6. Evaluación psicológica en la infancia
6.3. INSTRUMENTOS DE EVALUACIÓN BASADOS EN LA OBSERVACIÓN
OBSERVACIÓN
La observación es otra de las técnicas utilizadas al momento de explorar al niño. Aiken (1996) sostiene que mucho antes de la invención de la escritura, las personas hacían juicios sobre los otros observando su comportamiento o hablando con ellos. Hoy en día, la observación, al igual que las otras técnicas de exploración, requiere una elaboración e interpretación de acuerdo a las manifestaciones de las unidades de análisis a ser evaluadas. La observación implica la posibilidad de advertir, reparar y mirar con atención las características no sólo de un sujeto sino de otras unidades de análisis, tales como los contextos y las interacciones entre varios sujetos.
Piacente (2009) señala que existen distintos criterios de clasificación de la técnica de observación:
a) Según sean o no planificadas pueden distinguirse entre observaciones controladas, guiadas por un plan previo; y no controladas, que aluden a situaciones fortuitas.
b) Según se inscriban o no en el método científico se distingue entre observación científica y observación no científica. La primera implica observar con un objetivo claro, definido y preciso, teniendo claridad de qué y para qué se desea observar, lo que entraña una cuidadosa preparación. La segunda da cuenta de una observación sin intención, es decir, sin objetivos definidos previamente.
c) Según el grado de participación del observador se diferencia la observación no participante de la participante. En este último caso el observador es parte de la situación observada, por lo que, en alguna medida, podría generar modificaciones a fin de provocar la aparición de algunos datos. Ello no se da en las situaciones en las que el observador se mantiene al margen como mero espectador.
d) Según se dirija a otros o a sí mismo, se clasifica en auto-observación y observación de otros, como cuando se le solicita a los padres que realicen registros de sus hijos.
e) Según el contexto en el que se realice la observación, se describirán como situaciones artificiales aquellas que se desarrollen en un contexto estructurado ya sea clínico o de laboratorio; y como situaciones naturales las que se realicen en un contexto abierto, como pudiese ser su hogar o el colegio.
En el marco de la observación científica, independiente del contexto en el que se lleve a cabo la observación, los expertos señalan que es importante que el profesional determine cuáles son las variables, características o fenómenos que quiere analizar, que fije objetivos y propósitos de acuerdo al marco teórico que adopte, que detalle el cómo va a observar, seleccionando los procedimientos de recogida da datos, ya sea con fichas de observación, registros de características de lo observado, grabaciones de video o audio, listas de control, etc. Todo ello, a fin de que las hipótesis de cara a la planificación del tratamiento y la toma de decisiones posteriores se basen en los datos registrados, más que en impresiones subjetivas. La descripción de estos pasos han sido una de la mayores contribuciones al análisis de conducta (Martin y Pear, 1999).
A diferencia de lo que se sostiene usualmente, la observación es una técnica difícil, ya que requiere competencia y experiencia importantes de parte del evaluador, quien debe partir de objetivos e hipótesis perfectamente explicitados, que den sentido a su actividad guarden coherencia con la teoría de la que parte.
A su vez, la observación como instrumento de evaluación no está exenta limitaciones. Silva (1995) menciona como principal limitación el hecho de que existe una baja fiabilidad entre observadores. Esto podría entenderse considerando que los datos recabados por esta vía, generalmente se ven afectados o interferidos por la reactividad que puede producirse tanto en el comportamiento del sujeto observado como en el observador y por el propio sesgo de este último. Para suplir este tipo de déficit recomienda que el profesional debe planificar exhaustivamente el proceso de observación, es decir, elaborar sistemas de observación que incluyan conductas específicas (parámetros, situaciones y momentos); seleccionar un número limitado de conductas que faciliten la observación; usar un número de categorías conductuales reducido, descriptivas y excluyentes; invertir tiempo para que el niño se adapte a las condiciones de observación; y evitar sus propios sesgos.
A continuación se describen algunos tipos de registro dirigidos a la evaluación de problemas de comportamiento infantil, tanto en el contexto familiar como escolar.
Family Interaction Coding Sistem (Patterson y cols., 1969; 1976) Es uno de los sistemas
de codificación clásicos, elaborado para el estudio de las interacciones familiares, y aplicado posteriormente al contexto escolar y de laboratorio (LaGreca y Stone, 1992). Consta de 28 categorías de conductas que son registradas, presentes o ausentes, en periodos de una hora y en intervalos de 30 segundos. Este sistema permite registrar secuencias de conducta entre el niño y otros adultos.
Sistema de observación para la evaluación de las interacciones familiares (SOC-III) de Cerezo (1991). Sistema de registro de problemas de conducta infantiles en su interacción con los adultos adaptado al español. Los periodos de observación con este sistema oscilan de 30 minutos a una hora, en intervalos de 15 minutos. Existen dos versiones para aplicar el registro, una manual y otra mecánica. La aplicación de este sistema requiere un entrenamiento exhaustivo de los observadores lo que contribuye a adecuados índices psicométricos.
Parent Daily Report de Patterson, Reid, Jones y Conger (1975). Con este método, previo
entrenamiento, los padres observan y registran en un listado de 31 conductas desadaptativas, las que su hijo(a) ha realizado a lo largo de 24 horas durante un determinado número de días, detallando el lugar de ocurrencia. Una ventaja de este sistema es que permite evaluar conductas de baja frecuencia.
Dyadic Parent-Child Interaction Coding System (Robinson y Eyberg, 1981) Este sistema
permite registrar distintas conductas, así como las interacciones entre la diada padre-hijo. Consta de 22 ítems para padres e hijos con referencia a los padres y 19 ítems con referencia a los hijos Los estudios realizados muestran índices de fiabilidad y validez adecuados, al comparar un grupo de niños con problemas de comportamiento con un grupo control (Silva y Moro, 1994).
Sistema de observación de comportamientos escolares de O´Leary y Wilson (1975) cuyo objetivo es registrar diferentes comportamientos inadecuados del alumno como: estar fuera del pupitre, distraerse de las actividades, dar voces, etc.
Classroom observation code for hyperactive children. Desarrollado por Abikoff,
Gittelman-Klein y Klein (1977). Este sistema puede ser utilizado para valorar el comportamiento de niños con edades comprendidas entre los 6 y los 12 años. Los alumnos seleccionados son observados en el aula en periodos de 4 minutos, durante las explicaciones del profesor, en diversas tareas escolares, etc. El sistema contiene 14 categorías de registro (comportamiento fuera de la actividad, desobediencia, agresión física, etc.). Este sistema muestra adecuados índices de fiabilidad y discrimina entre niños diagnosticados con hiperactividad y grupo control.
Behavioral Assertiveness Test for Children (BAT-C) de Bernstein y Nietzel (1980)
desarrollado para evaluar conductas de retraimiento y de agresividad en la escuela, con niños de 8 a 12 años.
Compliance Test de Forehand y McMahon (1981). se ha utilizado para registrar el
comportamiento desobediente del niño en el contexto clínico. En una situación controlada se anima a los padres para que interactúen con su hijo, implicándose en tareas de juego o educativas. Por ejemplo se les pide a los padres que indiquen a su hijo que ordene la habitación después de jugar, la forma en cómo los padres dirijan sus peticiones serán interpretados de acuerdo a los patrones típicos de interacción (Matson y Beck, 1981; citado en Valero, 1997). En este contexto se procede a registrar el número de instrucciones y el cumplimiento de las mismas, la aparición o no de consecuencias, las habilidades de los padres para manejar al niño, etc.
.
7.
Screen for Child
Anxiety-Related Emotional Disorders
y Cuestionario de Ansiedad por
Separación en la Infancia
En el capítulo anterior se han mencionado y descrito una serie de instrumentos que se utilizan para explorar y evaluar a la población infanto-juvenil. Sin embargo varios investigadores concuerdan en señala que sigue existiendo una carencia de instrumentos de autoinforme validados y de calidad que permitan evaluar los diferentes síntomas de los trastornos interiorizados (ansiedad y depresión) de acuerdo con los criterios DSM-IV, que a su vez generen diagnósticos diferenciales dados los altos índices de comorbilidad que éstos presentan.