TRABAJO TEMPORAL, INSEGURIDAD LABORAL PERCIBIDA Y BIENESTAR

2. INSEGURIDAD LABORAL PERCIBIDA

2.2. La inseguridad laboral como un estresor

Tradicionalmente la inseguridad laboral se ha considerado un estresor (Ashford y cols. 1989; Barling y Kelloway, 1996; Fox y Chancey, 1998; Mauno, Leskinen, y Kinnunen, 2001). Las razones para ello son varias. En primer lugar, representa una amenaza porque se refiere a la anticipación de un suceso estresante como es la pérdida del trabajo. Además, va acompañado de incertidumbre y de falta de control. Por último, a partir de la teoría de la deprivación (Jahoda, 1982) se deriva que la inseguridad laboral puede desencadenar reacciones negativas. Esto se debe a que ante la posible pérdida del empleo se ven amenazadas funciones psicológicas, sociales y económicas que cubre el trabajo.

2.2.1. Teoría del Estrés de Lazarus y Folkman

Las definiciones de estrés pueden categorizarse en función de si conceptualizan el mismo como un estímulo o situación (p.e., despido) (Appley y Trumbull, 1967), una respuesta (Summers, DeCotiis, y DeNisi, 1995), o el resultado de la transacción entre persona y ambiente. La conceptualización de estrés de Lazarus y Folkman (1984) se sitúa en esta última categoría. Una de sus aportaciones es que señalan que una situación potencialmente estresante puede

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desencadenar respuestas cognitivas y conductuales muy diversas (Folkman y Moskowitz, 2004). Lazarus y Folkman (1984) sostienen que la experiencia de estrés depende de la interacción entre la persona y la situación. Así, una misma situación puede desencadenar repuestas diferentes.

Aún así, Lazarus y Folkman (1984) señalan algunas características situacionales que pueden hacer que una situación sea potencialmente estresante. En primer lugar, generarán estrés aquellas situaciones asociadas a consecuencias negativas. En segundo lugar, la ambigüedad que va asociada a aspectos relacionados con la situación de amenaza (p. e., su duración). Por último, la incertidumbre acerca de si la situación de amenaza va a tener lugar o no.

Aquellas situaciones asociadas a consecuencias negativas, pueden generar estrés y malestar. Incluso las situaciones novedosas pueden generar estrés, ya que pueden estar asociadas a consecuencias negativas como resultado, por ejemplo, de haber vivido una situación similar con anterioridad. El individuo también puede asociar una determinada situación a consecuencias negativas porque sabe el posible daño que puede desencadenar. Es decir, lo ha podido observar, o inferir.

Además, el grado de ambigüedad que caracteriza una situación también va a condicionar cómo vive el individuo esa situación y cómo reacciona ante ella. La ambigüedad puede ir referida a un amplio rango de aspectos. Por ejemplo, cuestiones como qué va a suceder, cuándo, o su posible duración. Con frecuencia, en la vida diaria, cuando nos

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enfrentamos a una situación no disponemos de toda esa información. Cuando la información de la que se dispone es insuficiente o no está clara hablamos de ambigüedad. Es importante diferenciar entre ambigüedad e incertidumbre. Como veremos más adelante, la incertidumbre es fruto de cómo percibe el individuo un determinado escenario.

El efecto que puede tener la ambigüedad sobre la reacción del individuo no va a ser necesariamente negativo. La ambigüedad puede acentuar la sensación de amenaza bajo determinadas circunstancias, como por ejemplo, en aquellos casos en que el individuo tenga predisposición a sentirse amenazado. Asimismo, en situaciones en las que, por algún indicio, es razonable pensar que la posible amenaza puede materializarse, la ambigüedad puede disminuir la sensación de control intensificando el sentimiento de amenaza. En cambio, la ambigüedad también puede tener el efecto contrario. En ocasiones, deja lugar a planteamientos alternativos. En este sentido, puede aumentar la esperanza de que el suceso estresante se resuelva de forma favorable.

Por último, la incertidumbre asociada a la probabilidad de que tenga lugar un suceso va a ser otra de las características clave a considerar. A pesar de que la probabilidad de que se dé una determinada situación, puede parecer una característica propia de la misma, la percepción del individuo al respecto es crucial. Así, dicha percepción influye sobre la vivencia y el afrontamiento de dicho acontecimiento. Así, la incertidumbre acerca de la ocurrencia de un suceso dificulta el tomar acciones para su afrontamiento. Esta situación genera en el individuo sentimientos de malestar, ansiedad,

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preocupación, miedo y confusión. A su vez, este malestar dificulta el procesamiento de la información así como la toma de decisiones.

Finalmente, las reacciones que va a generar el evento estresante van a estar condicionadas por factores temporales como por ejemplo el tiempo de exposición a la situación de estrés.

En resumen, según Lazarus y Folkman (1984) algunas características situacionales son potencialmente estresantes. Las situaciones que van asociadas a consecuencias negativas, o conllevan ambigüedad, o incertidumbre acerca de su ocurrencia pueden generar malestar. Asimismo, la falta de control que puede producirse como resultado de la ambigüedad y de la incertidumbre dificulta el afrontamiento de la situación. De acuerdo con estos planteamientos, la inseguridad laboral es potencialmente estresante porque, por un lado, hace referencia a la anticipación de un suceso estresante que comporta consecuencias negativas. Por otro lado, dos de sus características principales son la falta de control y la incertidumbre asociada a la misma.

La inseguridad laboral es un estresor difícil de afrontar. Jacobson (1991) ejemplifica esta cuestión comparando la inseguridad laboral con la situación de desempleo. Por una parte la inseguridad laboral, al igual que el desempleo, va acompañada de incertidumbre acerca de qué va a pasar en el futuro y de falta de control sobre la situación (Jacobson, 1991). Así, resulta difícil su afrontamiento y se genera malestar en el individuo (Lazarus y Folkman, 1984). En el caso de la inseguridad laboral, la incertidumbre viene referida a si la pérdida

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del empleo va a tener lugar o no (Lazarus y Folkman, 1984). Si bien el individuo puede adoptar estrategias para anticiparse al desempleo (p.e., comenzar la búsqueda de empleo), con frecuencia, este tipo de conductas son incompatibles o interfieren con el rol de “trabajador”.

Por otra parte, la inseguridad laboral y el desempleo difieren en la visibilidad y en la inmediatez de sus consecuencias. Las consecuencias de la primera no son tan visibles socialmente como lo son las del desempleo. En el caso del desempleo, ya se ha producido la pérdida del trabajo, mientras que la inseguridad laboral se refiere a la anticipación de esa posible pérdida. Por consiguiente, las reacciones que desencadenan el desempleo y la percepción de inseguridad laboral difieren. El hecho de que las consecuencias del desempleo sean más visibles hace que la sociedad reconozca en mayor medida la necesidad que tiene este colectivo de recibir apoyo, generando conductas de apoyo social e institucional.

Además de más visibles, las consecuencias de la pérdida de empleo son más inmediatas. En cambio, en el caso de la inseguridad laboral, el individuo se enfrenta a una situación de incertidumbre prolongada lo cual también le puede generar malestar (Lazarus y Folkman, 1984).

Finalmente, la propia visibilidad e inmediatez de las consecuencias del desempleo, hacen que las expectativas de la sociedad, acerca de qué comportamientos son adecuados, estén más claras en el caso de los desempleados.

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2.2.2. Teoría de la Deprivación Social de Jahoda

La teoría de la deprivación social (Jahoda, 1982) es de gran utilidad para comprender las consecuencias negativas de la inseguridad laboral. Esta teoría pone de manifiesto la importancia del trabajo en la vida humana, señalando sus principales funciones. La pérdida del empleo implica verse privado de estas funciones lo cual genera malestar. Por su parte, la inseguridad laboral hace referencia a la anticipación de la pérdida del empleo, o de algunas de sus características. Así pues, ante la inseguridad laboral se ven amenazadas las funciones económicas y psicosociales que cubre el trabajo. Cabe mencionar que la anticipación de un suceso estresante puede ser una fuente de malestar igual o incluso mayor que la pérdida del trabajo en sí (Lazarus y Folkman, 1984).

En su trabajo Jahoda (1982) distingue entre funciones manifiestas y latentes del trabajo. En relación a las primeras, destaca que el trabajo es una fuente de ingresos importante. Es decir, es un medio para adquirir los bienes necesarios para la vida cotidiana. Pero además, el trabajo cubre funciones latentes como la estructuración del tiempo en nuestra vida diaria. Así, marca la distribución del tiempo que se destina al trabajo limitando el tiempo que se dedica a otras facetas importantes de la vida (p. e., la familia o el tiempo libre). Además, es una fuente de relaciones sociales. Al mismo tiempo, el trabajo es más que una actividad. Es una oportunidad para que el individuo trabaje con otros y participe en la consecución de objetivos comunes. Finalmente, proporciona un estatus y contribuye a la formación de la identidad del individuo.

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In document DEPARTAMENTO DE PSICOLOGÍA SOCIAL TRABAJO TEMPORAL, INSEGURIDAD LABORAL PERCIBIDA Y SUS IMPLICACIONES. FACTORES PSICOSOCIALES INTERVINIENTES (página 78-84)