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60 I NTERVENCIÓN PSICOSOCIAL

In document Intervencion Psicosocial - Amalio Blanco (página 66-68)

COMPENDIO DEL CAPÍTULO

60 I NTERVENCIÓN PSICOSOCIAL

A la vista del análisis anterior, tendremos que establecer los elementos y medios de mantenimiento del

programa, nuestras fuentes de financiación e identificar las fuentes para obtención de recursos. Por ejem-

plo, en un programa de acción comunitaria para drogodependientes en un barrio periférico de la ciudad de Valencia (barrio de la Malvarrosa), los recursos humanos utilizados por Gotzens (1993) fueron técni- cos de la Sección de Estudios y Programas, de la Sección de Acción Comunitaria, de la Unidad Técnica de Toxicomanías y de los Servicios Sociales del Ayuntamiento, e incluso personal ajeno al municipio, co- mo conferenciantes, formadores, monitores de taller, etc. Los recursos materiales utilizados fueron el Cen- tro Municipal de Servicios Sociales de la zona, locales públicos de la zona como colegios, Centro de recursos, Centro de salud, etc. y otros locales propios de distintas entidades y colectivos de la zona. Los recursos económicos procedían de la asignación anual para los programas municipales de drogodepen- dencias a la unidad técnica correspondiente, de la asignación anual para los Centros Municipales de Ser- vicios Sociales, y los que aportaron las distintas entidades y colectivos de la zona. En el Capítulo 13, por ejemplo, hacen acto de presencia los profesores y los servicios sociales del Ayuntamiento de Ibi en un programa de intervención para la prevención de la adicciones.

Un elemento importante de esta etapa del diseño es la formación, que incluye la formación de equipos de trabajo, de equipos de apoyo y base social, y formación de personal local. La necesidad de formar un equipo de trabajo viene dada por la exigencia de organizar la dirección del programa de intervención, de esbozar sus objetivos y sus líneas de acción, de diseñar las estrategias de contacto con la comunidad, con la organización o con las instituciones de que se trate, y de organizar las etapas de sensibilización, orga- nización comunal y capacitación de zona local para formar equipos de apoyo y base social (Lara Ponce, 2001). El equipo de trabajo debe incorporar, al menos, además de su director, un productor (que acopia recursos y los gestiona), un metodólogo para el proceso de los datos, un equipo de formadores, un equipo de apoyo, uno o varios comunicadores que promuevan y faciliten la ejecución del programa en la zona ob- jetivo y un conjunto de promotores (o captadores) que permitan el desarrollo del programa en la zona

objetivo.

Por su parte, el equipo de apoyo incorporará promotores locales a los que hay que formar. Las tareas a llevar a cabo por el grupo de apoyo pueden ser: apoyo en la localización y selección bibliográfica, en el es- tablecimiento de contactos con los centros sociales, asociaciones civiles, etc., y apoyo en la aplicación, con- trol, codificación y análisis del pilotaje de los instrumentos. En países con un bajo nivel de desarrollo, Lara Ponce (2001) recomienda captar y capacitar promotores jóvenes, dado que en esos países cada vez es más difícil la captación de promotores de salud adultos que desarrollen un conjunto de actividades de promo- ción y cumplan un rol de agentes multiplicadores, debido a lo recargado de las obligaciones que tienen con su familia y comunidad. La capacitación de los promotores debe ser progresiva, variada y directa. Además, debe estimular el esfuerzo y la solidaridad; fomentar la observación propia y de los otros; ayudar al auto- control; proporcionar la oportunidad de descubrir formas de actuar en la propia comunidad y en el indivi- duo mismo; ayudar a una mayor integración humana y permitir interactuar para una mejor observación personal (Lara Ponce, 2001).

Por último, además de contar con el equipo de trabajo y la participación de personal de apoyo que per- mita poner en marcha la ejecución del plan de intervención, la mayoría de las veces resulta imprescindible preparar y contar con la participación de personas vinculadas al contexto donde se va a realizar la inter- vención (un excelente ejemplo se nos ofrece en los capítulos 4 y 12). De este modo, en la mayoría de los casos tendremos que formar y/o conseguir fomentar la aparición de líderes locales que colaboren en pro- mover la participación y que facilitan el acceso del equipo interventor. Por ejemplo, en una intervención en un barrio marginal para prevenir el contagio del SIDA (véase Capítulo 4) se contó con los responsables del plan de prevención del SIDA, con los responsables de distintas asociaciones de tiempo libre, de los talleres ocupacionales del barrio, de la Casa de la Juventud, con adolescentes previamente formados como «agen- tes de salud», con educadoras de calle, con los médicos del Centro de Salud, etc., a fin de fomentar en

todos ellos una actitud positiva que permitiera su actuación como facilitadores en la implementación del programa.

2.4. Selección de participantes en el programa

Un problema se relaciona usualmente con una población. De hecho, la intervención siempre comienza con una población en la que descubrimos problemas específicos. Después, trataremos de resolver los problemas; eso lo haremos ayudándonos de una intervención que creemos eficaz para su solución. Finalmente contrastaremos su eficacia (investigación-intervención).

La determinación de los afectados por el problema puede hacerse atendiendo a diferentes criterios. Unas ve- ces se realiza en función de una determinada zona geográfica; otras, dependiendo de la naturaleza del progra- ma a intervenir o de la población diana para la que ha sido diseñado. También puede estar ligada estrechamente a características culturales, sociales o de género como, por ejemplo, la intervención que se describe en el Ca- pítulo 4.

Tomemos como muestra un estudio que veremos en este manual (véase el Capítulo 11), donde precisamen- te la población diana responde a la estrategia de intervención. Como tendremos ocasión de ver, se presenta un programa para reducir el riesgo social en familias mediante apoyo social, y para ello se selecciona a madres jóvenes con escasos recursos económicos en su primer embarazo. Aunque hay otros tipos de familias con alto riesgo social (madres de más de 30 años con más de un hijo y bajos recursos económicos), éstas no son elegidas, ya que se ha comprobado que este tipo de intervención no es tan beneficiosa como en el grupo seleccionado.

En otras ocasiones la población diana se puede construir sobre objetivos, como por ejemplo, la reeducación de los maltratadores impuesta por sentencia judicial, la integración de inmigrantes ilegales o la modificación de determinados comportamientos de internos de un centro penitenciario (Maydeu y Román, 1993; Szapocznik y Pequegnat, 1995).

Así como en los casos anteriores existen criterios claros para la identificación de la población diana, en otras situaciones la selección de los destinatarios sobre los que vamos a intervenir es más difusa, dependiendo, por ejemplo, de las áreas de intervención dentro de un campo de los ya mencionados. En el caso de los ser- vicios sociales podemos distinguir el área de reinserción y protección social, el área de rehabilitación para discapacitados físicos y psíquicos, el área de la mujer, el área de la tercera edad, el área de la salud y el área de drogodependencias. En cada caso la población sobre la que vamos a intervenir puede ser directamente la afectada, pero también puede ser toda la población relacionada con el problema (López, García y Rodríguez- Marín, 1993).

Llegados a este punto, probablemente nos preguntemos cuál ha de ser el método de selección de los sujetos que componen la población diana más adecuado a nuestros propósitos. La respuesta no es sencilla, dado que existen multitud de técnicas bien conocidas sobre muestreo, tanto aleatorio como no aleatorio (y cuya descrip- ción excede de los propósitos de este capítulo), que atienden a diferentes aspectos de la población: propiedades de la distribución de la variable medida, características de las unidades que la componen, homogeneidad de los grupos, tamaños de los estratos si los hay, etc. Cabe decir que un método muy utilizado para seleccionar una muestra representativa de la población diana es el examen de la red o pirámide. También denominado muestreo

bola de nieve, se trata de un procedimiento de muestreo no aleatorio consistente en seleccionar individuos cla-

ve con características representativas del grupo diana a través del contacto con la comunidad, de modo que un programa puede comenzar con un grupo de usuarios de 5 a 15 personas. Cada miembro de este grupo será el que nos ponga en contacto con otras dos personas de la población diana practicando sucesivamente esta opera- ción hasta completar la muestra que nuestro programa pretende abordar (Achúcarro y San Juan, 1996). Una ver- sión de esta estrategia es la que utiliza Silvia Ubillos en el programa «Por Pares» en el barrio de Alza para captar participantes tal y como podemos ver en el epígrafe 4.2.2 del Capítulo 4.

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