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Una historia antigua

In document Valor para vivir los valores (página 59-62)

En el sentir popular y en el lenguaje común se reflejan las características que hemos atribuido a los principios: objeti­ vidad, universalidad, validez absoluta, inmutabilidad. "Cam­ biar de principios" es entendido como dejar de ser coheren­ te. Por otra parte, existe la convicción bastante arraigada de que "los principios no se negocian", porque son las pautas fundamentales del comportamiento que me vienen dadas, en último término, por mi condición de persona. No son resultado de una moda pasajera. Los principios están desde siempre en la preocupación de la humanidad por encontrar las raíces de la conducta y han sido formulados y vividos de muchas maneras y reflejados en las leyes y las costumbres de los pueblos.

Si hay principios absolutos, quiere decir que no todo es relativo, ni todo da lo mismo (decir la verdad o mentir, res­ petar la vida o atentar contra ella, cumplir los compromisos o faltar a ellos, etc.), porque hay leyes naturales que la razón práctica humana descubre en ella misma, que son puntos de referencia obligada, y esto significa que hay que aceptarlas porque de lo contrario el mundo se convertiría en un autén­ tico caos.

De esta manera, podemos introducir la distinción prin­ cipal entre un principio y un valor: se puede cuestionar o relativizar un valor, pero no un principio. Los principios no dependen de nuestras interpretaciones ni de nuestras per­ cepciones, puesto que son inherentes a nuestro ser.

El dinamismo de los principios, los valores y las virtudes

También hay que tener en cuenta la manera en que yo vivo el principio, distinta a la idea que tengo de él, pues éste se vive espontánea e instintivamente. Así como cuando ve­ mos que un ladrillo viene desde arriba hacia nuestra cabeza, no necesitamos saber (y mucho menos formular) la ley de la gravedad para comprobar que caerá encima de nosotros si no nos desplazamos. No pensamos en nada, sino que nues­

tro instinto de supervivencia nos mueve inmediatamen­ te.

Sobre estos principios se fundamentan el desarrollo de la persona, la convivencia y la armonía social. Su validez no depende de otras ciencias o de que una mayoría decida que están vigentes. Los distintos grupos sociales, el Estado y, so­ bre todo, cada persona no tienen más que hacer que recono­ cer los principios, descubrirlos, no inventarlos (no es necesa­ rio), porque son inherentes a la condición humana, de manera parecida a como el instinto de supervivencia es propio de cada ser.

Algunas veces las leyes pueden estar en contra de lo que indican los principios, a pesar de que éstas buscan, ante todo, la protección o realización de ciertos principios que faciliten la convivencia armónica; por ejemplo, en algunos países la ley dice que "El que contamina paga" , lo cual está en contra del principio que nos indica que debemos respetar la natura­ leza. Aunque el hombre actúe de conformidad con esa ley, de todas maneras está yendo en contra del principio que pide proteger la naturaleza, es decir, se está haciendo daño a sí mismo o a otros, a largo plazo. O cuando en algunos países

Wllor para vivir los valores

se admite la eutanasia voluntaria, dejando que prime la deci­ sión personal de quitarse la vida.

Es normal que a la hora de concretar estos principios y de expresarlos haya diversidad de posturas. Pero, a pesar de todo, hay ciertos aspectos inmodificables que perduran aun dentro de las diferencias de interpretación. Por ejemplo, en cualquier contexto se sabe que el derecho a la libertad es indispensable para el desarrollo de la vida humana, y po­ nerlo en duda supondría el derrumbe del orden ético y ju­ rídico.

¿Y, en definitiva, cuáles son

los principios primordiales?

A pesar de que hay una significativa coincidencia de algunos principios en la historia de muchas culturas (con distintas ideologías y religiones y de distintas razas), no se puede ela­ borar una lista única. Pero podemos citar algunos (introdu­ ciéndoles algunas variaciones), tomados del libro Dilemas éticos en la empresa, de Carlos Llano:

� La persona tiende por naturaleza a hacer el bien y evitar

el mal.

� El ser humano está dotado de una dignidad esencial.

� La vida humana debe ser respetada como un bien ina- lienable.

� El fin no justifica los medios.

� La persona tiene derecho a su pleno desarrollo.

El dinamismo de los prinCIpios, los valores y las virtudes

>-El bien común es superior al bien particular.

>-La persona tiene derecho a participar en los destinos de la sociedad.

>-La familia es un ámbito indispensable para el crecimien­

to de la persona.

>-El ser humano es capaz de comprometerse y cumplir lo

prometido.

>-El trabajo es un derecho básico para la subsistencia per­

sonal.

>-La naturaleza es un ámbito esencial para la vida y como tal debe ser respetada.

>-La persona tiene derecho a vivir en paz.

Los Diez Mandamientos contienen principios naturales de orden ético. También pueden considerarse en esa misma línea los derechos humanos, definidos y aceptados en cono­ cidas declaraciones universales (algunos de los mencionados en la enumeración anterior y otros como el derecho a la vida, al buen nombre, a la libertad, al trabajo, a la movilización personal, a un juicio justo, etc.).

No se confunda: los principios

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