de Trevi diría su hermano) que podrá alimentarse con el agua de alguna de las tuberías de presión que existen a inmediaciones del edificio. El agua excedente de los juegos hidráulicos volverá a entrar a los cárcamos de succión con el objeto de no desperdiciar el líquido, pues con esta disposición sólo se tendrá que perder el gasto correspondiente al bombeo del agua”114

Alberto J. Pani expresa por su lado;

“Estaba limitado lateralmente el lote de terreno destinado al edificio de la Planta de Bombas No. 1 –que debía ser monumental- por dos avenidas convergentes. El proyecto arquitectónico de la fachada principal presentaba la dificultad de tener un macizo en su eje. El carácter del edificio, su objeto y su situación me sugirieron la idea de solucionar dicha dificultad mediante una fuente inspirada en la de Saint-Michel, de Paris y la de Trevi, de Roma, es decir, con un gran nicho como motivo principal de la fachada. Las líneas y proporciones generales del edificio resultaron clásicas, con decoración escultórica alusiva.”115

Por su ubicación, la obra “debía ser monumental”. Era el primer encuentro de quien abandona la ciudad con las obras de abastecimiento de agua; de quien se dirigía al sur del Distrito Federal por la municipalidad de Tacubaya hacia San Ángel. Fuera del tendido de tuberías y de los pozos de aire y de visitas edificados a lo largo del camino México a Xochimilco, fue una edificación a la que se dio carácter arquitectónico aunque estaba proyectada para instalar en ella el sistema de bombeo compuesto por motores, válvulas, tuberías, grúas, tableros eléctricos. Siendo parte de una de las empresa de la mayor trascendencia para los habitantes, cuya demora hubiera arriesgado sus vidas, tenía que edificarse con las mismas proporciones y recursos que las otras obras emprendidas por el régimen después de 1900, cuando llegó el momento de mostrar a propios y extraños las grandezas logradas por el gobierno a nivel económico y en cuestión de progreso. El inicio de la construcción del sistema de aprovisionamiento se dio en 1905 y

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Manuel Marroquín y Rivera, Ibidem., p.302

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las primeras pruebas de su funcionamiento en 1910, pero las obras continuaron hasta 1913, año que se entregaron al gobierno de Victoriano Huerta.

Alberto J. Pani participó en esta comisión hasta 1911. Tiempo suficiente para adquirir experiencia profesional pero también para conocer los mecanismos de adjudicación de trabajos y el tipo de relaciones que se necesitaban para acceder a ellos. En efecto, cuando se realizaron estas obras la administración porfiriana había ya consolidado sus modos de operación donde participaban tanto los miembros del municipio de la ciudad, los del gobierno federal, empresarios y profesionistas. No son

In document Alberto J. Pani, promotor de la arquitectura en México, 1916-1955 (página 81-95)